28 de enero de 2020
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FIN DE SEMANA

Diecisiete años después del secuestro y asesinato de la joven viguesa de 22 años las investigaciones aportan nuevos datos

Se reabre el caso del crimen de Déborah Fernández: Comienza el interrogatorio de testigos

La hermana y la madre de Déborah Fernández.
La hermana y la madre de Déborah Fernández.
La reapertura del caso de Déborah Fernández, secuestrada y asesinada en 2002, cuando regresaba a su casa de Vigo, ha comenzado a dar sus primeros pasos en forma de declaraciones judiciales. El pasado jueves declaró una testigo y el martes lo hicieron otras seis personas, cercanas al exnovio de Déborah, que fue interrogado pero nunca acusado. Nuevas pistas acumuladas estos meses atrás han ayudado a reabrir el caso.

El pasado jueves una testigo prestó declaración ante el juzgado de Instrucción número 2 de Tuy, en Pontevedra, y el martes lo hicieron otros seis, en este caso cercanos e incluso algunos familiares del exnovio de la joven viguesa asesinada.

La jueza ha pedido secretismo a todas las partes e incluso no ha trascendido la identidad de los testigos llamados a declarar, algo no muy comprensible desde el punto de vista informativo teniendo en cuenta que nadie ha decretado un secreto de sumario.

Tampoco los familiares de la víctima se han prodigado en declaraciones públicas, apenas unas recogidas a la entrada de los juzgados por una cámara de televisión a Rosa Fernández y Rosa Neira, hermana y madre de la víctima, respectivamente: "Estamos supernerviosos y esperanzados por poder esclarecer lo que pudo ocurrir. Es un día importante porque reabrir el caso 17 años después era inimaginable", admitía Rosa Fernández, hermana de Déborah, ante las cámaras.

El caso se logró reabrir gracias a la persistencia de la familia de Déborah que con el lema "Justicia para Déborah" han batallado durante estos años. El 30 de abril de 2002 era un día normal para Déborah Fernández, fue a clase de Diseño Gráfico, pero salió antes porque se sentía mal. Déborah, viguesa de 22 años, se fue desde clase a su casa en la avenida Atlántida de Alcabre y a mediodía acudió a la peluquería. Después de comer, por la tarde, salió a correr por la playa de Samil, se encontró con su prima e hicieron juntas parte del recorrido, a la altura del puente de Langares se despidió de ella, le dijo que no iba a salir aquella noche, que iba a alquilar "Amelie" en el videoclub.

Vista en Alcabre

A las nueve menos cuarto de la noche fue vista por última vez en la zona de Alcabre, cuando un conocido se cruzó con ella, a 500 metros de su casa. Diez días más tarde, el 10 de mayo, una vecina, Adelaida, que paseaba a su perro por O Rosal, encontró su cuerpo, a más de 40 kilómetros de Vigo. La joven estaba a tres metros del arcén de la carretera, desnuda y medio tapada con ramas de acacia, acostada de lado, con piernas y brazos flexionados. Depositaron el cuerpo con cuidado, con mimo, porque no había señales de arrastre del cadáver sobre el suelo.

Rosa Fernández, hermana de Déborah, lleva 17 años pidiendo justicia.

La autopsia desveló que la joven había muerto entre seis y nueve días antes, incluso el mismo día de su desaparición. Cuando murió estaba vestida y así estuvo al menos durante doce horas después de su muerte. Luego desnudaron su cuerpo y lo lavaron. Los informes también arrojaron que Déborah permaneció en un lugar frío y oscuro, quizás una cámara frigorífica o un sótano, hasta que fue depositada en la cuneta por su presunto asesino o un cómplice.

El cuerpo no tenía signos de violencia ni de agresión sexual. La hipótesis más fiable fue la muerte por sofocación con un objeto blando, que no habría dejado signos violentos. Junto al cadáver se dejaron pistas falsas, como un preservativo usado, un pañuelo de papel y un cordón verde bajo el cuerpo. También se hallaron restos de semen y ADN, que parecían pruebas fiables para encontrar al autor. Durante años los investigadores siguieron estas pistas que luego resultaron ser falsas, se hicieron cientos de pruebas, entre ellos al principal sospechoso. Pero no se consiguieron resultados positivos.

Los investigadores finalmente descubrieron que la escena era ficticia, un escenario montado para hacer creer en el móvil sexual. El autor incluso introdujo semen artificialmente en la vagina de la joven, ya muerta. Los forenses determinaron que esa es la única explicación a que se conservara ese fluido diez días después del fallecimiento. Hasta cinco grupos policiales de trabajo pasaron por el caso.

Nuevas pruebas, caso reabierto

Ahora, 17 años después, nuevos testimonios y nuevas pruebas han dado esperanzas a la familia. Rosa Fernández, hermana de Déborah, explica que "hemos dado toda la información recabada durante años a la Policía, que podrá llegar más lejos de lo que llegamos nosotros. Ahora hay un taxista que dice haber visto a mi hermana subir a un coche, pero después resulta que no recuerda nada".

Entierro de Déborah en el año 2002.

De momento, la Policía ya interrogó a este testigo y otros que "vieron a mi hermana 15 minutos más tarde que la declaración del último testigo a siete u ocho kilómetros del último lugar con gente que la identificó perfectamente". Otro testigo vio a Déborah en actitud de espera, caminando por el mismo sitio. La Policía buscó en su entorno más cercano y apuntó siempre en la misma dirección, pero no pudieron probar absolutamente nada. Una nueva prueba científica puede terminar de demostrar la culpabilidad de alguien de quien se sospecha todavía.

Ocho años después del asesinato, el inspector Luis Muñoz, que trabajó a las órdenes del comisario Ángel Galán, se hizo cargo del caso y se empeñó en su resolución. Apuntó cuatro hipótesis en un informe conocido como Operación Arcano y fechado en 2010, quedando la última como más evidente. Déborah habría coincidido aquel día con alguien muy cercano. La Policía sospecha que el autor se construyó una rápida coartada apareciendo en lugares públicos, para que no lo relacionasen con la chica y se las ingenió para dejar rastros falsos que, como finalmente ocurrió, entorpeciesen las pesquisas e hiciesen perder el tiempo a la Policía. Este sospechoso llegó incluso a ser interrogado en comisaría.

El comisario jubilado Ángel Galán tomó personalmente declaración a este hombre, que negó haber hablado por teléfono con la chica ese día, pero las investigaciones sí demostraron que lo había hecho al mediodía de ese mismo día cuando ella estaba en la peluquería y que en su recorrido habitual en coche pasaba por el lugar donde se vio a Déborah por última vez. Sin embargo, mantuvo que aquel día, precisamente, había tomado otro camino diferente. Pese a toda la investigación no se pudo acusar del crimen a nadie.

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