03 de julio de 2020
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FIN DE SEMANA

Él y otros cinco religiosos fueron ejecutados a sangre fría por orden del excoronel Inocente Montano y el exteniente René Yusshy Mendoza

Así fue el asesinato del jesuíta Ignacio Ellacuría: Los crímenes de El Salvador 30 años después

Las victimas de El Salvador.
Las victimas de El Salvador.
La Audiencia Nacional está juzgando desde este lunes al excoronel y exviceministro de Defensa salvadoreño Inocente Montano por su presunta participación en "la decisión, diseño o ejecución" del asesinato de cinco jesuitas españoles en 1989 en El Salvador, entre ellos Ignacio Ellacuria, hechos por los que se enfrenta a 150 años de cárcel. El excoronel Montano se encuentra preso desde 2017 y su régimen provisional ha sido prorrogado hace unos meses para poder sentarle en el banquillo.

Inocente Montano es el primer militar salvadoreño que responderá ante la Justicia española por el asesinato de esos cinco jesuitas, entre ellos Ignacio Ellacuría, entonces rector de la Universidad Centroamericana (UCA) e ideólogo de la Teología de la Liberación. Junto a Montano se juzga a René Yusshy Mendoza, quien fuera teniente del ejército de la República de El Salvador destinado en la escuela militar Capitán General Gerardo Barrios y miembro del batallón Atlacatl, ejecutor de los asesinatos. Montano fue extraditado a España en 2017 desde Estados Unidos donde fue detenido.

Según la Fiscalía, ambos "participaron en la decisión, diseño o ejecución" del asesinato, el 16 de noviembre de 1989, del entonces rector la Universidad Centroamericana (UCA), Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín-Baró, Segundo Montes Mozo, Amando López Quintana y Juan Ramón Moreno Pardo. Los cinco eran de nacionalidad española y por eso se ha podido juzgar el caso en la Audiencia Nacional.

También asesinaron junto a ellos a los salvadoreños Joaquín López (sacerdote), la empleada doméstica de la Universidad Julia Elba y su hija menor Celina Mariceth Ramos.

Los asesinados en El Salvador.

Montano permaneció dos años detenido en EE.UU. hasta su entrega a España el 29 de noviembre de 2017 y tras comparecer ante el juez en silla de ruedas y alegar motivos de salud para evitar ir a la cárcel, se encuentra en prisión preventiva a la espera de juicio y sentencia. 

El relato de los hechos presentados por el penalista Manuel Ollé Sesé, uno de los abogados de la Asociación PRO DERECHOS HUMANOS de España (APDHE) y de la familia Martín-Baró, pone todavía los pelos de punta: "En las primeras horas de la madrugada del día 16 de noviembre de 1989, miembros del Batallón de Infantería de Reacción Inmediata “ATLACATL” salieron de la Escuela Militar en dos furgonetas “pick-up”, y se introdujeron en las dependencias de la Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas" (UCA), sita en Bulevar Los Próceres, La Libertad, El Salvador, con la finalidad conocida por todos de acabar con la vida de los jesuitas y de aquellas personas que se encontraran en el camino criminal. Una vez allí, se dirigieron a la residencia de los religiosos jesuitas, y mataron a tiros a los sacerdotes españoles sabiendo que los actos realizados en su conducta criminal tendían directamente a acabar con su vida, sin que las víctimas pudieran defenderse. El resultado fue la muerte de: Ignacio Ellacuría Beascoechea, Ignacio Martín-Baró, Segundo Montes Mozo, Amando López Quintana, Juan Ramón Moreno Pardo, al también sacerdote jesuita salvadoreño Joaquín López y López, a su empleada doméstica Julia Elba Ramos y a la hija de esta Celina Mariceth Ramos, también salvadoreñas".

El relato continúa explicando: "Cuando los comandos se reunieron fuera de la Escuela Militar, Hernández Barahona entregó a Yusshy Mendoza un AK47, de fabricación rusa y utilizado generalmente por el FMNL. Mendoza se dirigió al comando ATLACATL y preguntó quién sabía disparar. Amaya Grimaldi, conocido entre sus compañeros como "PILIJAY" ("VERDUGO") fue la persona que se designó para encargarse de reducir a las personas objetivo de la operación, al ser diestro en el manejo de este tipo de armas".

El coronel Montano, a la derecha.

El operativo se dividió en tres unidades para lograr su propósito. Un grupo de soldados permaneció en el área adyacente; otro rodeó el edificio. Y un pequeño grupo se encargó directamente de los asegurar la muerte de los religiosos jesuítas. "Una vez rodeada la casa, los soldados comenzaron a golpear las puertas al tiempo que se adentraban en la planta baja del Centro Monseñor Romero destruyendo todo lo que encontraron a su paso. El resto ordenó a gritos a los jesuitas que abrieran la puerta. Tras intentar forzar la entrada a la residencia, un religioso en pijama le abrió la puerta. Este le indicó que dejaran de golpear puertas y ventanas, pues eran conscientes de lo que les iba a suceder. El único de los jesuitas encontrado sin vida vistiendo pijama y sin bata fue Segundo Montes.

Inmediatamente, Montes fue llevado al jardín en la parte delantera de la residencia. Allí estaban ya los sacerdotes Amando López, Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín-Baró y Juan Ramón Moreno. Tomás Zarpate Castillo, sargento del batallón “ATLACATL”, se quedó de guardia en la habitación donde se encontraban las dos mujeres".

Y luego relata los asesinatos a sangre fría: "Ávalos dio la orden a los sacerdotes de tirarse al suelo boca abajo. Joaquín López y López consiguió esconderse en uno de los cuartos. El resto de los religiosos permanecieron tumbados en el suelo. El teniente Espinoza llamó a Ávalos y preguntó: "¿A qué horas va a proceder?" El sargento entendió la frase como una orden para eliminar a los sacerdotes boca abajo en el jardín y entonces indicó a Amaya Grimaldi que los ejecutara. Espinoza era el único soldado que se había cubierto el rostro porque Segundo Montes había sido su director de colegio cuando era estudiante en el Colegio Externado San José.

Homenaje a los asesinados.

Ávalos disparo varias veces contra Juan Ramón Moreno y Amando López. Amaya Grimaldidisparaba simultáneamente a Ellacuría, Martín-Baró y a Montes. Amaya Grimaldi disparó primero y más tarde les dio un tiro de gracia a cada uno.

Mientras tanto, Tomás Zarpate continuaba custodiando a Julia Elba y su hija Celina y tras escuchar la orden disparó a las dos".

Pero el baño de sangre no acabó cuando cesaron los tiros, ya que "apareció en la puerta de la residencia López y López, quien, al ver a los soldados, se metió en la casa pidiendo clemencia. Pérez Vázquez y otros soldados, en el momento en que se adentraba en una de las habitaciones, le dispararon. Pérez Vázquez, inmediatamente después, al inspeccionar el lugar y pasar junto al cuerpo del religioso sintió que este le agarraba de los pies, por lo que retrocedió y le disparó cuatro veces más.

Manuel Ollé Sesé, uno de los abogados de la APDHE.

Ávalos Vargas, al pasar frente a una sala se percató de que Julia Elba Ramos y su hija, Celina Mariceth Ramos, las dos tiradas en el suelo, abrazadas, estaban agonizando. Entonces ordenó al soldado Sierra Ascencio que las rematara, quien así lo hizo".

Después, el cabo Hernández arrastró el cadáver de Juan Ramón Moreno hasta el segundo cuarto del lado oeste de la residencia, y lo dejó allí tirado. Su cuerpo sin vida fue encontrado en la habitación del jesuita Jon Sobrino.

Concluido el crimen masivo, se lanzó una bengala en señal de retirada. El operativo duró alrededor de una hora desde que fue iniciado en la UCA.

 Para la acusacióin particular, Inocente Orlando Montano y Rene Yusshy Mendoza Valecillo son responsables en concepto de autores e introduce una circunstancia modificativa en el caso de Mendoza, en concreto una eximente "incompleta de miedo insuperable del art. 9. 1a en relación con el art. 8. 10o del CP de 1973, que se corresponde con los arts. 21. 1a en relación con el art. 20.6 del Código Penal vigente actualmente", esto implicaría una "atenuante muy cualificada del art. 9. 10o en relación con el art. 9. 9o del Código Penal de 1973, que se corresponden con los arts. 21.7 en relación con el 21.4 y 21.5 del Código Penal actual". Las penas que piden para Orlando Montano son 30 años de cárcel por cada uno de los ocho asesinatos y un año de prisión para Rene Yusshy Mendoza por cada uno de los ocho asesinatos.

Los asesinados aquella noche de 1989.

Inocente Orlando Montano, en el momento de los hechos, era el Viceministro de Seguridad Pública, miembro del Alto Mando y de La Tandona. Montano participó activamente en las reuniones en las que se decidió y planificó los asesinatos de líderes civiles, y, entre ellos, el de Ignacio Ellacuría y los otros sacerdotes. Yusshy Renés Mendoza Vallecillo era teniente del ejército de la República de El Salvador, destinado en la Escuela Militar Capitán General Gerardo Barrios.

 Por su parte, la Provincia Centroamericana de la Compañía de Jesús, Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, emitió un comunicado con ocasión del juicio, recordando que "en septiembre de 1991 fueron juzgados 9 militares, en un juicio amañado, siendo absueltos siete de ellos de los crímenes cometidos y dos de ellos fueron condenados a 30 años de prisión (...) Pero hasta la fecha los autores intelectuales (...) siguen en la más absoluta impunidad". Y finaliza diciendo que "solo siguiendo este camino (el de la verdad) podremos decir con el profeta Isaías: "La obra de la justicia será la paz y los frutos de la justicia serán tranquilidad y seguridad para siempre". Para el pueblo de Dios, nunca ha existido contradicción entre justicia y paz ni entre verdad y paz. Al contrario, la paz es el fruto de la verdad y de la justicia".

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