21 de agosto de 2019
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EDICIÓN VERANO

Tiene 31 años, salió de casa de sus padres en la localidad de Casas Nuevas en agosto del año pasado y se perdió en la sierra de Espuña

La familia de Alberto Hernández Cortés, desaparecido en Murcia, pide al Ejército ayuda para encontrarlo tras diez meses

Alberto Hernández desaparecido en Casas Nuevas, Murcia.
Alberto Hernández desaparecido en Casas Nuevas, Murcia.
Una familia murciana vive desde hace 10 meses en la incertidumbre de no saber qué habrá ocurrido con su hijo Alberto Hernández Cortés, de 31 años. Alberto desapareció el 4 de agosto de 2018 del pueblo de Casas Nuevas, una pequeña localidad cerca de Mula, cuando salió a pasear como hacía a diario a las ocho y media de la tarde. Alberto se encontraba de vacaciones en esta pequeña pedanía murciana de vacaciones con sus padres.

Alberto Hernández, de 31 años, es uno de los 12.300 desaparecidos que hay en España. Alberto está diagnosticado de un trastorno esquizoide de la personalidad y tenía que tomar una pastilla diaria, "pero no quería tomarla, porque no reconocía que tuviese una enfermedad", explica su hermano, Jero a elcierredigital.com.

Alberto, a la izquierda, junto a su hermano Jero.

Alberto fue diagnosticado en la edad adulta y "estuvo diez años sin trabajar por esta enfermedad, estuvo un tiempo en una fábrica, pero no pasaba entrevistas de trabajo porque tenía dificultad para expresarse", añade Jero.

Aquel día se celebraba una fiesta en el pueblo y había muchos coches en la zona, "por eso las hipótesis son muchas, desde que alguien pudo atropellarlo y darse a la fuga, hasta que se perdió en el monte, tuvo un accidente y cayó a alguna zona inaccesible o que le dio un brote psicótico, echó a caminar y ahora está viviendo en la calle en alguna gran ciudad donde pasa desapercibido", dice Jero.

Alberto Hernández.

Lo cierto es que está probado que Alberto salió de casa sin documentación ni dinero, solo con su teléfono móvil, que la Guardia CIvil descubrió tres días después que se había desconectado a la 1.30 de la madrugada del día 5 de agosto. "Tuvimos algún problema al principio para buscar porque entramos en todas las fincas sin problema, pero luego un vecino se enfadó sin saber por qué y, por ejemplo, hubo que pedir una orden judicial para entrar en su terreno. Al principio hubo hasta un helicóptero, drones, batidas y 130 voluntarios, pero ni un sola pista", recuerda Jero Hernández. 

El desaparecido de Casas Nuevas.

Cuando desapareció Alberto llevaba unos pantalones azules y una camiseta blanca de manga corta, mide 1,78 metros y es de constitución musculosa. En casa dejó todo su dinero, unos 4.000 euros que encontraron poco después en una mochila, que había sacado del banco hacía poco por indicación de su madre, que no pensaba que su hijo tuviese tanto dinero. "Claro, no salia de casa y no hacía vida social, así que nunca había gastado el dinero que llevaba ahorrado", añade Jero.

Alberto Hernández en una imagen familiar.

La última ubicación de su teléfono móvil lo sitúa en el interior de una finca a cinco kilómetros de su casa. "Yo fui de noche a buscarlo, cuando me llamó mi madre, a las doce de la noche, pero claro no hay luz y tampoco sabes en qué dirección buscar, eso es la sierra de Espuña y hay mucha zona por batir", dice Jero, que también anuncia que "junto a otras familias de desaparecidos hemos escrito al ministerio de Defensa para que la UME, la Unidad Militar de Emergencia nos ayude a buscar, porque ellos hacen prácticas en esta zona y conocen bien la zona, mejor que los voluntarios".

La familia también ha solicitado una nueva tecnología que permite encontrar teléfonos móviles apagados. "Buscamos hasta en un pozo con una cámara especial, pero tampoco hubo resultado", dice Jero.

Alberto, en una foto de cuerpo entero.

La familia no saben una posible causa detonante de esta improvisada huida, pero su hermano cuenta que "lo apuntamos a un centro de trabajo, pero él se sentía obligado y me llegó a decir que si se hubiera independizado antes no se hubiera trastornado. Ese verano estuve con él unos días en la playa y me asustaba porque se iba mar adentro lejos y cuando fui a por él una vez me dijo que no sabía que había pasado tanto tiempo. Dicen que a veces estas personas tienen una noción del tiempo muy diferente a la nuestra" y recuerda que "los días antes de desaparecer estaba de mal humor, decía que su vida estaba perdida". 

A Alberto le gustaba mucho caminar e incluso se daba paseos hasta la localidad de Mula, a unos 20 kilómetros. Ahora la familia espera que se reciba alguna ayuda, "por ejemplo de la jueza, que no dio autorización a la Guardia Civil para que vieran si entre los móviles de la gente que estuvo en la fiesta hay alguien, por ejemplo, con antecedentes penales", dice Jero. La familia todavía no ha perdido la esperanza de encontrar a Alberto.

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