08 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO

Una integrante del ballet nacional de España interpuso en 2015 una denuncia ahora ganada en el Alto Tribunal y que sienta jurisprudencia

Los bailarines ganan la batalla al Inaem y el Supremo reconoce su relación laboral indefinida como trabajadores

Algunos bailarines durante la huelga de 2016.
Algunos bailarines durante la huelga de 2016.
El Tribunal Supremo acaba de dar la razón a una bailarina del Ballet Nacional Español que reclama desde hace cinco años ser trabajadora fija del Instituto Nacional de Artes Escénico Musicales (INAEM) dependiente del Ministerio de Cultura. Es el culmen a una larga batalla que ha enfrentado a los bailarines con el Inaem por tratar de reconocer sus derechos como trabajadores fijos y no eventuales del Estado.

La Sala de lo Social del Tribunal Supremo ha confirmado como trabajadora indefinida a una bailarina que fue despedida por el Ballet Nacional de España y que firmó diez contratos temporales sucesivamente, entre 2002 y 2012, con la Institución dependiente del Inaem.

El Alto Tribunal resuelve de esta manera un recurso de casación presentado por el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (Inaem) y confirma la sentencia puesta por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid que a su vez resolvía un recurso de suplicación contra una sentencia anterior del Juzgado de lo Social número 3 de Madrid, con fecha de 16 de diciembre de 2015. Este juicio había considerado improcedente el despido de la bailarina Y.M.D.R. y había ordenado a su empresa la readmnisión. En caso contrario debería pagar una indemnización de 51.666 euros.

Con esta decisión, El Tribunal Supremo estima que  "no cabe ninguna duda" de que cuando el contrato contempla la realización de labores estructurales y ordinarias por parte de la trabajadora, "la única contratación posible sea la contratación indefinida". De esta manera, el Alto Tribunal da la razón a la trabajadora y abre una puerta para que todos los bailarines a sueldo del Inaem, que recurran un despido improcedente, sean considerados trabajadores fijos del Inaem y, por tanto, del Ministerio de Cultura. Una responsabilidad que hereda Amaya de Miguel, la actual responsable del Inaem.

Amaya de Miguel, directora del INAEM.

La sentencia explica que la trabajadora no desempeñaba una labor "coyuntural determinada o temporal" del Inaem, sino que desarrollaba actividades ordinarias de la institución. Es decir, no estaba a disposición del Inaem para alguna actividad específica o determinada, sino que estaba sometida a dedicarse exclusivamente a ese trabajo, sin posibilidad de emplearse en ninguno otro sin autorización escrita. Hasta ahora el Inaem siempre sostuvo la teoría de que contrataba a sus bailarines por obra, de manera coyuntural,  y por tanto, no eran empleados fijos del Ballet Nacional.

El fallo sostiene que el Tribunal "confirma la sentencia dictada el 3 de mayo de 2017 por la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, en el recurso de suplicación número 217/2017 (...)". Asimismo, impone las costas al recurrente, el Inaem, de 1.500 euros.

Una lucha de años

La lucha entre los bailarines y el Inaem es antigua y ha atravesado ya varias fases desde que comenzó un duro enfrentamiento en el año 2015. Entre estas actuaciones, hubo dos huelgas que tuvieron una importante repercusión, ya que el Inaem nunca se avino a llegar a un acuerdo con los bailarines, que siempre han reivindicado contratos indefinidos y no temporales.

En el año 2016, de un total de 42 personas entre bailarines, músicos y cantaores a sueldo del Ballet Nacional, solo en octubre de ese mismo año interpusieron demandas 24 trabajadores, más del 50 por ciento de la plantilla.

La abogada que ha defendido los intereses de los bailarines durante todos estos años de conflicto ha sido Isabel Lobera, que ha explicado que "no se trata de una reivindicación económica. Es una reivindicación laboral y personal, pero no una huelga que contenga ningún motivo de carácter económico. Lo que se está cometiendo es un claro fraude de Ley con los contratos temporales. Algunos bailarines llevan 14 años con un contrato temporal que se renueva cada mes de septiembre”.

Algunos bailarines que ya ganaron en los tribunales recibieron propuestas del Inaem para extender sus contratos por tres años, pero los profesionales quieren contratos indefinidos que les den derecho a prestaciones sociales. Así en el año 2013 se dictaron siete sentencias por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid que afectaron a ocho bailarines que determinaron la no temporalidad de sus contratos de trabajo.

Después, el Inaem quiso incluir una nueva cláusula por la que se pretendía aplicar la figura del despido objetivo, mediante la consideración y decisión subjetiva de cada director Artístico, cuya figura cambia contínuamente en el tiempo y, en consecuencia, iría a las preferencias y gustos de cada uno de ellos.

A la izquierda, Antonio Najarro y a la derecha, Rubén Olmo.

En la actualidad el Ballet Nacional de España está dirigido por el coreógrafo y bailarín Rubén Olmo, que hereda una situación comprometedora dejada por el Inem y que también sufrió su predecesor Antonio Najarro, que estuvo ocho años al frente del ballet, desde 2011 hasta septiembre de 2019.

El Inaem siempre ha rechazado las pretensiones de los artistas y ha asegurado que la “única” vía para contratar personal indefinido en la Administración General del Estado es a través de la Oferta de Empleo Público, “previa prueba de acceso”, y que los bailarines pretenden alcanzar esa condición “sin pasar por convocatoria pública ni prueba de acceso previa”. Los bailarines lo niegan afirmando que han superado pruebas por convocatorias públicas de acceso por audiciones para cada una de sus categorías, además “de extraordinaria dificultad como requiere la entrada en el Ballet Nacional de España”.

En 2018 el Consejo de Ministros aprobó un decreto para intentar para poner fin al goteo de denuncias regulando el contrato de los bailarines, pero quedan todavía casos pendientes anteriores a esa norma.

La nueva Ley, todavía no vigente, establece que los contratos deberán ajustarse a la duración de cada proyecto, de manera que el Inaem puede suscribir con sus bailarines contratos de más de tres años, que era el límite que hasta entonces imponía el Estatuto de los Trabajadores.

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