14 de abril de 2021
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FIN DE SEMANA

“Los padres no deben renunciar a su yo social, a su descanso, a su propia identidad, a ser pareja, a ser felices”, afirma el psicólogo

Javier Urra señala las claves de las difíciles relaciones entre padres e hijos en su último libro "Déjame en paz"

La relación entre los hijos y sus progenitores no siempre es sencilla.
La relación entre los hijos y sus progenitores no siempre es sencilla.
Javier Urra aborda uno de los vínculos sociales más polémicos en su última obra "Déjame en Paz", el de padres e hijos. El psicólogo disecciona en este libro la forma de concebir el mundo de los más jóvenes y cómo esta entra usualmente en conflicto con el pensamiento de sus padres, quienes, en muchas ocasiones, son incapaces de gestionar las emociones de sus descendientes y las suyas propias.

¿Todos los padres están preparados para educar a todo tipo de hijos? Y quizás la respuesta sea no.

Una etapa vital de eclosión, de erupción, de incomprensión mutua; una, desde mi perspectiva, preciosa, de aventura psicológica, de búsqueda de lo inexplorado, de inocencia y sabelotodo, de ternura y respuesta arisca, de risas sin ton ni son, de postureo, de prepotencia y desvalimiento señala Javier Urra que presenta esta semana su última obra: "Déjame en paz".

Lo que los padres consideran problemático son los horarios nocturnos, el alejamiento de los adolescentes, la falta a veces de respeto, de obediencia, las exigencias económicas, las malas compañías, la forma de vestir, el desorden en el hogar, la falta de higiene personal y de cuidado, las broncas con los hermanos, la escasa colaboración en las tareas del hogar y la actitud de pasotismo. Y lo que más les preocuparía tener que afrontar es el embarazo de una hija adolescente, la pertenencia a una secta y el consumo de drogas.

A esas edades resulta esencial satisfacer las expectativas del grupo de referencia. Muchos de sus mensajes de WhatsApp parecen notas secretas. Son dramáticos, irracionales y a veces con aire de megalomanía. Asocian su imagen con la aceptación y pertenencia al grupo. Les da pánico hacer el ridículo ante los amigos o compañeros.

Los padres inmaduros, algunos parecieran adolescentes —en ocasiones hasta en su forma de vestir, relacionarse y hablar—, generan en sus descendientes un alto grado de neurosis, desde luego no facilitan que las normas educativas se cumplan, se interioricen, se generalicen, dificulta el proceso de autonomía del hijo.

Son muchas las preguntas que se formulan los progenitores en relación con sus adolescentes: ¿por qué mienten?, ¿por qué se encierran en sí mismos?, ¿por qué en ocasiones se muestran agresivos?, ¿serán acosadores, víctimas o testigos de acoso escolar? Junto a los padres hay otros agentes socializadores fundamentales, destaquemos entre ellos los abuelos, los tíos, los profesores que podrán coadyuvar en la educación.

Déjame en paz es el último libro de Javier Urra sobre la relación de padres y adolescentes

A veces, les damos tanto a los adolescentes que no les permitimos aportar, ayudar, donar, ser generosos. Y ya desde niños deben acostumbrarse a compartir, a regalar, desde un beso hasta un juguete suyo. ¡Cuánto más al llegar a la adolescencia!

Explicar las situaciones difíciles

En España se inicia el consumo de alcohol entre los trece y los catorce años, algo aberrante. El 33% de nuestros jóvenes estima que los celos son una prueba inequívoca de amor, y a veces hay algunos jóvenes muy patológicos que supervisan continuadamente a la chica y quieren confundirla con que eso es un gesto de amor. El 11% de las víctimas de violencia de género son menores de dieciocho años.

Expliquémosles a los niños, a los adolescentes, que a veces vivirán en pareja situaciones difíciles de prever y que alteran la estabilidad emocional, pero que nunca la violencia verbal, el menoscabo psíquico y la agresión física han de tener cabida.

Javier Urra.

Los niños, y quizás a muy corta edad, pasan demasiado tiempo delante de las pantallas, y esto se puede acrecentar en la adolescencia cuando necesitan estar en contacto con los suyos y tienen pánico a quedarse desconectados. Haremos bien en dar buen ejemplo y marcar algunas limitaciones, tanto en el tiempo de utilización como en ámbitos. Por ejemplo, cuando se está almorzando, cenando o en los horarios que debemos respetar del sueño. En la adolescencia se enfrenta el conflicto entre dependencia y autonomía. Y los padres en la actualidad sobreprotegen en exceso. Y es que transmiten a sus hijos sus propios miedos.

¡Atención! Cuando dicen que son infelices —y lo dicen de veras, profundamente— y que quizás su vida no tiene sentido, cuando plantean que la vida no merece la pena o que pronto dejarán de darnos problemas, no lo dejemos caer en saco roto, están manifestando ideas autolíticas, a veces precursoras de conductas suicidas.

El problema del acoso escolar

En el acoso escolar, al fin la acosada o acosado escolar se siente vejada, ridiculizada, machacada y de una forma persistente, tenaz. Siete de cada diez jóvenes se han sentido, dicen, discriminados por algún motivo. El apoyo parental es el recurso más importante con el que pueden contar los padres para intervenir sobre el comportamiento de acoso escolar de sus hijos.

Los padres no pueden, no deben, no han de hacer dejación de sus obligaciones. Hay cambios drásticos en su actitud o en su conducta que deben de ponernos en alerta a los progenitores. Vayamos a los profesionales, pero, por favor, vayamos cuando se atisbe el problema, no cuando el problema está desbordado. Los buenos psicólogos sabemos que lo esencial es prevenir.

El trastorno alimentario se oculta. Hay que observar si evitan comer, se saltan ingestas, se provocan vómitos, se muestran muy preocupados por la dieta o por el peso, no desean ir a eventos sociales en los que se suele comer. Los padres no deben renunciar a su yo social, a su descanso, a su propia identidad. A ser pareja, a ser felices.

¡Atención! al riesgo del adolescente crónico que no busca independizarse. Cada familia tiene un código comunicativo. En general, prefieren comunicarse con las madres, pues son más abiertas y aceptan mejor sus opiniones. En ocasiones utilizan la argumentación lógica como estrategia para modificar la opinión de los padres, en otras la técnica que emplean se llama persistencia.

Yo creo, y digo creo, que ven a los padres como alguien a quien querer, pero con los que es difícil llegar a acuerdos. Y es que sienten que les tienen que dar independencia y responsabilidad, y les tratan como a niños incapaces y sujetos a premios y castigos. Vivir experiencias, cohesionar el yo con el yo de los otros, hacerse respetar desde la dependencia económica. Crecer añorando en algo la protección y desestimando en la mayoría de los momentos la ayuda de quienes siempre se la han dado. Buscan libertad, pero necesitan seguridad.

Los miedos de los adolescentes

Los adolescentes tienen miedo, sí, a quedarse aislados, a la crítica, a la incomprensión. Pero también hay adolescentes que se ponen en riesgo al intentar demostrar y demostrarse que desprecian el miedo. Los niños y niñas que sienten que están «en el cuerpo equivocado» sufren mucho, y aun son claramente ridiculizados y vejados.

Ayúdale en su hoja de ruta, fomenta sus preferencias, sus talentos y capacidades. Una bella labor de los padres es la de despertar vocaciones. Deja que se muestre sincero, fluido, no cortes la comunicación. Dialogar conlleva escuchar, empatizar, comprender, convivir, el encuentro de dos pensamientos, concordia, «corazón con corazón». Fortalece su resiliencia, que asuma la frustración, que maneje la impotencia, la rabia. Educa en la vivencia de los otros, la preocupación empática, la compasión.

Anticipa que la exploración es parte fundamental de la adolescencia, que tiene ideas, pero carece de experiencia, que explora distintas identidades, que puede mostrarse muy incongruente, que considera que es la única persona en el mundo que está en su situación, además piensa en quién es y en quién le gustaría ser.

Aprovechemos las noticias, los sucesos, para comentarlos con nuestros hijos, para escuchar sus opiniones, para dialogar, para conocernos. Formemos en la necesaria capacidad crítica, y autocrítica, mucho más allá de las modas, formémosles para poner filtros a la información para en la medida de lo posible contrastar la veracidad, la fiabilidad de lo que se nos transmite. 

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