16 de julio de 2019
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FIN DE SEMANA

Genarín fue atropellado por un camión de basura mientras orinaba estando borracho en la noche de Jueves Santo de 1929 y desde entonces se le recuerda

Ochenta años de la Procesión del Santo Genarín en León: la única pagana autorizada en la Semana Santa española

El paso del Generín.
El paso del Generín.
La Semana Santa leonesa tiene mucho de la gravedad y la seriedad de la vecina Castilla. No en vano, la ciudad tiene mucho de gótica y medieval, época donde fe y misticismo se mezclaban haciendo que religión y creencias, casi mágicas, fueran lo mismo. Más allá de las exhibiciones tradicionales, en la capital del antiguo Reino convive el fervor religioso con la irreverencia, a medio camino entre lo esperpéntico y lo casi paródico.

Si algo es reconocido como irreverente en León, esa es la procesión del Genarín, pagana de origen real, pero con unas características que permiten hacer un paralelismo con la propia Pasión de Cristo. Genaro, o como se le conoce en León, Genarín, fue un hombre dado a la “mala vida”. Su profesión fue la de pellejero, aunque se le conoce más por sus borracheras bien regadas de orujo, su afición a frecuentar burdeles y las partidas de tute.

En la ciudad era bien conocido, sobre todo en los bajos fondos en los que se movía. Todo comenzó la madrugada del 29 al 30 de marzo de 1929, coincidiendo con el Jueves Santo. La fecha era sobria, pero no para Genarín. La tragedia sobrevino cuando “la Bonifacia” (el primer camión de la basura de la ciudad) ávida en su tarea de recoger los desechos de la plebe, no vio lo que allí acontecía y, por desgracia, atropelló al beato orinador. No sabemos si Genaro vio venir su final y acabó su tarea o si seguía a lo suyo en los más felices de los desahogos.

Cuatro hombres, Nicolás Pérez “Porreto”, Francisco Pérez Herrero, Eulogio “el gafas” y Luis Rico, conocidos como los Evangelistas, no quisieron dejar a tal personaje en el más triste de los olvidos y, en la noche de Jueves Santo del siguiente año a la penosa muerte del susodicho, decidieron hacerle un homenaje. Así pues, practicaron las costumbres de Genarín, procesionando de burdel en burdel y de tasca en tasca.

Como a todo Santo, se le atribuyen no uno, ni dos, sino tres milagros. A saber: la redención de la prostituta que lo halló sin vida, que dejó su carrera y volvió a su tierra natal, Lugo; la Cultural Leonesa que marca un gol, tras una penosa temporada. El partido iba mal encaminado, pero uno de los Evangelistas reclamó la benevolencia de Genarín y, milagrosamente, al sacar el balón el portero del equipo adversario, el Hércules, sin saberse cómo, el balón viró en el aire y se introdujo dentro de su portería y, por último, curación de un enfermo de riñón, un enfermo renal al sentirse indispuesto en el cubo de la muralla, en donde Genarín fue atropellado, se dispuso a excretar la orina retenida, dándose cuenta así que había regado una piedra entera del tamaño de una nuez, tras lo cual,  su enfermedad renal se había curado.

Una procesión que crecía año a año

Año tras año, la procesión fue teniendo más concurrencia, hasta que en 1957 quedó prohibida, porque se rumorea que la procesión religiosa y ésta, la pagana, se cruzaban por el camino, siendo ésta última la que más devotos congregaba. Esto no hacía mucha gracia al clero y al gobierno franquista. El Gobernador Civil, Carlos Arias Navarro, prohibió la procesión. Como suele ocurrir, la prohibición la hizo aún más popular.

Paso de La Mocha. 

El conocido escritor Julio Llamazares, en 1981, recoge en el libro El Entierro de Genarín. Evangelio apócrifo del último heterodoxo español la historia de Genarín, las primeras procesiones y los poemas leídos en ellas. Constituye la piedra angular desde la que se desarrolla, posteriormente, la liturgia genariana.

A partir de 1990, la procesión volvió a salir a las calles y así continúa hasta nuestros días. Cada Jueves Santo, los devotos y cofrades de San Genarín van tras sus pasos: La Cuba, la imagen de Genarín, la Muerte y la Moncha (prostituta que lo encontró tras el fatal atropello), escoltados por los cuatro cabezudos en representación de los Evangelistas, todo esto regado por buen orujo y entonando los cánticos y versos dedicados a su imagen. La Procesión del Entierro transcurre por varias zonas del Barrio Húmedo leonés: el primer punto es la Calle la Sal, el segundo en la Catedral de León, el tercero siguiendo por la Calle del Cardenal Landázuri, y traspasando la Puerta del Castillo o lo que es lo mismo el “Arco de la Cárcel”, se comparece en la última parada del trayecto, el cubo de la muralla donde Genaro se encontró con la muerte.

Aún queda el homenaje final, en donde el Hermano Colgador deja las ofrendas, el pan, el queso, las naranjas, la corona de laurel y una botella de orujo, todo esto en lo más alto de la muralla.

En la actualidad, es uno de los centros de atención en la austera Semana Santa leonesa, congregando a miles de fieles venidos de toda España y parte del extranjero, para homenajear al Santo que nunca fue santificado por la Iglesia.

Paso de la muerte. 

Ya en 2009, se estrena en León y Valladolid la película Bendito Canalla, un documental-ficción que recrea la vida y últimas horas de Genarín, además de otras historias paralelas, como el homenaje que le llevaron a cabo compañeros de correrías y tropelías, mostrando la vida nocturna, intelectual y crápula durante los años de la dictadura de Franco y relatando, finalmente, cómo se hacen en la actualidad las celebraciones en torno a Genarín.

Sin duda, una forma única de vivir una procesión que convive sin ningún tipo de problemas con las expresiones más tradicionales de la Semana de Pasión.

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