14 de noviembre de 2019
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FIN DE SEMANA

Desde los años 60, artistas como Marisol, Joselito o Rocío Durcal se convirtieron en auténticos negocios para las personas mayores que les rodeaban

La serie de Netflix sobre Parchís trae a la actualidad a los niños prodigio del cine español

El grupo Parchís.
El grupo Parchís.
En sus 108 minutos de metraje, la cinta realiza una radiografía de los años que marcaron las vidas de Yolanda, David, Tino, Gemma y Frank. Lo hace de la mano de los testimonios de sus protagonistas, que se ponen de nuevo ante las cámaras cuarenta años después de la formación de la banda, y de figuras clave en su trayectoria como sus padres, managers, productores, tutores y todos aquellos que participaron de alguna forma en un éxito que, como todos a este nivel, tiene sus luces y sus sombras.

Parchís fueron un fenómeno social en los años ochenta, pero la moda de los niños prodigio arranco mucho antes. A finales de los años cincuenta. Durante casi tres décadas distintas ‘niños prodigio’ marcaron el cine español y arrasaron en las listas de éxitos musicales. En muchos casos detrás se encontraban situaciones de explotación o, cuanto menos, poco edificantes.

Joselito, el pionero

 

La historia de José Jiménez Fernández, nacido en Jaén en 1943, es pura posguerra española. Cuando el cine lo descubrió llevaba ya años cantando por los pueblos de España. El éxito internacional de El pequeño ruiseñor en 1956 lo catapultó hasta el punto de ser recibido por líder internacionales como el Papa Juan XIII o Fidel Castro.

Vendió millones de discos y años después confesó no saber qué había sido de gran parte de los ingresos que generaba. Cuando su voz cambió, no así su estatura, el cine intentó buscarle vehículos como galán romántico, pero no funcionaron.

Su peor momento fue cuando a principios de los noventa pasó por prisión por su relación con el mundo de los estupefacientes. Tras casarse con un amor de infancia participó en el relity Supervivientes, se ha dedicado a negocio vinícolas y ha participado en algunas películas, entre ellas la cuarta entrega de Torrente.

Marisol, una máquina de hacer dinero

 

El productor Manuel J. Goyanes buscaba una réplica femenina para Joselito. La encontró en Málaga. Era fotogénica y cantaba bien. Su primer vehículo fue Un rayo de luz en 1960 y le siguieron años de éxitos. Rodajes, conciertos, presentaciones… Años más tarde la propia Marisol, cuando volvió a ser Pepa Flores, dijo no recordar con buenos ojos aquella época.

Durante años se ha especulado cómo vivió la actriz esa época de éxito. En noviembre de 2018 Vanity Fair rescató unas declaraciones que había realizado a Francisco Umbral, donde hablaba de que la llevaban a un chalet de El Viso para verla desnuda. Nunca Pepa Flores se ha vuelto a pronunciar sobre el asunto.

Lo que es cierto que Marisol fue un auténtico negocio. Se puede decir que el merchandising llegó a España con ella. Se editaban revistas, cromos y muñecas sobre la joven estrella. A pesar de que consiguió hacer el tránsito a la edad adulta en el cine, decidió abandonarlo tras rodar Resultado final (1985) junto a su paisano Antonio Banderas.

Rocío Dúrcal, triunfando gracias a las rancheras

 

A rebufo del éxito de Marisol, el productor Luis Sanz se fijó en esta joven madrileña criada en el barrio de Cuatro Caminos. Después de Canción de juventud (1962) rodó una serie filmes creados a su imagen y semejanza. Con la distancia que da el tiempo, es fácil comprobar que las películas de la Dúrcal estaban más cuidas que las de otros niños prodigios

Luis Sanz quiso hacer de ella una versión de Deanna Durbin, una estrella adolescente del cine americano en los años 40, y cuidaba el vestuario, los decorados y los repartos que acompañaban a su estrella.

Tras casarse con Junior y romper su relación profesional con su descubridor, probó suerte en el destape pero al final, gracias al malogrado Juan Gabriel triunfar en todo el mundo gracias a las rancheras.

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