29 de enero de 2023
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FIN DE SEMANA

La socialité se trasladó a EE.UU para 'interrogar' al escritor con el que se reunió en privado y este quedó encantado con la entonces señora de Boyer

El amor hoy roto entre Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa se fraguó tras una entrevista íntima en 1986

El Cierre Digital en
/ Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa.
Tras conocerse la sonada ruptura entre Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa, los medios de comunicación comenzaron a hacerse eco de la posibilidad de que la socialité tuviera "una nueva ilusión". Después de ocho años de relación, Preysler se apoya ahora en familiares y amigos, como el aristócrata José Antonio Ruiz-Berdejo. Sin embargo, el amor que sostenía a la pareja no se fraguó en 2015, cuando se conoció su historia, sino en 1986 durante una entrevista en EE.UU.

Unos días después de conocerse la sonada ruptura entre Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa, los medios de comunicación comenzaron a hacerse eco de la posibilidad de que la socialité tuviera "una nueva ilusión". 

A su vez, el reportaje de elcierredigital.com sobre la amistad de la hispano-filipina con el aristócrata y empresario residente en Sevilla José Antonio Ruiz-Berdejo ha cosechado gran éxito, llegando a las páginas y pantallas de otros medios. Después de su separación del premio Nobel, 'la reina de corazones' se estaría apoyando en sus familiares y amigos como el mencionado empresario –descendiente del conde de Sigurtá y cónsul honorario de Bélgica en Sevilla–.

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El empresario José Antonio Ruiz-Berdejo.

Aunque la relación entre el escritor hispano-peruano y la socialité se confirmó en 2015 –apenas un año y medio después de que muriera el entonces marido de la Preysler, Miguel Boyer– a través de una fotografía en la portada de la revista ¡Hola! en la que se les veía juntos, la ya expareja se conocía desde 1986

Cuando parecía que iba a convertirse en una mujer madura sin más interés para la prensa que su largo pasado, un nuevo golpe de portada la devolvía a la actualidad rosa. La unión entre la que, para muchos, es la 'reina de la frivolidad' y un premio Nobel de literatura no dejó a nadie indiferente. El mismo estupor que años antes provocó cuando se supo de su historia de amor con el entonces todopoderoso ministro de Economía y Hacienda, Miguel Boyer.

Desde esa portada en junio de 2015 mucho ha llovido. Los primeros tiempos de la pareja, como siempre ha sucedido con los cambios sentimentales de la Preysler, fueron de una presión mediática casi insoportable. Todo lo que hacían saltaba a la prensa. El mundo literario, tan cotilla y pagado de sí mismo como el del corazón, también entró en el ruedo. Las guerras de escritores son un clásico de nuestra cultura y fueron muchos los enemigos del autor de La ciudad y los perros los que se apuntaron a hablar del romance entre la sorpresa, la ironía y la mala leche.

Isabel Allende los calificó como ‘el chisme del momento’ y Jaime Bayly, el peruano al que muchos consideraron durante años como el verdadero heredero de Vargas Llosa, escribió para un periódico estadounidense un artículo lleno de (brillante) veneno en el que hablaba de una conversación con su madre en la que le explicaba que Mario “se había ido con la mamá de Enrique Iglesias” y concluían que “deberíamos enviarle unas flores a Patricia [Llosa, la exmujer del Nobel]”. Además, confesaba que su relación con su maestro se rompió porque “una mujer nos separó”. Bayly en su día fue muy cercano a un familiar del Nobel y el fin de esta amistad supuso, de facto, el fin del padrinazgo literario del escritor.

Travesuras de la niña Isabel

Mucho se ha especulado sobre cómo empezó la relación entre Isabel y Mario. Lo cierto es que se conocían desde mediados de los años ochenta cuando la filipina hacía entrevistas pagadas a precio de oro para ¡Hola!. Por la grabadora de la ex de Julio Iglesias pasaron nombres como Clint Eastwood, Robert Redford, su amiga Carmen Martínez-Bordiú o el propio Iglesias. Cuando entrevistó al escritor, éste estaba trabajando como profesor invitado en la Universidad de Princeton en New Jersey (Estados Unidos) y preparaba el estreno en Madrid de la obra de teatro La Chunga, a mayor gloria de Nati Mistral.

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En 1986 Isabel entrevistó a Mario Vargas Llosa para '¡Hola!'.

Isabel Preysler se trasladó a Estados Unidos para entrevistar al escritor y, parece ser, que el autor de La fiesta del chivo quedó encantado con la entonces marquesa de Griñón. El verano siguiente el matrimonio Vargas Llosa coincidió con Isabel y Miguel Boyer en el primera visita de la pareja del momento a Marbella, un año después de la dimisión del ministro y de la separación de Isabel de Carlos Falcó. Entre Boyer y el autor surgió rápidamente una amistad.

En 1990 la pareja fue protagonista de un rumor cruel detrás del cual muchos vieron la sombra de José María Ruiz Mateos que se la tenía jurada al matrimonio Boyer desde la expropiación de Rumasa en 1983. Se habló de un intento de suicidio por parte del exministro después de haber descubierto una infidelidad de su mujer con el escritor. El rumor pronto quedó desmentido y el nombre de Vargas Llosa dejó de asociarse al de Isabel Preysler hasta meses después de la muerte del político.

Según contarían años más tarde, fue en una de las fiestas de Porcelanosa donde surgió el amor. Preysler y Mario compartieron hotel en habitaciones contiguas. El antiguo interés de Mario por Isabel se despertó y el autor de La casa verde aseguró a sus amigos que “esta vez no voy a esperar treinta años”.

Mario y los visitadores (rosas)

En marzo de 2019 la pareja concedió una entrevista al escritor peruano Santiago Roncagliolo al que contaron cómo fue la ‘salida del armario’. Al parecer, unos fotógrafos localizaron a la pareja en la casa de Enrique Iglesias en Miami y estas fotos acabaron el despacho del director de una revista del corazón.

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Las revistas de política y economía también disfrutaron informando sobre el romance.

“Le dije al editor que ya estaba cansada de esto. La gente acababa de estar liándome con el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, y yo no quería empezar de nuevo con otro rumor”, confesaba Isabel. “Lamentablemente, no tenía manera de detener la publicación de las fotos. Al final, lo que nos salvó fue que la terraza de Enrique está techada. Puede parecer una tontería, pero ese detalle es una diferencia importante: Si un juez llegaba a considerar ese lugar como un interior de la casa, podría acusar a la revista de atentado contra la intimidad y condenarla a pagar una indemnización millonaria. Quizá el editor hizo sus consultas legales y por eso prefirió no arriesgarse a publicar las fotos”, explicó.

Al saber que ya la noticia estaba en la calle, Isabel recurrió a su revista de confianza ¡Hola! para hacer público un romance con el que daba un paso más en una vida donde la siguiente casilla siempre supera en expectación a la precedente.

Durante los primeros tiempos, la pareja se convirtió en fijos de las portadas rosas, pero también de las de información general y de los suplementos culturales de los periódicos. Mientras la figura de Vargas Llosa parecía caer en el peligro de la banalización, muchos presuntos intelectuales redescubrieron a Isabel Preysler que, lejos de su imagen más tópica, dicen, gana en las distancias cortas e incluso tiene un sutil sentido del humor que rompe con la imagen naif e incluso cursi que de ella ha dado la prensa del corazón. Tal vez porque el silencio ha sido su mayor arma para mantenerse en el universo mediático.

En los últimos años incluso se dejaba ver en televisión, el medio que menos la gustaba. Animada por la revelación de su hija Tamara Falcó en la pequeña pantalla, Preysler parece haberse relajado de su propio mito impostado y ha decidido sacudirse algunos de los tips que le han hecho ser el principal icono de la prensa de entretenimiento del país. Supo sacar el mejor rendimiento posible al silencio, rompiéndolo de forma bien calculada. Sabedora de que la ausencia de información se tiende a llenar con rumores y, a veces, libelos, sabía aparecer puntualmente para desmentirlos previo paso por taquilla y alimentar así el interés en torno a su figura. Ella fue la inventora de la fama como destino y no como consecuencia. De la celebridad como forma de vida.

Ahora, ambos vuelven a estar en el foco mediático tras su sonada ruptura, que como el anuncio de su noviazgo, no ha dejado indiferente a nadie.

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