17 de julio de 2019
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FIN DE SEMANA

Presenta su nuevo libro ‘Publicidad y secreto del proceso penal en la sociedad de la información’

Jaime Campaner, abogado penalista: "Hay letrados que entienden que en algunos casos deben hacer dos luchas, la judicial y la mediática"

El abogado Jaime Campaner.
El abogado Jaime Campaner.
Jaime Campaner tiene algo de abogado de película americana. Serio, aparentemente frío y de indudable atractivo, tiene el aire de esos letrados de película que hablan solo en el momento justo para rematar de forma brillante un juicio. Ahora Campaner presenta ‘Publicidad y secreto del proceso penal en la sociedad de la información’, su nueva monografía donde intenta buscar soluciones a la eterna lucha entre el derecho a la información y evitar las filtraciones judiciales.

Con 23 años acabó Derecho y auspiciado por Eduardo Valdivia, desde entonces ha participado en más de 700 procesos. Fue el abogado defensor de Salvador Trinxet, un asesor fiscal clave en el entramado Nóos, acusado de ser el cerebro internacional de la estructura societaria de Urdangarin y Diego Torres en Belice y Reino Unido. Ha llevado varios casos mediáticos como la acusación particular en el caso de ‘Luisito el Millonario’ o la defensa de Giovanni di Stefano, abogado de Sadam Hussein, en un proceso de extradición auspiciado por Tony Blair. Lo tiene todo para ser objetivo deseable por los medios de comunicación y, por ahora, ha sabido mantenerse en esa frontera difusa entre ser popular y mantener el misterio.

En su obra habla sobre la importancia de mantener el secreto del proceso judicial frente a los medios. A priori parece algo muy complicado y hasta contradictorio con el derecho a la información. ¿No cree?

Entran en litigio varios derechos y eso siempre es complicado. Supongo que lo mejor sería llegar a una cierta autorregulación, pero soy consciente de lo difícil que es eso. Tendría que haber una predisposición por todas las partes. Hay que buscar una forma de conciliar todos los derechos pues el interés de la Justicia y los derechos de la personalidad del investigado padecen demasiado cuando una instrucción judicial es pública.

Algo difícil de acotar serán las filtraciones. A la prensa, a veces nos llegan por partes interesadas que deciden dirimir los asuntos no solo en el tribunal sino también en los medios.

Es que eso se ha instalado como algo natural. Hay abogados que entienden que en algunos casos tienen que hacer dos luchas una, la judicial, y otra la mediática. Tienden a pensar que si no se adelantan ellos a filtrar lo va a hacer la otra parte o incluso los sujetos institucionales. Por supuesto esas filtraciones son sesgadas y, por tanto, interesadas. A mí me parece una importante falta de concienciación sobre el fin del proceso penal y hacen un flaco favor al proceso mismo.

¿No cree que a veces la Justicia de la sensación de estar alejada de la gente de a pie?

Efectivamente. El juez, como cualquier otro operador jurídico, utiliza un lenguaje técnico y aunque existen loables esfuerzos tendentes a que el mayor número de personas comprendan las resoluciones judiciales, el ciudadano medio carece de conocimientos jurídicos. Además, a pesar de que las sentencias son públicas y fácilmente accesibles, el ciudadano de a pie rara vez lee una sentencia, sino que la conoce ya “procesada” por uno o varios medios de comunicación, quienes ofrecen su interpretación (en ocasiones alejada de la realidad).

Los jueces deben hablar a través de sus sentencias y no hacer declaraciones o explicar su contenido. Entraríamos en un círculo vicioso y los jueces no podría hacer su trabajo, que por imperativo constitucional es “juzgar y hacer ejecutar lo juzgado”. No obstante, el Ministerio Fiscal está facultado para informar a la opinión pública de los acontecimientos que se produzcan, siempre en el ámbito de su competencia y con respeto al secreto del sumario.

En muchos casos la espectacularización de la Justicia viene provocada por la existencia de jueces y abogados estrella. ¿Cómo se ve esa realidad desde dentro?

Cada uno es dueño de sus actos y decide quién quiere ser. En un proceso judicial el protagonismo lo tiene que tener la aplicación de la ley. Ciertos comportamientos hacen que se desplace el punto de interés y eso no es bueno.

En su caso es un abogado joven, de carrera brillante, atractivo, llevando casos de relevancia mediática… lo tiene todo para ser abogado estrella. Supongo que habrá existido la tentación.

En mi caso he intentado siempre evitar cualquier tipo de protagonismo innecesario. Siempre hay cantos de sirena. Cuanto más joven eres más capacidad tienes de que te tienten. Yo he tratado desde el principio con temas mediáticos y es difícil pasar desaparecido. Dentro de la publicidad de esos casos siempre he querido tener un perfil bajo en la medida de lo posible. He tenido muchas veces un micrófono delante y siempre he intentado ser educado y no participar. Cuando se hizo pública la sentencia del Caso Nòos prefería evitar a los medios. Me había ido bien en el caso a nivel profesional, pero tampoco iba a hacer una celebración pública.

Jaime Campaner ante los medios de comunicación. 

Terminó a derecho a los 23 años y desde entonces ha tenido una carrera fulgurante. ¿No impone eso?

He tenido la suerte desde el principio estando en casos grandes. He tenido un gran mentor, muy generoso y confió en mí a pesar de la juventud y me puso en primera línea de combate. He tenido muy buenas oportunidades y creo que las he sabido aprovechar.

"He intentado siempre evitar cualquier tipo de protagonismo innecesario. Siempre hay cantos de sirena. Cuanto más joven eres más capacidad tienes de que te tienten."

¿Siempre tuvo claro que lo suyo era el Derecho?

Yo tendía a quedarme en la Universidad a tiempo completo, pero, por otro lado, me llamaba mucho la atención el ejercicio del Derecho y antes de acabar la carrera quise probar en un despacho y me corría la sangre por las venas, me di cuenta de que lo mío era la acción de los tribunales. A los 27 años comencé a dar clases como profesor asociado, pero al menos de momento no quiero que la docencia ocupe todo mi tiempo.

Dicen de usted que tiene fama de frío y de tener muy claro siempre cómo actuar. ¿Es cierto?

Me lo han dicho varias veces y la verdad es que me sorprende, porque yo siento la adrenalina y no me percibo así, pero creo que sí que contengo los nervios para evitar errores. Desde fueran siempre nos ven de otra manera.

Uno de los casos más llamativos de su carrera fue llevar la acusación de Luis Rodríguez Toubes, conocido como ‘Luisito el millonario’. ¿Cómo fue esa experiencia?

Sufrimos mucha presión social y mediática en la medida en que se daba por hecho que no había caso al haber intervenido tres notarios distintos en las diversas operaciones objeto de enjuiciamiento. Éramos caballo perdedor. Eso hizo que realizáramos un sobresfuerzo. Se daban las circunstancias de que dar por perdido el caso, hacía que nuestros clientes sufrieran más. De la flaqueza sacamos fuerza. Al principio ni siquiera el ministerio Fiscal creía mucho en el asunto. Finalmente, todo salió como esperábamos.

Jaime Campaner durante el juicio del Caso Nòos. 

Otro caso sorprendente ha sido el de Nadine Heredia, la ex Primera Dama del Perú, acusada junto a su marido Ollanta Humala, de financiación ilegal. Sus diarios habían saltado a los medios como aquí lo hicieron las libretas de Bárcenas. ¿Cómo fue su participación en este proceso?

Es un caso complejo que me llega por casualidad pues mi tesis doctoral versó sobre pruebas ilícitamente obtenidas. Ahí intervengo como experto aportando un dictamen pericial a la Corte Suprema del Perú para dirimir la validez de las agendas atribuidas a Heredia donde aparecerían supuestos sobornos. Concluí que esas agendas no podían considerarse pruebas válidas debido al método de obtención ya que se habían vulnerado derechos fundamentales.

Es usted aficionado a la literatura de Josh Grisham y Eduardo Mendoza. ¿De quién está más cerca la Justicia española?

Sin duda, de Eduardo Mendoza. Nuestra justicia no tiene nada que ver con la americana y con los protagonistas de obras como La tapadera. Tampoco la del resto de países de la Europa continental. Estamos más cerca de Sin noticias de Gurb.

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