23 de mayo de 2022
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FIN DE SEMANA

Un grupo de aficionados cinegéticos realizaron el 21 de marzo un viaje de casi 7.000 kilómetros en coche para llevar ayuda al país invadido por Rusia

Laureano de las Cuevas de 'Cazadores con Ucrania': "Lo que vi allí fue algo inenarrable por el dolor que impera"

/ Cazadores con Ucrania.
Hace unos días, concretamente el 21 de marzo, un grupo de buenos amigos decidieron embarcarse en un viaje solidario de casi siete mil kilómetros en coche hacia tierras ucranianas para llevar ayuda a un pueblo necesitado de ella por la guerra con Rusia. Todos los voluntarios comparten su condición de cazadores y como tales pusieron en marcha un proyecto que denominaron “Cazadores por Ucrania”. José Ignacio Herce, colaborador de El Cierre Digital, conversa con uno de ellos, Laureano de las Cuevas.

Hace unos días, concretamente el 21 de marzo, un grupo de buenos amigos decidieron embarcarse en un viaje solidario de casi siete mil kilómetros en coche hacia tierras ucranianas con el único fin de llevar ayuda a un pueblo necesitado de ella por la guerra con Rusia.

Los miembros de este grupo tienen un vínculo común, ser cazadores, y como tales pusieron en marcha un proyecto que denominaron “Cazadores por Ucrania”. Sus nombres son muy conocidos dentro del mundo cinegético, Lolo de Juan, Raúl Sánchez de Castro, Pablo del Guayo, Ignacio Ducay, Alejandro Palomares, Andrés de la Cal, Miguel Ángel Cordero, Ángel Muñoz, Jose Javier González y Laureano de las Cuevas.

Y precisamente es con uno de ellos, Laureano de las Cuevas, con quien elcierredigital.com comparte unos minutos para que nos hable de esa experiencia. Laureano es miembro de entidades cinegéticas tan importantes como el Safari Club Internacional, el Real Club de Monteros o la Asociación del Corzo español y, por tanto, un buen representante de este colectivo.

-Laureano, ¿cómo se os ocurre esta “locura”?

- Pues mira, el culpable de todo fue nuestro amigo Leopoldo Osborne que, de repente, un día nos dice ¡me voy para Ucrania! Y a todos nos dejó “con el diente largo”, de tal forma que, posteriormente, en un programa de Caza, Pesca y Naturaleza en Radio Intereconomía, en el que comentamos el tema con el propio Leopoldo, no pudimos por menos que pensar ¡nos vamos contigo! Y fue, como casi siempre, el gran Raúl Sánchez de cárnicas Dibe el que leyó nuestro pensamiento y dijo ¡Yo pongo un camión y nos vamos! Allí empezó todo.

Camión cargado de comida y otros productos para los ucranianos.

-Las iniciativas de apoyo al pueblo ucraniano están siendo, afortunadamente, algo habitual en estos tiempos de dolor y sufrimiento. Pero, ¿qué hace esta iniciativa vuestra diferente a las demás? O para ser más exactos, ¿se diferencia en algo de las llevadas a cabo por las organizaciones al uso?

-Absolutamente ninguna. Toda iniciativa que sirva para ayudar al pueblo ucraniano es igual de loable. En lo que hay una diferencia es en la respuesta. Aquí quien responde no es una ONG o una organización similar, aquí quien responde es un colectivo. Nosotros lanzamos una convocatoria sin ningún tipo de medios, todo se hizo mediante el boca a boca y, aun así, el primer día que se instala el camión de cárnicas Dibe en la feria CINEGETICA 2022, a las pocas horas, tiene que irse a descargar porque no tiene capacidad para recoger más aportaciones. La respuesta del colectivo cazador fue “brutal” y demuestra lo que ha sido siempre, un colectivo dispuesto a arrimar el hombro donde sea, da igual que sea un incendio, un desastre natural o cualquier otra situación en la que se necesite ayuda humanitaria. Una vez más, ha sido una respuesta encomiable y digna de admiración en todos los sentidos.

-Cuéntanos, ¿en qué ha consistido vuestra ayuda?

-Pues mira, desde el chavalín que a la puerta de CINEGETICA te daba cinco euritos, hasta aquellos otros a los que su capacidad adquisitiva les permitía donar bastante más. Desde empresas y laboratorios, que aportaron productos farmacéuticos, hasta gente que ha aportado lo que tenía, lo que podía. Pero mira, lo que cuenta es que han dado todos, era impresionante ver a la gente que venía a la feria y traía en el metro hasta sillas de ruedas, sacos llenos de ropa de abrigo…o sea, no era la transferencia cómoda desde casa, la gente se venía cargada a la feria para hacer su aportación, impresionante. Es una de las maravillosas cualidades que tenemos los cazadores porque, al contrario de lo que la gente puede creer, los cazadores estamos acostumbrados a sufrir y no queremos que los demás lo hagan, sobre todo en circunstancias como esta.

-Varios de los que iniciasteis ese viaje habíais recorrido ese camino en otras circunstancias, en busca de esa pieza deseada pero, en esta ocasión, el viaje tenía otro objetivo diferente, ¿cómo fue ese viaje de 3.200 km hasta llegar a vuestro destino? ¿Qué sensaciones os acompañaron en esta ocasión?

-Pues mira, la ida fue un viaje muy “disfrutón” porque íbamos ilusionados, charlando, riendo, con la mente puesta en lo que nos íbamos a encontrar. Cualquier viaje de caza tiene ese componente de disfrute, de estar con los compañeros. En este caso fue una cosa parecida, todos nos conocíamos, éramos amigos y aunque el viaje fue apresurado, fue muy agradable. Fueron treinta y tantas horas seguidas, parando solo para que los camioneros pudiesen cumplir con la normativa de transporte, echar gasolina y tomar algún bocado.

-¿Cuándo tomasteis conciencia de dónde os encontrabais?

Yo, particularmente, cuando me desperté de mi turno de dormir en la parte trasera del coche llegando a la frontera polaca y vi, paralelo a nosotros, un convoy de carros blindados y piezas de artillería pesada y ahí pensé “esto es otra historia, el paisaje está cambiando…”

-¿Cómo fue vuestra llegada?

-Cuando llegamos a Chelm teníamos un tiempo marcado para descargar nuestros dos camiones y esperábamos la ayuda del ejercito ucraniano pero, mira por dónde, nos llamaron para decirnos que no nos podrían ayudar y nos tocó hacerlo a nosotros. Así que nos descargamos las 40 toneladas de cada camión, de tal manera que lo que habría sido un proceso de un par de horitas se convirtió en una tarea realmente dura porque carecíamos de cualquier tipo de elemento, material o utensilio apropiado para la labor….todo a brazo (Ríe).

Miembros de 'Cazadores con Ucrania'.

-¿Qué esperabas encontrarte y con qué te encontraste?

- Lo normal, yo esperaba llegar a la frontera y ver barbaridades pero la verdad es que cuando llegué me di cuenta de que no estaba preparado para eso, tuve que cauterizar la mitad de mi corazón y el noventa por ciento de mi alma porque lo que vi allí fue algo inenarrable, no por lo sangrante digámoslo así, sino por el dolor y el sufrimiento humano que allí imperaba.

Desde nuestro país tenemos una visión un poco “peliculera” del problema, la televisión nos ofrece un drama colectivo, una vista aérea de lo que ocurre en cada zona. El choque se produce cuando entras en el drama digamos, personal, es impactante. Te puedo decir que yo he vuelto tocado del viaje sino que he dejado parte de mí en ese viaje…no sabes lo que es ver a una mujer joven con un niño llorar de agradecimiento al recibir un pequeño donativo económico que le ofrecimos…mujeres con niños, ancianos, sin saber a dónde ir… es un sumatorio de desgracias personales.

-¿Llegasteis a entrar en territorio ucraniano?

Si, sobre todo para comprobar que la entrega llegaba a donde tenía que llegar, allí las mafias campan a su aire… pero no llegamos a entrar en zona de guerra.

- Sin frivolidades, hemos comentado cómo el cazador esta acostumbrado a sufrir penurias, penalidades… ¿esta experiencia os hizo más fuertes?

- No tiene nada que ver una cosa con la otra, quizá tan solo es comparable el viaje. Cuando en un viaje de caza llegas a un pueblo, ves caras de niños sonrientes, alegres en general, pero allí nadie se acercaba a ti, eran cuerpos sin alma. En el viaje sí nos valió la experiencia de ser cazadores, acostumbrados a organizarnos, a colaborar, a convivir en circunstancias extremas... si no, la cosa habría sido más complicada, no lo dudes.

-¿Cómo os sentisteis en Chelm, vuestro punto de destino?

- Mira, una de las personas que nos atendió a la llegada fue una policía ucraniana, Olga, que, por cierto, no entendía como habíamos llegado hasta allí sin ser ONG o asociación organizada, tan solo un grupo de amigos representando a un colectivo como el cazador, no podía entender como diez “zumbados” habían llevado esa carga…cuando se fue, se alejó llorando. Después recorrimos el centro de acogida y vimos a la gente llegando en trenes y cómo recibían alimento y ropa, y encontramos a un español que andaba por allí ayudando en lo que podía y que nos comentó que había muchos españoles en la zona, hasta el punto de que quizá España era uno de los países que más estaban colaborado en estas misiones humanitarias.

-Una vez allí, vuestra labor no solo se limitó a aportar la ayuda del colectivo cazador español, además os ocupasteis de traer familias a España, ¿cierto?

- Cierto, y no fue una labor fácil porque había que comprobar que la madre y el niño eran en realidad parientes, que no tenían problemas con la justicia… y en eso nos ayudó mucho nuestra policía Olga. Hubo que seleccionar mucho y al final trajimos a tres familias que tenían conocidos o parientes en España. En esta tarea intervino hasta la INTERPOL.

Brazalete 'Cazadores con Ucrania'.

En todas estas gestiones, ¿tuvisteis algún tipo de ayuda o apoyo del Gobierno español?

-Pues mira, sintiéndolo mucho tengo que decirte que no. Aquello es territorio de ONG y nosotros éramos una “no ONG”, de lo cual, por cierto, nos sentimos muy orgullosos. Por supuesto no quiero desprestigiar a ninguna ONG de las que allí había pero, a mi modo de ver, las sentí asépticas, profesionalizadas, lo cual no sé si es bueno o malo…nosotros lo que sabemos es que la ayuda de los cazadores españoles está en Chermihiv, una de las ciudades mas bombardeadas, y en Sumy.

-Hemos salido con vosotros de Madrid, hemos recorrido un largo viaje hasta Chelm, descargado nuestra carga y digámoslo así, cumplido el objetivo, llega el momento de volver, ¿cómo fue la vuelta?

- Volvemos con los deberes hechos pero con la frustración de no haber hecho más. Yo no querría haberme traído a seis personas sino a seis mil…pero el problema era qué se hacia con ellos una vez en España. Los tres mil doscientos kilómetros de vuelta no pesaron en cansancio, de hecho, yo no lo sentí hasta llegar a casa. Lo cierto es que cuando salimos éramos una panda de amigos con una misión noble y cuando volvimos éramos un grupo de amigos que compartíamos alojamiento rodante con familias víctimas de la guerra. Veías sus caras de felicidad por salir de allí pero, por otro lado, de angustia por no saber qué iba a ser de ellos en nuestro país. Esta experiencia ha cambiado nuestras vidas porque, quizá como cazadores, tenemos la tendencia a “meternos en la piel” del animal que vamos a cazar y también la tenemos para empatizar con el resto de las personas. En este caso, es muy duro, te lo aseguro.

-¿Crees que la percepción que se tiene desde la  zona de “confort” del sofá en nuestro país está acorde con la realidad que se vive en aquella zona? ¿Se ajusta a la realidad?

- No, como te decía, estamos acostumbrados a que los medios nos den una visión global, no mostrándote la realidad personal de la que también hablamos antes. Cuando estas allí, vives las vidas de cada uno de forma individual produciéndote una visión totalmente diferente. Yo he tenido la “suerte” de vivirlo y tomar esa distancia corta que me permite conocer la realidad en toda su crudeza.

Laureano de las Cuevas y José Ignacio Herce.

-Y ya para finalizar, aunque creo de durante esta charla se ha podido percibir claramente, ¿crees que esta experiencia va a marcar un antes y un después en vuestras vidas o, como suele pasar, después de un tiempo quedará en el olvido?

-Son cosas que no se olvidan y que, además, no deben olvidarse si no queremos que se repitan. Tengo claro que jamás haré ni apoyaré algo que suponga para los míos lo que he visto en aquellas tierras y lo que, sí te digo y hablo por mi y mis compañeros, es que estamos llenos de ganas de volver, hemos dejado mucho allí y queremos ir a recogerlo y a recogerlos. Lo cierto es que esta experiencia amplía las miras y, no quiero ser “sensiblón”, pero esa empatía de la que hablamos se ve acentuada y quizá me haga ser más perceptivo y también, porque no, quizá tenga la lagrima mas fácil…

Tras esta charla con Laureano de las Cuevas, solo me queda desear a mis buenos amigos cazadores solidarios que cuando vuelvan por aquellas tierras a recuperar parte de lo que dejaron, lo hagan encontrando un país libre y en paz.

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