27 de mayo de 2020
|
Buscar
FIN DE SEMANA

Se unió a las guerrillas antinarcos de México para empezar a asesinar a aquellos que en el pasado fueron sus mentores

'Capache': La vida de un sicario de narcos que cambió de bando para detener al Cártel de Jalisco

supuesta foto de Capache
supuesta foto de Capache
Capache es el apodo por el que ha decidido identificarse, este sicario del Cártel de Jalisco Nueva Generación que decidió cambiar de bando para unirse a las guerrillas antinarcos de México y empezar a eliminar a aquellos que una vez fueron sus mentores. Durante una entrevista con el medio The Daily Beast decidió sincerarse con respecto a los pormenores de su vida como guerrillero y las razones por las que había decidido dedicarse a una tarea como enfrentar al narcotráfico imperante en su país.

Según una entrevista en The Daily Beast, prefiere que lo llamen “Capache”, explica que no dice su nombre real por prodencia, ya que fue durante unos años sicario del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), que, según The Daily Beast, recientemente ha desplazado al Cártel de Sinaloa como la organización criminal con más miembros en todo México.

Antes Capache trabajaba en el mundo del narcotráfico, pero hace tres años decidió abandonar al Cártel de Jalisco Nueva Generación para unirse a las autodefensas de México y luchar contra aquellos para los que alguna vez trabajó. El objetivo de las autodefensas es no solo acabar con el narcotráfico, sino que también dirigen su mirada a los políticos corruptos.

Miembros del CJNG

El CJNG se trata de una organización cuyo método de reclutamiento es el secuestro de menores para entrenarlos en tácticas de guerrilla y técnicas de tolerancia al dolor. Estos jóvenes son enseñados desde muy pequeños a descartar su sentimiento de empatía y a insensibilizarse ante el sufrimiento ajeno. Es el caso de Capache,  entrenado por los narcos para hacer de él un sicario perfecto sin saber que, años más tarde, el ahora “cazador de narcos” se posicionaría en contra de sus mentores, quienes dice que: “amenazan desde las sombras como vampiros”.

El guerrillero dejó su hogar en Jalisco a temprana edad. Tenía 14 años cuando decidió irse de casa para unirse al CJGN. Era hijo de una madre soltera con diez hijos, lo que obligó a Capache a buscar formas de conseguir sustento en lugar de continuar con sus estudios. Trabajaba en un restaurante en el pueblo de Ocotito, en el estado mexicano de Guerrero, cuando un amigo de la infancia le ofreció la posibilidad de convertirse en un sicario para el Cártel.

“No teníamos nada. No teníamos dinero para comer. Estaba harto de ver a mi mamá con hambre. Sabía que podía hacer diez veces más dinero trabajando para ellos (el CJNG). Tan pronto escuché la oferta, supe que era lo que tenía que hacer. Menos de una semana después estaba en un bus dirección a Jalisco”, explicó el ex sicario para The Daily Beast

La carrera de un sicario

Llegó a Guachinango en el estado de Jalisco con poco más que la ropa que llevaba puesta. Dormía con el resto de reclutas en tiendas de campaña y, según cuenta, algunos de los instructores eran miembros retirados de las Fuerzas Especiales mexicanas, otros eran miembros activos del ejército que también estaban en la nómina del Cártel. Capache recuerda que lo primero que le dijeron fue que no tenía derecho a abandonar.

“Al principio echaba de menos a mi familia y pensé en escapar. Pero si hacías eso, eras cazado y asesinado. Vi a otros intentarlo y siempre eran atrapados. Los rociaban con gasolina y les prendían fuego delante de nosotros, a otros les pegaban explosivos al cuerpo y los hacían estallar”, confiesa el ex sicario.

Niños sicarios del CJNG

El joven aprendiz de sicario recibió entrenamiento de infantería. Las actividades incluían tácticas de combate para unidades pequeñas, prácticas de tiro con rifles de asalto, ametralladoras y lanzagranadas, amén de desmontar armas con los ojos vendados.

El entrenamiento de tolerancia al dolor de los jóvenes reclutas consistía en ponerse de pie desnudos debajo de árboles en los que las abejas y avispas decidían hacer sus paneles, mientras los instructores golpeaban estos con piedras o los cañones de los rifles para que los insectos bajasen a atacar a los adolescentes y niños desnudos.

“Teníamos que permanecer allí diez minutos sin movernos ni gritar, si lo hacíamos nos golpeaban como castigo. Era mejor soportar el dolor de las picaduras”, recuerda Capache.

Después de soportar este entrenamiento por tres meses los chicos estaban preparados para “graduarse”. El examen final consistía en cortar a alguien “de manera especial”. Los reclutas tenían que infligir cortes no letales a una víctima para sonsacarle información, luego hacer un solo corte mortal y finalmente cortar de una manera óptima para deshacerse del cuerpo. No podían negarse, la tortura y asesinato eran la única forma de demostrar lealtad al Cártel.

Capache empezó a trabajar para el Cártel como un espía en la ciudad de Ameca en Jalisco. Estuvo durante un tiempo residiendo en casas situadas en puntos estratégicos de la ciudad. Avisaba de los movimientos de la policía, el ejercito u otras bandas rivales a través de una radio. Durante este tiempo también ayudó en los cargamentos de diferentes tipos de narcóticos con los que traficaba el Cártel, incluyendo cocaína, marihuana y metanfetamina. Más adelante se especializó como sicario. Según las declaraciones del ex miembro del CJNG, estuvo involucrado en siete u ocho tiroteos.

Al ser muy grande para su edad, pronto los altos cargos del Cártel decidieron que debía formar parte de una unidad de guardaespaldas compuesta por 35 hombres que estaban dedicados a la protección de uno de los “comandantes”, un misterioso hombre conocido simplemente como “090”, según las declaraciones de Capache este código fue escogido por su jefe ya que se trata del código policial para el homicidio.

Encuentro con el FUPCEG y cambio de bando

La última tarea del joven sicario fue ser enviado al estado de Guerrero para ayudar a reclutar a otros jóvenes como él y allanar el camino para que el CJNG se hiciera con el control de otras ciudades. Fue durante este periodo que tuvo su primer contacto con las autodefensas de México. Mientras estaba haciendo encargos para el Cártel en la zona de Chilpancingo fue capturado por el Frente Unido de Policías Comunitarios del Estado de Guerrero (FUPCEG), uno de los grupos de guerrilleros más amplios del país, con más de 12.000 miembros a lo largo de al menos 30 municipios mexicanos.

Durante su captura fue sometido a un programa de re-educación durante medio año para cambiarse de bando y ejercer como un guerrillero. A pesar de que no fue forzado a unirse, el ex sicario no dudó en aceptar la invitación para formar parte del FUPCEG. Esto, según los investigadores de Daily Beast, es común en México. Debido a que la corrupción policial del país obliga a los ciudadanos a tomar la justicia por su mano.

Beretta fs92, arma predilecta de Capache como guerrillero

El ahora guerrillero decidió participar en las actividades de entrenamiento de las autodefensas, utilizando para esto las habilidades que adquirió mientras era sicario del CJNG, tales como las tácticas de unidades pequeñas y el manejo de varias armas de fuego. También participó de manera activa en los enfrentamientos con el Cártel del Sur, uno de los principales aliados del CJNG. Eventualmente sus logros en batalla lo convalidarían para formar parte de un cuerpo de elite destinado a reducir la presencia del CJNG en distintas ciudades de México. Irónicamente, empezó en el lugar donde fue capturado por las autodefensas, Chilpancingo.

Entre los objetivos perseguidos por el FUPCEG se encuentra liberar la sierra mexicana y los pequeños pueblos de la presencia de narcos escondidos que usan estos territorios como base de operaciones mientras siembran el caos y amenazan a la población. El Cártel más perseguido es el Cártel de Sur, por ser el que tiene más presencia en zonas rurales.

“El Cártel del Sur quiere intimidar a la población. Quieren dominar “Chilpo” (Chilpancingo) y controlarlo todo. Roban, extorsionan, secuestran y asesinan. Si ven a una mujer en la calle ellos simplemente la violan. Su ambición los lleva a hacer cosas que no deben. Es por eso por lo que estamos “haciendo limpieza”, describe el guerrillero.

Parte del proceso de “limpieza” consiste en identificar miembros de los cárteles para secuestrarlos o eliminarlos. Cuando los encargos ocurren en el área de Chilpancingo, Capache recibe un mensaje en su móvil con la dirección. De inmediato se aproxima al piso franco del objetivo con una pistola sin registrar, casi siempre una Beretta de 9mm ya que, según explica, “nunca se atasca”.

Muchas veces realiza las operaciones en equipo con otros dos guerrilleros. Uno ejerce como conductor mientras que el otro realiza labores de exploración. Suelen turnarse el arma y la tarea de disparar la mayoría de las veces. La manera más rápida y segura de eliminar al objetivo es emboscarle cuando está sobre una motocicleta u otro vehículo ya que cuenta con menos posibilidades para reaccionar y defenderse.

Cuando el objetivo está protegido por un grupo de guardaespaldas, su equipo contrata la colaboración de una mujer que se encarga de aislar al objetivo y cuando este está indefenso realiza una llamada para dar luz verde para capturarlo o eliminarlo. “Nos dice (la mujer) donde están y como está vestido el objetivo. Después de eso, es más fácil. Si el objetivo va armado disparamos a la cabeza”, explica el guerrillero.

Sin embargo, las intenciones de la guerrilla no son evitar el narcotráfico de manera estricta. Lo que busca el FUPCEG es evitar que los cárteles lastimen y asesinen a personas, pero su cruzada no involucra las drogas en sí.

“Estamos aquí porque la gente nos ha pedido ayuda. Hemos venido para evitar que los cárteles hagan daño al pueblo. No estamos en contra de vender cocaína u otras drogas, siempre y cuando eso no lastime a nadie. Todo lo que queremos es paz”, confiesa.

Capache ahora hace suficiente dinero trabajando para las autodefensas y puede ayudar a su madre y hermanos. Se niega a dar nombres de algunos de los narcos con los que ha tratado para evitar poner en peligro a su familia. Está casado y tiene una hija, así que tiene que tener especial cuidado para protegerlas. Le gustaría abrir su propio restaurante algún día, pero confiesa que le resultaría duro dejar las autodefensas, ya que “es por una buena causa”.

COMPARTIR: