08 de diciembre de 2019
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FIN DE SEMANA

El yerno del dictador utilizaba testaferros en las operaciones, así para la compra de Valdefuentes situó a su tío José María Sanchís 'El Bollo'

Cristóbal Martínez-Bordiú, Marqués de Villaverde: El verdadero muñidor de la fortuna de los Franco

Cristóbal Martínez-Bordiú, Marqués de Villaverde.
Cristóbal Martínez-Bordiú, Marqués de Villaverde.
La sorprendente publicación del testamento de Francisco Franco 44 años después de su muerte ha causado estupor por lo exiguo del patrimonio personal del hombre que rigió con mano de hierro España durante casi cuatro décadas. Sin embargo, no fue el dictador quien cimentó la fortuna de su familia, sino su yerno Cristóbal Martínez-Bordiú, casado con su única hija, Carmen Franco. El Marqués de Villaverde, con la impunidad que daba el apellido de su suegro, hizo todo tipo de negocios durante décadas.

Si alguien fue el verdadero ideólogo y gurú de los Franco en materia patrimonial y económica, ese fue Cristóbal Martínez-Bordiú, Marqués de Villaverde, y yerno del dictador. Nacido en Mancha Real (Jaen) en 1922, pertenecía a una importante familia nobiliaria, con Grandeza de España, pero sin una fortuna conocida ni boyante. "más bien tiesos" dicen los historiadores. Eran los condes de Aljillo,  José María Martínez y María de la Esperanza Bordiú. 

Su hijo Cristobal se convirtió en médico en la capital de España, sin un destino profesional. Pero su suerte cambió cuando conoció a una joven, hija del Jefe del Estado, a la que la familia Franco apodaba Nenuca. Era Carmen Franco Polo, nacida en 1926 y única hija del General Francisco Franco y de Carmen Polo. 

Cuando el Marqués, se convirtió oficialmente en yernísimo de Franco, el 10 de abril de 1950, se convirtió en todo un ‘aprendiz de brujo’ de los negocios y una de las figuras más identificativas del régimen. Si Franco llegó al poder tras un golpe de Estado, un golpe de suerte, un braguetazo, convirtió a Martínez-Bordiú en millonario.

Carmen Franco y Cristóbal Martínez-Bordiú. 

Su arrogancia y su gusto descarado por el dinero no pasaron desapercibidos para los españoles. En los días que siguieron a la boda se hizo célebre una coplilla entre el pueblo llano: “La niña quería un marido/ la mamá quería un marqués/ el marqués quería dinero/ ya están contentos los tres”.

Tal vez por está común afición a los negocios y al dinero, hubo una gran relación desde el principio entre el Marqués y Carmen Polo. Poco parecía importarle a la Señora de Meirás, las continuas infidelidades de Cristóbal a su hija. Señorita de provincias venida a más, el sueño de doña Carmen era emparentar con la aristocracia a cualquier precio y que su niña luciera título nobiliario, al coste que fuera.

El Marqués de Villaverde supo triunfar y situarse en todos los sectores bajo el paraguas de su suegro. Nadie se atrevía a poner límites a sus ansias de poder. Sólo dos personas se atrevieron a plantarle cara durante el régimen de Franco: Luis Miguel Dominguín y la Duquesa de Alba, que ningunearon públicamente al yernísimo sin ningún problema.

Así, Cristobal Martínez-Bordiú ocupó durante el mandato de su suegro, el general Franco, el sillón del consejo de administración de 27 empresas. Todos los grandes empresarios del país querían tener cerca al Marqués de Villaverde para poder así tener un ascendente de influencia en el Palacio de El Pardo. Tanto que hasta el año 1986, el matrimonio de Cristóbal y Carmen Franco dispuso de pasaporte diplomático, lo que le permitía salir y entrar libremente, sin control alguno, de España.

Además ocupó distintos cargos en la sanidad pública española.  Fue en 1984, cuando el entonces ministro de Sanidad de la primera etapa democrática, el socialista Ernest Lluch, luego asesinado por la banda terrorista ETA, le suspendió de empleo y sueldo. Su gran negocio con el mundo de la salud fueron las clínicas Incosol, una de ellas instalada en Marbella en 1975, donde contó con el apoyo del Premio Nobel de Medicina 1968 Christian Bernard. El médico sudafricano fue uno de los grandes amigos del Marqués. Tanto que fue invitado en octubre de 1975 a la considerada como ‘última cacería del franquismo’. Organizada en su finca de Ciudad Real por el empresario Eduardo Barreiros, dueño de la empresa automovilística Barreiros. Todos fueron retratados en la revista ¡Hola!, solo unas semanas antes de la muerte del dictador. Entre ellos, el banquero Alfonso Fierro y el exministro Manuel Arburúa.

Bernard pasó a la historia como el médico que realizó el primer trasplante de corazón con éxito y que le valió el Premio Nobel. Fue en 1968, cuando Cristóbal Martínez-Bordiú quiso ser el ‘Bernard español’. Pero el paciente sólo sobrevivió unas horas al trasplante de corazón. Aunque el Marqués aseguró que se encargaría de los hijos de su paciente, nunca lo hizo. Ya en los ochenta, muchos enfermos se negaban a ser operados por el aristócrata por la mala fama que entonces tenía el yernísimo como médico.

Valdefuentes: el gran pelotazo

Sin duda uno de los terrenos donde mejor se supo mover el yernísimo fue el inmobiliario. Su buque insignia fue Promociones del Suroeste SA, la promotora inmobiliaria que edificó la finca familiar de Valdefuentes, en el término de Arroyomolinos (Madrid), en cuya extensión se encuentra ubicado el centro comercial “Madrid Xanadú”, donde se encuentra el conocido parque artificial de esquí.

En este suculento negocio de recalificación, aprobado por la Comunidad Autónoma de Madrid en manos del PP,  fue vital la presencia como intermediario en las concesiones administrativas de Miguel Herrero de Miñón, el que fuera diputado de la derecha española, ex Secretario General de Alianza Popular, y hoy reconvertido a otros derroteros políticos y dinerarios.

La finca de Valdefuentes de los Franco.

La finca “Valdelafuentes” fue adquirida por el General Franco en 1953 por 3,3 millones de pesetas a Luis Figueroa, nieto del primer Conde de Romanes, y marido de la exespía norteamericana Alline Griffith.

Esta propiedad se convirtió en una de las propiedades favoritas de Franco. El motivo de la adquisición era que el Caudillo quería unas tierras para que pudieran pastar sus ovejas. Hasta entonces lo hacían en los jardines de El Pardo, pero su primo Francisco Franco Salgado-Araujo, al que conocían como Pacón, le dijo que no era la mejor imagen para un Jefe de Estado.

Esta finca, de cerca de diez millones de metros cuadrados (unas 1.000 hectáreas), pertenece al Ayuntamiento de Arroyomolinos, pero está inscrita en el registro de la Propiedad del pueblo madrileño de Navalcarnero. El costoso mantenimiento de esta finca en los años sesenta causó problemas al marqués de Villaverde, Cristóbal Martínez-Bordiú, quien se vió obligado a vender varias parcelas y a alquilar otras . Todas inicialmente declaradas rústicas.

Antes de la muerte del “Generalísimo” Franco, la finca fue vendida por El Caudillo a su hija tras una supuesta donación privativa de dinero en 1974 para esta compra, poco después de sufrir Franco una flebitis. La duquesa de Franco, debido al deterioro progresivo en su explotación agraria y ganadera, dejó muy pronto la gestión a sus hijos para su posterior recalificación urbanística.

Así ocurrió años después. Finalmente fueron recalificados 3,3 millones de metros cuadrados para construir en ellos más de cinco mil viviendas, un centro comercial y otro deportivo. Hoy todavía le cerca de 400 hectáreas todavía por recalificar, con un valor edificable que puede llegar a los doscientos millones de euros actualmente.

En este negocio del ladrillo de Valdefuentes, los Franco estuvieron asociados junto a sus amigos, los constructores Fidel y Antonio San Román Morán, a través de sus empresas Edificaciones Tifán S.L. y Sanedi S.A.

En los diferentes boletines de la Comunidad de Madrid de 2003 y en algunas intervenciones del grupo socialista en la Asamblea madrileña se cita que dicha empresa llevó a cabo el planeamiento urbanístico del SAU 6 Zarzalejos y que construyeron casi 4.000 viviendas de Protección Oficial en el SAU 4 en el municipio de Arroyomolinos, en el sector conocido como Valdecastellanos. Fue en esta finca, de especial protección, donde se construyó el actual parque de ocio de nieve de Madrid, Xanadú, que ha posibilitado un gran desarrollo a toda la zona.

Fue también en esta finca donde el dictador guardó el famoso Mercedes de tres ejes que Hitler le regaló y que su hija y su viuda venderían Patrimonio Nacional por nueve millones de pesetas a cambio de que nunca se vendiera esta joya automovilística.

José María Martínez-Bordiú, barón de Gotor, y hermano de Cristóbal. 

Para sacar rendimiento a la finca Francis Franco la alquiló a finales de los 70 y principios de los 80 para rodar películas, casi todas ellas pertenecientes al género erótico o de terror. Entre las primeras destaca, por lo bizarro, Historias aberrantes, donde se podía ver a la bella María José Cantudo dando a luz un mono. Entre las segundas, Latidos de pánico, una de las obras más personales de Paul Naschy, un maestro del género.

Aunque, sin dudad alguna, si hay alguna película rodada en la finca que pasará a la historia del séptimo arte esa es La escopeta nacional de Luis García Berlanga. Se da la ironía de que esta cinta relataba con un tono crítico las cacerías protagonizadas por el círculo íntimo del dictador.

Sobre el peculiar cambio de dueños de la finca cuenta Francis en sus memorias, tituladas Cuando mi abuela era persona ,lo siguiente: “Pese a que mi madre aparecía como propietaria desde la constitución de la sociedad en 1953, el 100% de los títulos eran suyos por compra desde 1974, en una fecha ligeramente posterior a la flebitis del abuelo. Me quedé perplejo con el hallazgo y comprobé que en esa misma fecha mi madre había vendido su participación de 1953 a mi abuelo y que posteriormente había recibido de él una donación en efectivo. Con ese mismo dinero, poco después, mi madre se hizo con el 100% de Valdefuentes SA....

...Por supuesto, les pedí explicaciones a los asesores fiscales. Me explicaron que el abuelo quizás habría sopesado la posibilidad de que, tras su muerte, se considerase que sus haberes como jefe del Estado eran ilegales y le quitasen a mi madre todas las propiedades que le hubiese legado. Así que decidió evitar el riesgo haciendo que mi madre comprase la totalidad de las acciones con dinero privativo donado en 1974. Por lo que lo único que habrían podido exigirle a mi madre, en caso de cumplirse los peores temores del abuelo, habría sido la devolución de la suma donada, en lugar de la compra que efectuó con ella”.

Los ‘testaferros’ del Marqués

El gran apoyo de Cristóbal Martínez-Bordiú en este negocio inmobiliario fue su tío José María Sanchís Sancho. Un valenciano de Aldaya, al que apodaban El Bollo y que estaba casado con Enriqueta Bordiú, la tía adoptiva del Marqués de Villaverde. Por sus ‘servicios’ al dictador, recibió la  Gran Cruz del Mérito Civil en 1963 y campeaba a sus anchas por El pardo.

Pocholo Martínez-Bordiú.

Según Mariano Sánchez Soler en su libro Franco S. A. (Oberon, 2003) "Sanchís Sancho y Luis Gómez Sanz actuaban de testaferros” para crear sociedades pantalla que “figuraban como propietarias de fincas compradas por los Franco, como la de Valdefuentes, en Arroyomolinos (Madrid), pero de las que no aparecía el nombre de Francisco Franco o sus familiares como dueños”.

La cercanía al dictador de El Bollo le sirvió para ser una de las referencias en Valencia, su territorio de origen, y para convertirse en la mano derecha de Eduardo Barreiros, creador de los camiones Pegaso y conocido como 'el motor del régimen'. 

Otro de los nombres fundamentales en los negocios de Villaverde fue su hermano José María Martínez-Bordiú, Barón de Gotor. Vivió en la misma casa donde residía la viuda de Franco y la que fuera su cuñada, el famoso edificio en la calle Hermanos Bécquer de Madrid,  que ahora los Franco han puesto a la venta por cincuenta millones de euros.

El barón de Gotor se casó con Clotilde Basso de Roviralta y tuvo cinco hijos, entre ellos la conocida diseñadora Kuka Gotor y el excéntrico José María, más conocido por “Pocholo”, que estuvo casado con Sonsoles Suárez, hija del ex presidente del Gobierno español, Adolfo Suárez.

“Pocholo” Martínez-Bordiú, que estudió finanzas en Estados Unidos y trabajó en el International Bank de Miami, sufrió un cambio radical en su estilo de vida, similar al de alguno de sus primos, y pasó de ser un yuppy a convertirse en uno de los personajes imprescindibles de la movida ibicenca, para más tarde ser una estrella mediática gracias a sus provocativas intervenciones. Es el actual Barón de Gotor.

La herencia del Marqués

Tras el fallecimiento del Marqués sus siete hijos heredaron muchas de sus propiedades inmobiliarias. Ninguno de ellos salió malparado. El testamento del marqués de Villaverde, otorgado en julio de 1988 ante el notario José Luis Álvarez, que fuera alcalde de Madrid, dejaba a sus hijos y mujer la propiedad de una finca de más de 28 hectáreas en La Hacienda Arroyo-Vil, en Baeza (Jaén). También la Finca “Cerca de los Monteros”, en Marbella, valorada registralmente en 60 millones de pesetas.

Así como varias parcelas en la Urbanización madrileña de La Florida, en el término municipal de El Pardo. Una gran urbanización madrileña controlada por el marqués de Villaverde.

Gracias a estas operaciones inmobiliarias, los siete nietos de Franco consiguieron, según declaración registral, unas ganancias de tan solo unos cinco millones de euros. Otras suculentas operaciones inmobiliarias fueron la venta de una parcela en la Colonia “El Bosque”, en Pozuelo de Alarcón (Madrid); la venta de una finca rústica de seis hectáreas de olivares de secano en Mancha Real (Jaén); y la de varios apartamentos en la Playa de Campoamor, en Alicante.

El centro comercial Xanadú se levantó sobre terrenos vendidos por los Franco.

En 1998, nada más morir su marido el marqués de Villaverde, Carmen Franco invirtió también su capital en otra sociedad dedicada al arrendamiento de inmuebles, denominada Abanco SL. Sin embargo, la principal empresa inmobiliaria del holding familiar ha sido Fiolasa SL, constituida en abril de 2002, con domicilio social en su propia casa y cuartel general de la calle Hermanos Bécquer. Sus activos siempre han superado con creces los 20 millones de euros.

Pero además del inmobiliario, otro de los negocios más fructíferos de los Franco ha sido la compra y venta de aparcamientos en la capital de España. Para ello, la ya fallecida Carmen Franco Polo, junto a su entonces marido, el marqués de Villaverde constituyó en 1991 la sociedad Proazca SA. Esta sociedad invirtió inicialmente más de 200 millones de las pesetas de entonces en el negocio de los parkings. 

El Canto del Pico

Una de las pocas posesiones de Franco de las que si se habla en el testamento ahora publicado es la del Canto del Pico. La propiedad fue un regalo de José María del Palacio Abérzuza, el Conde de las Almenas, al Caudillo. En su planta baja guardaba el General todos los regalos que le iban dando. Este palacio fue vendido en 1988 por el Marqués de Villaverde por más de 300 millones de pesetas a una empresa que aseguró lo utilizaría de hotel y como explotación turística.

Su actual propietario es el hostelero español José Antonio Oyamburu Goicoechea, vecino de la zona que había hecho una fortuna en Inglaterra rehabilitando palacios en mal estado. La compra se realizó a través de la empresa británica Stoyman Holdings Limited (SHL). Pero después de más de tres décadas el lugar se ha ido deteriorando.

Canto del Pico. 

Para la familia Franco esta propiedad está llena de anécdotas personales. En 1950 pasaron allí su noche de bodas la única hija del dictador, Carmen Franco Polo y Cristóbal Martínez-Bordiú, el Marqués de Villaverde.

Un cuarto de siglo después, la familia cedió esta propiedad a Merry Martínez-Bordiú, la nieta rebelde del dictador, para que conviviera con su recién estrenado marido, el polémico escritor y periodista Jimmy Giménez Arnau. En su libro Yo, Jimmy. Mi vida entre los Franco (1981) el hoy colaborador televisivo, describe el lugar como un sitio tétrico y cuenta que el palacete se convirtió en almacén de los regalos que recibió el Caudillo durante sus casi cuatro décadas en el poder: “Eran los regalos que el General había ido recibiendo durante su mandato... Había toneladas y toneladas de ellos. Había en amontonamiento docenas de colchones, cientos de distintas clases de bustos del General… Había mil objetos religiosos. La capilla, como un imán, había atraído todo aquello que tenía olor a testamento. Entre cortinas descolgadas surgía una rebelión de ángeles, crucifijos, reliquias, botafumeiros, sillones y sofás destrozados por siestas clericales, misales, vírgenes y santos. De oropeles había un recargamiento tal que allí nunca pudo haber cabido una buena contrición. Era lo sacro en estado cutre”.

Las fotos de la agonía de Franco

Posiblemente la mayor mercantilización del nombre de su suegro que llevo a cabo el Marqués de Villaverde fue la venta de las fotos de la agonía de Francisco Franco en el Hospital La Paz, de Madrid. El Marqués se las vendió en 1984 al semanario del Grupo Z, La Revista .

La publicación de las imágenes causó una conmoción en todo el país e, incluso, a nivel internacional. El semanario era dirigido por Jaime Peñafiel, que acaba de abandonar su cargo de director de la revista ¡Hola! y que pretendía competir con la que fue su semanario durante dos décadas, en el entonces fructífero mercado de las exclusivas periodísticas.

La polémica portada de 'La Revista'. 

Las fotos de Franco entubado fueron tomadas por el Marqués unos días antes del fallecimiento. El precio fue de 15 millones y Peñafiel nunca ha reconocido que fuera el yerno del dictador quien vendiera las instantáneas. De hecho, en su libro El General y su tropa (Temas de Hoy, 1992), habla de un colaborador cercano al Caudillo, pero no especifica quién.

Para muchos, no es más que un personaje inventado por el veterano periodista para no confesar la verdadera identidad de quien vendió las fotos: el propio Cristóbal Martínez-Bordiú, Marqués de Villaverde, que, incluso, ya muerto sacó un gran rendimiento económico en la figura de su suegro, Francisco Franco Bahamonde.

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