20 de octubre de 2020
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FIN DE SEMANA

La actriz desarrolló una destacada carrera en teatro, cine y televisión a lo largo de más de 60 años

Cinco años sin Lina Morgan: Una herencia envenenada, una vida dramática y una muerte en soledad

Lina Morgan.
Lina Morgan.
Hace justo un lustro, nuestro país conocía consternado el fallecimiento de uno de sus rostros más conocidos. Lina Morgan, actriz que durante décadas hizo las delicias del público español, fallecía a causa de una neumonía, dejándonos huérfanos de su talento por siempre. En las siguientes líneas, repasamos los momentos más destacados de su gloriosa trayectoria vital.

María de los Ángeles López Segovia, más conocida por el nombre artístico de Lina Morgan, nos dejaba hace un lustro cuando contaba con 78 años. Una neumonía pudo finalmente con la fenomenal actriz y vedette española que llevaba meses combatiendo la enfermedad. Su historia, no obstante, es de esas que merecen ser contadas. Lina nació un 20 de marzo de 1936 en Madrid.

En aquel momento, la caída de las temidas bombas y el repiqueteo de las atronadoras ráfagas de disparos se sucedían en un país sumido en una guerra fratricida. La familia de Angelines, como la llamaban cariñosamente, afincada en el madrileño barrio de La Latina, era muy humilde. Su sustento principal era el empleo de su padre, Emilio López, como sastre. Su madre, Julia Segovia, era ama de casa y debía ocuparse de sus cinco hijos de la pareja (Lina era la cuarta).

La cruda realidad a la que tuvo que enfrentarse durante su niñez se materializó en su pronta salida del colegio para contribuir a la economía familiar, recogiendo botellas y cartones con cuya venta obtenía algo de dinero. Por suerte para ella, no tendría que esperar mucho para dedicarse a su auténtica pasión: el mundo del espectáculo. Con tan solo 11 años, comenzó a estudiar baile clásico español. Dos años después, sería seleccionada por el representante Pepe Cabo para debutar con la célebre compañía infantil de “Los Chavalillos de España”.

Una joven Lina Morgan.

Tras varias giras con esta compañía, Lina se introdujo en el mundo del teatro musical gracias al apoyo del influyente Alfonso del Real, que, al ver su ingente potencial, no dudó en convertirla en vedette. Poco a poco, iba granjeándose un nombre y su popularidad crecía. Trabajó como chica de conjunto en la Compañía de revistas Colsada tras haber falsificado su fecha de nacimiento (era más joven de lo permitido), una acción que le permitió el ingreso en dicha organización. 1956 sería el año de su ansiada oportunidad.

La compañía le ofreció su primer gran papel en la obra Mujeres o Diosas. Su mutación fue completa al adoptar un nombre artístico imborrable en la memoria del ciudadano español; “Lina Morgan”, un apodo “pirata” propuesto por su hermano. La pequeña y tierna Angelines daba paso a la incipiente Lina Morgan, que revolucionaría el negocio del espectáculo en España.

De Angelines a Lina Morgan, un ascenso imparable

A finales de los cincuenta, los directores y productores de cine posaron su foco en ella, fascinados por su belleza y talento, una combinación siempre sinónimo de éxito. De esta manera, comenzó el rodaje de sus primeros largometrajes: A El pobre García (1961) le seguirían Vampiresas de 1930 (1962), Objetivo, las estrellas (1963), Julieta engaña a Romeo (1965), Las que tienen que servir (1967) o Una pareja distinta (1974).

Paralelamente, Lina comienza a aparecer en Televisión Española de forma ininterrumpida en conocidos programas como Cita con el humor o Gran Parada. Del mismo modo, su éxito con la compañía Colsada no solo continuó, sino que se incrementó al colaborar con artistas de la talla de Juanito Navarro, con quien formó un dúo cómico sencillamente inolvidable.

Su clímax en el cine llegaría a partir de los setenta. En cintas como Soltera y madre en la vida (1969) o La tonta del bote (1970) ya era la protagonista indiscutible. España la adoraba. Posteriormente, Morgan montó su propia revista de teatro en el Teatro Barceló, una decisión que Lina lamentaría posteriormente, pues fue una decisión que no alcanzó el rédito económico deseado. Inmediatamente después, la actriz madrileña pasó al Teatro La Latina, del que se encariñó hasta tal punto que lo arrendó en 1978 para, finalmente, comprarlo en 1983 (sería de su propiedad hasta 2010, cuando lo vendió por 6,5 millones de euros al Grupo Focus).

Sea como fuere, con la obra ¡Vaya par de gemelas!, con la que recaudó más de 300 millones de pesetas en tres años, reanudó su trayectoria triunfal en los escenarios. El humor seguiría siendo la receta del éxito en sus siguientes obras; Sí al amor y El último tranvía. Su prolífica carrera se apuntó un capítulo más en los 90, cuando decidió dar el salto a la comedia musical con la obra Celeste no es un color. Desde mediados esta década, comenzó a aparecer asiduamente en multitud de series televisivas. Compuesta y sin novio y Hostal Royal Manzanares (serie en la que se llegó a embolsar 240.000 euros por capítulo en 1996) son sus proyectos más recordados.

Un final amargo para una mujer eterna

Morgan era santo y seña de la industria audiovisual y el negocio teatral en España, como prueban la infinitud de premios que obtuvo a lo largo de su trayectoria. No obstante, una desgracia cambiaría para siempre su carrera. En 1995, fallecía uno de sus grandes apoyos, su hermano José Luis. Este trágico suceso frenó la actividad de Lina que, a partir de entonces, redujo significativamente su presencia en televisión. José Luis fue su mánager, su confidente y su gran aliado. La propia Lina lo calificó como “el amor de mi vida”. Nunca llegó a superar del todo su muerte. Pese a esto, aun tuvo tiempo para hacer algunas apariciones memorables en series como Aquí no hay quien viva o Escenas de matrimonio hasta que cayó enferma.

Morgan, junto a su hermano pequeño, José Luis.

Y es que, en 2013 fue hospitalizada durante 10 meses por una neumonía. Tras este periplo, decidió trasladarse a su domicilio, donde seguiría luchando hasta agosto de 2015, cuando, finalmente, murió. Se apagaba de esta forma la luz de una de nuestras embajadoras más conocidas. Lina fue una mujer que antepuso su carrera profesional al disfrute personal, una determinación valiente y llamativa para la época que le tocó vivir. Escogía a sus amistades con cuidado y su círculo de confianza era bastante reducido.

Nunca tuvo hijos, ni contrajo matrimonio y su vida privada siempre estuvo envuelta en un manto de misterio. Asimismo, mantuvo un perfil bajo que poco o nada tenía que ver con su descomunal fama. Según la información que trascendió tras su fallecimiento, su leal amigo y chófer Daniel Pontes, que llegó a ser su tutor legal, heredó buena de su fortuna. 

Daniel Pontes de Dios, al que culpan de que tuvo “secuestrada” a la artista en el final de su vida, fue el antiguo chofer de Lina Morgan  y se convirtió en su único contacto con el mundo, ya que tras la muerte de su hermana Julia y el fallecimiento de su ama de llaves de toda la vida, Lina Morgan se quedó sin otro contacto directo con el mundo real.

Daniel Pontes de Dios se convirtió en el administrador universal de la fortuna de la artista, que se estimó en unos nueve millones de euros, y además con poder de firma. Daniel Pontes figuró desde el año 2007 como administrador único de las dos grandes sociedades de Lina Morgan: una inmobiliaria (Telasa) y otra artística (Espectáculos Latina), con cerca de 5 millones de euros en activos.

Así, figuró como administrador único de Espectáculos Latina S.A., con domicilio en la cale Colon nº 11, de Madrid, y anteriormente figuraba en el propio Teatro de Latina propiedad de la artista. Su capital social con el que se creó fue de 462. 779  euros. Esta sociedad fue creada por Lina Morgan en abril de 1993 para levar “todas las actividades relativas a espectáculos escénicos y especialmente representaciones teatrales”. Esta sociedad desde el año 2007 al 2010, cuando la actriz todavía estaba bien de salud, tuvo unos ingresos totales de 4,5 millones de euros.

Venta del teatro La Latina

También Pontes figura como administrador único de la empresa inmobiliaria Telasa, situada en la calle Alonso Cano, y domicilio anterior en el Teatro de La Latina. Su capital social es de 745.255 euros y sus activos eran de 4.221.185 euros en el año 2011, el último año de entrega de cuentas en el Registro Mercantil. Su objeto social era “todas las operaciones relacionadas con la adquisicion y explotacion de inmuebles de alquiler”. Sus ingresos del 2009 al 2011 sumaron cerca de 4,5 millones de euros. Y fue creada en 1982.

Otra de las cuestiones más controvertidas, según las fuentes consultadas, fue la venta del inmueble del Teatro de La Latina, cuya propietaria desde principios de los años ochenta era la artista Lina Morgan, un edificio ubicado en la plaza de la Cebada, de Madrid. Tras varios negociaciones iniciales finalmente fue vendido en el año 2011 a la productora teatral catalana Focus por 6,5 millones. de euros. La adquisición se realizó a través de Focuspenta Teatros, una empresa integrada en el grupo Focus y participada a partes iguales por la productora catalana y la madrileña Pentacion.

El productor y presidente del Atlético de Madrid, Enrique Cerezo, también pujó por este teatro con dinero en efectivo. Cuando todo parecía que iba bien y que el teatro se lo quedaría Cerezo parece que el chófer Daniel Pontes pidió una comisión de 30.000 euros euros por el éxito de la operación, según ratificó el propio Cerezo, y el acuerdo finalmente se rompió. “Yo se lo iba a dar, como suele ser habitual en estas ventas, pero despareció y nunca más se supo de él”, afirmó en su día el presidente del Atlético de Madrid. Que confirma que lo único que pedía la actriz para cerrar la operación era que “ostentara para siempre una posesión de gran valor sentimental para ella dentro del Teatro de la Latina: su palco y el despacho que fuera de su hermano José Luis”.

Pero la fortuna de Lina Morgan no sólo estaba solo en inmuebles y valores artísticos, sino que también gozaba de una valiosa colección de joyas, abrigos de pieles y lingotes de oro. Según cuenta una amiga suya, “Lina era así, muy conservadora. Y nos decía: “yo lo quiero todo en joyas y lingotes no vayan a venir los rojos y se llevan todo. Así no me lo pueden quitar. Lo puedo esconder y sacar cuando quiera”. Según el Registro de la Propiedad, su único inmueble era el piso de 290 metros cuadrados en el que residió, ubicado junto al Retiro.

Desde que su anterior gestor, cuarenta años a su lado, Ángel Gutiérrez, se marchó del negocio, dicen algunos que la traicionó, otros muchos que le apartaron bruscamente para quitarlo de en medio “como a todos los que molestaban”, Pontes fue el único que se encargó de sus asuntos hasta el final de sus días.

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