22 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA

Todas las empresas suministradoras, así como los obreros que levantaron este emblemático cine-teatro, eran de Albacete por decisión del promotor

Historias de cine: Capitol... y el cine se hizo glamour en la ciudad de Albacete

Promovido por Francisco Mahiques Mahiques, el coliseo del Altozano se dotó de la última tecnología, un proyector Philisonor que trajeron a Albacete los mismísimos responsables de Philips. Todas las empresas suministradoras, así como los obreros que levantaron este teatro eran de Albacete por decisión del promotor, al que la licencia de obras costó 1.200 pesetas. El proyecto fue diseñado por Julio Carrilero, y para su gestión, el dueño contrató a Mariano Requena.

El periodista José Fidel López recoge en www.cuentosdecine.es la inauguración de uno de los locales históricos para el cine y el teatro en Albacete, la sala Capitol. 

Promovido por Francisco Mahiques Mahiques, el coliseo del Altozano se dotó de la última tecnología, un proyector Philisonor que trajeron a Albacete los mismísimos responsables de Philips. Todas las empresas suministradoras, así como los obreros que levantaron este teatro eran de Albacete por decisión del promotor, al que la licencia de obras costó 1.200 pesetas

El proyecto fue diseñado por Julio Carrilero, y para su gestión, el dueño contrató a Mariano Requena, heredero de una familia de exhibidores cinematográficos que llegó a Albacete con un barracón La sala, con casi 1.400 butacas, se inauguró a las 22.30 horas del 8 de septiembre con una zarzuela, Luisa Fernanda, y el cine llegó el 19 de septiembre con Vuelan mis canciones.

El cine se hizo glamour en Albacete en los años 30. Y todo gracias a una sala mítica, el Capitol. El cine de la actual Plaza del Altozano, sede de la Filmoteca de Albacete y heredero del original, llegó en un momento convulso para el país. En plena II República, y en puertas de la llamada huelga revolucionaria de 1934, abrió el Palacio del Cine, como fue bautizado este impresionante edificio en los meses previos a su inauguración.

Sala de butacas del Capitol. 

Fue iniciativa de uno de los prohombres de aquel momento en la ciudad y en la provincia, el doctor y terrateniente Francisco Mahiques Mahiques, quien quiso que esta capital de provincias dispusiera de un teatro y cine a la altura de los tiempos, dotado con la última tecnología, cómodo y de un cuidado y distinguido diseño cercano al Art Decó e inspiración cubista, lo cual, en un principio pudo generar dudas y sorpresa entre la ciudadanía. Hay que señalar que el Capitol albaceteño llegó un año después del que reina desde 1933 en la Gran Vía madrileña.

Una legión de obreros estuvo meses dedicada a llevar a buen puerto el proyecto del prestigioso arquitecto Julio Carrilero Prat, un edificio de tal categoría que merecía contar con el mejor equipamiento posible. Semanas antes de su inauguración ya se había adquirido el proyector, que fue expuesto en los escaparates de Bazar Casa Paco que regentaba Francisco Martínez Molina. Se trataba, nada menos, que de un Philisonor, de la Casa Philips, "la última palabra de la técnica cinematográfica", señalaba por aquel entonces la prensa local.

Pues en el popular comercio de la calle Concepción Número 2 se colocó el equipo que iba a llevar la magia del cine parlante a los albacetenses, y cuyo traslado a la ciudad y posteriores ensayos contaron con la presencia de uno de los ingenieros-jefe de la fabricante holandesa, el señor Schaffers, junto con el delegado en España de la compañía suministradora, la Sección de Philips Ibérica S. A. E., el señor Mendoza, que en todo momento estuvieron acompañados por Martínez Molina, empresario que logró el contrato compitiendo con otros siete establecimientos. El equipo en cuestión estaba dotado de proyectores del tipo III, con parada automática en caso de avería, y con capacidad para 1.300 metros de celuloide. Una maravilla para aquel momento que triunfaba en decenas de cines de todo el país.

El inversor, además, quiso, según recoge la prensa local, que los obreros que trabajaran en el edificio, situado entre las calles Emilio Ortuño, abriéndose al Altozano, y Abelardo Sánchez, fueran albacetenses, así como el resto de empresas suministradoras, desde la iluminación, que corrió por cuenta de Casa Lida, al decorador, Victoriano Sánchez, y hasta la pintura, del popular Ovidio, mientras que el mobiliario fue cosa de la Casa Sergio Sánchez, y el técnico electricista fue Dutalba.

Casi 1.400 localidades

El proyecto arquitectónico, fechado el 27 de abril de 1932, habla de un edificio dotado con dos vestíbulos, uno de acceso y otro más reservado como sala para fumar. Grandes escaleras daban paso a los dos anfiteatros, que contaban, además, con sendas salas también para fumadores, según la memoria descriptiva presentada por Julio Carrilero. Para el público, patio de butacas, anfiteatro de entresuelo y anfiteatro segundo. La sala de butacas, a la que se accedía por tres puertas desde la calle Emilio Ortuño y que tenía dos de salida hacia la calle Abelardo Sánchez, constaba de 640 asientos distribuidos en 24 filas en curvas.

Francisco Mahiques. 

Y es que el edificio era enorme. Suma y sigue. A cada uno de los lados del patio de butacas, cuatro plateas con capacidad para cinco localidades cada una, haciendo un total de 40 butacas. El anfiteatro de entresuelo constaba de 212 localidades, distribuidas en ocho filas, dispuestas en curvas concéntricas respecto al patio de butacas. Y el anfiteatro principal ofrecía 374 localidades más repartidas en 14 filas.

En cuanto al escenario, disponía del foso para la correspondiente orquesta y de la escena propiamente dicha, conjunto separado de la sala por el muro de embocadura y teniendo a ambos lados dos pabellones aislados por muros y con solo una puerta de comunicación con la escena destinados a camerinos. La grandiosidad de Capitol asomaba por todos lados, puesto que estos pabellones para artistas constaban de tres pisos, disponiendo cada planta con otros tres cuartos. El proyecto también recogía el diseño del edificio anexo, el que acogió la cafetería, con entrada desde la calle y desde el vestíbulo del teatro, con un sótano para bodega y una terraza. Así las cosas, el número total de localidades del Capitol era de 1.354 para un edifico al que se le dotó además con las últimas novedades en materiales de construcción, fontanería, electricidad, calefacción...

El Ayuntamiento de Albacete abrió el expediente con número de registro 251 de concesión de licencia de obras para el Capitol en 1932, en concreto, tras la presentación por parte del delineante Diego Fernández Tapia en representación de Francisco Mahiques de la petición el 30 de mayo de este año.

Se instalaron 25 metros lineales de andamios para levantar el coliseo -la tasa que cobró el Consistorio por esta circunstancia fue de 15,48 pesetas-, y el coste del permiso de obras fue calculado por el arquitecto municipal, Agustín Morcillo, en 1.181 pesetas importe que se calculó teniendo en cuenta las dimensiones del edificio: 228,34 metros cuadrados de sótano, 1.069,99 metros cuadrados de planta baja, 538,78 metros cuadrados de entresuelo y 44,78 de principal, casi 2.000 metros cuadrados de superficie.

Julio Carrilero. 

El Gobierno Civil dio su visto bueno al proyecto el 17 de junio de 1932 tras ser estudiado, y el Ayuntamiento de Albacete hizo lo propio una semana después, el 25 de junio. Es decir, que desde la concesión del permiso hasta su inauguración pasaron más de dos años.

Intensa actividad

 Las semanas previas a la gran inauguración fueron un constante ir y venir de empresas y obreros trabajando para tener a punto el edificio para la fecha escogida. Y los periódicos locales se hacían eco del interés, de la curiosidad que entre los vecinos despertaba este cine y teatro que iba a suponer el cierre de otro establecimiento teatral de categoría, el Cervantes, un año después.

El 14 de abril de ese 1934 ya anunciaba El Defensor de Albacete que había comenzado la cuenta atrás para la apertura del Capitol. Un mes después, el 13 de mayo, el mismo diario se apuntaba un tanto después de visitar las obras invitado por el promotor, y no ahorrando el rotativo en halagos para el terrateniente inversor, que llegó a ser vocal del Tribunal de Garantías Constitucionales a propuesta del Partido Radical: "Es una obra soberbia, en la que no se ha escatimado ningún detalle y que en toda ella preside el gusto más depurado, junto con la solidez y la elegancia que los tiempos modernos exigen en construcciones de esta índole". Ya, el 22 de julio de ese 1934, en esta ocasión, El Diario de Albacete contaba las semanas para la apertura del Capitol, como incentivo para que la ciudad acogiera estrenos cinematográficos de primera.

Y llegó el gran día, el 8 de septiembre, sábado, a partir de las 22.30 horas. La crónica publicada en El Defensor de Albacete dos días después, el lunes, 10 de septiembre, era un reconocimiento para el promotor. "En la época más peligrosa e incierta para la capital, ha construido este magíifico teatro con el fin de remediar en lo que a su alcance estaba el paro obrero".

Escenario del  Capitol. 

Pero a pesar de la categoría del proyecto arquitectónico, la noticia de El Defensor de Albacete lamentaba la actitud del público, "al no hacer con sus aplausos que saliesen al escenario el señor Mahiques y el arquitecto don Julio Carrilero Prat, verdadera alma del nuevo local y autor del proyecto, actitud que repetimos hemos de lamentar porque nos hace reconocer que el único medio para triunfar en Albacete es ser forastero, causa ésta de una gran parte de los fracasos que algunas veces tiene nuestra provincia en todos los órdenes por no reconocer el valer propio y sin embargo acatar la ignorancia ajena".

El precio de las localidades, desde 1,25 pesetas en general a 40 pesetas en los palcos. Y a pesar de ello, no quedó ni una sola localidad vacía, según los periódicos. En este punto, el otro periódico, El Diario de Albacete, destacó que los primeros aplausos que sonaron en la sala fueron "para el propietario, que constantemente recibía felicitaciones entusiastas por el hecho que supone levantar un coliseo en Albacete considerado como de los primeros de España". Y en la misma línea se refería la noticia de este diario respecto al arquitecto, e incluso, para el técnico electricista. En fin, que los cronistas de uno y otro periódico vivieron esa apertura de forma diferente. Para gustos, colores.

El espectáculo que sirvió para inaugurar la sala de espectáculos fue la zarzuela Luisa Fernanda, con la compañía lírica de Moreno Torroba, en la que hicieron su presentación en Albacete las primeras figuras, Dorini de Disso, la "triple de la voz de oro", como era conocida, y Luis Almodóvar, barítono. El primer actor y director era Eugenio Casals, pero entre el cuadro artístico también figuraban la triple Maruja Vallojera y los "notables artistas" Emilia Iglesias, Aníbal Vela, Eladio Cuevas y Juan Casado.

Apuntaba el cronista de El Defensor algún problemas con el sonido, al comerse la orquesta la voz de los intérpretes, que se achacó a la falta de tiempo para los ensayos. No obstante, el periódico reconoció el "deseo" de los artistas de dejar "satisfecho" al público albacetense, "cosa que consiguieron". En este sentido, El Diario de Albacete también agradeció la categoría del espectáculo inaugural.

Vestíbulo del Capitol. 

El empresario sabía de la importancia de colocar al frente de la sala de espectáculos a un experto en la materia, puesto que él era un neófito en la materia, y no pudo elegir mejor: Mariano Requena, heredero de una saga familiar que hizo del cine su negocio en nuestra ciudad, primero, con aquellos pabellones desmontables que iban de feria en feria, y posteriormente, al frente del Central Cinema.

El director del Capitol programó numerosas zarzuelas -La verbena de la Paloma, La Revoltosa o La tempestad, entre otras- para atender la demanda de un público ávido de este tipo de espectáculos en una Feria en la que los albacetenses miraban de reojo la evolución de los enfrentamientos sociales en un momento complejo para un gobierno republicano presidido por Alejadro Lerroux.

Y llegó el momento de poner a trabajar el proyector Philisonor. Fue el miércoles, 19 de septiembre, en una sesión doble, cuando todavía faltaban dos días para echar el cierre a la Puerta de Hierros. Para comenzar, la opereta que tanto éxito había alcanzado en media Europa, Vuelan mis canciones, Leise flehen meine Lieder, según el título original de una película austro-alemana de la productora Ufilms datada en 1933, dirigida por Willi Forst, y con Mártha Eggerth, Luise Ullrich, Hans Jaray, Hans Moser, Otto Tressler, Hans Olden, Lisl Reisch y Wiener Sängerknaben en los principales papeles. Se trataba de una película biográfica del músico Franz Schubert, cuya banda sonora, por cierto, había sido radiada en numerosas ocasiones en EAJ 44, Radio Albacete en los meses previos.

Para enriquecer esos primeros pases -fueron dos, a las 18.30 y a las 22.30 horas, la Revista Sonora Paramount y unos dibujos de quien logró plantar cara a Walt Disney, Max Fleischer, autor de series como Popeye, Betty Boop o Koko el Payaso, entre otros.

Plano del cine 1. 

La primera reseña informativa sobre la puesta en marcha del cinematógrafo en el Capitol la firmó al día siguiente, el jueves, 20 de septiembre, el crítico Ruizva, quien describía que la pantalla ya exhibía celuloide cuando "no han hecho nada más que apagarse las candilejas, han desaparecido del escenario del suntuoso Capitol todo el armatoste de telones y armaduras", además del resto de mobiliario y decoración que sirvieron para ambientar las zarzuelas que estrenaron la sala de Mahiques.

El cronista aseguró que no se podía haber escogido mejor película para estrenar el Philisonor, que además "gustó mucho" al público, que lo aplaudió "largamente". La cinta repitió varios días, aunque se fueron modificando los complementos, ya que el viernes, 21 de septiembre, se programó la opereta germana Ronny. En esta jornada, la recaudación fue entregada por el empresario a la Beneficiencia Provincial: más de 371 pesetas.

El sábado, 22 de septiembre, desapareció de la cartelera Vuelan mis canciones, y se proyectaron desde entonces otras cintas, como Hoy o nunca, El testamento del doctor Mabuse, hasta llegar a Melodías del corazón, con Claudette Colbert, que inauguró el 26 de septiembre los Miércoles Fémina, una iniciativa, señaló El Diario de Albacete, del dueño del Capitol, "ese cine al que hay que entrar con el mejor vestido, con los mejores zapatos que se tengan". Pues bien, según este periódico, el empresario quería "rendir culto al bello sexo", y de paso, ocupaba las tardes de los miércoles, "día apenas sin sentido en la semana, para rectificar, en orden de distracciones, lo malo del calendario. Se ha dicho, infinitas veces: jueves de moda, sábado de gala, season, soiree..... Del miércoles nadie se acordaba. Capitol, repito, ha querido llenar de algo interesante el vacío de un miércoles. Aquí está, pues", sesiones reservadas para mujeres que tuvieron gran aceptación. Sin duda, fueron días intensos para este nuevo cine y teatro con el que la ciudad entró de lleno en una nueva forma de hacer y ver el mundo del espectáculo, y que se mantuvo durante décadas. Pero nunca el glamour fue tan protagonista en una capital de provincias como la nuestra como en esos días de septiembre de 1934.

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