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Hombre con cabello rizado y barba, vistiendo un traje rojo y camisa oscura, posando frente a un fondo de color beige.
CULTURA

Se cumplen 32 años sin Camarón de la Isla: Lo desconocido del genio flamenco

El cantaor, fallecido con 41 años, marcó un hito en la música con la publicación del disco 'La leyenda del tiempo'

El 2 de julio de 1992 el mundo del flamenco lloraba la prematura muerte de uno de los grandes. El cantaor gaditano José Monje Cruz, Camarón de la Isla, fallecía con tan solo 41 años tras una larga lucha contra una larga enfermedad que había mermado gravemente su salud. 

El artista gaditano revolucionó el mundo del flamenco con su desgarradora voz así como por sus incorporaciones de otros géneros musicales a su música y, más allá de su faceta profesional, fue un auténtico icono cultural, además de un referente para el pueblo gitano, quien años después se ha convertido en un mito intergeneracional.

"Un extracto de fuego y de veneno, eso es el flamenco”. Así definía el bailaor Antonio Gades  este género musical tan íntimamente ligado a la historia de España. Si pensamos en un personaje que encarna a la perfección estas palabras, ese es José Monje Cruz. Quizás estas señas puedan resultar confusas. Y es que su leyenda trascendió a la eternidad con otro nombre, un nombre que seguro no dejará indiferente a nadie: Camarón de la Isla.

Sus orígenes

Sus orígenes están ligados a localidad de San Fernando (Cádiz), concretamente al barrio de Las Callejuelas. Allí, crecería como uno más junto a sus siete hermanos, hijos del matrimonio entre el herrero gitano  Luis Monje  y la canastera Juana Cruz. El padre de José murió cuando este aún era un niño, pero dicen que transmitió a sus pequeños la pasión por el cante y que él mismo solía cantar para ellos aunque, en el caso de José, él mismo apuntó la influencia de su madre: “Mi madre cantaba pa rabiar, con muchísima personalidad. Puedo presumir de haberlo aprendido todo de ella”.

Hombre con chaqueta de cuero y camiseta blanca en una foto en blanco y negro.
Imagen de José Monje en su juventud. | Archivo

En cualquier caso, los rasgos físicos de José no encajaban con el prototipo de joven gitano. Su complexión era delgada y su piel y cabello, más claros de lo habitual. Por todo esto, su tío José lo rebautizó con el apelativo por el que se le conocería hasta el fin de sus días, Camarón. Mas tarde, en una alusión a su origen en San Fernando, ciudad de la Isla de León, popularmente conocida como “La Isla”, completó su nombre artístico: “Camarón de la Isla”.

Desde muy niño maravilló con su cante, que compaginaba con el trabajo en la herrería de su padre. Gracias al impulso de Manolo Caracol, se presentó al Festival de Montilla (Córdoba) en 1962, del que salió triunfador. Era el comienzo de su trayectoria como cantante profesional. Por las calles de San Fernando ya se oía el runrún de un niño prodigio, de un auténtico elegido de la tradición flamenca.

Ascenso imparable

Durante los siguientes años, Camarón se hizo un nombre en el mundillo, tomando parte en importantes templos del flamenco andaluz. Sevilla, Málaga y por supuesto Cádiz fueron testigos de su crecimiento. Pronto el sur se le quedó pequeño y con la compañía de Miguel de los Reyes viajó a Madrid. En la capital, su vida daría un giro de 180 grados pues allí, además de triunfar en las madrugadas de los tablaos madrileños, conocería a su otra mitad artística, el guitarrista Paco de Lucía.

La importancia de este dúo para el mundo del flamenco queda reflejada en declaraciones como las hechas por José Fernández Torres, alias “Tomatito” quien, en 2019, manifestaba en el diario ABC “Tú me pondrás en la historia del flamenco donde quieras, pero ellos (Paco de Lucía y Camarón) por encima, que no se te olvide nunca”.

El primer fruto de este mítico tándem llegaría en 1968, con “Al verte las flores lloran”. La música de Camarón en este momento seguía los cánones más puristas de la ortodoxia del cante jondo. Con el virtuoso algecireño trabajaría hasta 1977 grabando un total de ocho discos.

En lo personal, en 1976 se casó con Dolores Montoya, mejor conocida como “La Chispa”, la mujer de su vida. Con ella formaría toda una familia y tendría cuatro hijos: José “Joseillo”, Gema, Luis y Rocío. Para entonces, Camarón ya era una referencia musical y todo un ídolo para la comunidad gitana.

Un disco que lo cambió todo

Pese a los éxitos expuestos hasta el momento, lo que le encumbró verdaderamente a la cima fue el disco que grabó en 1979, “La leyenda del tiempo”. Se podrían dedicar años a escribir sobre la obra magna de Camarón. Ya sin Paco de Lucía a su lado, con el que se había distanciado por una confrontación relativa a los derechos creativos, esta vez con “Tomatito” a la guitarra, el gaditano se atrevió a incorporar a la música flamenca matices de géneros tan alejados de ella como el jazz o el rock.

Portada en blanco y negro del álbum
Portada del disco 'La leyenda del tiempo'. | Archivo

Fue una auténtica revolución que generó el enfrentamiento entre aquellos que lo identificaban como una transgresión al flamenco y quienes lo defendían como una genialidad. Camarón pretendía hacer accesible su música para el oyente poco habituado a escuchar flamenco manteniendo el carácter de la soleá, sí, pero añadiendo elementos que contribuyeran a su modernización.

El propio Camarón explicaba el fenómeno en una entrevista concedida a Diario 16 en 1982: “Hace falta imaginar, experimentar cosas y cambiar algo. Hace falta arriesgarse. Yo ya sabía de antemano lo que iba a pasar, claro. Es que los puristas no experimentan nada de nada. Si se queda uno solo con los puristas nos quedaríamos siempre en el mismo sitio. Están metidos en un círculo del que no se salen, y yo creo que hay que salirse un poco, ¿no? Experimentar”.

Un genio inigualable 

Como todo pionero que se precie, los comienzos no fueron fáciles y pagó muy caro lo que muchos de sus hasta entonces incondicionales calificaron como una traición, pues las ventas no cumplieron ni por asomo las expectativas generadas. Ya no había marcha atrás. Camarón siguió profundizando en el mestizaje musical incluyendo en sus temas instrumentos que nada tenían que ver con el clasicismo del género y colaborando con artistas musicales de toda clase.

Poco a poco, su versión “comercial” iba siendo asumida. Con la Royal Philarmonic Orchestra, a caballo entre Sevilla y Londres, grabó el disco “Soy gitano”, otro auténtico bombazo en el mundo del flamenco en el que, además, encumbró a su pueblo, ejerciendo de gran embajador de la comunidad calé a nivel mundial. “Con los años, cantas más templado, más caliente, porque has pasado más penas y fatigas. Y el flamenco es un canto triste”, llegó a afirmar. 

En 1992, año de las olimpiadas en Barcelona y de la Exposición Universal de Sevilla, Camarón tenía numerosos proyectos por delante. Sin embargo, una afección pulmonar empezó a minar su estado físico. El artista gaditano, que aquel año publicó “Potro de rabia y miel”, que sería su último disco, llevaba años fumando una cantidad ingente de tabaco y en ese sentido, el fantasma del cáncer de pulmón sobrevolaba su salud. Al final, fue precisamente esta grave enfermedad la que le arrebató la vida en septiembre de 1992, cuando solo tenía 41 años.

El incuestionable talento artístico del isleño siempre coexistió con sus problemas fuera de los escenarios. Su presunta adicción a drogas como la heroína o la cocaína fue un asunto muy controvertido. El accidente de tráfico en el que se vio implicado en 1986 y en el que fue condenado a un año de prisión por imprudencia temeraria (aunque no llegaría a ser recluido) o su detención por insultar a un agente de la ley en un 1988 fueron algunos de sus episodios más polémicos.

Sin embargo, no cabe duda de que la sobreexposición mediática que sufrió derivó, en algunas ocasiones de forma muy injusta, en la difusión de rumores infundados que pretendían socavar su imagen. Aun así, nada pudo frenar el incontenible torrente que era su voz. Una voz con un duende inigualable, sentida, trágica en ocasiones, que desde el mismo día de su fallecimiento se convirtió en inmortal.  

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