03 de julio de 2020
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FIN DE SEMANA

Los dos murieron en Roma durante la persecución de Nerón. San Pedro, crucificado y con la cabeza abajo, y San Pablo, degollado.

Aunque la Iglesia Católica lo ha silenciado: San Pedro y San Pablo estuvieron casados y tuvieron hijos

San Pedro y San Pablo
San Pedro y San Pablo
La Iglesia Católica celebra, el 29 de junio, la festividad de San Pedro y San Pablo y por ello he tenido la curiosidad de saber cosas de sus vidas y en especial cómo murieron... y la verdad es que he encontrado situaciones y circunstancias de sus vidas que no conocía. Por ejemplo, que estuvieron casados y tuvieron hijos y murieron de forma violenta. Pero, antes de adentrarnos recordad los dos pasajes más conocidos de sus biografías para que no haya dudas hablamos de los padres del cristianismo

Las negaciones de Pedro

“Entre tanto, Pedro estaba sentado fuera, en el atrio; se le acercó una sierva, diciendo: Tú también estabas con Jesús de Galilea. Él negó ante todos, diciendo: No sé lo que dices. Pero, cuando salía hacia la puerta, le vio otra sierva y dijo a los circunstantes: Este estaba con Jesús el Nazareno. Y de nuevo negó con juramento: No conozco a ese hombre. Poco después se llegaron a él los que allí estaban y le dijeron: Cierto que tú eres de los suyos, pues tú mismo al hablar te descubres. Entonces comenzó él a maldecir y a jurar: ¡Yo no conozco a ese hombre! Y al instante cantó el gallo. Pedro se acordó de lo que Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces; y saliendo fuera, lloró amargamente.

La conversión de Pablo

El capítulo 9 de los Hechos de los Apóstoles de la Biblia, cuenta como Pablo, un joven judío conocido como Saúl, se dedicaba a perseguir a los cristianos. El joven estaba preocupado ante la expansión que estaba tiendo a su alrededor el cristianismo. Por ello, decidió salir a combatirlo con un único propósito: destruir el cristianismo.  

Conversión del Apóstol Pablo.

A Saúl le autorizaron una misión muy importante: viajar a Damasco para encarcelar a todos los cristianos que se encontraran en esa ciudad. Cuando Saúl estaba preparado para entrar en la ciudad sucedió algo inesperado. A las puertas de  Damasco, una poderosa luz cegó al joven tirándolo por tierra. Entonces una voz le dijo "¿por qué me persigues?”, Pablo respondió: “¿Quién eres, Señor?”, a lo que la voz le contestó: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate y entra en la ciudad. Allí se te indicará lo que tienes que hacer”.  

Martirio de Pedro

En ese momento, Pablo quedó cegado. Entró en la ciudad de Damasco y se instaló en la casa de Judas. Permaneció allí durante tres días. Fue entonces cuando apareció un hombre llamado Ananías y le dijo: “Saúl, hermano, el Señor Jesús que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recuperes la vista y quedes lleno del Espíritu Santo”. Entonces, el hombre colocó sus manos encima de Pablo, y al instante recuperó milagrosamente la vista.  

Tras este suceso, Saúl cambió de visión. Ananías le bautizó, y en aquel momento comenzó a introducirse en la comunidad católica de la ciudad y a predicar el evangelio. 

La familia de Pedro

Y ahora entremos en lo menos conocido de sus vidas. Referido a Pedro. ¿Cuál era su estado civil antes o durante sus años al lado de Jesús? ¿Estaba soltero, casado, viudo, divorciado?... Leamos lo que escribe Luis Antequera en el blog “En cuerpo y alma”: “que el Apóstol Pedro no era soltero, es indudable. Un argumento narrado en el evangelio se muestra definitorio a lo relativo al estado civil del príncipe de los apóstoles.  

Cuando salió [Jesús] de la sinagoga [de su primer discurso] fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y tomándola de la mano, la levantó. La fiebre le dejó y se puso a servirles” (Mc. 1, 29-31)… El autor de la Historia Eclesiástica, Eusebio de Cesarea (n.h.260-m.340), por su parte, se hace eco de un relato de Clemente de Alejandría (n.150-m.215), escrito en el libro VII de los Stromateis, el cual contradiría la tesis de la viudedad de Pedro y afirmaría la de la existencia de una esposa de Pedro incluso cuando éste ya se contaba entre los seguidores más cercanos de Jesús:  

“Pues se cuenta que el bienaventurado Pedro, cuando vio que su propia mujer era conducida al suplicio, se alegró por causa de su llamada y de su retorno a la casa, y gritó fuerte para animarla y consolarla, llamándola por su nombre y diciendo: “¡Oh tú, acuérdate del Señor!” Tal era el matrimonio de los bienaventurados y la perfecta disposición de los más queridos”. Aunque se sabe que también murió crucificada en Roma.  

Y ahora el texto que encontré en la Biblioteca de Nag Hammadi de Egipto, que decía:  

La hija de Pedro

Y ahora “El primer día de la semana, el domingo se reunió mucha gente y llevaron a Pedro una gran multitud de enfermos para que los curara. Pero uno de entre los presentes tuvo el valor de decirle: —Pedro: ante nuestros ojos has hecho que muchos ciegos vean, muchos sordos oigan, que los lisiados anden, y has ayudado a los débiles otorgándoles fuerza. ¿Por qué motivo no has socorrido a tu hija, doncella, que se ha hecho una bella mujer y que ha creído en el nombre del Señor? Uno de sus costados se halla totalmente paralizado y yace tendida en un rincón, impedida. Podemos ver a los que has curado, pero no te has cuidado de tu propia hija.  

Mas Pedro sonrió y le dijo: —Hijo mío: Dios solamente sabe por qué razón su cuerpo está enfermo. Sábete, pues, que Él no es débil o impotente para otorgar este don a mi hija.  

Mas para persuadirlo en su ánimo y para que los presentes se robustecieran en la fe, miró a su hija y le dijo: —Levántate de ese lugar sin que nadie te ayude salvo Jesús sólo; camina ya sana, delante de todos éstos y ven hacia mí.   

 

Ella se levantó y fue hacia él. La muchedumbre se alegró por lo que había ocurrido. Pedro les dijo: —Ahora vuestro corazón está convencido de que Dios no es impotente respecto a cualquier cosa que le pidamos.  
Entonces se alegraron aun más y alabaron a Dios. Pedro dijo así a su hija: - Vuelve a tu sitio, siéntate y queda de nuevo contigo tu enfermedad, pues esto es útil para ti y para mí.  

La joven se volvió, se sentó en su lugar y quedó como antes. Toda la muchedumbre se puso a llorar y suplicó a Pedro que la (volviera) a curar. Les dijo Pedro: —¡Por la vida del Señor, que esto es útil para ella y para mí! Pues en el día en el que nació tuve una visión en la que Él me decía: «Pedro, hoy ha nacido para ti una gran tentación. Tu hija causará daño a muchas almas si su cuerpo permanece sano». Mas yo pensaba que la visión se mofaba de mí. Cuando la muchacha tuvo diez años, muchos sufrieron escándalo por su causa. Un gran hacendado, Ptolomeo de nombre, que la había visto bañarse a la muchacha y a su madre, envió por ella con la intención de hacerla su esposa. Pero su madre no quiso. Ptolomeo insistió y no pudo esperar [...]  
(Laguna de un folio; pp. 133-134)  

[...] (los siervos) de Ptolomeo trajeron a la muchacha, la dejaron delante de la puerta de la casa y se fueron. Cuando caímos en cuenta, su madre y yo bajamos, descubrimos a la muchacha y que todo un costado de su cuerpo, desde los pies a la cabeza, se había quedado paralizado y enjuto. La recogimos y alabamos al Señor que había librado a su sierva de esa mancha, de la vergüenza y de [...]. Éste es el motivo por el que la muchacha (ha quedado) así hasta el día de hoy.  

Ahora es conveniente para vosotros que conozcáis el final de Ptolomeo. Se encerró en sí mismo y se lamentaba día y noche por lo que había ocurrido, y a causa de las muchas lágrimas que derramó quedó ciego. Tomó la decisión de levantarse y ahorcarse, más he aquí que a la hora nona de aquel día, cuando se encontraba solo en su dormitorio, vio una gran luz que iluminaba toda la casa y oyó una voz que le decía: «Ptolomeo: los vasos de Dios no han sido dados para la ruina y la corrupción. Era necesario que tú, que has creído en mí, no profanaras a mi doncella, en la que deberías ver una hermana, pues yo soy para vosotros dos un solo Espíritu. Levántate, sin embargo, y vete deprisa a casa de Pedro, el apóstol. Allí verás mi gloria, y él te aclarará este asunto».  

Ptolomeo no se descuidó un momento, y ordenó a sus hombres que le mostraran el camino y que lo llevaran hasta mí. Cuando estuvo en mi presencia contó lo que le había ocurrido por el poder de Jesucristo, nuestro Señor. Entonces comenzó a ver con los ojos de su cuerpo y de su alma, y muchos pusieron su esperanza en Cristo. Él les causó un bien procurándoles graciosamente el don de Dios.  

Luego murió Ptolomeo; abandonó la vida y se fue hacia su Señor. Y cuando dispuso su testamento, inscribió en él un lote de tierra a nombre de mi hija, ya que por su medio había creído en Dios y obtenido la curación. Yo, a quien había confiado la administración, ejecuté todo diligentemente. Vendí el campo [...] y Dios solo sabe que yo ni mi hija [...]. Vendí el campo, y del producto no me he quedado con nada, sino que todo lo he repartido entre los pobres"  

La familia de Pablo

En cuanto a San Pablo hay tantas versiones de su estado civil que es difícil acertar con la verdadera. Yo me quedo con la más sensata. Al parecer el joven Pablo, que por nacimiento tenía la ciudadanía romana, se había casado por obligación, como rabino que era, en sus años anticristianos y de persecución con una joven israelita que incluso le dio dos hijos… pero, cuando se produjo la conversión tras la caía del caballo en el camino a Damasco, la mujer no quiso seguir sus pasos y se separó y nunca más quiso saber nada de su marido. Tampoco los evangelistas ni la Iglesia primitiva tuvieron especial interés en aclarar lo que había pasado con el joven Pablo, su mujer y sus hijos. Sí quedó constancia de que pasados muchos años apareció en Jerusalén un joven que al bautizarse pidió llamarse Pablo de Tarso en homenaje a su padre y que portaba consigo una Epístola firmada por "Pablo, Apóstol" que decía:  

     " Pablo, Apóstol de Jesucristo, con la ordenación de Dios nuestro Salvador y del Señor, nuestra esperanza.  

Camino de Israel a Roma

A  Efraín de Judea, el hijo muy amado nacido de mi carne y de mi sangre y verdadero hijo en la fe, gracias, misericordia y paz de Dios nuestro Padre, y de Cristo Jesús nuestro Señor.  

Sé que siguiendo mi consejo te quedaste en Jerusalén, cuando partí para la Tracia, y que en todo has servido a tu fermosa madre Lidia.  

Sé que has decidido adoptar la Religión del Cristo Dios nuestro Señor, lo que te honra,., y ello me llena de satisfacción, porque has elegido el buen camino. Muchos son los llamados, pero pocos los elegidos, y menos los que aceptamos para vivir la Ley de Dios nuestro Señor... La Ley que no es puesta para el justo, sino para los injustos y los desobedientes, para los impíos y pecadores, para los malos y los profanos, para los parricidas y los matricidas, para los fornicarios y los sodomitas, para los ladrones de hombres, mentirosos y perjuros... y para todos aquellos que contraríen la santa voluntad del Cristo Jesús.  

Y doy gracias al que me fortificó, como hoy te fortifica a ti. mi hijo querido, por fiel y sincero. Sabes que fui blasfemo y perseguidor de justos, desde la ignorancia, y que, otro día, fui aceptado en la misericordia divina. El Cristo Jesús quiso morir crucificado para salvar a los pecadores de este mundo, de los cuales yo era el primero.  

Por esto, por lo que yo viví debes seguir mi camino y reclamar la clemencia del que todo lo puede. Y por este mandamiento, Efrain, hijo, te encargo que actúes siempre con la fe y la buena conciencia del buen cristiano.  Por el Cristo Jesús, AMEN".

Vida de Pedro y Pablo en Roma  

Igualmente hay diversidad de versiones sobre la muerte de ambos en Roma. La tradición cristiana avalada por Roma es que Pedro llegó muy pronto y que en la Ciudad Imperial pasó los últimos años de su vida hasta caer durante la segunda persecución del loco Nerón. En esa misma tradición se asegura que Pablo llegó a Roma para ser juzgado por su condición de ciudadano romano y que allí encontró el martirio.  

Sí se sabe, por una historia o leyenda contada por un liberto, que Pedro llegó a conocer a Séneca y que ambos llegaron a verse con frecuencia. De esa misma leyenda reproduzco una escena que narra la conversación que mantiene la mujer del filósofo cordobés, Paulina, con una de sus esclavas, Xantipa, y que demuestra, al menos, que el cristianismo había llegado a la casa de los Sénecas.  

Con Séneca 

“PAULINA: Xantipa… ¿Es cierto que eres cristiana?  

XANTIPA: (sin titubear) No, pero muy pronto lo voy a ser.  

PAULINA: (tras una pausa) Pero ¿acaso no sabes que tú no eres libre y que tanto tu cuerpo como tu alma nos pertenecen?  

XANTIPA: Señora… sí, lo sé.  

PAULINA: ¿Entonces? ¿cómo quieres hacerte cristiana sin nuestro consentimiento?  

XANTIPA: Verá, mi ama. Antes de que me hablaran del Cristo Jesús yo hubiera sido incapaz de hacer nada a espaldas de mis dueños, pero… (y calla)  

PAULINA: Sigue.  

XANTIPA: Es algo nuevo, señora. Algo que una no sabe explicar y que, sin embargo, nos arrastra y nos libera.  

PAULINA: ¿Qué os libera? ¿Acaso no es nuestra tu libertad?  

XANTIPA: Sí, nuestra libertad es vuestra. Pero, sólo aquí. Yo puedo ser esclava y a la vez ser libre. Mi cuerpo puede estar atado con cadenas, pero mi alma es sólo mía y puedo disponer de ella.  

PAULINA: No te entiendo. ¿Se puede ser al mismo tiempo esclavo y libre? ¿puede separarse el cuerpo y el alma?  

XANTIPA: Señora, el Cristo Jesús dijo que por encima de las esclavitudes de este mundo está el amor a Dios. Y que quien ama a Dios ya es libre.  

PAULINA: ¿Es eso lo que te enseñan los cristianos?  

XANTIPA: Sí, y más cosas.  

PAULINA: Por ejemplo.  

XANTIPA: Que hay que amar a Dios sobre todas las cosas; que al final de esta vida habrá otra donde los buenos serán recompensados y los malos, castigados; que no puede robarse, ni matar; que prohíbe la venganza y que amarás a tus enemigos…  

PAULINA: Espera, Xantipa, espera… No lo entiendo. ¿Cómo puede ser que haya otra vida después de ésta? Tras de la muerte nada hay y es nada la muerte misma.  

XANTIPA: Ellos dicen que no, que al morir el alma se separa del cuerpo y va a habitar a otro sitio.  

PAULINA: ¿Ellos?, ¿y quiénes son ellos?... ¿y cómo se separa el alma del cuerpo?, ¿y a dónde puede ir después de morir?  

XANTIPA: Mi ama, ellos son los discípulos del Maestro, los que propagan sus doctrinas. El cuerpo va a la tierra, pues de la tierra vino, y el alma va a Dios.  

PAULINA: Pero, Xantipa, nuestra religión dice que la muerte es indivisible, que es nociva para el cuerpo y no perdona el alma.  

XANTIPA: Oh, señora, yo no sé explicarme, yo hay cosas que no entiendo muy bien… pero, ¿sabes? Yo siento que algo nuevo ha entrado en mi vida. Siento como una alegría de vivir…  

PAULINA: … ¿Aun siendo esclava?  

XANTIPA: Oh, eso no importa. Esta vida es muy corta comparada con la eternidad… y yo siento que lo que de verdad importa es ser bueno, no hacer ni desear el mal para nadie y amar a Dios.  

PAULINA: Pero ¿cómo es ese Dios?, ¿lo sabes tú acaso?  

XANTIPA: Ese Dios… oh, mi ama, no me hagas preguntas que no puedo contestar. Todavía sé muy poco del Cristo Jesús. Lo que sí te puedo decir es que ellos dicen que hay que ser puros y que hay que acabar con tanta podredumbre como hay en Roma, que la mujer debe ser comedida y que debe hacer su cuerpo templo del Espíritu Santo…También dicen que Él curaba a los enfermos y resucitaba a los muertos.  

PAULINA: A fe mía que no te entiendo ni entiendo a esos cristianos.  

XANTIPA: Señora ¿por qué no vienes un día donde ellos se reúnen para oír sus palabras?  

PAULINA: ¿Ir yo donde están los cristianos? ¡Estás loca! Séneca se enfadaría…  

XANTIPA: ¿Y por qué se iba a enfadar si él habla casi como ellos?... ¿No dice él que el hombre debe ser justo, y que todos somos hermanos de un mismo tronco y que los esclavos somos como los dueños?...  

PAULINA: Está bien, Xantipa. Te prometo que iré un día a oír a esos cristianos. Pero, cuidado, en secreto y sin que se entere Séneca… Ahora, retírate y no digas nada a nadie…  

XANTIPA: (al salir) Gracias, señora. Que la paz del Señor sea contigo.  

PAULINA: (al quedar sola y después de un breve silencio) … Sí que es extraño todo… Que el alma no muere, que resucitan los muertos, que hay que amar a los enemigos…Hablaré con él.  

La muerte de Pedro 

La muerte de Pedro tuvo lugar, sin duda, durante la persecución de Nerón. Según consta en la “Carta de Dionisio, obispo de Corinto a Timoteo”, que reza como sigue:  

 “¡Oh hermano mío Timoteo! ¡Si hubieses sido testigo de los últimos momentos de estos mártires [se refiere a Pedro y a Pablo, según la versión en cuestión, ejecutados el mismo día aunque de distinta manera]! ¿Cómo oír sin llorar la publicación de aquellas sentencias en las que se decretaba la muerte de Pedro por crucifixión y la de Pablo por degollación?”.  

Que dicha crucifixión fue distinta de la de Jesús y se produjo boca abajo, es tradición igualmente antigua, cuyo más antiguo testimonio tal vez sea éste que debemos a Orígenes (185-254) según el cual “Pedro fue crucificado en Roma, con su cabeza hacia abajo, como él mismo había deseado sufrir”.  

Jacobo de la Vorágine en su “Leyenda Aurea”, uno de los más importantes tratados hagiográficos medievales escrito hacia el 1264, nos brinda mayores detalles sobre los hechos:  

Crusifixión de San Pedro.

“En el momento en que Pedro iba a ser crucificado, el apóstol dijo: “Cuando crucificaron a mi Señor, pusieron su cuerpo sobre la cruz en posición natural con los pies abajo y la cabeza en lo alto, en esto sus verdugos procedieron acertadamente, porque mi Señor descendió desde el cielo a la tierra; a mí en cambio, debéis ponerme de manera distinta; con la cabeza abajo y los pies arriba; porque además de que no soy digno de ser crucificado del mismo modo que Él lo fue, yo, que he recibido la gracia de su llamada, voy a subir desde la tierra hasta el cielo; os ruego por tanto que al clavar mis miembros a al cruz, lo hagáis en tal forma que mis pies queden en lo alto y mi cabeza en la parte inferior del madero. Los verdugos tuvieron a bien acceder a este deseo”. (LeyDor. 139, 2).  

 En cuanto a la fecha en la que la crucifixión ocurre, todas las informaciones al respecto apuntan a alguna entre los años 64 y 67 d.C.. San Isidoro de Sevilla, en su obra “Nacimiento y muerte de los santos”, transcrita a estos efectos por Jacobo de la Vorágine, la sitúa “treinta y seis después de la muerte de Cristo”, y dado que las fechas más probables de la muerte de Jesús a partir de la interpretación de los datos evangélicos son el 7 de abril del año 30 y el 3 de abril del año 33, ello situaría la crucifixión de Pedro entre los años 66 y 69 después de Cristo.  

La muerte de Pablo

Cuando este apóstol llegó a Roma, Nerón, que aunque ejercía ya como emperador aún no había sido coronado ni confirmado definitivamente en el cargo, no prestó mucha atención a los comentarios de la gente sobre los conflictos que existían entre Pablo y los judíos y entre éstos y los cristianos; por eso el apóstol pudo libremente predicar y moverse por la ciudad. San Jerónimo dice en su libro los Hombres ilustres, que Pablo llegó a la capital en calidad de prisionero, en el año25 después de la Pasión del Señor, cuando ya Nerón llevaba dos ejerciendo como emperador, y que, aunque siempre estuvo vigilado, durante un bienio gozó de cierta libertad de movimientos y pudo sostener frecuentes controversias con los judíos; pasados estos dos años primeros, Nerón suprimió la vigilancia a la que le tenía sometido, permitióle actuar libremente, y el apóstol aprovechó aquella circunstancia para predicar por los pueblos de occidente.  

Cuando el emperador Nerón, tras el incendio de Roma lanzó contra los cristianos la más horrible de las persecuciones, Pedro trató de salir de Roma y, a las puertas de la ciudad, encontró al Salvador resucitado que iba a entrar en ella. ”Señor, ¿a dónde vais?”, le preguntó Pedro. B, le respondió Jesucristo. Comprendió el Apóstol lo que esto quería decir y, volviendo a la ciudad, se dispuso para el martirio.  

 En diferentes días del Santoral de la fe católica, se narra la predicación de san Pedro por el mundo. Mientras trabajaba en Roma, tan gloriosamente, en la extensión de la fe, llegó a la capital del mundo Pablo, con recíproco gozo de los dos. El que había sido gran perseguidor de los cristianos con el nombre de Saulo se convirtió después en uno de los mayores Apóstoles de Jesucristo.  


Martirio de San Pedro (Caravaggio)

Pedro y Pablo, que habían convertido a muchos oficiales del emperador y a algunos personajes de la corte, fueron arrestados y permanecieron juntos en prisión durante un año. Como cabezas de la religión cristiana, les condenaron a muerte. A Pedro le llevaron a la otra parte del Tíber, al que era entonces el barrio de los judíos, hoy llamado Monte de Oro. Cuando iban a crucificarle, pidió que le colocaran la cruz cabeza abajo, porque dijo que no merecía ser tratado como su divino maestro.  

Pablo apaleado por su condición de ciudadano romano, fue decapitado y degollado: Llegados al sitio en que Pablo iba a ser decapitado, el santo apóstol se volvió hacía Oriente, elevó sus manos al cielo y llorando de emoción oró en su propio idioma y dio gracias a Dios durante un largo rato; luego se despidió de los cristianos que estaban presentes, se arrodilló con ambas rodillas en el suelo, se vendó los ojos con un velo, que caminando hacía el lugar del suplicio, pidió a una mujer llamada Plautila, que le prestase su velo para que el verdugo le tapase los ojos.

Colocó su cuello sobre el tajo, e inmediatamente, en esa postura, fue decapitado, y según algunos de los presentes en el mismo instante en que su cabeza salía despedida del tronco, su boca, con una voz enteramente clara, pronunció esta invocación tantas veces repetida dulcemente por él a lo largo de su vida:“¡Jesucristo¡”.

En cuanto el hacha cayó sobre el cuello del mártir la leyenda dice que de la herida brotó primeramente un abundante chorro de leche que fue a estrellarse contra las ropas del verdugo; luego comenzó a fluir sangre y a impregnarse el ambiente de un olor muy agradable que emanaba del cuerpo del mártir y, mientras tanto, en el aire brilló una luz intensísima. El verdugo y otros dos soldados se convirtieron a la vista de aquella maravilla.

También es tradición antigua que, en el lugar donde se ejecutó la sentencia, brotaron tres fuentes, que se conservan corrientes hasta el día de hoy. Sobre sus respectivos lugares de martirio se alzaron discretos memoriales en recuerdo de los dos santos, memoriales que, cuando Constantino dio libertad a la Iglesia, mediante el Edicto de Milán en el 313, se convirtieron en sendas basílicas, las cuales han llegado hasta nosotros, tras sucesivas modificaciones, en los actuales templos del Vaticano y de San Pablo Extramuros.  

Y  yo, humildemente, me pregunto ¿y por qué Pedro y Pablo, las piedras angulares de la Iglesia y del Cristianismo, se casaron y tuvieron hijos con el paso de los siglos se impuso el celibato y con el celibato han de convivir hasta hoy los hombres de Iglesia?. Así sea.

  

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