20 de septiembre de 2020
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FIN DE SEMANA

Trabajó en 70 producciones, en las que hizo de ayudante de dirección, director de fotografía, director y hasta empleado como cámara para el Nodo

La vida de Tomás Duch Belmonte: El albaceteño que fotografió la primera película del cine sonoro español

Fotograma de El misterio de la Puerta del Sol.
Fotograma de El misterio de la Puerta del Sol.
Un albaceteño estuvo en el nacimiento del cine sonoro en España: Tomás Duch Belmonte, un curioso personaje que nació con el fin del siglo XIX y al que se perdió la pista los primeros cincuenta, pero dejando una amplia trayectoria fílmica, ya que se estima que trabajó en unas 70 producciones, en las que hizo de ayudante de dirección, director de fotografía, director y hasta empleado como cámara para el mítico Nodo.

Gracias a un trabajo del investigador albacetense Ángel Luis Arjona Márquez se pudo arrojar claridad sobre la vida Tomás Duch Belmonte, un cineasta nacido en la provincia de Albacete. La historia la ha reflejado y lanzado a la fama la web www.cuentosdecine.es, del periodista albacetense José Fidel López.

Tomás Duch Belmonte vino al mundo el 31 de enero de 1899 en una acomodada familia. Su padre, Tomás Duch Montero, fue quien logró que la luz se hiciera en la capital. El 1 de abril de 1888 Albacete se convirtió en una de las primeras ciudades de España con alumbrado público por iniciativa del concesionario Tomás Duch, asesorado por el ingeniero alemán Schilling. "Acababa de esta forma el tradicional alumbrado de petróleo que llegó a funcionar hasta el año anterior", contaba el cronista oficial de la villa de Albacete, José Sánchez de la Rosa, en un reportaje publicado en el diario La Verdad en abril de 2012.

También Duch Montero trató de que la ciudad tuviera agua potable, pero su proyecto, a pesar de contar con la concesión municipal pertinente, fracasó en 1891, y habría que esperar varios años más, hasta 1905. 

Fue un libro editado en 1989 por Filmoteca Española, Directores de Fotografía del cine español, de Francisco Llinas, el que dio la primera pista a Arjona Márquez para componer una biografía que todavía hoy se mantiene incompleta, lo cual, no deja de considerar a Duch Belmonte como uno de los personajes más fascinantes de la historia del séptimo Arte en España.

De farmacéutico al cine

El caso es que Duch Belmonte se trasladó de adolescente a Barcelona, donde pudo trabajar con sólo 14 años en la película documental de Rafael Castellfort, Barcelona trágica, fechada en 1913 y de la que no se guarda copia conocida alguna. Su presencia en Barcelona le permitió, además, estudiar la carrera que ejerció profesionalmente al margen del cine, farmacéutico, oficio que desempeñó en Valencia. De hecho, hasta formó parte del Instituto Médico Valenciano como "socio residente".

Sus siguientes pasos profesionales en el mundo del cine los dio cuando, junto al director de cine José Fernández -más conocido como Pepín Fernández- y al comerciante José María Valterra -o Vallterra-fundó la productora Fer-Vall-Duch, en la capital del Turia. En su filmografía la primera película en la que aparece como director es La princesa embrujada, de 1920. Ya, en 1923 estuvo detrás de las cámaras de Brazos de hierro.

Pero además, su pasión por el cine le llevó en la segunda mitad de la década de los 20 del pasado siglo a París y Berlín, ciudades en las que realizó prácticas en diversos estudios cinematográficos. En su regreso a España, Duch Belmonte colaboró también con la revista Popular Film, de Barcelona, que anunciaba en 1927 su fichaje de esta manera: "Atentos a nuestra idea de dar la máxima amplitud a la información relacionada con las producciones españolas, hemos nombrado corresponsal literario en Valencia al cultísimo periodista y conocido cinematografista, don Tomás Duch, el que comenzará pronto su tarea de enviarnos información gráfica y literaria de las cintas y de los artistas valencianos", labor de la que se tuvo que desligar paulatinamente cuando su trabajo en el Cine ganó en intensidad.

                                                                       Un retrato de Duch Belmonte./cuentosdecine.es

El propio Duch Belmonte explicó a Luis Gómez Mesa en la revista Popular Film en mayo de 1928 que la serie cómica en cuatro partes Min y Max (1924-1925) fue la primera producción en la que intervino como operador.

Poco después, Duch Belmonte dio el salto de Valencia a Madrid en 1928, y esa misma publicación, Popular Film, así lo contaba el 26 de julio de aquel año: "Nuestro querido camarada que representaba a esta revista en Valencia, el conocido y reputado cameraman Tomás Duch, después de haber terminado los trabajos de rodaje de la película de Walken -apodo del director José Calvache-, Charlot español, torero -estrenada en 1929-, ha sido contratado por la importante casa España Film, que tan competentemente dirige el señor Ortiz, y a la que queda vinculado. Celebramos la incorporación del amigo y camarada Duch a la cinematografía madrileña, en la que seguramente le aguardan éxitos tan importantes como merecidos. Tomás Duch, siempre que su trabajo se lo permita, seguirá honrando las páginas de Popular Film con su interesante colaboración".

Fotograma de la primera película sonora del cine español.

"Quizá sea una locura, pero es una locura que me hace feliz", afirmó Duch Belmonte cuando decidió centrar sus esfuerzos profesionales en el cine, dejando de lado su trabajo de farmacéutico. Precisamemte, en un reportaje firmado por Mauricio Torres sobre esta película dirigida por Walken -quien compartió páginas como colaborador con el cineasta albacetense en Popular Film- publicado en julio de 1928 en El Cine, revista barcelonesa, el propio Duch Belmonte explicaba la pasión que despertaba en él el cine.

En 1929, ya como director de fotografía, participó con el inventor, nacido en Alcázar de San Juan, José Luis Ayuso Femández, en el rodaje de una película parlante -definición con la que se aludía a la utilización de un disco sincronizado con la proyección del filme mudo haciendo de banda sonora-, basada en escenas de la zarzuela La manola del Portillo.

Pero además, esa misma función, la de director de fotografía, la ejerció en 1929 en El misterio de la Puerta del Sol, del onubense Francisco Elías, rodada en Madrid, pero estrenada en el Coliseo Castilla de Burgos el 11 de enero de 1930. Se da la circunstancia que El misterio de la Puerta del Sol está considerada como la primera película española sonora. Este film fue producido por el empresario Feliciano Manuel Vitores, natural de Belorado (Burgos) -de ahí su estreno burgalés-, que fue quien adquirió el primer sistema de grabación cinematográfica con sonido, con su compañía, Hispano de Forest Fonofilms, junto a Enrique Urazandi y Agustín Bellapart.

Hay que señalar que la labor de Duch Belmonte en esta película tan significativa en la historia del cine en España -por cierto, comercialmente fue un fracaso- recibió tanto halagos como críticas en la prensa especializada de la época. Así, en Nuestro Cinema, se decía en octubre de 1932: "De la cámara fotográfica se ocupa Tomás Duch, fracasado siempre". Contundente crítica. Otras muchas publicaciones, eso sí, reconocían el talento del albacetense.

Ya, durante la República y la Guerra Civil -según relató el investigador Ángel Luis Arjona en su investigación, editada en el documento II Congreso de Historia de Albacete. IV: Edad Contemporánea, en el que se incluían los trabajos de esa cita celebrada en octubre de 2000-, prestó sus servicios en algunas algunas productoras "leales al régimen constitucional", como Filmófono, la "requisada por los anarcosindicalistas" Orphea Film, o la "también anarquista" FRIEP, acrónimo de la Federación Regional de la Industria Cinematográfica y Espectáculos Públicos, siendo relegado al olvido durante la posguerra.

                           El cartel de El milagro de la Puerta del Sol/ cuentosdecine.es

En esa época, después de perder la categoría de director de fotografía, trabajó como segundo operador en diversas producciones de Cifesa, con sedes en Madrid, Sevilla y Valencia, tanto durante como después de la contienda nacional, "estando la andaluza controlada por el bando rebelde desde el inicio de la contienda".

En ese periodo colaboró en películas como Malvaloca, de Luis Marquina (1942) y El clavo, de Rafael Gil (1944) -aunque en esta última su nombre no aparece en los títulos de crédito-; donde sí aparecen es en la popular Ella, él y sus millones, de 1944, también como operador de cámara.

Esa misma labor la desarrolló durante un periodo cercano a los cincuenta en diversos documentales, muchos de ellos para la productora Proa Films, como El Greco, Goya, La capilla del Espíritu Santo, La catedral de Burgos, La mitología en el Prado: Rubens o Tiziano en el Museo del Prado, haciendo tándem con el director José María Elorrieta. Arjona Marquez asegura que incluso pudo trabajar para el No-Do.

Y de nuevo, en 1949 Duch recuperó la categoría de director de fotografía en un largometraje de ficción: La tienda de antigüedades, de José María Elorrieta. En el final de su trayectoria aparece su nombre ligado a numerosos documentales y a otras películas como La mujer, el torero y el toro, de Fernando Butragueño (1950), Dos vidas, de Emilio Poveda (1951), y como segundo asistente de cámara, El curioso impertinente (1953).

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