02 de agosto de 2021
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EDICIÓN VERANO

Alberto García Cebrián, abogado especialista en Derecho de Familia, cuenta para elcierredigital.com su experiencia en este terreno y nos da consejos

Analizamos las causas por las que cada vez aumenta más el número anual de divorcios en España

El asesoramiento a veces evita los divorcios.
El asesoramiento a veces evita los divorcios.
Muchos cuentos suelen acabar con la frase “fueron felices para siempre”, pero lo que nunca explican es si lo fueron juntos o separados. Lo cierto es que en España cada vez se producen más divorcios. ¿Por qué?

Hay muchas familias que se casan sin saber realmente la trascendencia del matrimonio, las consecuencias que conlleva tener su régimen económico matrimonial, tener hijos comunes, propiedades comunes, en muchos casos hipotecadas a 30 años, y sinfín de vinculaciones jurídicas.

Una gran mayoría de los juicios que se celebran se deben a la ignorancia legal de las personas, que van creando, modificando y extinguiendo derechos y obligaciones. En ocasiones, los problemas se derivan de haber tomado una mala decisión por su desinformación jurídica o incluso por su errónea percepción de sus derechos y obligaciones.

No sólo se podrían prevenir muchos divorcios, sobre todo se podrían prevenir los juicios de divorcio innecesariamente traumáticos y los matrimonios contenciosos.

Evitar los divorcios asesorando

En derecho de familia no debemos crear y esforzarnos por ganar juicios, sino evitarlos, con asesoramiento prematrimonial y mediación matrimonial. En España contamos con grandes profesionales del derecho que conocen a la perfección el ordenamiento jurídico, lo importante es que ese conocimiento se trasmita correctamente y de la manera más accesible posible a la población.

Los divorcios siempre son traumáticos.

Hay que facilitar a la sociedad el acceso a sus derechos, pues desde mi punto de vista, existe una gran brecha entre los derechos y obligaciones del derecho positivo y la efectividad de estos al ser siempre accesibles para la población.

En derecho de familia no debemos de centrarnos en el divorcio para reclamar derechos y obligaciones, debemos de adelantarnos al conflicto para tratar de prevenirlo, mediar para superarlo en los casos que se produzcan y tratar de evitar situaciones abusivas e injustas. Tratar de buscar soluciones amistosas lo más satisfactorias posibles para las partes en los casos en los que se produzca la crisis matrimonial definitiva.

La mayoría de los juicios de derecho de familia se podrían evitar si cada cónyuge hubiera tomado decisiones de las que conociera las consecuencias legales que supone. Tendríamos claros nuestros derechos y obligaciones y no tendríamos que ir a que un abogado nos explicara qué hemos hecho. El conocimiento legal de nuestras decisiones podrá impedir que acabemos perdiendo tiempo, dinero y en muchos casos, hasta la salud, en un pleito en el que acabará un juez imponiendo las medidas que pasarán a regir nuestra vida.

Si fuéramos conscientes del valor que tiene una familia, con independencia de que esté junta o separada, no nos arriesgaríamos al sometimiento innecesario del criterio de un juez. Las personas que sopesan la posibilidad de iniciar un juicio de divorcio contencioso suelen tener la sensación de que van a tener la posibilidad de explicar al juez detalladamente todo lo que ha pasado en su matrimonio que consideran importante e injusto. Pues bien, no debemos de engañarnos, después de esperar un mínimo de 6 meses para celebrar el juicio (tiempo de discordias sin regulación aplicable), éste suele durar una hora de media, y la intervención de cada uno de los cónyuges no suele llevar más de 5 ó 10 minutos. En ese tiempo, no se tiene la oportunidad de entrar en los detalles que nosotros queremos explicar, sino que tendremos que limitarnos a contestar aquello que se nos pregunta por considerarse un hecho controvertido.

Por ello, deberíamos valorar más nuestra capacidad de decidir en nuestras vidas y no someternos al criterio de un juez en un juicio contencioso que puede incluso perjudicar las expectativas legales de ambos cónyuges.

Deberíamos tener menos presentes los reproches y más el momento en el que nos encontramos, que no es el de arreglar los problemas del pasado sino evitar los del futuro, pues el matrimonio termina. Y si entendiéramos lo desagradable que es un juicio de divorcio, cederíamos en muchas de las cuestiones que se suelen discutir en un pleito de familia.

Es impactante ver cómo dos personas que en su día decidieron casarse, deseándose recíprocamente lo mejor, acaban perdiendo las formas y el respeto en un divorcio totalmente degradante, en el que lo que en su día era amor se convierte en odio extremo. Un matrimonio se crea con respeto y debemos de mantenerlo en todo momento, aunque llegue el final del mismo, un final que en todo caso debe de ser digno y la mejor forma de conseguirlo es el mutuo acuerdo.

De hecho, la mayoría de los divorcios contenciosos se producen por haber sometido la relación a más presión de la que podía aguantar y por no haber tomado medidas a tiempo. Esta situación emocional provoca que en muchos casos no se alcance una reconciliación ni un divorcio amistoso, pudiendo llegar a situaciones límite innecesarias.

Yo intento evitar los juicios y me preocupo no sólo de los matrimonios en el momento del divorcio sino también antes de la celebración del matrimonio con asesoramiento prematrimonial y durante el mismo con mediación para evitar el divorcio por medio de asesoramiento jurídico que permita un matrimonio y divorcio consciente.

Deberíamos dar certidumbre y simplificar el sistema para que sea comprensible para las personas que, en definitiva, son las que tienen que entender qué hacen y sus posibilidades legales. No es la mejor opción que vayamos al abogado sólo cuando las cosas van mal para que nos explique los derechos y obligaciones que hemos ido creando sin preocuparnos por la repercusión legal de los mismos.

Muchos matrimonios idealizados, precipitados e irresponsables acaban en divorcio no sólo por tener una incompatibilidad de base o haber evolucionado de manera diferente, sino muy especialmente por falta de asesoramiento prematrimonial y mediación matrimonial.

No hay que intentar evitar los divorcios, pues el divorcio siempre es un proceso a instancia de parte, podemos estar tranquilos porque a ningún matrimonio que no quiera no le van a divorciar, la decisión de casarse o divorciarse es estrictamente personal.

Divorcio integrativo inclusivo y no excluyente

Yo defiendo el valor de un divorcio integrativo, pues hay que integrar el divorcio en la familia y adaptar la familia al divorcio. El núcleo familiar sigue siendo el mismo pues está formado por las mismas personas, sin perjuicio de su posterior evolución. Lo que supone el divorcio es que se organice de manera diferente y se debe regular de manera inclusiva, sin dar de lado ni excluir a ninguno de sus miembros.

Lo que debemos potenciar es el matrimonio y divorcio consciente y fomentar las relaciones sentimentales sanas que tomen decisiones verdaderamente libres y que sepan cuidar de su matrimonio mientras sea viable y lo terminen a tiempo de manera amistosa cuando deje de serlo.

El divorcio de mutuo acuerdo es lo mejor.

Hay que tener claras las prioridades y utilizar el sentido común, pero si desconocemos las consecuencias legales de nuestras vinculaciones matrimoniales estaremos poniendo en peligro nuestras relaciones familiares. El sistema se centra casi en exclusiva en el divorcio y no en la prevención de este. No hay que poner la tirita sino evitar la herida y en España estamos demasiado acostumbrados a la agresión sentimental de relaciones que están evolucionando en una dirección insana y tóxica que no propicia la estabilidad ni felicidad familiar.

Acostumbrarnos a mantener y normalizar relaciones infelices o matrimonios que acaban en divorcio contencioso es una verdadera pena y un fracaso personal y profesional. Debemos de restituir nuestra tolerancia sentimental para construir relaciones valiosas.

Los matrimonios y las personas realmente no somos tan distintas, sino que evolucionamos de maneras diferentes dentro de las circunstancias propias. En muchos divorcios, el motivo de la ruptura no ha sido que los cónyuges no sean compatibles y no tengan capacidad de mantener un proyecto de vida común, en la mayoría de los casos la crisis matrimonial se produce por no haberlo sabido gestionar. Después de muchos divorcios, sabemos que se suceden diferentes relaciones que nuevamente acaban en ruptura (o lo que es peor, en infelicidad) por seguir repitiendo ciertos comportamientos y actitudes que vuelven a desequilibrar la relación.

Debemos darle el valor que merece a las relaciones familiares y por tanto, centrarnos en ellas de manera consciente para tomar las mejores decisiones para nosotros y nuestros seres queridos antes, durante y después del matrimonio y en su caso, el divorcio.

Algunas personas consideran que hay que pensárselo mucho antes de pedir el divorcio para no equivocarse, tienen razón, pero tal vez no somos conscientes de que muchos matrimonios se equivocaron cuando contrajeron un matrimonio precipitado, cuando tramitan un divorcio demasiado tarde o cuando no deciden divorciarse nunca a pesar de quererlo y necesitarlo. Debemos de utilizar la misma diligencia para todas las decisiones. Aunque estemos casados, no somos de nadie ni nadie es nuestro. En una separación dos personas se separan, pero no necesariamente se rompen.

Basado en el libro: Juntos o separados, pero felices.

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