09 de febrero de 2023
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FIN DE SEMANA

Ricardo Mateos y Jonatan Iglesias han indagado en un libro (Ediciones Insólitas) en las vidas de las hermanas del Rey consorte Francisco de Asís

Estas son las Infantas más desconocidas de la Historia de España: Las cuñadas de Isabel II

Infanta Luisa Teresa de Borbón.
Infanta Luisa Teresa de Borbón. / Las cuñadas de Isabel II son grandes desconocidas de la Historia de España.
Ricardo Mateos Sáinz de Medrano y Jonatan Iglesias han indagado en el libro 'Las cuñadas de Isabel II, las infantas más raras que ha dado España' las vidas de las hermanas del Rey consorte Francisco de Asís. Cinco mujeres (Isabel Fernandina, Luisa Teresa, Josefina Fernanda ‘Pepita’, María Cristina y Amalia Filipina) prácticamente olvidadas y que formaron parte de una de las ramas de la Casa Real española.

Mucho se ha escrito sobre los Borbones, pero todavía quedan algunos parientes que no por olvidados dejan de ser tan interesantes como curiosos. Ricardo Mateos y Jonatan Iglesias han indagado en los antepasados de Felipe VI para traer al presente a unos personajes que dan una nueva perspectiva a la dinastía. La investigación los ha llevado a publicar el libro Las cuñadas de Isabel II, las infantas más raras que ha dado España.

Isabel Fernandina, Luisa Teresa, Josefina Fernanda ‘Pepita’, María Cristina y Amalia Filipina eran hermanas de don Francisco de Asís, rey consorte de la reina Isabel II de España, e hijas de Francisco de Paula Antonio María de Borbón y Borbón -hijo de Carlos IV- casado con Luisa Carlota de Borbón-Dos Sicilias, hija del rey Francisco I de las Dos Sicilias. En pleno siglo XIX donde las revoluciones estaban a la orden del día, cada una tuvo un destino bastante dramático, aunque hubo alguna que otra excepción.

Isabel Fernandina, la rebelde enamorada

Con tal de evitar la encorsetada vida de la corte, Isabel se las ingenió para escapar de todo lo que oliera a norma anquilosada. Mientras estuvo internada en un convento agustino parisino se enamoró de un conde polaco arruinado llamado Ignacy Gurowsky, con el que se fugó. La infanta se disfrazó de hombre, enlazó varias sábanas y salió por la ventana mientras su amado la esperaba disfrazado de sirviente.

La Infanta Isabel Fernandina. 

La vida del noble no estaba alejada del escándalo ya que antes de casarse con la cuñada de Isabel II mantuvo un trío con Astolphe de Custine, marqués de Custine quien, a su vez, era pareja de Eduard Sainte-Barbe. La pareja se casó en secreto en Inglaterra y se exiliaron a Bélgica, donde gozaron de ciertos privilegios. Sus relaciones con la Casa de los Sajonia-Coburgo-Gotha provocó el origen del rumor sobre la infidelidad de la infanta Isabel con el rey viudo Leopoldo I de Bélgica, de quien se dijo que había tenido una hija ilegítima.

Su alto tren de vida los llevó a la ruina rápidamente. Por ello, para sacarse unas perrillas, Isabel Fernandina hizo algo inaudito para ese momento, ya que fue la primera infanta en vincular su nombre a la publicidad para una casa de corsés que había sacado al mercado unas prendas denominadas cintura regente. A pesar de la astronómica cifra que recibió, sus vicios acabaron por desterrarla a la más absoluta de las pobrezas muriendo en un hotel desvencijado donde la tuvieron que alimentar. Dejó muchas facturas impagadas que el dueño del establecimiento intentó cobrar.

Algunos de los descendientes de esta infanta son la actriz Marisol Ayuso, conocida popularmente por ser la madre de Paco León en Aida, y los descendientes del doctor Gregorio Marañón, cuyo primogénito, el jurista y político Gregorio Marañón fue el I marqués de Marañón casado con Patricia Bertrán de Lis y Pidal, VI condesa de Retamoso.

Luisa Teresa, la despilfarradora

Le encantaba estar rodeada de lujo y entre sus vicios estaba la ludopatía, perdiendo ingentes cantidades de dinero en el casino de Biarritz, localidad de moda a finales del siglo XIX y principios del XX porque veraneaban algunas monarquías y aristócratas. Tuvo la suerte de casarse con José María Osorio de Moscoso y Carvajal, XVI de Sessa, perteneciente a la Casa de Sessa que era la más rica y con más títulos nobiliarios de España.

La Infanta Luisa Teresa. 

Pero cuál sería el tren de vida de la infanta que en poco tiempo logró arruinar a los Sessa. La obsesión por comprar joyas, palacios, castillos y objetos de arte fue la perdición del matrimonio que tuvo que vender los palacios de Villamanrique y Altamira y el castillo de Cabra. El escándalo surgió cuando varios joyeros madrileños publicaron la millonaria deuda que tenía la cuñada de Isabel II porque había estado comprando diamantes y otras piedras preciosas sin tener fondos.

Con tal de llevar a cabo su estrategia incapacitó a su esposo hasta encerrarle en el castillo de Cabra, donde murió completamente aislado y sin los cuidados necesarios. Uno de sus descendientes más conocidos que tuvo su protagonismo en la prensa rosa en los años noventa es Ioannes Osorio, XIX duque de Alburquerque, que en aquellos momentos estaba casado con la exmodelo de Don Algodón Blanca Suelves, hija de los marqueses de Tamarit.

Pepita, la fogosa

Quiso dar rienda suelta a sus deseos libidinosos saltándose por todo lo alto la pragmática de Carlos III que no permitía que una infanta se casara con una persona de rango inferior. La pasión desaforada que sentía por los hombres la llevó a enamorarse de José Güell y Renté, un poeta cubano con el que se casó en secreto en Valladolid.

Aquello no gustó nada en la corte porque supuso un escándalo tremebundo, por lo que su cuñada la reina Isabel II la desterró en 1848 y la desposeyó de su título real. Se trasladaron a Francia, pero cuando regresaron lo hizo con premeditación y alevosía al ser una especie de adalid en Valladolid para ir en contra de Isabel II a causa de la revolución de 1854.

La Infanta Josefa. 

Pero ahí no quedó la cosa. Cuando volvieron de Francia, Josefa Fernanda no tuvo otra cosa mejor que hacer que ir en contra de su prima cuando encabezó la revolución de 1854 en Valladolid. En la corte no paraban de enfrentarse unos con otros, hasta que Josefa Fernanda recuperó su título unos años después.

A pesar de los pesares, la íntima relación que tenía con la reina de cuando solían dar largos paseos por el Retiro mientras se contaban sus confidencias fueron motivos más que suficientes para que volviera a tener el título. Sin embargo, de poco le sirvió, porque al igual que una de sus hermanas falleció en la pobreza.

María Cristina, la boba

Nació con cierto retraso intelectual, era poco agraciada y estaba abocada a la eterna soltería. Sin embargo, los tejemanejes de la corte conllevaron un matrimonio orquestado con el infante Sebastián de Borbón y Braganza, fotógrafo oficial de la casa real, muy refinado y tremendamente culto. Uno de los defectos de los que se avergonzaba era su ojo de cristal, por eso siempre aparece de perfil en las imágenes que se conservan.

La infanta tuvo una vida plena y llena de lujos en su palacio de la calle Alcalá donde en sus paredes se podían encontrar obras de Velázquez y El Bosco. Sus bailes, meriendas y tertulias eran una cita ineludible para los intelectuales y las clases pudientes. María Cristina estaba bastante alejada de la realidad debido a sus problemas mentales. Vivía en su propio mundo. Para muestra, un botón. Cuando los Borbones se exiliaron en 1868, al bajarse del tren en Sebastián para retomar otro con dirección a París, María Cristina se dedicó a saludar a una multitud republicana porque pensaba que se alegraban de verla.

La Infanta Cristina. 

Tras su regreso a España, las Cortes decretaron retirarle la asignación como infanta porque era una de las mujeres más ricas del país. A ella le dio lo mismo. Con su fortuna podía hacer y deshacer a su antojo. Ya viuda se dedicó al dolce far niente.

Sus vástagos protagonizaron las crónicas de sucesos porque su primogénito, Francisco María, murió tras practicársele electroshock para curarle la homosexualidad y la esposa de Luis de Jesús, duque de Ánsola, se había quedado embarazada del diputado y diplomático Manuel Méndez de Vigo y Méndez de Vigo, por lo que quería que su esposo reconociera al niño para evitar perjuicios futuros.

El tataranieto es Íñigo Méndez Vigo, exministro de cultura durante el gobierno de Mariano Rajoy. El otro hijo de la infanta, Fernando Sebastián de Borbón, II duque de Dúrcal tuvo un romance con la bailaora gitana Pastora Imperio, cuya biznieta es la actriz Pastora Vega.

Este gusto por liarse con cabareteras, actrices y cantantes es habitual entre la realeza. Por ejemplo, el rey Alfonso XIII tuvo una relación extramatrimonial con la actriz Carmen Moragas, con quien tuvo dos hijos, María Teresa y Leandro, que en los últimos años de su vida se paseó por los platós de televisión hablando de sus antepasados. Afortunadamente, fue reconocido como miembro de la casa real.

Amalia, la bien casada

La más cabal de todas las hermanas fue Amalia, quien en ese cambalache que se traían entre manos las diferentes casas reales la casaron con Adalberto de Baviera, miembro de la familia que gobernaba el segundo reino alemán más poderoso tras el de Prusia. A raíz de este matrimonio, la infanta de España se convirtió en cuñada del rey Maximiliano II, y dio origen a la dinastía Borbón-Baviera.

La Infanta Amalia. 

La vida de doña Amalia transcurrió sin sobresaltos, vivía con gran ostentación y recibía en el palacio de Nymphenburg de Múnich a grandes personajes de la época como los Habsburgo, los Saboya o los Hesse, además de codearse con los zares de Rusia. Cuando regresaba a Madrid frecuentaba lugares elitistas de acorde a su rango, le encantaban los espectáculos del Teatro de la Zarzuela, el Teatro Real y pasear por Aranjuez, zona muy frecuentada por los Borbones.

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