08 de diciembre de 2019
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FIN DE SEMANA

El comité de empresa denuncia que la compañía "lleva diez años pagando impuestos en Italia y que reparte los beneficios entre sus directivos"

La italiana Enel vacía y desmantela la eléctrica española Endesa

De izquierda a derecha, Borja Prado, presidente de la española Endesa, José Bogas, consejero delegado de Endesa y Francesco Starace, consejero delegado y director general de Enel.
De izquierda a derecha, Borja Prado, presidente de la española Endesa, José Bogas, consejero delegado de Endesa y Francesco Starace, consejero delegado y director general de Enel.
Los representantes sindicales de Endesa llevan encerrados en la sede madrileña de la eléctrica casi dos semanas. También en otras provincias españolas hay encierros similares. Pretenden así los trabajadores presionar a la compañía para negociar el convenio colectivo que expiró en diciembre pasado y cuya ausencia permite a los gestores italianos actuar a su antojo mientras los empleados quedan despojados de sus derechos adquiridos hace años.

Tres ilustres nombres están en el punto de mira de los trabajadores españoles de la eléctrica Endesa por posibles irregularidades en la administración de la empresa. Se tratan de Borja Prado, presidente de Endesa, José Bogas, consejero delegado de la misma y Francesco Starace, consejero delegado y director general de la italiana Enel, propietaria desde hace años de la eléctrica española.

En el año 2006, Endesa era la primera eléctrica en España, tenía más de 27.000 empleados y era una de las más brillantes  empresas públicas. Hoy, la que fuera un referente del sector en Europa ha perdido casi el 70% de su plantilla y pertenece a Enel, una multinacional italiana que no ha dudado en recortar los derechos de los trabajadores y descapitalizar la empresa, dejando de lado cerca de 18.000 puestos de trabajo y multitud de acciones en Latinoamérica.

Los líderes sindicales de Endesa José Manuel Falagan (CCOO), Manuel Jaramillo (UGT)  Carlos Vila (SIE).

El Secretario General Estatal de UGT Endesa, Manuel Jaramillo, junto con el Secretario General de CCOO José Manuel Falagan y el también Secretario General del sindicato SIE, Carlos Vila, encabezan el encierro que los trabajadores de la compañía eléctrica española han iniciado en la sede madrileña situada en la calle Ribera de Loira, a pocos metros del recinto ferial IFEMA. El resto de empleados les apoyan y les ayudan para que la protesta, que dura ya casi dos semanas, siga adelante por el “bien de todos”.

Los trabajadores se han plantado tras haber pasado años viendo “cómo Enel está desmantelando Endesa, descapitalizándola, sin tener ningún plan de viabilidad a la vista, sin hacer mantenimiento en las redes...”. La queja es del líder sindical Manuel Jaramillo, con quien hemos hablado desde elcierredigital.com.  Como Secretario Estatal de UGT Endesa nos confirma que se encuentran en una situación de “bloqueo en la negociación del Convenio Colectivo, ya vencido y que debemos volver a firmar. Ha habido unas cuarenta reuniones pero sin resultado. La empresa pretende recortar derechos a los trabajadores, el más relevante es el referido a los watios de consumo que cada empleado tiene asignados como parte de su sueldo en especie. Nosotros pedimos 15.000 Kwh para cada empleado, la empresa ofrece 3.500Kwh... Son dos años de negociación del Convenio. La empresa nos ha dicho que si no aceptamos, no hay más negociación”.  La compañía quiere  reducir el pago de ese suministro eléctrico.

Los empleados de Endesa durante una de sus movilizaciones. 

El fin de los beneficios sociales es una cuestión decisiva desde el punto de vista contable para Endesa, que carga con una provisión de 913 millones de euros por los beneficios históricos de los que gozan los extrabajadores, según su   memoria anual de 2017. Del total, 711 millones de euros corresponden al pago de la electricidad. Si consigue eliminar ese pago en especie a los empleados, la compañía podría revertir esta provisión, y pasarla como un extra al beneficio de la empresa. El líder sindical Jaramillo asegura que “lo que quiere Enel es llevarse ese fondo almacenado durante años a Italia”.

La sede en Madrid de Endesa. 

Tras este ultimatum, los trabajadores decidieron encerrarse como protesta contra la empresa. Paralelamente, en las sedes de otras provincias también otros compañeros protagonizan encierros similares.  La última propuesta del comité de empresa es un proceso de arbitraje. La compañía lo rechaza, mientras el conflicto está afectando a unas 37.000 familias, según Jaramillo, 26.000 de las cuales son de empleados pasivos, es decir, extrabajadores que salieron con un plan de prejubilación, de reestructuración, jubilados...

Los trabajadores denuncian también que Endesa ha vinculado los beneficios sociales de los trabajadores retirados a la firma del convenio, cuando se trata de un pago en especie que se les reconoció en las salidas de los distintos ERE, con lo que entienden que esas condiciones están blindadas. A esto se añade otro problema que tienen a la vista, el ya previsto cierre de las térmicas y que afectará a numerosos empleados.

Reunión de los trabajadores de Endesa con los directivos.

Una gran empresa y un problema que afecta a tantos trabajadores tiene que haber llegado aya a oídos del Gobierno. “Sí, hemos hablado con los partidos políticos, con todos, PSOE, PP, Ciudadanos, Podemos... nos han atendido pero no nos hacen caso...” lamenta Jaramillo indignado.  “Hace cuatro o cinco meses nos encontramos con ellos pero no han hecho nada”.  

De 27.000 trabajadores a solo 8.000 empleados

Hace diez años, Endesa tenía unos 27.000 trabajadores, ahora quedan unos 8.000. Los sindicatos han exigido que cese la descapitalización y se proteja más a los trabajadores. La realidad es que desde que en 2007, la italiana Enel aterrizara en Endesa, esta ha ido “adelgazando” y poco a poco, según denuncian sus trabajadores “está siendo desmantelada”.  El ahora consejero delegado y director general de Enel, Francesco Starace, vendió toda la parte de Endesa en Suramérica , y como señala Jaramillo, “creó una euda de 7.000 millones de euros. Es un hombre muy orientado a la rentabilidad de Enel...”

Los empleados apoyan las protestas contra la Empresa. 

La aproximación de Enel a Endesa comenzó en 1988. Felipe González sacó a bolsa el 25% del capital de la compañía y, tras el cambio de Gobierno, José María Aznar terminaría el trabajo una década después. El conservador, que se ganó un puesto de asesor externo en la empresa, completó la privatización justo en el momento en el que se hacía con el control de Enersis, el grupo energético latinoamericano. Por aquel entonces, Endesa había apostado fuertemente por sus empresas de Chile, Colombia, Argentina, Perú y Brasil, que terminaron por convertirse en la punta de lanza de la inversión española y europea en América Latina.

Años después, tras una serie de OPAs hostiles para hacerse con el control de la empresa, la junta extraordinaria de accionistas aprobó en 2007 unas limitaciones que dejaron vía libre de compra para Acciona y Enel. Dos años más tarde, la italiana se hizo con los valores de Acciona y se volvió la dueña casi absoluta de Endesa, controlando más del 92% de su capital social y colocando como presidente a Borja Prado (líder de ENERCLUB, el mayor lobby energético español).

Tras la operación, Enel logró controlar las antiguas filiales latinoamericanas y vender hasta el 30% de las acciones de Endesa. Desde entonces, la descapitalización y la externalización de servicios  han sido parte de la norma en la empresa que ha cedido incluso su gestión de tesorería y nóminas a subcontratas en India y Rumanía.  Jaramillo recuerda que "la compañía obtuvo unos beneficios en 2017 de 1.463 millones de euros netos que destinó a repartir dividendos para los accionistas, para su consejero delegado y su presidente".

Y algo que le sorprende al sindicalista es que “un conflicto laboral como este, que afecta a tanta gente, no aparezca en casi ningún medio de comunicación. Tiene una gran repercusión, pero los medios tienen otros intereses, no pueden o no se atreven", concluye Jaramillo.  

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