28 de noviembre de 2021
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FIN DE SEMANA

A finales de los años 80 y principios de los 90 el empresario se convirtió en un personaje super popular por su peculiar forma de actuar

La verdad de Ruiz Mateos (VII): Lo que se escondía detrás de su show y disfraces

José María Ruiz Mateos.
José María Ruiz Mateos.
En los años ochenta y noventa José María Ruiz Mateos se convirtió en un personaje televisivo. Para que la expropiación de Rumasa no fuera olvidada comenzó a protagonizar todo tipo de acciones: se disfrazaba a la puerta de los juzgados, agredía a sus enemigos, insultaba y protagonizaba todo tipo de apariciones curiosas en los medios de comunicación.

Desde el día en que se intervino Rumasa, José María Ruiz Mateos comenzó una lucha sin cuartel para que nadie olvidara la expropiación de su holding. Y lo consiguió. No descansó ni un minuto. Intentó muchas y muy variadas cosas, como secuestrar el famoso vehículo Mercedes 300 de Juan Guerra, el célebre hermanísimo del vicepresidente socialista, intentar robar el botafumeiro de la catedral de Santiago de Compostela, ejercer la acción popular en muchos casos de corrupción contra el gobierno de Felipe González, etc., pero su éxito se debió fundamentalmente a sus numerosas excentricidades cometidas en la obsesiva persecución a la que sometió a Miguel Boyer y a Isabel Preysler.

Fue gracias a esta “caza” por lo que la expropiación del holding de la abeja no quedó en el olvido. Y aunque Boyer afirmó públicamente que “el tema de Rumasa dejó de ser un problema hace mucho tiempo”, no fue así. Ruiz Mateos se constituyó como la sombra fantasma que le persiguió a él y a su mujer durante muchos y largos años.

“Te aseguro que Rumasa será tu ruina y el síndrome del que serás esclavo y preso de su maléficos efectos inextinguibles, aun cuando tu papel no haya sido otro que el del mandadito en la trágica comedia. Los miserables tenéis que estar siempre en guardia, sobre aviso, porque cuando menos te lo esperes el merecido te llegará por sorpresa. De igual forma que yo sufrí la confiscación de la obra de toda mi vida”, le decía en una carta que le envió cuando estaba en la cárcel madrileña de Alcalá Meco.

Sus agresiones a Boyer y a la Preysler, sus disfraces, sus fugas, sus incursiones en el campo político, etc., llevaron a que se forjara una imagen perfecta entre sus acólitos. Pasó a ejercer el papel interpretativo de chivo expiatorio de los socialistas. La opinión pública sentía pena por él y por el brutal golpe que le había supuesto la expropiación. Algo que según la opinión de algunos le llevó hasta el enloquecimiento en sus actitudes e iniciativas.

Un hecho totalmente inexacto, ya que todos sus movimientos contra Boyer e Isabel Presyler estaban estudiados al detalle por sus asesores, principalmente por el profesor y abogado Javier Sainz Moreno, que cuidaba y analizaba todos los detalles. Por ello cobraba 100.000 pesetas al mes. Este profesor de Derecho Financiero y Tributario en la Universidad Autónoma de Madrid, que había sido pasante en el despacho del abogado conseguidor Matías Cortés, era quien le proporcionaba las ideas más imaginativas en su cruzada. Y no sólo en sus extravagantes actuaciones contra Boyer, sino en todas sus “travesuras”, como Ruiz Mateos las definía.

El profesor Sainz Moreno era y es un personaje muy singular. Estudioso del Cantar del Mio Cid, amante del circo a través de su novia Silvia que había sido trapecista hasta sufrir un grave accidente durante un número circense, escritor de los pasajes literarios más variopintos, vivía en una casa antigua de la calle Valverde, de Madrid, muy cerca del edifico de Telefónica en la Gran Vía, donde más tarde se situaría la sede de la Agrupación Ruiz-Mateos, el partido político con el que el dueño de Rumasa acudiría a las elecciones europeas.

Sainz Moreno entró en contacto con el empresario gaditano a raíz de hacerse con la agenda privada de Matías Cortés, su jefe, ante quien se había sentido menospreciado como persona decidiendo poner la información a disposición del principal enemigo de éste tras la expropiación de Rumasa. Para Sainz, Boyer había cometido una tremenda injusticia al aplicarle a Ruiz Mateos la ley con severidad inflexible mientras que con el resto del sistema financiero y bancario español actuaba con total permisividad y tolerancia.

En la agenda figuraban todas las llamadas que el letrado Matías Cortés realizaba, sus contactos con el banquero Luis Valls Taberner, así como sus principales reuniones con los integrantes del poder socialista con los que ya merodeaba. No en vano luego se convirtió en el abogado de cabecera del dueño del emporio editor Prisa, Jesús de Polanco, cuyo éxito va unido a la historia del felipismo.

Las puestas en escena

Fue a partir de la entrega de esta golosa agenda cuando Sainz Moreno se unió a Ruiz Mateos, permaneciendo a su lado durante veinte años y brindándole todo su ingenio e imaginación. A él se le deben las mejores ideas que puso en marcha el empresario gaditano para llamar la atención ante la opinión pública, como el famoso disfraz de Superman que le convirtió en “el Superman de los desprotegidos”.

Ese disfraz, con las mallas ajustadas, las botas y la capa, escondido todo él bajo una amplia gabardina, fue utilizado el 22 de mayo de 1992 cuando Mariano Rubio, el gran amigo de Boyer y subgobernador del Banco de España durante la expropiación de Rumasa, declaró en los juzgados madrileños de Plaza de Castilla por su implicación en el famoso caso Ibercorp, un escandalo financiero con utilización de información privilegiada en el que estaban involucrados insignes personajes del clan de la beautiful people .

Sin embargo, Ruiz Mateos no culpaba a Boyer de ser el verdadero responsable de la expropiación. A sus allegados de entonces les reconoció que sólo había sido el ejecutor, pero no el autor intelectual. Lo que ocurrió fue que sus continuos enfrentamientos con el vicepresidente Alfonso Guerra, su divorcio y posterior matrimonio con Isabel Preysler, su patrimonio inmobiliario en Puerta de Hierro, sus veraneos con la jet set en Marbella, sus tentáculos en una beautiful people corrupta, etc., convirtieron a Boyer y a Isabel en auténticas estrellas para los medios de comunicación que hacían que cualquier cosa que éstos dijeran, hicieran o padecieran se transformara en una noticia relevante. Y Ruiz Mateos se benefició de ello.

Enseguida se dio cuenta de que Boyer era el blanco perfecto para su cruzada contra la expropiación de Rumasa. Era una pieza fácil de atacar y más contando con la impunidad total del propio gobierno socialista. El ministro se había convertido en un personaje odiado tanto por la gente de derechas, que le reprochaban su inmersión en el gobierno del PSOE, como por los de izquierdas que le consideraban un traidor por su afiliación a la beautiful people.

Además, el empresario conocía de primera mano la secreta relación que éste mantenía con Isabel Preysler mucho antes de que el romance se hiciera público en 1985, gracias a sus contactos en los hoteles madrileños, muchos de los cuales habían estado en el organigrama de la vieja Rumasa, como el Hotel Los Galgos, cuyos directivos le pasaban información puntual de los encuentros clandestinos, muy enfadados por la actuación de algunos dirigentes socialistas que, tras la expropiación de Rumasa, consideraron suyo el hotel realizando allí todo tipo de acontecimientos privados. Por eso, el empresario no tenía otra obsesión que la de que sus “travesuras” contra el político socialista y su entonces amante salieran a toda costa en los periódicos.

Para ello creó a su vuelta del exilio londinense, lo que definió como “la guerrilla”, un grupo de hombres fieles, siempre a su servicio, que estaban dispuestos a colaborar en esas “travesuras” contra el clan de Boyer sin escatimar esfuerzos. Entre los principales miembros de “la guerrilla”, además del mencionado Javier Sainz Moreno, se encontraban su abogado durante más de 26 años, el valenciano Joaquín Ybancos Muñiz, al que conoció a mediados de los ochenta cuando éste trabajaba como abogado de la empresa Marcol, la mayor de España en venta al por mayor que había sido comprada por la vieja Rumasa; su socio y amigo, el empresario granadino Jesús Solana, la persona a través de la cual recompró la empresa de flanes Dhul y que le ayudó en la creación de su nuevo holding Nueva Rumasa; su chófer y escolta durante dos décadas, Víctor de la Cruz, la persona que espiaba a los banqueros e intentaba sacar fotos con sus queridas; el discotequero Carlos Manzano Salom, un joven que tenía clubs en Marbella y que había empezado a ofrecer empresas a buen precio al nuevo holding; y, como no, su entonces secretaria personal y gran cerebro, la canaria Pino Riesco Manrique de Lara, una guapa chica, menuda, rubia, de perfectas dimensiones, perteneciente a una de las familias más nobles de Las Palmas y a la que el dueño de Rumasa había conocido como relaciones públicas de una discoteca de la Costa del Sol.

Pino Riesco era la que se encargaba de la materialización de las ideas que Javier Sainz Moreno ponía a diario sobre la mesa de Ruiz Mateos convirtiéndose en su compañera inseparable: contrataba a nuevos integrantes temporales para la guerrilla, ponía sobre aviso a todos los miembros para las posteriores acciones; conseguía el material necesario para la ejecución; llamaba a los periodistas para que estuvieran en alerta y, servía de interconexión entre los trece hijos del empresario. “Busca a uno de mis hijos y que vaya”, le decía a menudo.

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