27 de noviembre de 2020
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FIN DE SEMANA

La revista Forbes estima que el dinero que poseen suma 72.600 millones, es decir, el 55,6 por cien de lo que tienen los cien españoles más poderosos

Los secretos de los cinco más ricos de España: Amancio Ortega, su hija Sandra, Juan Roig, Rafael del Pino y Juan Abelló

De izquierda a derecha, Amancio Ortega, Sandra Ortega, Juan Roig, Rafael del Pino y Juan Abelló.
De izquierda a derecha, Amancio Ortega, Sandra Ortega, Juan Roig, Rafael del Pino y Juan Abelló.
La lista "Forbes" de los más ricos del mundo y, por tanto, de los españoles acaba de salir. A la cabeza como siempre el fundador de Inditex Amancio Ortega con un patrimonio de 57.000 millones de euros. Tras él su hija Sandra Ortega, con 5.600 millones. El tercero es Juan Roig, presidente de Mercadona, Juan Roig, que con 4.100 millones. Después van Rafael del Pino de Ferrovial, con 3.200 millones, y el empresario Juan Abelló, con 2.700 millones. Estos son los secretos de sus grandes fortunas.

Ya se ha publicado la lista "Forbes" de los más ricos del mundo y en el caso de España, es de nuevo el fundador de Inditex, Amancio Ortega, quien se mantiene como la primera fortuna de nuestro país con un patrimonio de 57.000 millones de euros. Tras él se sitúa su hija Sandra Ortega, 5.600 millones de euros y el tercero es el  presidente de Mercadona, Juan Roig, que con 4.100 millones adelanta a Rafael del Pino, accionista mayoritario de Ferrovial, con 3.200 millones, y al presidente de Torreal, Juan Abelló, que ocupa el quinto lugar con 2.700 millones de euros.

Para "Forbes" la riqueza de las 100 fortunas españolas en 2020 suma 130.505 millones de euros, un 12 por ciento menos respecto al dato de 2019. Las cinco primeras fortunas de la lista suman 72.600 millones y suponen el 55,6 por ciento del total de los ricos de nuestro país. La lista 2020 la cierran Fernando, Carolina, María, Luis y José Masaveu, con 225 millones cada uno. Ésta es la vida de los cinco millonarios españoles.

Amancio Ortega

Durante el primer confinamiento que España vivió durante la pandemia se propagó un mensaje por redes sociales: "Propongo nominar YA, a D. Amancio Ortega para el premio Princesa de Asturias de la Concordia 2020, como referente ejemplar para la sociedad española, por su entrega al trabajo, su gran sentido de la solidaridad social y ciudadano ejemplar para la sociedad española. !Que sean esta clase de personas los referentes para nuestros hijos, que son el futuro de esta gran nación!"

Estas peticiones llegaban después de que la empresa Inditex, propiedad de la familia Ortega, haya asegurado que preservará todos los puestos de trabajo ante la situación generada por el coronavirus, al tiempo que está poniendo a disposición del Gobierno toda la capacidad de su red logística, de aprovisionamiento y de gestión comercial, muy especialmente desde China, para atender las necesidades de urgencia, tanto de material sanitario como textil, que se están necesitando en estos momentos.

Pero esta no es la primera vez que el fundador de Inditex aporta su granito de arena a la sociedad española. El año pasado Ortega donó 320 millones de euros para adquirir equipos de alta tecnología para el tratamiento contra el cáncer.

Amancio Ortega junto a su mujer, Rosalía Mera Goyenechea, con quien comenzó a forjar todo su multimillonario emporio. Rosalía, ya fallecida, nació en 1944 en el barrio de El Matadero, en la zona antigua de A Coruña, justo detrás de la ensenada del Orzán, una playa situada al lado de la de Riazor. Su padre era empleado de la empresa eléctrica Unión Fenosa y la economía familiar no era muy boyante. 

A los once años dejó la escuela y empezó a trabajar. Rosalía, a la que de pequeña llamaban “Rosi”, consiguió un empleo de aprendiz en la tienda de confección y camisería “La Maja”, situada en la calle coruñesa de San Andrés. Allí se encontró con Amancio Ortega Gaona, el encargado del almacén, un chico leonés, introvertido, educado, sencillo, humilde, respetuoso, pero sin una conversación amplia ni una cultura refinada.

Cuando se hicieron novios, Amancio pidió al entonces propietario por aquellos tiempos de la citada tienda, José Luís Quintás, que fuese otra la que se ocupase de esta tarea. “La Maja” era un próspero comercio de A Coruña que llegó a tener hasta tres locales abiertos al público y un almacén. Vendía mucho género procedente de Cataluña y estaba regentado por la familia Castro Quintás. 

Amancio Ortega.

Tras un noviazgo corto, Rosalía y Amancio se casaron a las cinco de la tarde, hora taurina, del año 1966 en la parroquia de San José. Como regalo de boda sus compañeros de trabajo le regalaron un reloj de oro. El matrimonio tuvo dos hijos, Sandra y Marcos, este último nació con una discapacidad psíquica falleciendo muchos años más tarde. Se separaron de mutuo acuerdo veinte años después, en 1986.

Amancio Ortega Gaona nació en Busdongo de Arbás, un pueblecito del concejo leonés de Villamanín. Y lo hizo un 28 de marzo de 1936, apenas cuatro meses antes del inicio de la Guerra Civil española. Su madre, Josefa Gaona Hernández, era natural de Valoria la Buena (Valladolid) y su padre, Amancio Ortega Rodríguez, también vallisoletano de nacimiento, era peón de mantenimiento de ferrocarril lo que obligaba a la familia, por sus continuos cambios de destino, a ir de un lado a otro sin rumbo fijo.

Así, poco después de nacer el niño se trasladaron a Tolosa (Navarra) y luego, ya en 1943, se situaron en A Coruña. Allí, Amancio se crió como un gallego más y comenzó a trabajar en el negocio de la confección. Con sólo 14 años ingresó como chico de los recados en una conocida camisería local llamada “Gala” y posteriormente pasó, junto con sus hermanos Antonio y Josefa, a la citada mercería “La Maja”.

Pero poco a poco el que prosperó en el negocio fue Amancio, que rápidamente ascendió de recadero a dependiente, aprendiendo allí, junto a su mujer Rosalía, hasta el último secreto del mundo de la confección y de la distribución comercial. La primera vivienda del matrimonio la situaron en un piso que adquirieron en el barrio de Monte Alto, en la calle Forcarey número 25, previo pago de 150.000 pesetas, gracias a un préstamo de una caja de ahorros.

Muy pronto Ortega se dio cuenta de que trabajando para otros nunca se haría rico. Comprendió que el valor añadido se quedaba en el camino y decidió abandonar “La Maja” y abrir su propio negocio para fabricar y vender a precios bajos los cucos y las batas de boatiné. Puso de moda una prenda de guata, de entrecasa y abrigada a la que dio diseño y color, con mezcla de tonos rosas y vivos azules, que se puso tan de moda en la década de los 60 y 70.

En menos de un año Amancio Ortega decidió dar otro paso hacia delante en su camino hacia el éxito. Cambió el taller de la calle San Rosendo por un local bajo en el número 61 de la calle Noya, en pleno barrio coruñés de Os Mallos. Allí, en el nuevo negocio dedicado principalmente a la lencería, la plantilla del personal era también escasa y estaba formada fundamentalmente por sus hermanos Antonio y Josefa, por su madre Josefa Gaona, su cuñada Primitiva Renedo Oliveros y su mujer, Rosalía de Mera.

Más tarde, ya empiezan a trabajar hasta treinta empleados en una fábrica para mayoristas que diseñaba una bata que se comercializaba con la marca “Goa”, que tomó para su nombre las iniciales del empresario en sentido inverso. Para ello en 1963 fue creada la sociedad Goa Confecciones, el germen de Zara España S.A. Sin embargo, llegó un momento en el que también Amancio abandona su trabajo en la tienda y comienza a vender por toda España sus batas de boatiné. Dicen sus entonces vecinos que era un hombre pegado a una maleta.

Rosalía y Amancio ya habían cambiado su modesto domicilio trasladándose a vivir al Paseo de Ronda, puerta con puerta con toda la familia Ortega. El hermano de Amancio vivía en el séptimo y los padres en el décimo. Y ellos ocupaban dos pisos de las últimas plantas. En ese periodo, desde 1963 hasta 1975, el negocio de batas y camisones experimenta un crecimiento sostenido. Y como esta primera aventura empresarial tuvo éxito, el matrimonio Ortega se anima a embarcarse en un proyecto mucho mayor.

“Nos planteamos que, en vez de comprar productos en Cataluña, a lo mejor los catalanes nos los podrían comprar a nosotros. Creo que no hubo nada de extraordinario”, dijo en su día Rosalía de Mera. Fue así, sin dejar de ser fabricantes, como se convirtieron también en distribuidores y en vendedores, y surge como una necesidad la tienda Zara, que abrió en mayo de 1975 su primera tienda en A Coruña, en pleno ensanche, en la calle Juan Flórez, números 64-66. Allí se vendían los jerseys a 500 pesetas. Hoy es un nombre mundialmente reconocido gracias al Registro de Patentes y Marcas que le vetó el nombre que inicialmente habían elegido: Zorba.

Ya en diciembre de 1975 se abrió la segunda tienda Zara en la calle Torreiro, en el corazón de la urbe tradicional coruñesa. Un emplazamiento privilegiado pues los Ortega ya tenían claro por entonces que debían elegir sitios céntricos donde instalarse. De ahí que siempre han centrado en el reclamo de los escaparates las perspectivas de su éxito.  Bajo el anonimato, el negocio fue creciendo y sus cuentas corrientes engordándose. En 1979 había ya seis tiendas Zara en A Coruña, Vigo, Lugo y Ourense.

El proceso de expansión fue in crescendo. Y en junio de 1985 deciden dar otro salto creando Inditex (Industria de Diseño Textil SA), empresa cabecera del grupo, con el fin de aglutinar las distintas actividades mercantiles derivadas del negocio de distribución de moda. Su sede central está en Arteixo, en A Coruña.

La entrada a Inditex.

Tras el fuerte proceso de crecimiento en España en la década de los ochenta, el grupo adquirió velocidad de crucero y tres años después de su creación, los Ortega abren su primera tienda fuera de España, en Oporto (Portugal), iniciando así un recorrido cuyo éxito es un caso de estudio a nivel mundial. 

Crisis familiar

Pero mientras que el negocio de los Ortega marchaba a buen ritmo, su matrimonio, en contraste, naufraga a la misma velocidad. El nacimiento el 1 de mayo de 1971 del segundo hijo de la pareja, Marcos, con una discapacidad psíquica (parálisis cerebral) distancia mucho al matrimonio. Este nacimiento y sus problemas añadidos hacen que Rosalía se aleje del trabajo y de la empresa familiar. 

Rosalía pasa a dedicarse en exclusiva al cuidado de su hijo Marcos, mientras que su marido se dedica en cuerpo y alma a forjar su imperio. Junto a ella siempre estuvo la primera hija del matrimonio, Sandra Ortega Mera, nacida el 19 de julio de 1968 en A Coruña. Una chica que estudió en un instituto público, aunque en su infancia pasara por el colegio de monjas Las Esclavas.

Siempre estuvo muy vinculada a su madre y no trabajó nunca con su padre en la empresa textil. Es psicóloga y controla la Fundación Paideia, que fundó su madre y a la que dedica muchas horas. Está casada con Pablo Gómez, que sí fue empleado de Inditex, un chico muy querido en la casa donde empezó de comercial. Juntos tienen tres hijos y ya le han dado a Amancio Ortega nietos. 

Aquellos años setenta y ochenta fueron de pura entrega al proyecto empresarial por parte de Amancio Ortega. Dicen que trabajando de sol a sol y sufriendo, incluso, un serio revés al querer emular la fórmula de los almacenes donde se vendía de todo, lo que le obligó a volver a empezar desde un principio. Un patrimonio forjado a pesar de ser un hombre que no fue a ninguna universidad renombrada ni nunca en su juventud se codeó con los herederos de las grandes fortunas empresariales españolas.

Amacio Ortega siempre huye de la ostentación, de los iconos de lujo y de la posición social. Le gusta vestir camisa Oxford, pantalón gris o marrón y zapatos castellanos, un uniforme que repite desde siempre con un desdén hacia el cambio difícil de asimilar en un revolucionario del prêt à porter. Dicen que muy pocas veces se le pasa por la cabeza ponerse una corbata y que nunca viste como un alto ejecutivo. Que es un hombre discreto a más no poder, de pocos amigos y muchos conocidos. Que acostumbra a empezar su jornada matinal con un desayuno con zumo y café con leche. Que lo suele hacer en el Club Financiero de A Coruña, en compañía de sus amigos habituales, que le han puesto de apodo “penique”. Que siempre son los mismos aunque, de vez en cuando, se incorpora algún nuevo miembro al grupo. Que entre ellos apenas figuran políticos.

Y que en su mismo gremio, el textil, tampoco goza de grandes amistades, salvo los dueños del grupo Caramelo. Que su gran amigo fue José Caramelo, que curiosamente fuera su viajante cuando en 1963 despegó a través de la firma Goa Confecciones. Que siempre que puede ve los partidos del Deportivo, en la tele o en el estadio de Riazor, donde pasa totalmente desapercibido. Que sus grandes hobbies son los caballos y los automóviles (corre una anécdota por la empresa de que consiguió reventar el motor de un porsche, su marca preferida). Que sólo le quita el sueño Inditex. Que es capaz de sacar a un trabajador de su cama, en pleno sueño, para solucionar un problema que se le ha ocurrido de repente.

Que los sábados, único día en que come en casa, lo hace en un office anexo a la cocina. Que tiene una cocinera permanente a su servicio. Que le gusta la cocina poco elaborada. Que sus gustos culinarios se centran en los huevos de corral y en las verduras frescas cultivadas en su Pazo de Anceis, situado a 12 kilómetros de A Coruña, en el término municipal de Cambre. Se trata de un pazo barroco del siglo XVII, uno de los más hermosos de Galicia, situado en la carretera que une Santiago de Compostela con A Coruña a la altura del lugar de Altamira. En su fachada, que sigue teniendo el aspecto de antaño, destacan los escaques y roeles de la familia Bermúdez de Castro, así como un brazo empuñando un estandarte de los Villardefrancos y un castillo envuelto en zarzas de los Riobóo. Como todo pazo gallego que se precie, el de Anceis tiene capilla y una fuente de piedra, de estilo portugués, con cuatro caras carrilludas de cuyas bocas salen caños de agua. Que también posee un chalé en la localidad pontevedresa de Sanjenjo y un apartamento en Marbella. A este último no suele ir casi nunca. Y que rechazó la posibilidad de que la sede de la fundación Amancio Ortega, futura depositaria de su herencia, estuviera en Holanda pese a que fiscalmente le favorecía la decisión. "Es muy español", aseguran sus amigos.

Mucho antes de su divorcio con Rosalía, a la que le correspondió una gran fortuna en el reparto de Inditex, Amancio Ortega inició una relación sentimental con Flora Pérez Marcote, en sus inicios trabajadora de Inditex. Tras 19 años de convivencia juntos, se casaron finalmente en el año 2002 en el Pazo de Anceis, una vez que el grupo textil salió a bolsa (mayo 2001). La ceremonia civil, celebrada casi en la intimidad, la ofició el alcalde del pueblo de Cambre, Antonio Varela Saavedra.

Parece claro que la clarificación patrimonial y organizativa del imperio Inditex, en los días anteriores a la OPV, era necesaria tanto para que Ortega pudiera sacar su empresa al parqué como para separarse de su primera esposa. Ortega conoció a su actual mujer cuando trabajaba como dependienta en el establecimiento que la firma Zara tenía en la calle coruñesa de Torrerio. Flora era la encargada de esta tienda, la predilecta de Amancio.

Su relación con Flora fue paralela con el inicio del declive de su matrimonio. En un último intento por salvarlo, Flori, como es conocida, fue trasladada a la tienda de Zara en Vigo, situada en la calle Roda, donde también ejerció como encargada. Dicen que toda esta operación de “destierro” fue ideada por la hermana mayor de Amancio, Josefa, amiga de Rosalía. Pero ni por esas la situación se arregló. Amancio Ortega abandonó finalmente el domicilio familiar y se instaló en solitario en un edificio situado en la céntrica plaza coruñesa de Orense, en los números 7-8. Incluso, a veces, llegó a dormir en una habitación que se había preparado en la fábrica.

Tuvieron que pasar unos años, aún casado oficialmente Ortega con Rosalía Mera Goyeneche, para que el empresario comenzara a convivir ya con Flora Pérez Marcote. Dicen de ella sus conocidos que es una mujer sencilla, no muy dada a la ostentación. Que es alegre, viva y que no se le escapa detalle alguno que pueda perjudicarle. Que tras su matrimonio, Flora no tuvo duda alguna en entrar en el consejo de Inditex. Que lo hizo en representación de Gartler, la sociedad patrimonial de Ortega que controla la mayoría del grupo textil.

Amancio y Flora tuvieron en 1983 una hija, Marta. La vida de la joven tampoco ha sido siempre un camino de rosas: cuando ella nació, su padre estaba todavía legalmente casado con Rosalía Mera. Flora y la niña vivieron solas en Vigo durante varios años, a la espera de que Amancio arreglase la situación con su esposa legítima. Aquel divorcio se llevó a cabo con una discreción exquisita: Nada se supo de los términos del acuerdo y los protagonistas nunca dieron que hablar. Todo se resolvió a puerta cerrada.

Una vez que fue posible, Amancio se unió a la madre de su tercera hija y los tres se instalaron en A Coruña, en un piso amplio y céntrico, pero en absoluto parecido a un palacio. Allí pasó Marta su adolescencia. Hoy la casa que ocupa la familia Ortega (un octavo unido a otro piso), forma parte de un complejo inmobiliario edificado por la empresa Álvarez Conchado, de la cual Inditex llegó a poseer un 30% de su capital. Este dúplex está situado en un barrio de clase media, conocido por Zalaeta, frente a la playa del Orzán, aunque en A Coruña se le denomina Zaraeta por el extenso número de ejecutivos y mandos de la empresa textil que viven en él.

Amancio Ortega y su hija Marta.

La hija menor de Amancio Ortega es el ojito derecho del fundador de Zara y presidente del imperio textil. Marta tiene una educación exquisita y una pasión: los caballos. Su pasión por los caballos se la ha transmitido su padre, que es capaz de coger su avión Falcon 900 y desplazarse hasta el Reino Unido para comprar los mejores caballos para su hija. De hecho, por y para su niña, Amancio Ortega construyó el espectacular Centro Hípico Casas Novas, en la finca de Corzo, una antigua factoría lechera, donde invirtió nueve millones de euros.

De ella dicen que es sensata y “muy normal”. Pero nadie, ni siquiera la propia Marta, puede olvidar que un día heredará una millonaria fortuna y parte del imperio que su padre ha creado. Dicen que hoy Marta, al contrario que hace unos años, vive alejada de los circuitos de la alta sociedad internacional y que aparece muy raramente en las páginas del papel couché. Se casó primero en 2012 con el jinete Sergio Álvarez Moya con el que tuvo un niño. Tras separarse en 2015, se volvió a unir tres años más tarde en matrimonio a Carlos Torreta, al que la familia situó en el área de comunicación de Inditex y con quien tuvo una niña, Matilda.

Sandra Ortega, la rica heredera

Según la lista "Forbes", Sandra Ortega es la segunda persona más rica de España, con una fortuna de 5.600 millones de euros. Es hija de Amancio Ortega y Rosalía Mera. Estudió en un instituto público, aunque en su infancia pasara por el colegio de monjas Las Esclavas de A Coruña, estaba muy unida a su madre y no trabaja en los negocios de su padre. Se licenció en Psicología y actualmente es la vicepresidenta de la Fundación Paideia, a la que dice dedicar muchas horas. Está casada con Pablo Gómez, que sí es empleado de Inditex, muy querido en la empresa donde ejerce de comercial. Juntos tienen tres hijos y ya le han dado a Amancio su primera nieta. Hace unos años Sandra vendió todas sus acciones en Inditex (un 1,99%), al igual que hiciera su madre, por lo que ingresó la cantidad de 30.330 millones de pesetas. De ahí viene su fortuna. Sandra, al igual que hacía su madre mueve la práctica totalidad de sus ingresos a través de sociedades de inversión mobiliaria de capital variable (SICAV), que en un poco tiempo se han convertido en el vehículo de inversión favorito de los poderosos, en una nueva manera de esquivar al Fisco, ya que sobre las ganancias tan sólo se abona un 1 % de impuestos frente al 35% general.

Sandra Ortega y su marido.

La hija mayor de Amancio Ortega figura como principal accionista y presidenta de la sociedad de inversión Quembre de Inversiones Simcavf S.A., creada en mayo de 2001 con un capital social inicial de 18 millones de euros y con el único fin de reinvertir el dinero recaudado con la salida a bolsa de Inditex. A su vez, María Sandra Ortega Mera aparece como administradora de Breixo Inversiones Sicav S.A., Soandres de Activos Sicav S.A. y Mateus Inv Sicav S.A. Todas ellas radicadas en la capital de España. También figura como administradora de varias sociedades de su madre: Rosp Corunna SL, Rosp Corunna Participaciones Industriales SL., Ferrado Inmuebles S.L, Trebore y Viveros Borrazas S.L.

Juan Roig, el emprendedor

Cuenta Manuel Mira, el escritor que elaboró una biografía no autorizada del empresario Juan Roig Alfonso, titulada El emprendedor visionario, editada por La Esfera de los Libros, que este valenciano nacido el 8 de octubre de 1949, amo de Mercadona, es un hombre tímido y frio de trato, práctico, directo, austero, un duro negociante, admirador de la cultura del empleo chino y donante de Faes, la influyente Fundación de José María Aznar, a la que regaló en dos ocasiones (2005 y 2012) la cantidad global de 100.000 euros.

Se cuenta en El emprendedor visionario, que un día un empleado de Mercadona descubrió casi al azar que la cerveza más vendida en el supermercado de la localidad barcelonesa de Montcada, donde trabajaba, era la que nunca cambiaba su precio. Aquel dato llegó hasta Juan Roig.

Rápidamente lanzó la campaña "Siempre Precios Bajos (SPB)", un lema que convirtió en pilar de su negocio alimentario. Esta idea era, sin embargo, una copia, como muchas otras de las decisiones que ha tomado a lo largo de su dilata historia el dueño y amo de la gran empresa alimentaria Mercadona. Roig pensaba que había inventado algo importante, cuando, en realidad, el hallazgo ya lo había hecho antes la cadena de distribución de alimentos americana Walmart, la más importante del mundo, con Every day low prices (Cada día precios bajos). 

Juan Roig a la puerta de uno de sus supermercados junto a un directivo.

Cuenta también la biografía no autorizada de Roig que cuando fue padrino en el colegio valenciano bilingüe Caxton College de la promoción de su hija pequeña Juana Roig, fruto de su matrimonio con Hortensia Herrero, la mujer de toda su vida, que también ha sido incluida en la lista Forbes, regaló un ejemplar a cada una de las compañeras de su hija del libro Nunca renuncies a tus sueños, de Augusto Cury, un estudioso de la inteligencia de Jesucristo.

Juan Roig es uno de los hijos del carnicero Francisco Roig, conocido como el porquero. Estudió en los Jesuitas de Valencia, donde quedó retratado como un alumno no muy brillante a quien los curas nunca hubieran imaginado como empresario de éxito y que incluso repitió el tercer curso. Ante las perspectivas poco halagüeñas, su padre se lo llevó interno a La Concepción, un colegio de los Franciscanos en el que tampoco brilló por sus calificaciones. Su primer negocio brillante fue la adquisición de Cárnicas Roig, que se convirtió en la década de los 80 en Mercadona, gracias a que Juan Roig compró las acciones al resto de su familia con un préstamo bancario gracias a su conexión con dos bancos de la zona luego bajo sospecha (Banco de Valencia y Bancaja).

Su biógrafo no autorizado, Manuel Mira, dice en su libro que Roig no habría creado su imperio si en la facultad de Económicas de Valencia no hubiera conocido a Hortensia Herrero, hija de militar, su esposa desde 1973 y la madre de sus cuatro hijas (las gemelas Hortensia y Caridad, Amparo y Juana).

Hortensia es abogada y se casó en 2007 con Jesús Ferrer Pastor, hijo de un conocido abogado valenciano. Caridad es economista, ha sido fallera mayor, y se postula como sucesora natural de su padre el día de mañana. Ámparo es arquitecta y se casó con Antonio Cabero, hijo de la Condesa de Salvatierra de Álava. Y Juana es licenciada en Administración y Dirección de Empresas, cuyo marido es Álvaro Otero, que es hijo de un prestigioso médico valenciano. Las cuatro hijas ya le han dado a Roig siete nietos. 

La historia de su vida familiar y personal la recogió extensamente el diario Las Provincias de Valencia, donde se relata como Roig tiene en la actualidad junto a su mujer el 80 por ciento de las acciones de Mercadona, tras comprar el paquete de acciones a su familia. Según Forbes, tiene una fortuna estimada de 4.100 millones de euros, la tercera más rica de España.

Pero no todo en los negocios de Roig han sido luces, también hay muchas sombras. Roig no es un empresario precisamente modélico en todos los aspectos. Mercadona se basa en el éxito de las marcas blancas. El auge de estos productos más económicos permite en un primer momento abaratar la cesta de la compra, pero, según sus detractores, ha supuesto la entrada de algunos alimentos de menor calidad que los españoles. Por ejemplo, las marcas blancas de legumbres en Mercadona son generalmente extranjeras.

Juan Roig con algunos de los productos que comercializa.

Pero el principal problema que puede encontrar el consumidor en algunos establecimientos es que su capacidad de elección y sustitución es limitada. Y en muchos casos imposible. Lo más barato en Mercadona, generalmente, es un producto de menor calidad y de origen extranjero. Esta es la realidad que como veremos se extiende a todo tipo de productos. Para muestra un botón: Mercadona lidera la venta de legumbres de origen norteamericano, chino y hasta australiano dejando los productos españoles al margen.

Pero no solo la actuación de Mercadona perjudica al campo español. En 2004, con la llegada de la empresa al País Vasco, el sindicato CNT ya lanzaba la voz de alerta: “Mercadona se ha construido una imagen de empresa modelo ante la opinión pública en lo que respecta a los derechos de sus trabajadoras y trabajadores. Todo resulta perfecto e idílico hasta que llega el momento de hacer uso de esos derechos... y entonces comienzan los problemas”, advertía entonces el sindicato.

Protesta de trabajadores de Mercadona en Barcelona.

En este documento, este sindicato destacaba que “tras más de una década de lucha dentro de Mercadona sabemos que es la política de la empresa presionar y acosar a la plantilla para que no haga uso de varios derechos". Entre otros ejemplos, CNT advertía que “desde la empresa y sus servicios médicos presionan y coaccionan a las trabajadoras para que no hagan uso de la baja de maternidad”.

Este sindicato fue el único que se atrevió a plantar cara a Roig, logrando incluso en el mes de diciembre de 2013, una indemnización de medio millón de euros contra doce despedidos en Valencia. La empresa de Roig inventó el despido disciplinario de trabajadores con más de veinte años de antigüedad, así se ahorraban las indemnizaciones y contrataban más barato a los nuevos trabajadores. Entre las causas esgrimidas para los despidos disciplinarios había algunas tan extrañas como haber cogido un pastelito caducado de la basura. 

Uno de los incidentes más sonados fue el protagonizado por María Ángeles García y Patricia Román que fueron despedidas el 6 de junio de 2016 de Mercadona, por comerse un saladito de 15 céntimos que iba a caducar y que, por lo tanto, iban a tirar a la basura. El diario La Voz del Sur relató que todo ocurrió en este supermercado de la localidad gaditana de Jerez de la Frontera.

Según explicaba Francisco Cuevas, del sindicato CNT, ambas estaban a punto de finalizar su jornada laboral y se sentían "agotadas". Les entró hambre, y la compañera de la sección de Panadería les ofreció "un saladito de apenas 15 céntimos que estaba a punto de caducar y que iba a terminar en la basura". Ángeles y Patricia se lo comieron, pero la coordinadora las vio y las llamó a la oficina. "Les echó una bronca tremenda y les dijo que les abriría un expediente", señalaron. Cueva añadía que "esto es una práctica muy habitual en Mercadona, que tiene récord de sentencias por mobbing".

Rafael del Pino y su polémico divorcio

Rafael del Pino Calvo-Sotelo, nacido en 1958, el segundo de los hijos del fundador de Ferrovial Rafael del Pino y Moreno y sobrino del expresidente del Gobierno Leopoldo Calvo Sotelo. Ya ha cumplico 20 años como presidente de la compañía y 28 como primer ejecutivo (en 1992 fue nombrado consejero delegado de Ferrovial), en una empresa que controla a través de su sociedad holandesa Rijn Capital que atesora el 20,5% de las acciones de la sociedad. Su fortuna se estima ahora en 3.200 millones de euros lo que le sitúa en la cuarta fortuna de España. 

Rafael del Pino y Astrid Gil Casares el día de su boda.

La patrimonial de Rafael Del Pino, Rijn Capital, no sólo controla el paquete de más de 147 millones de acciones de Ferrovial, también gestiona una serie de SICAV que en el año 2017 aumentaron su patrimonio en casi 100 millones de euros, hasta los 1.133 millones. Igualmente también es la matriz de la sociedad Criu SL, que desde una oficina en el número 23 de la calle Miguel Ángel, en el centro de Madrid, controla inversiones agrarias en las que destaca su finca Los Estanquillos, en Berzocana (Cáceres), con un capital superior a los 32,4 millones o el 25% de la sociedad Family Blend, radicada en las Islas Vírgenes, un paraíso fiscal. Ahora junto a dos de sus hijos, Rafael nacido en 1986 e Ignacio en 1989 busca nuevas oportunidades de inversión en Chile. 

El presidente de la empresa Ferrovial, cargo que empezó ejercer el año 2000, había sufrido la trágica muerte de su primera mujer, Cristina Fernández-Fontecha y Torres del Pino, allá por el verano de 1998, cuando navegaban por las aguas de Baleares a bordo de su lujoso yate. Cristina dejaba en vida a tres hijos menores en plena adolescencia: Rafael, Ignacio y Juan. Fueron años muy duros para los Del Pino, que acabaron con el noviazgo y nuevo matrimonio de su padre con Astrid Gil-Casares, que abandonó su trabajo como banquera de inversión en Londres. 

Rafael del Pino conoció a Astrid en Londres en dos fiestas, donde ella trabajaba. Cuando Astrid terminó la carrera de Económicas en ESADE se fue a trabajar a París, a la banca Rothschild, tras un año, cambió París por la capital británica.  En 2004, ha confesado que fue a verlo a Madrid por un tema laboral y empezó rápidamente su relación que acabó en boda en marzo de 2006. 

El enlace -el primero para ella- se celebró el 10 de junio de 2016 con la asistencia de más de doscientos vip´s en la iglesia de la Asunción, de la localidad madrileña de Chinchón, donde Astrid -una mujer de ojos azules y melena rubia- llevó un diseño de Manuel Mota para Pronovias. El ágape se organizó después, con todo tipo de detalles, en la finca 'Encomienda de la Losilla', propiedad de Joao del Espíritu Santo, donde el número de invitados aumentó a más de ochocientos, a quienes se pidió vestir de traje oscuro y a las señoras de vestido largo. 

Ella para nada le asustó está situación, ya que estaba habituada a codearse con los poderosos desde niña. Hija del ingeniero naval Santiago Gil-Casares Armada y su segunda mujer, la francesa Astrid Marie Marlier, nació el 16 de febrero de 1973. Ya en 1976, con tan sólo tres años su nombre ya aparecía en los ecos de sociedad del periódico ABC por su participación en bodas aristocráticas. Siempre se codeó con la alta sociedad madrileña con muchas tardes en el Club de Campo de Puerta de Hierro donde su padre coincidía con la élite desde los Albertos a Miguel Boyer pasando por el círculo más cercano a Felipe VI (hermanos Álvarez Fuster, Kyril de Bulgaria, Javier López Madrid) con algunas muy buenas amistades que aún mantiene, como con Isabel Sartorius.  

En Londres no sólo trabajó con bancos de inversión como JP Morgan, también llegó a crear su propia empresa en marzo de 2004, Gil Casares Consultant Limited, con un capital de 1.000 libras y que domicilió en Old Brompton Road en Londres y que se dedicaba a la asesoría e intermediación comercial y financiera. Ella, su única directiva figuraba profesionalmente como “arrendaría de aeronaves”. Tras su boda no consta movimientos financieros, tan sólo en julio de 2006 se trasladó su domicilio a la calle Francisco de Alcántara, en la urbanización de El Viso, residencia de Rafael del Pino. En noviembre de 2013 pidió el cierre voluntario de su empresa que se certificó el 25 de marzo de 2014.  

Astrid Gil Casares tras su cambio radical de imagen.

Ella siempre afirmó que dedicarse a la banca era completamente incompatible laboralmente al ser esposa de Rafael del Pino, pero ahora, separada de él, tampoco busca regresar a su pasado como financiera, todo lo contrario. Tras un primer año duro en el que reconoce que apenas salía de casa, no sólo ha cambiado radicalmente su look, se ha cortado su larga melena rubia y se ha llenado de tatuajes, entre los que están los nombres de sus tres hijas y uno muy llamativo en el que se lee una de las frases más célebres de Winston Churchill en el momento más duro de la Segunda Guerra Mundial: “I have nothing to offer but blood, toil, tears and sweat" (No tengo nada que ofrecer sino sangre, trabajo, lágrimas y sudor). Apasionada de la lectura mandó un guion a distintas productoras que este año tomará forma en la película ¿Qué te juegas?, una comedia disparatada de amor y lujo.

El divorcio de la pareja no fue amable ni de mutuo acuerdo y llegó hasta el Tribunal Supremo (TS), que estimó en parte el recurso del empresario Rafael del Pino por la sentencia de su divorcio y rebajaba bastante la cantidad económica que el empresario dueño de la multinacional Ferrovial debía pagar a su ex mujer, Astrid Gil Casares. Así se rebajó la cuantía indemnizatoria de seis millones de euros a tan solo 840.000 euros.

Este fallo del Alto Tribunal puso fin a uno de los procesos de divorcio más tensos de los últimos años en las altas esferas españolas. El fallo suponía la revocación de una sentencia anterior de la Audiencia Provincial de Madrid, que dictaminó que Del Pino debía abonar en concepto de pensión compensatoria a favor de su esposa 75.000 euros mensuales y una indemnización de 6 millones de euros. Ahora serán 7.000 euros al mes por cada una de las tres hijas, es decir, 21.000 euros.

Juan Abelló, el rey de las compra-ventas

Juan Abelló Gallo, llamado “rey de las compras y ventas”, y el quinto hombre más rico de España para Forbes nació en Madrid el 16 de diciembre de 1941. Su fortuna se estima en 2.700 millones de euros.

Abelló estudió en el elitista Colegio del Pilar, de Madrid, matriculándose después en la carrera de Farmacia, en la Universidad Complutense, en donde se licenció en 1964. Un año después ya comenzaba a trabajar en la empresa familiar de su padre, Juan Abelló Pascual, un farmacéutico de Reus (Tarragona). Ahí, en Laboratorios Abelló ocupó diferentes puestos ejecutivos hasta que en 1973 fue  nombrado vicepresidente. Fue en 1976 cuando conoció al abogado del Estado Mario Conde, con quién desde entonces realizaría múltiples y significadas operaciones financieras hasta su llegada a la presidencia y vicepresidencia del Banco Español de Crédito (Banesto). Una de estas operaciones fue en 1983, cuando ayudado por Mario Conde, que por entonces trabajaba en su empresa, vendió Laboratorios Abelló a la multinacional norteamericana Merk Sharp and Doohme, por 2.700 millones de las antiguas pesetas. Después se hicieron con el control de Antibióticos S.A. Tras sanear esta empresa y obtener unos beneficios altos, decidieron venderla en marzo de 1987 al grupo industrial italiano Montedison. Fue el gran pelotazo económico de la época por el que obtuvieron 58.000 millones de pesetas (348 millones de euros). Paralelamente, el tandem Abelló-Conde compraba un 3 por ciento del capital de Montedison por 18.000 millones de pesetas. Y con el dinero restante comenzaron a invertir en distintas empresas, como Advent Internacional (sociedad de capital de riesgo) o Advent España (sociedad de gestión). 

  El empresario Juan Abelló.

Una vez cerrada la operación, y como ha sido siempre norma en el comportamiento de Abelló, éste estaba dispuesto a traducir todo el dinero que había ganado en más dinero, en más poder y en más influencias. Por eso, pasó a ser accionista del Banco del Progreso de los hermanos March, se hizo consejero de Sotheby´s España, S.A. y adquirió, junto a su entonces socio Mario Conde, el 60 por ciento de las acciones de General Medical Merate, una empresa italiana dedicada a la venta y fabricación de equipos médicos de alta especialización.

Pero la operación más destacada del tándem Abelló-Conde fue su incursión en el Banco Español de Crédito. Esto ocurrió en junio de 1987, cuando se concretó la inversión de unos 25.000 millones de pesetas en Banesto a través de la sociedad Torreal. De esa cantidad global, 13.000 millones correspondían a Abelló y 7.300 a Conde. Una vez tomado el control decidieron que era mejor que Mario Conde accediera a la presidencia del Banco y Juan Abelló a la vicepresidencia. Desde allí intentaron la fusión con el extinto Banco Central. El poder de Abelló continuaba. En junio de 1988, era nombrado presidente de la aseguradora Unión y El Fénix.

Sin embargo, en esta carrera meteórica surgió un problema. Su unión patrimonial con Mario Conde se rompía como consecuencia de las divergencias surgidas entre ambos. Tras la ruptura, Abelló conservó el 3,5 por ciento de los títulos de Banesto y Conde el 1,5 por ciento. Al mismo tiempo que se producía este desencuentro, el  proceso de fusión con el Central también se rompía. En este estado de cosas, el 23 de febrero de 1989, Abelló dimite de sus cargos de vicepresidente de Banesto, presidente de la Unión y El Fénix, vicepresidente de Fenosa, consejero delegado del Banco Central y de Tudor. Pero, como también es costumbre en Abelló, su salida no le ocasionó ningún trauma ni problema y comenzó a invertir en otras empresas. Así, sólo seis meses después de dejar Banesto era nombrado presidente de la Compañía Inversiones Ibersuizas, participada por su empresa Torreal, de la que seguía como presidente. Su cascada de inversiones continuó con la toma de participaciones en sectores muy diversos, desde el farmacéutico hasta el alimentario. Penetró en la empresa farmacéutica Alcaliber; en el grupo CEPA (Compañía Española de Penicilina y Antibióticos), una filial de la sociedad francesa Paribas Santé; y en la empresa cárnica “Oscar Mayer”, la segunda en importancia de España.

Juan Abelló y su esposa Ana Gamazo.

Sus habilidades con el bolígrafo y el talón, no le hacían olvidar su pasión cinegética y disfrutar de sus cacerías toledanas, sin más preocupación que abatir venados y perdices convenientemente criados para la ocasión. Como tampoco abandonaba sus negocios en la sala rociera “El Portón”, por donde a comienzos de los años noventa pasaba toda la jet madrileña para sus festines nocturnos. Dicen sus conocidos que Abelló siempre ha sido muy poco amigo de madrugar y que sus grandes operaciones las ha cerrado de noche. Una de sus apuestas más singulares ha sido la incursión en los medios de comunicación. En 1991 entraba en Antena 3 TV como consejero y un año más tarde vendía su participación al editor catalán, ya fallecido, Antonio Asensio Pizarro, entonces dueño del grupo Zeta. Poco después tomaba partido en el capital de la cadena COPE, la emisora radiofónica de la Conferencia Episcopal española, donde se introduce a través de Cartera de Medios, una sociedad participada en un 40 por ciento por Multitel, que a su vez era una empresa vinculada al entonces consejero delegado de la COPE, Eugenio Galdón.

Estas incursiones en el mundo de la comunicación, sin una rentabilidad económica clara y manifiesta, le sirvieron para abrirse camino en un negocio muy próspero, como el de las telecomunicaciones. En la primavera de 1996 era ya nombrado presidente de Airtel Móvil S.A., en sustitución de Eduardo Serra, que dejó el cargo al ser nombrado ministro de Defensa por José María Aznar. Por esas mismas fechas, junto al grupo alemán Tengelmann, Abelló se hizo con la propiedad de una cadena de tiendas llamada Plus Superdescuento. Luego se hizo con una participación de Veo TV, a través de su empresa Innova, una sociedad de capital riesgo especializada en valores de la Nueva Economía. Esta carrera inversora era paralela a su creciente protagonismo en la élite económica-empresarial afín al PP y forjada durante los ocho años de mandato del presidente Aznar. En el año 2000 vendía Airtel al grupo británico Vodafone, en otro de sus ya consabidos pelotazos financieros que le reportó 650 millones de euros. Desde el inicio de este siglo, todos sus negocios más importantes los ha concentrado en su sociedad patrimonial Torreal, la cabeza visible de su gran imperio financiero.

Fue en el año 2004, cuando Abelló cambió la sede de Torreal para situarla en un palacete madrileño de principios del siglo XX, en la calle Fortuny, número 1. El financiero siempre ha deseado que su sede más representativa estuviera ubicada en una de las zonas nobles de la capital de España. Precisamente, a pocos metros de distancia está la sede de la Fundación Rafael del Pino, presidente honorario de Ferrovial. En la compra y rehabilitación del nuevo edificio invirtió diez millones de euros, siete en su adquisición y tres en su rehabilitación. El palacio dispone de 1.500 metros cuadrados, repartidos en tres plantas de cuya decoración interior se encargaron Mario Conío e Isabel Pedrosa. De las paredes del despacho de Juan Abelló, que está en la segunda planta, cuelgan valiosas pinturas de su colección de arte. Por ejemplo, las bailarinas de Degás.

Como no podía ser menos en tan ilustre financiero, una de los negocios estratégicos de su emporio es hoy en día el sector inmobiliario, donde se afianzó con la compra de un importante porcentaje en la constructora Vallehermoso y luego en Sacyr, adquiriendo de entrada el 13,76%, y uniéndose de este modo a su amigo Luis del Rivero para alcanzar la vicepresidencia de esta cotizada empresa constructora. Desde este puesto intentó el asalto frustrado al BBVA. El financiero se topó con la oportunidad de oro para hacerse de nuevo fuerte en el sector bancario, como cuando ocupó en 1987 la vicepresidencia ejecutiva de Banesto al lado de Mario Conde. Esta apuesta le costó sacrificar su cargo de consejero en el Santander de Emilio Botín, con cuya familia guarda una amistad de toda la vida. Hay que reseñar que fue con un crédito de Bankinter, de Jaime Botín, con el que Abelló logró el control y la presidencia de Antibióticos, de donde surgió su gran imperio financiero. Además, la familia Botín acude con frecuencia a las fincas del financiero y con Ana Patricia, hija de Emilio Botín, compartió sillón en el consejo de la cadena de televisión mejicana Televisa, propiedad de la familia Azcárraga.

Empresario de éxito

Con anterioridad había penetrado con éxito en compañías como Abengoa (1999-2003) o más tarde en Aguas de Barcelona (2004). En esta última operación se asoció con el empresario Amancio Ortega para comprar el 11,64% de Agbar a Endesa. También se introdujo en el capital de las grandes bodegas españolas, como, por ejemplo, en la Compañía Vinícola del Norte de España (CVNE). Esta rentabilidad en sus métodos empresariales hizo que antes de que acabara el siglo XX se convirtiera en un reconocido intermediario de fusiones y absorciones, en las que actuaba en representación de sociedades como RTL, Televisa, Enron, la Unión de Bancos Suizos (UBS), etc.  

El recambio generacional todavía no ha llegado para ellos. Aún no es el momento adecuado para heredar el gran imperio económico de sus padres, aunque todos ellos están colocados y tienen acciones en las empresas de sus progenitores. Un personaje, Juan Abelló, que ha sido protagonista, junto a su callada mujer, de una próspera carrera que le ha llevado a participar en más de 40 sociedades en sectores tan diversos como el farmacéutico o el inmobiliario, pasando por el bancario y el de las telecomunicaciones. Además de ser considerados como los primeros terratenientes españoles con fincas y terrenos que conforman unas 40.000 hectáreas repartidas por media Península Ibérica; y sin olvidarnos de su importante y valiosa pinacoteca, la tercera de España. 

Pero hoy todo este inmenso patrimonio amasado y su etiqueta de gran cazador financiero, labrada a golpe de talón, no tiene todavía un heredero señalado. Dicen, quienes les conocen, que ninguno de sus cuatro hijos está todavía preparado. Aunque algunos de ellos ya se han situado convenientemente en el entorno del poder empresarial español. Por ejemplo, su primogénito Juan Claudio Abelló Gamazo, nacido en 1968, que estudió Empresariales en la universidad privada madrileña Antonio de Nebrija, está casado con Marta del Rey Guil (1967), una de las dos hijas de María José Guil Navarro, que contrajo segundas nupcias con Isidoro Álvarez Álvarez, antiguo propietario de El Corte Inglés.   

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