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Una multitud de personas sentadas en sillas al aire libre observando un evento de boxeo en un ring, con edificios y luces de estadio en el fondo.
CULTURA

El escándalo del Teatro Real indigna a los trabajadores culturales en crisis.

Mientras los profesionales piden ayudas, el teatro público usa excusas comerciales.

El escándalo de lo sucedido en el Teatro Real de Madrid pone en la picota el sector de la cultura. Mientras, los profesionales del sector han lanzado la plataforma AlertaRoja para exigir ayudas a la cultura y defender que asistir a los diversos actos culturales (música, cine, teatro…) es algo seguro ya que se controlan los aforos, así como la distancia social.

Sin embargo, lo sucedido en el Real ha avergonzado a un sector que está siendo de los más castigados durante la crisis del Covid-19. “Seguro que el Teatro Real ha cumplido todas estas indicaciones, pero aparte de eso como gestores culturales y siendo un organismo público, tienen una responsabilidad en este sentido. Y esto es lo que no se puede permitir, que un teatro como el Real, que es simbólico en la cultura y en la gestión, no empatice con un asunto tan delicado”,  afirma  Maribel Mesón reconocida representante y productora teatral a Elcierredigital.com.

“Si desde el sector privado estamos haciendo una campaña potente y pregonando a los cuatro vientos que la cultura es segura, rompiéndonos los sesos diseñando protocolos seguros, para que el público se sienta tranquilo y podamos seguir trabajando, no podemos permitir que desde una entidad pública como es el Teatro Real, aun cumpliendo la normativa, no se moleste un poquito en reubicar al público asistente para que se sienta cómodo en una circunstancia especial como la que estamos viviendo”, añade Mesón.

Personas sentadas en sillas y gradas observando una proyección en un escenario con una pantalla grande.
En otros espectáculos sí que se respetan las normas sanitarias. | El Cierre Digital

Al margen de lo poco edificante de las imágenes, lo cierto es que el comunicado oficial del Teatro Real tampoco convence especialmente. “Después de analizar las posibles causas de la protesta de un grupo de espectadores que ha acudido el 20 de septiembre, a representación de Un ballo in maschera, que finalmente no ha podido llevarse a cabo, el Teatro Real lamenta mucho lo sucedido y expresa su comprensión con todos los espectadores que no se han sentido seguros en sus butacas, aunque se cumpliera escrupulosamente con la normativa sanitaria vigente en la actualidad, comprobada por la Policía que se ha desplazado anoche al Teatro”, explican.

La justificación para lo sucedido es que “quizás el origen de la disconformidad de una parte del público con la distribución de sus localidades en la sala se deba a los cambios en el protocolo de seguridad sanitaria adoptado para las funciones de Un ballo in maschera, que no son los mismos que se aplicaron en las representaciones de La traviata en julio: se ha eliminado el precintado de las sillas y la obligatoriedad de dejar dos butacas vacías al lado de otras dos ocupadas, ya que ha variado también la normativa sanitaria de la Comunidad de Madrid”.

Sin embargo, lo achacan todo a una justificación de taquilla, es decir, económica ya que “en las funciones de La traviata no salieron a la venta las localidades previamente bloqueadas y en Un ballo in maschera se ha dejado venta libre hasta completar el 65 por ciento del aforo total de la sala, cuando el máximo autorizado por la Comunidad de Madrid era ayer de un 75 por ciento”.  Una excusa comercial para una institución que depende directamente del Ministerio de Cultura y su existencia se justifica en tanto en cuanto es un agente dinamizador de la cultura.

Un escándalo politizado

Más allá de la polémica y el daño que provoca este hecho a un sector machacado por la crisis del Covid-19, también, como suele suceder de un tiempo a estar parte, el asunto se ha politizado.

Una multitud de personas sentadas en sillas al aire libre observando un evento de boxeo en un ring, con edificios y luces de estadio en el fondo.
Producciones más modestas que las del Real sí que velan porque la cultura sea segura. | El Cierre Digital

Uno de los que lo ha hecho, ha sido el portavoz de Unidas Podemos, Pablo Echenique que ha decidido utilizar el asunto para criticar a la presidenta de la Comunidad de Madrid Isabel Díaz Ayuso.

“Anoche la gente obligó a suspender la obra en el Teatro Real porque habían hacinado a los de las entradas más baratas. Eso sí, distancia de seguridad para los que pueden pagarla. Metáfora perfecta de las medidas clasistas e irresponsables de Ayuso y Aguado para Madrid”, escribía el político en Twitter.

Sin embargo, Echenique parecía olvidar que esta institución, el Teatro Real es dependiente del Ministerio de Cultura que preside Rodríguez Uribes, del PSOE, y por tanto miembro del Gobierno en coalición entre los socialistas y Unidas Podemos.

“Ay Echenique pues habla con el Ministro de Cultura de VUESTRO gobierno que como patrono de la Fundación del Teatro Real es el responsable ¡LISTO!” fue alguna de las respuestas que recibió el político.

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