19 de septiembre de 2020
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FIN DE SEMANA

Fue diagnósticado de esquizofrenia cuando tenía 23 años, pero la falta de control en su medicación le llevó a cometer dos crímenes en 1997

El perfil de Juan José Fernández, asesino del Clínico, detenido por intentar asesinar a otra anciana en Alcorcón 22 años después

Juan José conducido por la Guardia Civil.
Juan José conducido por la Guardia Civil.
La Perito Judicial Eva Milla Molina, especialista en trastornos psiquiátricos, ha realizado un perfil de Juan José Fernández, de 49 años, conocido como el asesino del hospital Cínico, que hace unos días intentó asesinar a una anciana en el hospital madrileño de Alcorcón. Explica que la esquizofrenia no se cura pero se pude controlar y vivir con ella.

La esquizofrenia es una afección mental que muchas personas padecen con mucha dignidad. Personas que no han hecho daño a nadie nunca y que son conscientes de su enfermedad y de la importancia de su tratamiento. 

No obstante hay un pequeño porcentaje de estos enfermos que no reconoce sus síntomas y no es consciente de su padecimiento lo que hace imposible el control de sus síntomas volviendo a la persona incapaz de valerse por si misma. De este pequeño porcentaje muy pocos comenten acciones violentas, y muy pocos llegan a matar a alguna persona, como es el caso del esquizofrénico que intentó ahogar con una almohada a una anciana en el hospital de Alcorcón en Madrid. 

Este acusado estuvo ya juzgado por la muerte de dos personas hace años y la sentencia le obligó a ingresar en centro psiquiátrico por enfermedad mental. Se presume que tras los tratamientos monitorizándose llegan años de calma controlando la sintomatología que mantiene al paciente normalizado hasta parecer capaz de hacer una vida normal. 

Juan José Fernández en su época de futbolista. /El Día de Cuenca.

Habría que hacer examen de conciencia y pensar si el sistema no ha desprotegido  a este sujeto frente a su propia enfermedad, dejándole a la monitorización familiar que en ocasiones se hace imposible por la negativa del paciente a seguir medicado después de sentirse en la falsa creencia de estar bien. La familia, incluso teniendo la mejor de las voluntades y la capacidades de atención, protección y cuidado, no debería ser nunca garantía de control para un paciente esquizofrénico. El paciente que padece brotes violentos debería estar bajo el control de por vida, de un centro de administración y control de medicamentos a modo de centro de día. 

Una persona que comete dos asesinatos y a la que obligan a entrar en un centro psiquiátrico, no es solo un enfermo, es un paciente que ha causado dos muertes y cuya enfermedad ya ha tenido nefastas consecuencias. 

El Hospital de Alcorcón.

Al paso de su enfermedad, mata, sin conciencia, tal como sentenció el juez que le otorgó la eximente completa cuando fue juzgado años atrás. Se determinó la no imputabilidad de los actos al cumplirse dos requisitos básicos, el primero no tener un adecuado nivel de inteligencia y comprensión de sus actos en el momento de cometer el delito, es decir no era consciente de lo que estaba haciendo, y el segundo referido a la voluntad de la persona para poder elegir la acción de cometer el delito, es decir que debe tener libre voluntad para decidir no cometerlo, en caso contrario, no es responsable del hecho.

Valeriana de la Fuente, la primera víctima de Juan José Fernández.

Bajo los efectos de un brote esquizofrénico se pueden encontrar ambos requisitos que logran la eximente completa, poniendo el acento en que el individuo no es culpable de asesinato, porque es como si no fuera él quien lo cometía, lo que no quiere decir que el juez no reconozca la necesidad de tratamiento y le obligue a ingresar en un centro psiquiátrico para su recuperación, pero el tratamiento y su duración dependerán del restablecimiento de la persona y la desaparición de la sintomatología esquizofrénica. 

De nuevo habrá que decidir si este acusado estaba bajo los efectos de su enfermedad cuando se abalanzó sobre su víctima y era sorprendido en un acto que pudiera haberle costado la vida a una anciana indefensa. Los controles sobre esta enfermedad deben de aplicarse más estrictamente para no lamentar luego tragedias innecesarias y abocar al enfermo al estigma social del delincuente, porque no es lo mismo estar enfermo que ser culpable de asesinato.

La esquizofrenia no se cura pero es cierto que se puede normalizar bajo los efectos de una farmacología adecuada tanto en su elección como en su administración debiendo llevar el control de dicha medicación un recurso público o privado responsable, nombrado por la administración de Justicia o desde los recursos de salud mental que tras el conocimiento de diagnóstico cierto de determinadas esquizofrenias no deberían de dar nunca el alta, debiéndose hacer cargo de la medicación de estos enfermos de por vida, no solo por unos años determinados. 

Juan José, detenido.

Los controles de sintomatología deberían de ser obligados, máxime si la persona ha cometido delitos violentos. No se puede esperar que no haya recaídas en el tiempo, y que el paciente no las reconozca y la obvie hasta complicarse. Asociada a la enfermedad está la recaída periódica que en un alto porcentaje de esta población se cumple, aunque en contados casos se llegue a cometer una desgracia. Ignorarlo solo causa dolor a quien lo padece y al que sufre las consecuencias de ese padecimiento. 

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