18 de octubre de 2021
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FIN DE SEMANA

Secretario de Programas del Partido Popular y miembro del Comité Ejecutivo Nacional, su actitud durante el debate de Moción de Censura se hizo viral

Mario Garcés, diputado del PP: "Ante la lectura de las víctimas de ETA, mi gesto instantáneo fue llevar la mano al pecho"

Mario Garcés.
Mario Garcés.
José Ignacio Herce Álvarez, vicepresidente de la Asociación Plataforma de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo (APAVT), entrevista para 'Elcierredigital.com' a Mario Garcés, diputado por Huesca del Grupo Parlamentario del Grupo Popular, Secretario de Programas del Partido Popular y miembro del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Popular, cuyo gesto se hizo viral durante el debate parlamentario de la moción de censura presentada por Vox al Gobierno.

Por desgracia, en estos últimos días el terrorismo yihadista ha vuelto a actuar en Viena y en diversas localidades francesas, devolviéndonos a una realidad que algunos parece que habían olvidado y que otros quieren olvidar, tanto fuera como dentro de nuestro país. No nos engañemos, el terrorismo en todas sus formas sigue muy vivo y sus Víctimas inocentes creciendo. Aquí en España, durante la tan traída y llevada moción de censura hemos vivido el recuerdo de esos años de plomo y precisamente en este debate, Mario Garcés se convirtió en “protagonista” de alguno de esos momentos.

- Garcés, usted tiene una dilatada carrera política, es jurista, académico, actor y director de cine … pero salta a la actualidad y se hace “famoso” por un gesto, ¿Cuéntenos cómo surgió? ¿Qué fue lo que le impulso a hacerlo?

El gesto surge improvisadamente, como, con carácter general, surge lo genuino y natural. Ante un hecho inesperado que nos provoca un sentimiento determinado, los seres humanos reaccionamos de formas diferentes. En este caso, ante la lectura de los nombres de las víctimas asesinadas por ETA, mi gesto instantáneo fue poner la mano en mi pecho. En todo caso, el duelo o la reacción pueden ser internos, y por eso no dejan de ser igual de intensos.

Mucha vida política le contempla, pero ¿cuál ha sido su recorrido personal con respecto al tema del terrorismo y más concretamente en lo relativo a sus víctimas?

 - A título personal, la vesania y el sinsentido del terrorismo nos marcó a toda una generación que nacimos a finales del franquismo. En mi caso, yo nací y viví mi infancia y adolescencia en Jaca (Huesca) y el horror estaba presente cada día en las televisiones, en las radios, en los periódicos. Comenzó entonces a sorprenderme cierto sentimiento de agotamiento adaptativo de una pequeña parte de la sociedad ante el terror. Pero fue un 11 de diciembre de 1987 cuando me encontré de bruces con el horror mayúsculo. Estaba estudiando en la Facultad de Derecho de Zaragoza y tuvo lugar de buena mañana el atentado contra la casa cuartel. 11 asesinados. 5 niñas. Salí de casa tan pronto tuve conocimiento de lo que había ocurrido y me encaminé hacia la Avenida de Cataluña donde había tenido lugar el atentado. Aquella vez sentí el plomo en mis carnes como lo sintieron todos los aragoneses de bien. Hoy algunos no están. A otros ya no los reconozco moralmente. Muchos años después (2001) vendría el atentado que costó la vida a Manuel Giménez Abad, presidente del PP de Aragón, también en Zaragoza cuando iba con su hijo caminando a la Romareda. Conozco a la familia y a sus hijos. Los tengo por mis amigos. Fue muy duro.

 - El haber estado siempre en primera línea de la política nacional le ha permitido tener un “amplio” conocimiento de la evolución del terrorismo en la política española. ¿Cree de verdad que lo que algunos llaman “conflicto” está cerrado como parece que quieren hacernos creer?

- No me gusta la palabra conflicto, porque en el mundo del Derecho del que procedo, no hay conflicto en el incumplimiento de la ley penal. Lo que hay es un flagrante delito. Ni siquiera es un conflicto moral la percepción mórbida con la que actualmente se juzgan aquellos hechos desde el relativismo o hasta desde cierta comprensión. Fueron una infamia los hechos como infamia son las narraciones que algunos políticos hacen ahora de aquello. La seudocobertura moral, la construcción recreacionista de aquella ignominia sobre la falacia de un conflicto político, son legados que no nos podemos permitir. Sin embargo, están aquí.

 - ¿Es usted de los que creen que hay que pasar página, que aquello ya pasó?

 - Al delito solo se le pasa página con la aplicación de la Justicia. La Justicia plena. El Derecho en toda su amplitud. Cuando se equipara el pistolerismo de ETA con los dos bandos en la Guerra Civil entramos de lleno en el entorno de la depravación histórica y ética. La Guerra Civil, con su horror infinito, enfrentó a dos Españas. El terrorismo de ETA era delincuencia común. Los asesinados no elegían su destino. No habían elegido morir. Cada día es más importante no pasar página precisamente para evitar el blanqueamiento de lo que sucedió. Pasar página sería ceder ante la ignominia del nuevo relato, que es el relato también del olvido.

José Ignacio Herce y Mario Garcés. 

 - "Cosas veredes …" ¿Cuántas nos quedan por ver a nosotros en materia de terrorismo en este nuestro país?

 - A raíz de los últimos atentados yihadistas en Europa, publiqué un artículo en Cambio16 sobre la necesidad de combatir el mal, el terror. De acabar con el buenismo justificativo, de reconocer de una vez por todas que el terror existe y existirá. Así en España como fuera de España. La indiferencia, la debilidad moral contemporánea, la indolencia son atributos del hombre en el siglo XXI. Nos queda por ver muchas cosas. Demasiadas mientras continúa el desarme moral de una parte importante de la sociedad. Cuando Otegui es recibido en Barcelona al grito de héroe, la putrefacción moral es plena. La imagen de aquel anónimo amoral que corre por las calles de Barcelona para hacerse una foto con Otegui es la expresión de la depravación y del hundimiento de toda una forma de ser basada en conceptos básicos como la dignidad y la ética.

 - ¿Cuál cree usted que este gobierno tiene SU propia hoja de ruta también en este tema?

 - El PSOE perdió el eje de la centralidad política ya con Zapatero y, con él, volcó al país al peor de los escenarios políticos posibles, auspiciado además por la fragmentación de la derecha. Y lleva a cabo dos operaciones suicidas en una sociedad cabal: enterrar el espíritu de la Transición mediante el resurgimiento de la dialéctica de la España de los vencedores y de los vencidos; y, de otra parte, alcanzar acuerdos con fuerzas políticas filoterroristas para apalancarse en el poder. Son dos respuestas políticas históricas de una gravedad intolerable.

 - Acercamiento de presos, enaltecimiento público del terrorismo, entrega de Navarra… ¿Hasta dónde llegara este gobierno para perpetuarse en el poder?

 - El Gobierno no tiene límites en su acercamiento a EHBIldu, porque su subsistencia política depende de ellos. La moral política ha muerto en manos de Sánchez. Todo vale en un juego mendaz de detentación del poder. La última fase del acercamiento ha sido el canje de votos a los presupuestos a cambio de mejoras de las condiciones penitenciarias de los terroristas de ETA.

 - Hoy en día, ¿cómo se siente en el ámbito parlamentario el tema víctimas?

 - En el ámbito parlamentario, y de modo muy simplista, habría tres bloques: Aquellos que expresamente de un modo u otro encuentran motivación moral para dar explicación a lo que ocurrió, con diferentes matices; aquellos que han comenzado a pasar página por mor de la necesidad de procurarse años de poder político; y los que seguimos considerando el terrorismo de ETA como la manifestación más abyecta del horror, físico y moral. La unidad de acción se ha roto y es muy difícil recomponerla mientras la izquierda siga ese rumbo suicida en el que se ha instalado.

 - Como decíamos al principio de esta entrevista, Europa en mes y medio ha visto como se está desarrollado una cadena de atentados terroristas con víctimas. ¿Nos estamos poniendo la venda? Muchas manifestaciones, gestos, pero… ¿se están tomando a nivel mundial medidas reales para controlar de una manera eficaz el terrorismo yihadista?

 - Las sociedades débiles se ponen siempre la venda. Y Occidente es presa de una debilidad estructural que es preocupante. Lo decía Glucksmann: "El europeo vive como si el mal no existiera, y corre peligro de acabar mal". La opulencia, el hedonismo y el nihilismo se han impuesto de manera patente y están sofronizando a sociedades agotadas. Y más ahora con el virus. Es evidente que no se están activando todas las medidas necesarias. Para muchos países, sigue siendo una amenaza traslúcida y así no conseguiremos nunca poner fin al desastre.

José Ignacio Herce y Mario Garcés. 

- Por último Sr. Garcés, ¿Qué siente un humanista como usted al tener al lado a asesinos de la calaña de Otegui y compañía?

- Desde el humanismo y desde la libertad a la que aspira un liberal como yo, y desde esa aprensión social del humanismo histórico aragonés, siento un profundo pesar. Un profundo pesar porque, a su manera, los asesinos ganaron cuando ganaron la batalla de las instituciones y del relato social. Y una desafección enorme porque es el trasunto de una forma nueva de evitar los conflictos morales que ha cuajado en una parte de nuestra sociedad. El "si los matan por algo será" ha venido a quedarse en parte de una sociedad que dejó las manifestaciones por el asesinato de Miguel Ángel Blanco en el rincón de la Historia. Es más, qué se puede esperar cuando en el Congreso de los Diputados se habla más por el Gobierno de Indalecio Prieto que del propio Miguel Ángel. Algo está definitivamente podrido.

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