02 de marzo de 2024
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FIN DE SEMANA

Según revela el psicólogo Javier Urra, "hay que ser muy respetuosos con los autores infantiles ya que las obras están muy medidas y expresadas”

El impacto de la literatura en la infancia: “Detrás de un cuento debe estar el cariño y la realidad"

El Cierre Digital en La literatura como guía de aprendizaje en la infancia: “Detrás del cuento está el cariño, pero también está la realidad
La literatura como guía de aprendizaje en la infancia: “Detrás del cuento está el cariño, pero también está la realidad"
Los grandes clásicos de la literatura y los tópicos que se han transmitido generacionalmente a lo largo de los siglos han servido como guía para que los seres humanos comprendamos la realidad que nos rodea. Desde la infancia, los cuentos facilitan el acercamiento a conceptos complicados, como la muerte o el amor, y su lectura permite todo un despliegue de experiencias. Sin embargo, en los últimos años ha crecido la tendencia de adaptar clásicos, como La Sirenita, a una perspectiva moderna.

La literatura envuelve todos los rincones de nuestra vida cotidiana. Desde el inicio de los tiempos, la humanidad ha necesitado un modelo en el que inspirarse, sentirse identificado y mediante el cual depurar sus emociones. Miles de obras literarias han conducido a diversas generaciones por los tópicos más esenciales, tales como el amor, la vejez o la muerte.

Javier Urra, doctor en Psicología y experto exdefensor del Menor, explica para elcierredigital.com el impacto que tienen la literatura en nosotros desde la infancia. “No hay más que preguntar a los mayores, tenemos un recuerdo muy grato de los cuentos”, identificando y recordando historias que han ido pasando de padre a hijos.

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La literatura tiene un gran impacto en los seres humanos, desde la infancia.

“Creo que contar y leer un cuento es un acto de ternura, de cariño y de atracción intergeneracional: lo puede contar un padre, una abuela... es un lugar muy cálido y tiene lugar, en muchos casos, en familia”, explica Urra. Mediante el juego de las palabras y la imaginación se genera lazo único entre quien lo cuenta y quien lo escucha.

Como indica el psicólogo, los escritores que han elaborado los cuentos son personas que conocen muy bien la psicología de los niños y, sobre todo, “que saben emplear muy bien los símbolos”. Y es que los cuentos son parte activa de la educación de los niños. “Hay muchas manifestaciones en ellos que abordan temas que de otra manera serían difíciles de tratar. Por ejemplo, la muerte, el que se queda separado del grupo, la amistad...”.

Estos temas que se abordan de manera indirecta por medio de escenificaciones, personajes y símbolos son, sin embargo, cuestiones que penetran en la conciencia. “Los adultos recuerdan todavía esas historias. Todo el mundo tiene la imagen de un lobo feroz o de los siete enanitos”.

El valor principal de los cuentos reside en mostrar elementos agradables mediante una lectura cariñosa, afectiva y próxima, pero también en relatar cuestiones más complicadas o duras de la realidad. “Detrás del cuento está el cariño, pero también está la realidad, el cumplimiento de la norma, el que ostenta el papel de la maldad, el ogro... Los cuentos tienen muchísimos componentes esenciales” que se descuelgan del propio comportamiento primitivo del ser humano.

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Los cuentos muestran elementos agradables, pero también cuestiones complicadas de la vida.

Estos persisten en las personas como resquicios de valores esenciales y se convierten en elementos que posicionan al ser humano para interpretar de una maneras determinada aspectos importantes de la vida. “Los cuentos quedan en la conciencia de la persona, teniendo en cuenta que el adulto es lo que quedó del niño que fue. Es esencial lo que nos aportan”, explica Javier Urra.

Los cuentos son capaces de adaptarse a casi cualquier contexto: desde la cotidianidad de la hora de dormir, hasta momentos difíciles en situaciones de hospitalización, en compañía de la familia, en privado... “Es algo que aproxima mucho a los adultos y a los niños. La relación que se produce es un momento de magia".

La adaptación de cuentos tradicionales

A pesar de su posición como clásicos de la literatura, en los últimos años muchas historias infantiles han sido adaptadas para ceñirlas a un escenario social moderno y cambiante. Así, diversos personajes, tópicos y narrativas se modifican paulatinamente para transmitir unos valores actualizados.

“Me parece un error”, explica el psicólogo. “Yo creo que hay que ser muy respetuoso con los autores. Los cuentos están muy medidos y expresados”. Y es que durante la creciente corriente de adaptaciones se ha generado un debate entre el respeto a la cultura, tal y como la crearon los artistas, o la modificación en favor de una educación nueva.

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En los últimos años ha aumentado la tendencia de adaptar los cuentos a unos valores modernos.

Urra expresa que el cuento hay que leerlo según ha sido escrito, “sin dulcificarlo, abreviarlo, ni hacerlo diferentes”. Además, explica que la clave reside en la lectura que queramos hacer del cuento. “Si quien cuenta el cuento quiere transmitir algún criterio o idea específica puede, por ejemplo, explicar citas, momentos de la historia o situaciones de manera explícita para el oyente.

“El cuento hay que contarlo como es, sin cambiarlo, porque lo que hoy creemos que es muy positivo a lo mejor dentro de 20 años no se ve así”, afirma Urra. La evolución social y el interés por cada vez más cuestiones que antes pasaban desapercibidas es clave para la evolución del mundo. Sin embargo, como explica Javier Urra, debemos dejan atrás el moralismo pedagógico, pues hay que conocer y contemplar el arte desde un foco contemporáneo a su creación, interpretando y generando una conciencia crítica.

“Me parece una sociedad muy soberbia la que pretenda decir cómo debió de ser el pasado sin intentar entenderlo”. Así mismo, el psicólogo también advierte de la importancia de permitir al niño pensar, elaborar y escuchar, creando sus propias conclusiones: “no hay que darle toda la moraleja hecha. Él tiene que elaborar e interpretar el cuento”.

La historia de La Sirenita

La animación de La Sirenita adaptó el cuento del mismo nombre de Hans Christian Andersen. Estrenada en 1989, llegó al cine y se convirtió en un clásico retrato de un corazón roto por el amor. Posteriormente, Disney transformó a su protagonista en una de sus icónicas princesas y, en mayo de 2023, llevó la historia al live action. Una nueva película en la que una sirena se ve fascinada por los humanos y decide investigar bajo las peligrosas aguas, donde descansa un cementerio de barcos naufragados.

El estreno de la nueva película generó un gran debate debido a sus adaptaciones. Por un lado, Halle Bailey, una actriz afroamericana, fue la elegida para encarnar a Ariel. Además, varias canciones fueron adaptadas, así como el eje central de la historia, que dejó atrás al amor para convertirlo en una historia de búsqueda de la libertad.

 
 
 
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Javier Urra explica al respecto que esta clase de adaptaciones consiguen únicamente perturbar la realidad: “Estamos haciendo una sociedad que a mi me llama la atención. Por ejemplo, el Cola Cao siempre ha tenido una imagen muy buena entre los consumidores. Un bote amarillo y una tapa azul. En la imagen del paquete aparecían dos negros recogiendo la fruta del cacao”.

“En la actualidad, aparecen dos personas, posiblemente africanas, pero casi blancas”. El problema no es la persona que recoge el cacao, sino que la cuestión está en que se utilice el concepto “negro” con una intención despectiva, con un criterio racista, explica Urra.

De manera similar, el psicólogo explica que, por ejemplo, Tintín se escribió por “el autor en el tiempo en el que estaba y hay que saber interpretar cómo se vivía en aquel momento, no intentar cambiar la realidad”. Así, los literatos crearon sus obras teniendo en cuenta su sociedad, no una futura, al igual que los romanos construyeron un acueducto en Segovia con características que ya no tienen la misma utilidad a día de hoy.

Aristóteles era Aristóteles, Platón era Platón, Séneca era Séneca y Miguel Delibes era Miguel Delibes, no otros”, concluye Urra. Porque leer es un acto que sucede dentro de un contexto e interpretar las obras es lo que realmente permite comprender la sociedad y su avance a lo largo del tiempo.

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