02 de julio de 2022
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FIN DE SEMANA

El intérprete español e impulsor de esta plataforma pretende visibilizar a actores, actrices y artistas de procedencias diversas en todas las artes

Armando Buika, actor: "Ser negro no significa hablar de pateras o de saltar la valla"

Armando Buika.
Armando Buika. / Actor y fundador de la plataforma Black View.
Armando Buika, actor y fundador de la plataforma Black View, cuya misión es la de convertir los pequeños gestos que combaten las desigualdades en un caudal para visibilizar a actores, actrices y artistas de procedencias diversas, asegura a elcierredigital.com que “en España pensamos en blanco. Cuando hablamos de diversidad e inclusión para la mujer, por ejemplo, se habla de la mujer blanca”. Su objetivo es "permitir que todos podamos expresarnos en un espacio hasta ahora cerrado a la diversidad"

España es monocromática. A pesar de que por la calle se ven infinidad de latinos, negros, chinos, gitanos, árabes, judíos o indios, en la ficción la situación cambia. Al ir al cine, sentarse en el teatro o encender la televisión, la representación de las personas racializadas es prácticamente inexistente. Por mucho que se hayan creado departamentos de justicia y políticas sociales y un Ministerio de Igualdad, según su opinión, en el imaginario colectivo a una persona negra se la relaciona con el top manta y a una latina con el personal de servicio.

Hay fenómenos transnacionales como ocurre con el duque de Hastings en los Bridgerton, interpretado por el actor negro Regé-Jean Page, que se volvió viral más que por su color de piel por su tremendo atractivo físico. Pero este caso es una gotita en un inmenso océano.

Armando Buika, actor y fundador de la plataforma Black View, cuya misión es la de convertir esa pequeña gota en un caudal para visibilizar a actores, actrices y artistas de procedencias diversas asegura a elcierredigital.com que “en España pensamos en blanco. Cuando hablamos de diversidad e inclusión para la mujer, por ejemplo, se habla de la mujer blanca”.

En exclusiva para elcierredigital.com, Armando nos confirma que hace unos días se reunieron en la sede del PSOE en Ferraz para hablar de la discriminación existente en las artes. En el encuentro estuvieron Manuela Villa, secretaria de Cultura y Deportes, y Farid Othman-Bentria, politólogo y sociólogo marroquí.

Manuela Villa, Armando Buika y Farid Othman-Bentria.

“Por primera vez nos hemos reunido con un partido político. Ha sido un encuentro interesante donde estaban representantes de la cultura árabe, china, japonesa, latina y afro. Les hemos dicho que hay que trabajar desde el documento para la nueva Ley de Ayuda Audiovisual porque no aparece la palabra diversidad. Ha habido cierta cercanía e interés. La pelota está en su tejado. Les hemos contado nuestras inquietudes, pensamientos y sentimientos. Por primera vez no somos nosotros los que tenemos que estar a la altura, son ellos. Ya han visto los que representamos las minorías de perfiles étnicos raciales de este país”, asegura.

-¿Cómo está la situación en el sector audiovisual?

-Ha habido cierto revuelo entre las productoras independientes. Cuando revisamos el Plan de Impulso al Sector Audiovisual, en el apartado de inclusión se habla de la mujer, pero no se dice nada de la diversidad. Son dos nociones completamente diferentes. Inclusión está vinculado a personas discapacitadas o del colectivo LGTBI y la diversidad es sobre las personas racializadas. Pero ojo, que dentro de estas últimas también puede haber gente con diferentes identidades de género. Por ejemplo, una de los miembros de Black View es una actriz negra transexual. Me suele decir: “No sabes lo que pasé hasta que me cambiaron el DNI y encima, por ser negra”.

-¿Quién pone las trabas?

-Nos encontramos ante un sistema establecido y, por ello, el problema se queda en la superficie. Presentamos un proyecto al Centro Dramático Nacional (CDN) y el director no lo aceptó. Se trataba de un taller-laboratorio de experimentación teatral con perfiles étnicos raciales. Nos dijo que no porque no estaba abierto a todos y que era arriesgado. ¿De qué tenía miedo?. Es una pena porque los países avanzados tienen talleres de este tipo. ¡Pero si hasta en los países nórdicos, que más blancos no pueden ser, hay becas para que las personas raciales satisfagan sus proyectos gratuitamente! Hace falta más reflexión.

-Los castings tienen que ser una odisea.

-Pero si hasta me han dicho que hable como un negro y yo les contesto: “Pues díganme cómo lo hace un negro”. Aún hay demasiados estigmas y prejuicios. De hecho, cuando veo que buscan a un actor de complexión fuerte, 184 cm de estatura y con buena dicción yo sobreentiendo que va dirigido a un blanco. Sigo trabajando sobre mí mismo ante esta situación.

-Difíciles de erradicar.

-El diálogo es fundamental. Me da la sensación de que la gente piensa que nosotros hablamos de los muertos en el Mediterráneo, de pateras, de saltar la valla… Ser negro no significa eso, no es solo preocuparse de los manteros. Ser negro y español también significa preocuparse porque sube la luz, no tener trabajo, no poder desarrollar mi carrera, darnos la oportunidad para hablar de microeconomía o física cuántica, etc.

-¿Qué dice al respecto La Academia?

-Se supone que es la Academia de todos los españoles, pero no estamos representados. Cuando compramos los derechos del documental Regard Noir (Mirada negra) de las directoras Aïssa Maïga e Isabelle Simeoni, que ofrece una visión sobre la situación de las personas racializadas en el sector, la primera reacción fue “¿qué queréis?”. Les enviamos un dosier y la forma de hablarnos fue… Nos costó mucho hacer una velada para los académicos. Sin embargo, solo vinieron dos, el director Benito Zambrano y la directora de casting Tonucha Vidal, y porque les invitamos nosotros. Nos dijeron que había otro más entre el público. Les propusimos traer a las realizadoras, que ellos pagaran el viaje y la estancia, pero nos contestaron que no colaboran con este tipo de proyectos.

Armando Buika junto a compañeros de profesión en La Academia de Cine.

-¿Qué balance haces de esta experiencia?

-Fue un hecho histórico ya que era la primera vez que se nos permitía expresarnos en un espacio hasta ahora cerrado a la diversidad.

-Sin embargo, poco a poco las plataformas de streaming os van teniendo en cuenta.

-De forma tímida, Netflix está probando un acercamiento pero siguen sin contar con las organizaciones que pueden dar visibilidad al tema. De nada sirve que destines dinero para talleres si no escoges a personas que están trabajando en comunidades de personas étnicas. Disney tiene un departamento de diversidad e inclusión, pero todo va muy despacito. Los directores de casting ya están preparándose porque las plataformas vienen pisando fuerte.

-Ahí está el ejemplo de los Bridgerton.

-Son modas. En el terreno de la ficción te puedes mover libremente. Sin embargo, soy cauto con crear demasiada diversidad porque cambiar la piel de personajes históricos es peligroso y arriesgado. Ya lo hicieron al convertir en negra a Cleopatra, se barajó la posibilidad de que Idris Elba fuera el nuevo 007 y no, James Bond que es blanco. Si luego se quiere crear un agente doble 0 pues que sea negro. Dejemos de agitar a la gente porque con cada movimiento que se hace hay una resistencia en sentido contrario. Creemos personajes nuevos. Hay negros con historias maravillosas por contar.

-Aunque Estados Unidos nos lleva la delantera llama la atención que a Sofía Vergara, una de las mujeres más poderosas del espectáculo, le obliguen a teñirse el pelo para parecer más latina.

-Es alucinante. Cuando hablamos de la industria americana me pierdo porque tienen su propio código. Pero ya va siendo hora de que dejemos de verlos como referentes porque su problemática no tiene nada que ver con la nuestra.

-¿En qué sentido?

-Nos da mucha rabia que nuestra lucha se mimetice con la de ellos. Otra cosa son las muertes en el mar por alcanzar un sueño, la regularización de los inmigrantes temporeros, la cuestión de los manteros o la lucha de los españoles racializados intentando conseguir más oportunidades laborales.

-Sorprende cuando en nuestro país hemos dado pasos de gigante con respecto al colectivo LGTBI.

-Este tiene unos lobbies muy potentes y poderosos. Con el #BlackLifeMatter parecía que todo iba a saltar por los aires pero de nada sirve que pongas la pantalla en negro por imagen si a los tres días sigues haciendo lo mismo que antes.

-¿Y entonces?

-Ha de existir una alianza entre instituciones y grupos a favor que quieran este cambio para fomentar la diversidad en la representación de grupos étnicos raciales entre los actores, los técnicos, los directores, los guionistas… No conseguiremos nada hasta que no nos sentemos con los políticos.

Pero hecha la ley, hecha la trampa. La Constitución dice que no se puede discriminar a nadie por sus creencias o su color de piel. España no es blanca y cuanto antes se reconozca, mejor. Ha de existir cuanto antes un diálogo con los partidos políticos. Si no lo hacemos, estaremos dando vueltas a lo mismo. Es absurdo.

Estreno de West Side Story.

-Toda esta situación conlleva serios problemas de identidad.

-¡Por supuesto!. Parece una tontería que un grupo de actores se esté quejando pero en realidad hablamos de la sociedad española. Hay una falta de visibilidad y de oportunidad. Hacer creer a los adolescentes a través de la ficción que se puede ser lo que se quiera no es transmitir el mensaje correcto. Tenemos una generación de gente joven completamente perdida, sin tener ni puñetera idea de por qué son diferentes, qué hacen aquí y nadie dice nada. Desde la educación no se hace nada. En cualquier país hay materias para saber el origen.

-¿Lo has vivido en carne propia?

-Y sigo en esa lucha, en ese encuentro con mi propia identidad. Cuando tenía doce años mis únicos referentes eran Michael Jackson y Michael Jordan. Me sentía perdido porque en España no había nadie. Lo único que se veía por televisión era a niños negros con la tripa hinchada llena de moscas. Luego vinieron Bill Cosby, Cosas de casa, El príncipe de Bel Air… Pero en España, nada. Si metes un médico negro y los chavales lo ven, el mensaje cala.

-Sorpréndenos con lo que tuviste que lidiar de pequeño.

-Los niños me tocaban para ver si manchaba, me ponía cremas específicas o me quemaba el pelo con la plancha con tal de alisármelo. Quería ser como mis amigos blancos. Con unos 17 años supe que había un producto llamado Bleach que te pelaba la piel. No había internet, así que cuando venían los portaviones a la bahía de Palma de Mallorca me hacía amigo de los marines americanos y les pedía la crema si volvían a la isla.

-¿Cómo viviste la bofetada que le propinó Will Smith a Chris Rock en la pasada gala de los Oscar?

Los comentarios en las redes sociales me chocaron mucho. “Menos mal que el guantazo fue de un negro a otro negro”, decían muchos. ¡Vaya chorrada! ¿Y si hubiera sido de un musulmán a un judío o de un chino a un japonés? A Will Smith se le fue la olla, deduzco que lo suyo viene de lejos, pero su gesto fue de un machismo acérrimo, absurdo y ridículo. Su esposa (Jada) seguro que no necesitaba que la defendieran. Y luego hubo otros comentarios de mujeres del tipo “a todas nos gustaría tener un Will Smith que nos defienda”. ¡Terrible! Hay muchas mujeres tremendamente machistas.

-¿Se aprovechan de vosotros?

-Sí. Para muestra un botón. Antes de la pandemia contactó con nosotros el fotógrafo José Luis Simón porque quería hacer un reportaje para dar visibilidad a la gente afro. Se sumaba a una batalla que no le correspondía, pero lo importante es unir fuerzas. Black View le puso en contacto con todas las personas ya que la comunidad afro es muy delicada, no se fía… Y mira tú por dónde que tras el estado de alarma se montó la exposición ‘Somos Afro’ en el Museo Antropológico de Madrid. ¿Quién firmaba las fotos? Pues sí, llamé a José Luis para recriminarle que no nos citara, nos había engañado. El pájaro se había aprovechado. Me dijo: “Bueno, es que no podía hacer más fotos, la próxima vez os tendré en cuenta, desde que dejé de hablar contigo yo me puse en contacto con otros grupos…”. El fin lo aplaudo porque da visibilidad, pero no de la manera tan sucia de aprovecharse de nosotros.

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