30 de septiembre de 2022
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FIN DE SEMANA

La historia de este soldado de la II Guerra Mundial que pasó 10.000 noches en una isla, llega al cine a manos del director francés Arthur Harari

Onoda, el japonés que combatió casi 30 años en la jungla pensando que la Guerra no había acabado

/ Hiro Onoda.
Hirō Onoda, es el nombre del teniente japonés que estuvo combatiendo en la jungla de las islas filipinas casi treinta años después de que la Segunda Guerra Mundial hubiese acabado. Su historia llega al cine bajo el nombre de 'Onoda, 10.000 noches en la jungla', donde narra su inverosímil aventura por sobrevivir en la guerra ilusoria donde se ve sumergido, junto a varios soldados más que le acompañaron.

Hirō Onoda fue el militar japonés que pasó un total de 10.000 noches en la jungla, en la isla filipina de Lubang, a la que fue enviado a luchar durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando el conflicto bélico acabó, Onoda siguió combatiendo durante tres décadas más ignorando el fin de la guerra.

Ahora, esta historia llega al cine de manos del director francés Arthur Harari, bajo el título de 'Onoda, 10.000 noches en la jungla', un relato que cobra vida a través de una increíble producción bélica basada en la historia real de Hirō Onoda. 

Este drama, ambientado en la Segunda Guerra Mundial, ha conquistado a la crítica europea obteniendo galardones en el Festival de Cannes, y siendo ganadora de dos premios, guión y especial del Jurado en el pasado Festival de cine Europeo de Sevilla.

Con una exuberante puesta en escena, la película nos adentra en la pesadilla que vivió Onoda en la jungla y la odisea del teniente para enfrentarse a una nueva realidad, a través del mejor drama psicológico francés.

Hirō Onoda, treinta años sobreviviendo en la jungla filipina

Onoda nació el 6 de marzo de 1922 en Japón y con 17 años ya trabajaba en China para el ejército imperial. En 1942, con 20 años, en plena Guerra Mundial, y tras la entrada de EEUU en el conflicto, Onoda se alistó en el ejército. Tras dos años de duro entrenamiento militar, fue destinado a luchar a la isla filipina de Lubang.

La misión inicial que le encargaron los oficiales al joven teniente fue destruir sus instalaciones marítimas y aéreas. Pero, pasados varios meses, le ordenaron postergarla: ya no tendría que luchar contra el enemigo, su objetivo principal sería preparar la evacuación de la isla para el ejército japonés.

En febrero de 1945, cuando los soldados norteamericanos desembarcaron en la isla filipina de Lubang destruyeron la resistencia nipona de la isla. A pesar de ello, el mayor Yoshimi Taniguchi, que estaba a cargo de Hirō Onoda, le dio órdenes a este de permanecer en la isla combatiendo hasta el final. Sus instrucciones fueron: "Puede que nos lleve tres años, incluso cinco, pero pase lo que pase volveremos a por ti".

Atendiendo a este mandato, Onoda se cobijó en la jungla filipina donde permaneció oculto junto con otros tres soldados japoneses más. En septiembre de ese mismo año, la Segunda Guerra Mundial llegó a su fin y Japón, consciente de la cantidad de soldados que seguían luchando a través de diferentes campañas, creó un plan de acción para traerles de vuelta y comunicarles que la guerra había acabado.

Cuando Onoda fue informado no se creyó la noticia y rechazó la ayuda, considerando que se trataba de información falsa por parte de los enemigos. Así que siguió luchando en la isla. Durante los años en los que siguiendo luchando en su propia II Guerra Mundial, llegó a asesinar a 30 aldeanos que habitaban en los alrededores, a los que consideró del bando contrario. El soldado, además, ignoraba a las brigadas de búsqueda y recogida que enviaban para traer de vuelta a los que seguían luchando en nombre de la guerra.

Onoda.

Onoda estaba convencido de no rendirse hasta que no le dieran órdenes expresas sus oficiales. De esta forma, no fue hasta 1974 cuando Japón finalmente localizó al mayor Taniguchi, el responsable de las órdenes recibidas por Onoda, al que envió a buscarle. Le comunicó lo siguiente: "Soldado, deponga las armas, la guerra ha terminado", informándole de que la Segunda Guerra Mundial había acabado casi 30 años antes.

Onoda regresó a su país natal. Una vez de vuelta, en Japón le consideraron un héroe nacional y le perdonaron todos sus crímenes de guerra. El soldado tuvo que lidiar con una nueva realidad, una sociedad completamente diferente a la que conocía, trasformada tras los treinta años que permaneció luchando en el servicio.

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