03 de julio de 2020
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FIN DE SEMANA

La oficina de desempleo ofrece 600 dólares semanales extras a los trabajadores autónomos que se tuvieron que quedar en casa por el coronavirus

Donald Trump amenaza con retirar las ayudas económicas por el COVID-19 a 3,2 millones de desempleados

Una cola para el banco de alimentos en EEUU.
Una cola para el banco de alimentos en EEUU.
Desde el comienzo de la pandemia en Estados Unidos hay un total de 3,28 millones de trabajadores que solicitaron las ayudas por desempleo. La cifra, cuadriplica el registro histórico del país americano de 1982 cuando el país atravesaba la peor recesión de la época moderna con 695.000 parados, en una nación donde el paro es algo residual y prácticamente inexistente desde hace décadas.

Una nueva división durante la pandemia ha llegado a la política de Estados Unidos, ahora entre los demócratas y republicanos por extender ayudas para los desempleados durante la pandemia. Desde finales de marzo en los Estados Unidos el gobierno asignó un paquete de ayudas económicas para los desempleados de la nación para tratar de aliviar la  crisis causada por la pandemia.

El Gobierno asignó una ayuda adicional para trabajadores que trabajan por su cuenta de unos 600 dólares semanales (546 euros)  extras a lo que normalmente ofrece la oficina de desempleo en los Estados Unidos. Dicho paquete decretado a finales de marzo, ha ayudado a millones de trabajadores en todos los Estados de la Unión a quedarse en casa guardando cuarentena y poder pagar sus recibos.

Debido al Coronavirus hay un total de 3,28 millones de trabajadores que solicitaron las ayudas por desempleo. La cifra, publicada por el Departamento de Empleo, cuadruplica el último récord histórico, de 1982, cuando el país atravesaba su peor recesión para ese entonces.

Claramente se entendía que la tasa de desempleo iba subir, pero jamás tanto. Los economistas calculaban que se presentarían en torno al millón y medio de solicitudes, una cifra que se duplicó. Los casi 3,3 millones de peticiones superan el récord de la Gran Recesión, en marzo de 2009, cuando se alcanzaron 665.000, y baten la peor marca histórica, de octubre de 1982, de 695.000 personas.

Ahora el gobierno del presidente Donald Trump está en contra de la propuesta por parte de los demócratas que decreta que las ayudas para los desempleados en la nación que termina en julio se prorroguen más allá de la fecha estipulada. 

“La entrega de los 600 dólares, que son adicionales a la asistencia ordinaria por desempleo “fue lo adecuado”, pero ya no es necesario porque la economía comienza a recuperarse”, expresó el Secretario del Trabajo de los Estados Unidos, Eugene Scalia. 

Eugene Scalia, secretario de Trabajo de Estados Unidos.

Estas ayudas adicionales que se le están brindando a los ciudadanos terminan el 31 de julio y los demócratas tratan de impulsar un plan para extender dichas ayudas a sus ciudadanos hasta enero. Aunque La Cámara de Representantes, en su mayoría demócratas, aprobó la propuesta el mes pasado, se considera improbable el seguimiento en el Senado debido a que su mayoría es Republicana. 

El Secretario del Departamento del Trabajo, comentó acerca de un informe sobre el empleo compartido el viernes pasado, “para finales de julio esperamos que la economía esté muy adentrada en el proceso de reapertura, con órdenes de confinamiento levantadas y millones de estadounidenses libres para regresar al trabajo", aseguró Scalia ante la Comisión de Finanzas del Senado.
 
Del mismo modo Scalia expresó que las ayudas económicas de desempleo seguirán siendo necesarias en agosto y más allá,  pero que las circunstancias por las que se impuso una ayuda adicional de 600 dólares habrán cambiado.

Los demócratas no están de acuerdo con esta opinión debido a que ellos aseguran que la tasa de desempleo podría seguir subiendo en altas históricas posiblemente hasta al menos durante el verano. 

Según el informe sobre puestos de trabajos compartido el viernes muestra que la tasa de desempleo bajó en mayo a unos 13.3 por ciento debido a que los comercios reabiertos comenzaron a llamar nuevamente a millones de empleados a un ritmo mucho más veloz que lo que los economistas esperaban. 

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