01 de abril de 2020
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FIN DE SEMANA

El cadáver de la primera mujer del General Perón fue "exiliado" a España tras morir en Buenos Aires en 1952 de un cáncer de útero

La historia de cómo llegó el cadáver de Evita Perón a Madrid en una caja de zinc y parafinada por el doctor Pedro Ara

El doctor Pedro Ara fue el encargado de
El doctor Pedro Ara fue el encargado de "parafinarizar" el cuerpo de Evita Perón
La mujer del general de Argentina, Juan Perón, estuvo en España en 1947 y su presencia causó furor por su belleza, su personalidad encantadora y por cómo trataba a los pobres, sobre todo a los niños. El féretro de Evita Perón llegó a Madrid en 1971 y el doctor Pedro Ara, encargado de embalsamar el cadáver tiempo atrás, se ocupó de comprobar el estado de sus restos y de darles veracidad.

“¡Dios! ¿Y quién le iba a decir a aquella mujer guapa, joven, encantadora y amante de su pueblo y sus descamisados que encandiló a los españoles en 1947 iba a regresar a España encerrada en una caja de zinc envuelta en otra de madera y embalsamada como Lenin y Mao?”

Así empieza esta historia. Porque así llegó a Madrid el cuerpo de aquella Evita, madre de los "descamisados" y compañera mítica del no menos ídolo general Perón: Tras un viacrucis "posmortem" que la arrastró desde su Buenos Aires querido hasta Italia por mentes retorcidas que la retuvieron hasta después de muerta como los árabes retuvieron al Cid y huyeron con sólo ver su cadáver sobre su caballo "Babieca".

El féretro con los restos de "Evita" llegó a Madrid el 3 de septiembre de 1971 en medio de un gran misterio y desconfiando de su veracidad, pues no en vano habían estado "perdidos" desde 1956. Ni siquiera el propio Perón supo durante esos años donde descansaba "su" diosa descamisada. (Luego supo que el golpista-dictador general Uramburu  había pactado con el Vaticano que sus restos fuesen trasladados a Milán, con el nombre supuesto de María Maggi de Magistris, donde quedaron  enterrados  en una tumba perdida del Cementerio Mayor de la ciudad)... y por ello en cuanto el féretro llegó a la "Quinta 17 de Octubre", situada en la urbanización "Puerta de Hierro" de la capital española, lo primero que hizo el General fue llamar al doctor Pedro Ara, el mismo que 20 años atrás había embalsamado el cuerpo ya sin vida de "Evita", para que comprobase el estado de los restos e incluso la veracidad de su persona.

Llegados aquí no hay más remedio que decir quién fue y quién era en ese momento, ya que, aunque jubilado todavía vivía, el doctor Pedro Ara, pues no en vano se habla de un genio a la altura del mismísimo Ramón y Cajal, primer español en conseguir el Premio Nobel de Medicina.

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El doctor Pedro Ara se encargó de embalsamar el cuerpo de Evita Perón

Pedro Ara nació en Zaragoza el 29 de junio de 1898 y murió en Buenos Aires (Argentina) el 16 de septiembre de 1973. Estudió medicina en la Universidad de Zaragoza, donde obtuvo la licenciatura en 1916. Tres años más tarde tendría el grado de doctor en la Universidad Central de Madrid.

Desde el comienzo sintió una profunda atracción por la Anatomía y ya de alumno obtuvo por oposición una plaza de alumno interno durante los tres últimos cursos. Según sus compañeros de carrera y sus profesores era un hombre inquieto, estudioso, trabajador, muy minucioso e imaginativo, que ya en sus ratos libres se dedicaba a realizar preparaciones en la sala de disección que causaban asombro a propios y extraños.  Ansioso de saber todo lo que hubiera que saber sobre anatomía siguió cursos especializados en Alemania y Austria y en Viena trabajó durante dos años con el que había de ser su mejor maestro, el anatomista mundialmente reconocido Ferdinand Hochstetter.

En 1926 obtuvo la cátedra de anatomía de la Universidad de Valencia, pero descorazonado por la falta de medios para realizar su labor de investigación pidió la excelencia y se trasladó a la facultad de medicina de Córdoba (Argentina) donde le habían ofrecido unas muy buenas condiciones de trabajo para organizar allí un Instituto de Anatomía. En esta ciudad no solo realizó una enorme labor universitaria, sino que fue completando su revolucionario método de embalsamiento que le llevaría a la fama mundial. Su técnica, a la que llamó "Parafinización" causó impacto cuando la presentó en 1929 en la Sociedad de Antropología de Madrid en una comunicación titulada "Resultados estéticos obtenidos en la conservación permanente de la figura humana" y por ello obtuvo la cátedra de Anatomía de la Universidad de Madrid.

Pero después de la guerra estuvo de agregado cultural de España en la República Argentina y fue allí donde iba a realizar la obra cumbre de su vida: el embalsamamiento o "parafinización" del cadáver de Eva Duarte de Perón, "Evita", y por el que llegó a ser un serio aspirante al Premio Nobel de Medicina.

Entrevista de 1971 al Doctor Ara

Pero, hay que dejar que sea el propio doctor Ara sea quien cuente cómo fue el proceso de embalsamamiento-parafinización de Eva Perón, "Evita", y lo que pasó antes y después del Golpe que derribó a Perón y lo que se encontró 20 años después en la quinta de Puerta de Hierro. Habló de todo ello habla en la entrevista que le hizo el cordobés Yale y que se publicó en el PUEBLO de Emilio Romero en noviembre de 1971.

YALE: Doctor, antes de hablar de "lo suyo" me gustaría que nos dijera cómo conoció a los "Perones", a él y a ella.                   

Doctor Ara: Sí, amigo YALE, pero también yo tengo que decirle algo antes. Porque habla usted de embalsamamiento y lo "mío", como usted dice, no es embalsamamiento, aunque lo parezca, lo mío es otra técnica bien diferente. Yo la llamé y la sigo llamando "parafinización" ya que se basa en el uso de la parafina.

Eva_Peron

Funeral de Eva Perón

 Y: ¿Y podría usted adelantarnos cómo es esa técnica, que los expertos consideran casi como un milagro, puesto que mantiene los cuerpos muertos con casi vida?

DA: Mire usted, en el fondo es muy sencilla. Aunque me costó años llegar a esa sencillez. Ya en mis años mozos descubrí que para que un cuerpo se mantuviera era absolutamente necesario dejarlo sin sangre en cuanto el cuerpo se quedase sin vida y para ello seguí diversas vías, pero la que mejor resultado me dio fue la de lavar todo el sistema circulatorio con alcohol y una vez limpio llenarlo con parafina liquida, la parafina es un derivado del petróleo que se utiliza también para ayudar al movimiento del intestino en las personas que sufren estreñimiento crónico, ya que pasa a través del tubo digestivo sin ser asimilado por el cuerpo.

Y: Bien doctor, ahora hábleme de "Evita" ¿Cuándo la conoció usted y cómo era aquella mujer que se conquistó a los "descamisados" de Argentina?

DA: Pues si le digo la verdad, apenas sí crucé dos palabras con ella antes de su muerte me llamase el propio presidente Perón para embalsamar su cuerpo. Pero, sí recuerdo muy bien, y así lo escribo en mi obrita "El caso Eva Perón. Apuntes para la historia". Sucedió en un viaje que hizo don Alberto Martin Artajo, el Ministro de Exteriores de España, a Buenos Aires en 1948 tuve que acompañar al embajador como Agregado Cultural que era a  la recepción  que el Presidente  y su mujer daban al Cuerpo diplomático  con motivo de la fiesta del 17 de octubre... y fue allí cuando, por pura casualidad me vi al lado de doña Eva en el balcón de la Casa Rosada donde pronunció uno de sus más famosos discursos. Es cierto que ya por entonces se hablaba de que la "Señora Presidenta" estaba aquejada de una gran anemia que la estaba haciendo perder peso. Pero aquello fue extraordinario. Como médico tuve la curiosidad de saber cómo podía funcionar un cuerpo aquejado de anemia ante una emoción fuerte como puede ser un discurso ante más de 500.000 personas, que eran las que allí se habían congregado aquel día. Y como lo vi lo escribí después. Lea usted mismo lo que viví aquel día en aquel momento.

“Y, naturalmente, -dice el periodista- leí el párrafo que me ofrecía el propio doctor:”

 "-Ahora -me dije- se va a poner a prueba la resisten­cia fisiológica de esta señora. Si -como afirman- sufre de una profunda anemia, la disnea del esfuerzo no ha de per­mitirle largos y continuos períodos oratorios. Se verá obli­gada a descansar entre párrafos. Aprovechará para repo­nerse las largas ovaciones con que constantemente han de interrumpirla. Tal vez no se le note el cansancio; pero yo estoy aquí para ver su disnea y hasta para ver su pulso sal­tando bajo la fina piel de su delgado cuello...”

“En esto radicaba mi expectación. Eso fue lo que me hacía permanecer pendiente del ir y venir de su pecho, del ritmo de su respiración, más que de los esperados concep­tos políticos a torrentes derramados. Mi privilegiada situa­ción fue el mejor aliado del imparcial y curioso observador que era en aquellos momentos. Ni una palabra, ni un gesto, ni un movimiento, ni el más leve aleteo de su nariz podía pasarme inadvertido. Estaba mi atención tan por completo concentrada en la vibrante oradora, que nada podía interponerse entre mi mente y su figura. Como si no existieran los generales, ministros, dirigentes obreros y demás próce­res peronistas o invitados que en el balcón nos rodeaban; como si la inmensa y clamorosa masa humana que a nues­tros pies se extendía hubiérase transformado por arte de magia en el más silente de los desiertos. Apenas si pudo distraerme la recia figura del general Perón que, erguido a mi derecha, absorto en sus pensamientos mientras su mu­jer se prodigaba ante el micrófono, sacaba de vez en cuan­do -como furtivamente- del bolsillo izquierdo de su pan­talón un muy plegado manuscrito de grandes y claras letras, con algunos rojos subrayados; lo desplegaba suavemente sin pasarlo del nivel de su muslo y, bajando la mirada más que la cabeza, echábale un -al parecer- indiferente vis­tazo para -con el mismo tranquilo cuidado- volver a plegarlo por sus propios dobleces, a enclaustrarlo en el mis­mo bolsillo, a consultarlo de nuevo a los pocos minutos y así reiteradamente durante casi todo el tiempo en que su esposa fue lanzando al estremecido éter, una tras otra, fieras andanadas subversivas destinadas a horadar los pe­ñascos auditivos de sus fieles descamisados y de sus impla­cables enemigos”.

“Cuando la señora terminó, yo no hubiera podido repetir, ni extractar, ni comentar el contenido de su discurso. No estaba yo en la letra, sino en la música, no en la idea, sino en el ritmo... "Evita" se conservaba aparentemente fresca y lozana, Ni la mano al pecho, ni la boca forzando el respiro, ni el desorbitado de ojos del anhelante, ni la danza vascular en su cuello..., nada de lo que es pro­pio de anémicos en trance de superarse".

"Pasaron los meses e incluso años y yo no volví a hablar con ella, hasta que un día del mes de julio de 1952 me llamó el doctor Cámpora en nombre del Presidente Perón y me citaron con urgencia en la Residencia Presidencial. "Evita" acababa de expirar y la Casa Rosada, los millones de descamisados y tal vez toda Argentina, lloraban "a moco tendido" como habría dicho ella misma. Acababa de cumplir 33 años. Y ahí comenzó mi labor. Naturalmente, en aquellos momentos había muchos nervios y tuve que imponerme para que me dejasen a solas, salvo mis ayudantes, con el cadáver, pues si quería que el proceso de "parafinización" tuviese éxito tenía que lavar primero su aparato circulatorio e introducir la parafina liquida. Tarea que nos llevó casi 8 horas, en las que no permitimos que entrara ni el propio Perón.

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Juan y Evita Perón

Y: ¿Y qué pasó después, querido doctor?

DA: Una verdadera locura, ya que una vez que se expuso su cadáver en la sede de la CGT el pueblo argentino se puso a la cola (colas de hasta 10 kilómetros) para decirle su ultimo adiós. Los "descamisados" se habían quedado sin su protectora y su "Dama de la Esperanza".

Y: ¿Y después?. Se sabe que el cadáver fue robado y que estuvo desaparecido más de 10 años. ¿Cómo fue eso?.

DA: Mire, yo sólo puedo hablarle de lo que yo personalmente viví. Pues, cuando terminó aquella larguísima despedida Perón quiso que yo embalsamara aquel cuerpo para que viviera, según él, eternamente. Y en los locales de la CGT me acondicionaron un pequeño laboratorio y me dieron todos los medios necesarios para realizar mi trabajo. Un trabajo que me llevó más de un año, pero del que quedé muy satisfecho, ya que aquel cuerpo sin vida respondió muy bien a mi sistema de "parafinización". Luego, un día, derrocado ya el General y habiéndose marchado al exilio, se presentó un pelotón de soldados en el edificio donde la conservábamos y sin más se llevaron el féretro... ¡y yo, al menos, ya no supe más!... Después, circularon toda clase de rumores, los que más que los "milicos" la habían arrojado al mar, otros que la habían quemado y sepultado con cal viva... Pero como nadie daba confirmación a nada un silencio profundo se fue desatando por toda Argentina. Parecía como si a nadie le interesase saber qué había pasado con los restos de aquella mujer que había embaucado al pueblo argentino durante sus años en la Casa Rosada.

Y: Y Bien, y ya estamos en Madrid muchos años después. Hace muy poco le llamó Perón, según se ha dicho como para que usted la reconociese  y viese en qué estado se encontraba su cadáver. ¿Qué vio, cómo la vio?

DA: Pues, mejor de lo que yo esperaba. Tenga en cuenta que habían pasado 19 años desde que yo di por terminado mi trabajo y mi sorpresa fue que salvo una ligera pérdida de piel en la planta de los pies, un corte brusco en la nariz y algunas cosas más su cadáver estaba intacto... y creo que si no se maltrata podrá seguir como está no se sabe cuánto tiempo.

Y: ¿Y dónde se quedará por fin la siempre recordada "Princesa de los descamisados"?

DA: ¡Ah! Ese no es mi problema... aunque por lo que leo en los periódicos Perón puede volver a Argentina y sería lógico que si él vuelve, vuelva "su" descamisada. También yo me preparo para regresar a mi hogar argentino.

Y: Pues, que "Santa Evita" le mantenga vivo como usted la mantiene a ella.

Adoración a Evita Perón

¿Por qué adoraban los descamisados a aquella mujer de cuerpo flaco que en tan solo unos años revolucionó la Argentina? le pregunté un día al embajador español en Buenos Aires, don José María Areilza, y él se limitó a leerme unas palabras que "Evita" dejó escritas en su últimísimo mensaje:

"Quiero rebelar a los pueblos. Quiero rendirlos con el fuego de mi corazón. Quiero decirles la verdad que una humilde mujer del pueblo, ¡ la primera mujer del pueblo que no se dejó deslumbrar por el  Poder ni por la gloria!_y aprendió en el mundo de los que mandan y gobiernan a los pueblos de la Humanidad...”

“Yo no comprendo entonces por qué, en nombre de la religión y en nombre de Dios, puede predicarse la resignación frente a la injusticia. Ni por qué no puede en cambio reclamarse, en nombre de Dios y en nombre de la religión, esos supremos derechos de todos a la Justicia y a l Libertad. La religión no ha de ser jamás instrumento de opresión para los pueblos. TIENE QUE SER BANDERA DE REBELDÍA...”

Eva_Peron_2

Evita Perón era adorada por los más pobres

“Me rebelo indignada con todo el veneno de mi odio, o con todo el incendio de mi amor -no lo sé todavía- en contra del privilegio que constituyen todavía los altos círculos de las fuerzas armadas y clericales..."

¡Pobre "Evita"! No es de extrañar que ni después de muerta y embalsamada la dejaran tranquila y en paz. Al menos en la paz de los muertos y que a la postre la tengan enterrada a 8 metros bajo tierra en el viejo cementerio de La Recoleta de Buenos Aires.

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