17 de abril de 2024
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FIN DE SEMANA

De los 13 hijos del matrimonio Guerra González, el exvicepresidente socialista estuvo salpicado por el escándalo de corrupción de tres de sus hermanos

La otra cara 'B' de Alfonso Guerra: Sus hermanos Adolfo ‘el Fito’, Antonio 'El Patillas' y Juanito 'el de los cafelitos'

El Cierre Digital en
/ Los hermanos Juan, Alfonso, Antonio y Adolfo Guerra.
El todopoderoso exlíder socialista Alfonso Guerra, quien fuera vicepresidente del Gobierno de Felipe González, es el undécimo de trece hermanos. De todos ellos, además de Alfonso, los más mediáticos por sus casos de corrupción fueron Adolfo ‘el Fito’, Antonio 'El Patillas' y Juanito 'el de los cafelitos'. Tres integrantes del clan muy poderosos hasta que el escándalo de ‘Juan Guerra’ forzó a que el entonces número dos del Gobierno de Felipe González tuviera que dimitir de su cargo en 1991.

La infancia del todopoderoso exlíder socialista andaluz Alfonso Guerra González (83 años), que fuera vicepresidente del Gobierno de Felipe González de 1982 a 1991, no fue fácil. Así lo declara él mismo en su último libro, ‘La rosa y las espinas’ (La Esfera de los Libros). Precisamente ha sido la promoción de su obra la responsable de que en los últimos días el exvicepresidente socialista se pronuncie en platós de televisión sobre la situación actual del PSOE de Pedro Sánchez, como ocurrió, con gran éxito de audiencia, este pasado miércoles en el El Hormiguero­ de Atresmedia.

Un partido, el PSOE, que este popular político socialista llevó a lo más alto y que, según él mismo afirmó en el mencionado plató de televisión, se ha “podemizado” completamente.

La vida de Alfonso Guerra fue complicada. Como lo fueron también sus conocidos, aunque tapados, 'amores prohibidos' en aquella gloriosa época socialista, como ha publicado elcierredigital.comAlfonsito nació en una familia humilde de 13 hermanos. Él era el undécimo. Todos trabajaron desde bien pequeños aportando a la economía familiar, que corría a cargo de sus padres, José Guerra y Ana González.

No obstante, Alfonso fue el único de los trece hermanos que no solo cursó Bachillerato sino también estudios superiores en la Universidad de Sevilla, donde conoció al camarada Felipe González. La amistad que forjaron y un objetivo común les condujo a crear un proyecto político tras la muerte del General y dictador Francisco Franco que, siete años después, en el año 1982, les encumbró en el poder del Gobierno de España.

Alfonso Guerra en sus años de bonanza.

Tras ese éxito electoral de 1982, el también sevillano Felipe González se mantuvo como presidente del Gobierno de España hasta 1996. No obstante, su gran amigo Alfonso tuvo de retirarse de la política gubernamental en 1991 a causa del escándalo surgido por el ‘caso Juan Guerra’. Los famosos cafelitos de su hermano Juan Guerra en la Delegación del Gobierno del PSOE en Sevilla. El mayor tráfico de influencias que salpicaba a un Gobierno del PSOE  jamás conocido hasta esa época.

Juan "el de los cafelitos", junto con Adolfo ‘el Fito’ y Antonio ‘el Patillas’ formaban parte del todopoderoso clan Guerra, Fueron los tres hermanos más mediáticos de los 13 del exvicepresidente del Gobierno del PSOE. De hecho, aprovecharon por entonces la fama de su hermano para ganar dinero.

Juan Guerra y sus comisiones por favores

Sin lugar a dudas, el más mediático de todos fue Juan Guerra, el hermano encargado, según las investigaciones judiciales y policiales, de tutorizar a sus otros hermanos. Todo en un perfecto clan.

La revista Época descubrió que Juan Guerra, que ejercía como asistente del Ejecutivo andaluz desde el año 1989, utilizó su posición familiar para hacer favores a cambio de una importante cantidad dineraria. Era muy conocido por todos los “cafelitos” que se tomaba con sus visitantes del despacho oficial de la Delegación del Gobierno de Sevilla, y que acababan en comisiones en el restaurante hispalense 'La Raza'. El escándalo en el que se vio envuelto Juan "el de los cafelitos" obligó al entonces vicepresidente Alfonso Guerra a abandonar el poder en 1991, un año después de que el caso saliera a la luz pública. 

Juan Guerra, "el de los cafelitos".

Las conexiones de Juan Guerra ascendían a un centenar de sociedades que poseían activos inmobiliarios, y los ingresos que el hermano de Alfonso Guerra obtenía por “ayudar” a estas empresas llevaron a sospechar que servían para financiar paralelamente al PSOE. Muchas son las investigaciones que el que firma este reportraje realizó en su día y que constan en la hemeroteca.

Tanto fue así, que el entonces todepoderoso socialista Alfonso Guerra tuvo que abandonar el poder del Gobierno de España y, paralelamente, su hermano Juan se enfrentó a seis juicios. Fue juzgado por delitos de malversación y estafa, y finalmente fue condenado a prisión y al pago de una multa. Sin embargo, no pagó la multa por declararse insolvente y tampoco pisó la cárcel ya que fue posteriormente absuelto. También se le acusó de tráfico de influencias, un delito que por aquellas fechas no estaba en el Código Penal y que, afortunadamente, fue tipificado como tal a raíz de estas acciones del hermano del vicepresidente del Gobierno de Felipe González, líder del PSOE.

Hace unos meses Juan Guerra se declaró “inocente” de toda esta trama en una entrevista al medio 7TV, afirmando sin ningún pudor que fue pieza expiatoria en lo que consideró una “operación de caza”. Aclaró, además, que “en aquella época” tenía “muy poca relación” con su hermano Alfonso Guerra, ya que uno se encontraba en Madrid y el otro en Sevilla. Ver para creer.

Adolfo, ‘el Fito’ Guerra

Otro de los hermanos de Alfonso era Adolfo ‘el Fito’, el más pequeño de los 13. Al formar parte del grupo de los más pequeños de clan, la unión entre Juan, Adolfo y Alfonso era fuerte. El Fito fue otro de los hermanos del exvicepresidente que se benefició de su cargo. O, al menos, así lo dedujo la Justicia.

Portada de la revista 'Época' sobre la caída del clan Guerra.

Adolfo, con escasa preparación académica, al igual que su hermano mayor  Antonio 'el Patillas', estaba vinculado con el mundo de la brocha gorda. Gracias a esta actividad profesional conoció al empresario José Garrido y juntos desarrollaron alguna que otra operación especulativa. Tras un periodo inoperante, Adolfo entró en el Ayuntamiento sevillano al “aprobar” unas oposiciones de inspectores de subsistencia (antes de consumo). Durante dos o tres meses ejerció esta labor, hasta que por orden interna de los responsables municipales hispalenses ascendió a director de un mercado de barrio de la ciudad de Sevilla. En concreto, el mercado de las Candelarias. Lo primero que dijo a un amigo suyo al asumir el cargo fue: “Qué tengo que hacer para llevarme una ‘pescá’ a mi casa”.

Adolfo no duró mucho tiempo en este cargo, ya que lo ascendieron rápidamente a director de la empresa municipal Mercasevilla, que presidía el alcalde socialista de la capital hispalense, Manuel del Valle, y donde la corporación municipal poseía el 51 por ciento de las acciones. Para tal fin se creó un nuevo cargo: director de Zona de Actividades Complementarias, es decir, proyectos no vinculados con frutas, ni verduras, ni carnes, ni pescados, principales componentes de Mercasevilla. Fito, evidentemente, de eso no sabía nada. Y había que proporcionarle un cargo.

Adolfo, por tanto, se puso a las órdenes de José Villa Rodríguez, entonces director general de esta empresa municipal y antes teniente de alcalde del municipio sevillano en representación del Partido Comunista Andaluz. Pero José Villa no era tonto. Decidió sacar provecho a unas 25 hectáreas de terreno no productivo, ubicadas en uno de los principales enclaves de las afueras de Sevilla. Según manifestó Villa Rodríguez al juez Márquez, designó "lógicamente" a Adolfo Guerra “como la persona encargada de sondear el mercado para posibles interesados”.

Y, evidentemente, uno de los objetivos principales era la construcción de un hotel. Un pelotazo inmobiliario. Y fue precisamente la concesión de estos terrenos a la empresa Comasa (Construcción Modular Andaluza), vinculada a Juan Guerra, una de las causas de su implicación en el llamado “caso Juan Guerra”.

A lo largo de esos años, Adolfo Guerra fue asumiendo poderes que le llevaron en el año al cargo de director de mercados. La caída de su hermano Alfonso del poder gubernamental le afectó mucho y ya no volvió a ser lo que llegó a ser en su día. Este hermano, el menor del clan del exvicepresidente del Gobierno socialista, fallecería en el año 2010.

Antonio Guerra, ‘el Patillas’

Pero si hay un hermano singular de los Guerra, ese fue Antonio Guerra González 'el Patillas'. Al contrario que sus otros dos hermanos, Antonio sí que era mayor que Alfonso.

Era conocido como el Patillas entre sus vecinos de la modesta barriada sevillana de Tiro de Línea. Fue a finales de 1985, tras sufrir un segundo infarto que le obligó a dejar la fábrica de artillería donde pasó toda su vida, cuando comprendió que había que aprovechar la coyuntura de ser el 'hermanísimo' del todopoderoso vicepresidente del Gobierno socialista, cosa que ya habían hecho sus hermanos Adolfo y Juan, pero más sutilmente.

Antonio, hombre de escasa preparación —apenas sabía leer ni escribir—, decidió ponerse a las órdenes de su hermano Juan y ganarse unas “perrillas”. La casta nunca se perdía. Y así, comenzó a trabajar como comisionista en el matadero de Alcalá de Guadaira, en Sevilla.

Antonio Guerra, 'el Patillas'.

Uno de sus primeros encargos ante su hermano Juan fue para que el matadero Agropecuaria Ubense, que no reunía las condiciones higiénicas necesarias, pudiera abrirse al sacrificio de reses. Los hermanos Antonio y Juan Guerra consiguieron del alcalde de Alcalá de Guadaira, el socialista Manuel Hermosín, junto a la Consejería de Sanidad de la Junta de Andalucía del PSOE, el visto bueno.

Eso sí, a cambio los hermanos Guerra recibieron una importante comisión y el empresario Juan Martínez se comprometía a que todos los trabajadores que colocase fuesen afiliados al sindicato UGT. No podía ser menos. Evidentemente, la misión de Antonio Guerra consistía en supervisar esos contratos. No podía entrar nadie sin su permiso. Se convirtió sin preparación alguna en el hombre de su hermano Juan en el matadero.

Tras este primer negocio, Antonio comprendió que el apellidarse Guerra tenía por entonces un gran valor. Quizá el que más. Y comenzó su escalada hacia adelante, siempre ascendente. Eso sí, asesorado como debía por su hermano Juan. Durante este tiempo de bonanza socialista del guerrismo, Antonio Guerra el Patillas conoció a varios intermediarios, en su mayoría comisionistas inmobiliarios, que le propusieron que utilizara sus “influencias políticas” para sacar adelante algunos boyantes negocios. Normalmente a cambio de, como mínimo, un millón de pesetas por 'papelito'. No 'cafelito' como su hermano Juan.

Su personalidad y sus formas provocaron que algunos sectores intentaran que apareciese como un loco. La vida del hermano del vicepresidente del Gobierno siempre estuvo rodeada de excentricidades y “locuras” propias de una persona sin preparación intelectual, bebedor y dado a las juergas. Los chistes y las palmas flamencas eran la mayor diversión de un hombre espontáneo, pero calculador cuando se hablaba de dinero.

Precisamente, debido a estos negocios se le acusó de haber cobrado importantes comisiones en un presunto tráfico de influencias, al igual que se acusó a su hermano Juan Guerra. El Patillas falleció en el año 1996, después de haber ingresado en el área de urología del hospital Virgen del Rocío de Sevilla.

Esta es la otra cara 'B' que olvida y no muestra hoy en día el que fuera todopoderoso líder del PSOE con Felipe González, el que fuera su camarada y, quizá, no amigo. Otro capítulo son sus amores furtivos de aquella época que no le permitió, sin embargo, a su entonces rival político dentro del partido, Miguel Boyer Salvador, al que vigiló, y que han sido contados por el cierredigital.com.

Esta es la otra cara. La cara 'B' de Alfonso Guerra. La que no cuenta. La de sus hermanos Adolfo ‘el Fito’, Antonio 'el Patillas' y Juanito 'el de los cafelitos'.

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