08 de julio de 2020
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FIN DE SEMANA

El cantautor de 33 años fallecía en extrañas circunstancias solo 14 días después de hacerlo su madre Lola Flores, algo que lo hundió en una depresión

Antonio Flores: Desvelamos sus últimos días cuando se van a cumplir 25 años de su muerte

Antonio Flores.
Antonio Flores.
Tenía 33 años y, a pesar de su juventud, era uno de los cantautores del momento. Antonio González Flores consiguió construir una trayectoria más allá del mito de su madre, Lola Flores. Sin embargo, no pudo sobrellevar la desaparición de 'La Faraona' y 14 días después de la muerte de Lola,el cuerpo del joven era hallado en la casa familiar de 'El Lerele'. Un final abrupto y sorprendente que asestó un nuevo golpe a la familia Flores y conmocionó al país.

Cuando aún España no había olvidado los fastos fúnebres de Lola Flores, el apellido de la ‘La Faraona’ volvió a estremecer al país. Catorce días después de la muerte de la cantante, su hijo Antonio era encontrado sin vida en la mansión familiar de El Lerele, en la madrileña urbanización de La Moraleja. Con visos de tragedia griega, Antonio González Flores no superó la desaparición de su madre que anotó un tanto más a su halo de diosa pagana: la del sacrificio humano, de un hijo que, además, pasó a engrosar la larga nómina de los caídos de la 'Movida'.

Tenía 33 años y había triunfado como cantante, compositor y actor de cine. Fue el 30 de mayo de 1995 cuando su cuerpo fue hallado sin vida. Antonio no estaba sólo en la cabaña que se había construido para él en el jardín de la casa familiar. Le acompañaban las hermanas Chamorro, coristas y bailarinas del músico, en esos días en los que la depresión por la desaparición de su madre lo dominaba. Dormían al lado del dormitorio del cantautor ya que, pese a lo que luego han contado las propias interesadas, el único hijo varón de ‘La Faraona’ mantenía en esos momentos una relación sentimental con una azafata de vuelo llamada Vicky.

Antonio estaba muy unido a su madre Lola Flores. 

Según publicó en su día Interviú, las hermanas escucharon a Antonio levantarse y lanzarse a la piscina entorno a las dos de la madrugada. El autor de No dudaría había tomado tres pastillas para dormir acompañadas de varios cubalibres. Fueron ellas también quienes encontraron el cuerpo sin vida del artista cuando se disponían a despertarle a las nueve de la mañana, reposando sobre la cama vestido con pantalones cortos y camiseta, y con el rostro relajado. En ese momento una de las hermanas Chamorro, Irene, salió corriendo hacia el interior la casa, donde se encontraba ya despierto Antonio González ‘El Pescaílla’. Irene tomó la decisión de trasladar al viudo de Lola Flores a la casa de Lolita para evitar el impacto que podría suponer descubrir a su hijo muerto dos semanas después de haber perdido a la mujer con al que convivió más de 35 años y con la que había formado una familia.

Fue el servicio de la casa los que avisaron a la Lolita la mayor del clan y a Rosario, la hermana pequeña que estaba especialmente unida a Antonio, autor, además, de sus éxitos musicales.

Antonio Flores triunfó como cantante. 

Cuando la noticia se hizo pública la conmoción entre gentes del espectáculo, la cultura y el público en general fue inmensa. Las emisoras de radio comenzaron a programar sus canciones más conocidas y Carmen Sevilla, que fuera íntima amiga de su madre y madrina de bautismo de Rosario, sufrió un shock cuando recibió la noticia preparándose para ir a los estudios de Telecinco donde entonces presentaba el Telecupón. Cuando se repuso, la actriz decidió no acudir a la cadena de televisión y poner rumbo al Lerele y después al tanatorio de la M-30 donde se trasladó el cuerpo del joven. No lo hizo su padre ‘El Pescaílla’, como tampoco al entierro en La Almudena (el 31 de mayo), incapaz de aguantar el dolor por lo sucedido.

Sí lo hizo su exmujer Ana Villa ya entonces separada del cantante y con el que había tenido una hija, Alba, que entonces tenía 9 años y hoy triunfa como actriz en la serie La casa de papel.

La sombra del caballo

Antonio Flores, como gran parte de su generación, conoció el infierno de la adicción a la heroína. Su dependencia fue de dominio público así como su lucha para desintoxicarse. Fue en esos momentos cuando su vínculo, ya de por sí estrecho, con su madre se hizo aún más fuerte. ‘La Faraona’, despojaba de su aura de icono, quedó así a la digna altura de tantas madres de la época se convertían en las compañeras de viaje de su vástagos por el sombrío campo de toxicomanía.

Lola Flores hizo un desgarrador retrato de lo pasado en una entrevista realizada por Carmen Rigalt y publicada en El Mundo el 23 de julio de 1994: “Llegué al extremo de querer tomarme un tubo de pastillas o tirarme por la ventana. No podía más, había agotado la capacidad de sufrimiento. Mi hijo ha estado como siete veces a la muerte, ha tenido todos los accidentes de coche habidos y por haber. Y luego, con la droga, prácticamente lo daban por muerto en Buenos Aires, que me llamó Lolita y me lo dijo: ‘Mi hermano se muere, se muere…’. Y yo arrastrándome por la casa que teníamos alquilada en Pintor Juan Gris, arrastrándome de dolor y de impotencia… No quiero ni recordarlo, fueron unos años terribles, no puede imaginar lo que llegué a llorar… Si procuro callar estas cosas es por no molestarlo a él. Yo no soy madre coraje, pero las madres aguantamos lo que nos echen. Lo que me ha pasado a mí le puede pasar a cualquiera, ya puedes ser la más santa y más entregada del mundo. Yo he presumido de ser la mejor amiga de mis hijos, porque siempre he querido que me contaran sus cosas a mí antes que a nadie, y teniendo mi ojos puestos en el único varón, pues imagínese el drama”.

Antonio e Irene Chamorro. 

Así las cosas, no es extraño que se barajase durante años la sobredosis de heroína como causa de su fallecimiento. También el suicidio por no soportar la muerte de su madre.  Lo cierto es que desde la muerte de su madre, su familia no dejaba a Antonio ni a sol ni a sombra. Las Chamorro, su mánager, sus hermanas y sus cuñados le vigilaban con mimo. Estaban pendientes de él para recordarle cuándo tenía que tomar los tres calmantes diarios que le había recetado el médico. Guillermo Furiase, su cuñado, le llamó horas antes de su muerte. Antonio le dijo que estaba tranquilo y que leía un libro sobre indios. A penas podía vivir el día a día con naturalidad. Hasta tal punto que tras la muerte de su madre sólo dio un último concierto en Pamplona donde era imposible no trasmitir el dolor que sentía.

Lolita y Rosario nunca han querido entrar en profundidad sobre el final de su hermano, más allá de recordar el dolor que supuso para él ser consciente de que ya no estaba su madre. Sin embargo, Irene Chamorro sí que ha hablado para Pronto sobre el final y descarta el suicidio como opción. “Sufrió un infarto, ésa fue la causa de su muerte. Estaba limpio. Miré la caja de pastillas y vi que seguían allí, no se había excedido con la dosis diaria. Se dijeron muchas mentiras sobre las causas de su fallecimiento”, ha explicado.

Lola y su hijo Antonio se fueron con apenas dos semanas de diferencia, después de haber dado al apellido Flores hitos de talento aún hoy vigentes en sus dos hermas y la nueva generación de la familia destacada por Elena Furiase y Alba, aquella hija que Antonio dejó con nueve años.

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