18 de septiembre de 2020
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FIN DE SEMANA

El diestro gaditano, que ya tiene 80 años, incluso ingresó en prisión por intentar agredir al presunto amante de su esposa

Sesenta años de la alternativa de Rafael de Paula: Un matador gitano de leyenda

Rafael de Paula.
Rafael de Paula.
Se cumplen sesenta años de la alternativa de uno de los toreros más recordados de nuestro país, Rafael de Paula. Su estilo, apático y, al mismo tiempo, de soberbia finura, ha dejado un grato recuerdo en los aficionados a la tauromaquia. Hoy, recordamos la trayectoria del fenomenal diestro gitano, marcada por el contraste entre la regularidad y la lucidez, y salpicada por sus escándalos fuera de los ruedos.

Hace sesenta años que el mundo del toro presenció la presentación en sociedad de uno de sus más ilustres exponentes. El 9 de septiembre de 1960, en la mítica Maestranza de Ronda (Málaga), el diestro Julio Aparicio daba la alternativa a un novillero que dejaría una huella imborrable entre los amantes del toro. Se trataba del genial torero gitano Rafael Soto Moreno, más conocido como Rafael de Paula.

Aquel día, Paula se doctoró cortando dos orejas de los toros de Atanasio Fernández. Así daba comienzo una carrera irregular, sí, pero marcada por una genialidad de la que solo pueden presumir aquellos bendecidos por el toque de una varita que genera la magia más poderosa. Antes llegar a este momento clave en la vida del torero gitano, conviene echar la vista atrás y viajar hacia el sur.

Y es que nuestro protagonista de hoy nació en Jerez de la Frontera (Cádiz) en 1940. Era hijo de cochero y su infancia estuvo condicionada por los popularmente conocidos como “años del hambre” en España, que sucedieron a la Guerra Civil. Desde niño, se impregnó de la atmósfera taurina que envuelve el barrio de Santiago, pero, al contrario de lo que se pudiera imaginar, su eclosión en la tauromaquia fue más bien tardía.

No sería hasta los 16 años que empezaría hacer sus primeros pinitos con el capote. La plaza de toros de Ronda (Málaga) sería el escenario donde se enfundaría su primer traje de luces, allá por mayo de 1957. Quienes presenciaron su génesis en la tauromaquia pronto fueron conscientes de su ingente talento, un talento con el que se nace, de esos que no se enseñan ni se aprenden.

Un joven Rafael de Paula.

Entre sus promotores iniciales, sobresale la figura del matador Juan Belmonte, que veía en Paula la madera de los grandes. Así, el entonces novillero gitano debutó en su localidad natal en 1958, en un concurso de varilargueros. Allí, los temibles bóvidos del propio Belmonte le pondrían a prueba.

A lo largo de los meses siguientes, Rafael de Paula se presentaría en dos ciudades míticas en el contexto de la tauromaquia española, Sevilla y Madrid. En Las Ventas de Madrid, templo por antonomasia de este arte en nuestro país, mostraría un nivel muy por debajo de lo habitual durante la tarde del 29 de junio de 1959, la primera vez que hacía acto de presencia en este enclave, lo que sería una constante a lo largo de su trayectoria en la capital española.  

Sea como fuere, en 1960, el jerezano se sentía preparado y decidió cerrar el círculo en el lugar donde todo empezó, la plaza de toros de Ronda. Sobre la arena malagueña, desplegó todo su talento. Los toros de Atanasio Fernández no fueron rivales para el lidiador gitano, y sus faenas fueron premiadas con dos aurículas de los bravos animales. Antonio Ordoñez Araujo acudió a la cita en calidad de testigo. Además, no faltó en la plaza la inconfundible coleta de su padrino, el maestro Julio Aparicio Martínez.

Sin embargo, lo que parecía el comienzo de una trayectoria meteórica pronto se truncaría. Los siguientes años fueron duros para nuestro protagonista, que se enfrentó a serias dificultades para cerrar contratos. Afortunadamente, Paula siempre fue profeta en su tierra y en junio de 1964 protagonizó una actuación sublime, dando muerte a seis astados en la plaza de toros de Jerez. Aquel momento de brillantez suprema fue el comienzo de una destacada carrera, aunque reducida durante la siguiente década a la esfera andaluza.

Viajaría a Madrid diez años después. Nuevamente, como si de una maldición se tratase, fue incapaz de mostrar su mejor versión en Las Ventas, aunque en esta ocasión, un magistral quite arrancó la ovación de uno de los públicos más exigentes. Poco después, hallaría la redención en el circo de Vista Alegre. Allí, en una jornada en la que compartía cartel con otras dos leyendas del arte taurino, “Curro Romero” y “Antonio Bienvenida”, triunfó finalmente, recibiendo dos orejas. Tras la victoria, nadie volvió a dudar de la categoría de Paula, quien pasó a torear a por todo el territorio nacional.

No obstante, algunas voces opinan que jamás alcanzó la cima del máximo nivel. Como el más melancólico de los artistas, la lucidez y el brío que mostraba en determinadas citas contrastaban con un frágil estado de salud canalizado en sus rodillas y, sobre todo, con un precario manejo de la espada. Del mismo modo, no ayudaban la desidia y el desaliño que se le intuía en sus gestos, en sus miradas, en su forma de torear. Pese a ello, los entendidos sostienen que ni siquiera su indolencia podía eclipsar su pericia con el capote. Tenía duende, una muñeca prodigiosa y el tacto del más fino estilista.

El 17 de mayo 1979, nuevamente en su tierra natal, sus paisanos pudieron disfrutar de la que posiblemente fue la más recordada faena de toda su carrera. Aquella tarde estival, se le premiaría con el rabo y las dos orejas del toro “Sedoso”, al que toreó con una habilidad sin parangón. Fue tal la magnitud de la faena, que la hazaña se conmemoró con una placa de bronce que impedirá que su recuerdo caiga en el olvido.

Romanticismo sin límites

En lo personal, en una vida como la de Paula no podían faltar tintes trágicos, pinceladas de un romanticismo que se solapa con un odio sin límites. La línea que separa ambas emociones es ciertamente muy tenue. En este sentido, el diestro llegó a ingresar en prisión por un delito de inducción al allanamiento de morada, con intimidación contra el supuesto amante de su esposa. Años después de este episodio, ya venido a menos, acabaría retirándose en el año 2000. Su adiós a los ruedos fue, como su llegada, progresivo, fugaz, casi poético.

Pese a los sentidos homenajes que ha recibido en el mundo del toreo (fue condecorado con la medalla de oro de las Bellas artes en 2002), su figura se ha ido opacando sin remedio en los últimos tiempos. El escándalo se volvió a cernir sobre él cuando presuntamente trató de agredir a su abogado con un cuchillo y una azada. Asimismo, se conoce que lleva años atravesando serias dificultades económicas. Un sombrío crepúsculo para el irrepetible diestro gitano, que actualmente cuenta con 80 primaveras.

Desde que dejó la arena de las plazas, los seguidores de la tauromaquia quedaron privados de uno de sus más taciturnos y, al mismo tiempo, brillantes ídolos. Ahora, solo les queda el regocijo del recuerdo indeleble de sus faenas en las tardes de verano.

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