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Un hombre con bigote sentado junto a una bandera de España y un cartel que dice "Entre ayer y mañana".
CULTURA

'Entre ayer y mañana' (III): Cuando la corrupción ahogó a la Monarquía en 1865

El político gaditano Emilio Castelar, reconocido orador español y precursor de la Democracia cristiana.

Emilio Castelar fue, al decir de su mejor biógrafa, Carmen Llorca, el precursor de la Democracia cristiana. Castelar pasó a la Historia por ser el mejor orador español de todos los tiempos ("Dios es grande en el Sinai") y cuarto Presidente de la Primera República, pero el retrovisor (“La Razón”) le recuerda porque tal día como hoy del año 1865 fue expulsado de su Cátedra de la Universidad de Madrid, como castigo por la publicación en "La Democracia" de un artículo que se cargó de momento al Gobierno y a punto estuvo de cargarse a la Monarquía.

Lo tituló "El Rasgo" y en realidad era un ataque feroz contra los manejos económicos de la reina Isabel II. Aquel artículo y la expulsión de su cátedra originó un movimiento estudiantil que terminó la terrible "Noche de San Daniel", cuando corrió la sangre por la Puerta del Sol y la calle del Arenal al repeler la policía la manifestación de los estudiantes.

Pero antes de seguir es conveniente que lean ustedes el texto íntegro de aquel artículo que provocó casi una Guerra Civil y que por diversas causas ha sido “escondido” por tirios y troyanos. Son esos pasajes, esos pequeños acontecimientos, esas oscuras corrupciones, esos extravagantes personajes los que mejor que nadie supo recoger don Benito Pérez Galdós en sus “Episodios Nacionales” y en sus novelas (¿o no es extravagante recordar, como haré otro día, el escándalo de aquella Duquesa rival de la de Goya que tenía dos amantes fijos y que para verse con ellos les había dado día y fecha: a uno le correspondía ir a su casa y acostarse con ella los lunes, miércoles y viernes y al otro martes, jueves y sábados, y los domingos se los dedicaba al Duque, su esposo legal?).

'El rasgo'

“Los periódicos reaccionarios de todos los matices nos han atronado los oídos en estos últimos días con la expansión de su ruidoso entusiasmo, de sus himnos pindáricos; verdadero "deliriums tremens" de la adulación cortesana. Según ellos, no la casta Berenguela, ni la animosa María de Molina, ni la generosa Sancha, ni la grande Isabel, ni Reina alguna desde Semíramis hasta María Luisa, han tenido inspiración semejante a la inspiración que registrarán con gloria nuestros anales y escribirán con letras de oro los agradecidos pueblos en bruñidos mármoles.

Vamos a ver con serena imparcialidad qué resta, en último termino, del celebrado rasgo. Resta primero una grande ilegalidad. En los países constitucionales el Rey debe contar por única renta la lista civil, el estipendio que las Cortes le decretan para sostener su dignidad. Impidiendo al Rey tener una existencia aparte, una propiedad, como Rey, aparte de los presupuestos generales del país, se consigue unirlo íntimamente con el pueblo.

Hace mucho tiempo que se viene encareciendo cuánto podían servir para sacar de apurtos al Erario los bienes patrimoniales de la Corona. Y, sin embargo, nada, absolutamente nada se sacará ahora; nada. La Reina se reserva los tesoros de nuestras artes, los feraces territorios de Aranjuez, el Pardo, la Casa de Campo, la Moncloa, San Lorenzo, el Retiro, San Ildefonso: más de cien leguas cuadradas, donde no podrá dar sus frutos el trabajo libre, donde la amortización extenderá su lepra cancerosa. El Valle de Alcudia, que es la la principal riqueza del Patrimonio, compuesto de ciento veinte millares de tierra, no podrá ser desamortizado a causa de no pertenecer a la Corona, y, según sentencias últimas, pertenece a los herederos de Godoy.

Un hombre mayor con bigote sentado en una silla antigua en una habitación decorada con muebles y tapices elaborados.
Emilio Castelar. | El Cierre Digital

En igual caso se encuentra la riquísima finca de la Albufera, traspasada por Carlos IV a Godoy en cambio de unas dehesas de Aranjuez y unos terrenos de Moncloa. Si después de esto se transmite a la Corona el veinticinco por ciento de cuanto haya de venderse, quisiéramos que nos dijesen los periódicos reaccionarios que resta del tan celebrado rasgo, qué resta sino un grande y terrible desencanto.

Los bienes que se reserva el Patrimonio son inmensos: el veinticinco por ciento, desproporcionado; la Comisión que ha de hacer las divisiones y el deslinde de las tierras, tan tarda como las que deslindan de los bienes del Clero; y en último resultado, lo que reste del botín que acapara sin derecho el Patrimonio vendrá a engordar a una docena de traficantes, de usureros, en vez de ceder en beneficio del pueblo. Véase, pues, si tenemos razón; véase si tenemos derechos para protestar contra ese proyecto de Ley, que, desde el punto de vista político, es una engaño; desde el punto de vista legal, un gran desacato a la ley; desde el punto de vista popular, una amenaza a los intereses del pueblo, y desde todos los puntos de vista uno de esos amaños de que el partido moderado se vale para sostenerse en un Poder que la voluntad de la nación rechaza; que la conciencia de la nación maldice.” (Emilio Castelar, en el periódico La Democracia, de 25 de febrero de 1865.)

Dios, y qué razón tienen los que dicen que los españoles son tan tontos que no una sino mil veces repiten la Historia. Aquellos Gobiernos del final del Reinado de Isabel II habían llevado a España a tal situación económica que el histórico Imperio donde nunca se ponía el Sol era ya un buque hundido. La corrupción imperaba a todos los niveles y las arcas del Estado estaban tan vacías que los Ministros ya no sabían de dónde sacar (“o robar”) nuevos impuestos. Hasta el punto según contaba mi viejo amigo periodístico el “Caballero Audaz” llegó un día que en el Palacio Real se quedaron sin comer porque nada había que llevarse a la boca.

En ese estado fue cuando al listo de Narváez y los suyos se les ocurrió repetir la operación del Marqués de Salamanca en los años 30 del siglo: apropiarse de todos los bienes del Estado que pasaban de la noche a la mañana a ser propiedad de la Reina y a su vez la Reina los devolvía al Estado, pero quedándose con un 25% (o sea, algo parecido al 3% de los listos de Cataluña).

Por ello no es de extrañar que el Gobierno montara a caballo y a diestra y siniestra clausurara casi todos los periódicos e hiciera una limpieza de Catedráticos en la Universidad. El propio Castelar fue destituido por Decreto. Ello motivó a lo que pasaría a la Historia como “Noche de San Daniel”, la represión criminal que hizo el Gobierno de una manifestación de estudiantes que ocuparon la Puerta del Sol de Madrid y la Calle Arenal, donde una carga de la Guardia Nacional produjo 14 muertos y 193 heridos.

...Y tres años después la Revolución de Prim, Serrano y Topete (que pasaría a la Historia como “La Gloriosa”) arrojarían de España a Isabel II, a la Monarquía y a los Borbones... con aquellas frases que el mismísimo Prim pronunció en el Hemiciclo del Congreso cuando ya era Presidente del Gobierno: “No se engañen, Señorías, mientras yo viva los Borbones jamás volverán a España! ¡Jamás! ¡Jamás! ¡Jamás!”.

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