29 de octubre de 2020
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FIN DE SEMANA

Los rumores de la cuarta boda de la filipina suenan con mucha fuerza después de que el Nobel haya conseguido su divorcio

“Isabel y el escribidor”, la amistad entre Vargas Llosa y Preysler comenzó en 1987

Isabel Preysler y Vargas Llosa
Isabel Preysler y Vargas Llosa / Gtres
Cerramos el repaso de la vida de una las mujeres más controvertidas de nuestro país. Hoy contamos el final de su historia de amor con Miguel Boyer con la muerte del ex ministro tras dos años convaleciente de un ictus. Nuevamente, Isabel sorprende a la sociedad española con su nuevo amor: el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa. La pareja, tras la firma del divorcio del peruano, ya es libre para casarse. Sería la cuarta boda de Isabel

La noche del 27 de febrero de 2012 Miguel Boyer sufrió un ictus. En esos momentos Isabel acababa de cumplir los 61 años, Miguel Boyer los 73, también recién cumplidos, y Ana, iba camino de los 23.

Fue una noche larguísima con una operación muy delicada. El doctor Mata tuvo que realizar una craneotomía y una evacuación del hematoma intraparenquimatoso. Tanto tiempo y tan larga espera dieron lugar a que por la mente de Isabel pasara la película de su vida y especialmente lo vivido con Boyer.

La mañana siguiente la noticia corría ya por todas las redacciones de los periódicos y por los círculos sociales, políticos y económicos de Madrid. Y así, entre recuerdos, visitas y llamadas fue transcurriendo el 28 de febrero de 2012, con numerosos periodistas en la puerta de la Ruber Internacional y los familiares y amigos íntimos obligados a entrar o salir por un parking aledaño que comunicaba con la Clínica para cumplir el deseo de discreción de Isabel y evitar así a la prensa.

Sus únicas salidas: de su casa al Centro Lescer

Tras su partida de la Clínica todos sus amigos y médicos coincidieron en que su recuperación sería larga, dura y de resultados inciertos. Las primeras semanas fueron fundamentales y cuando más progresos realizó. Todo estaba organizado en la Mansión de Puerta del Hierro en torno a las necesidades de Miguel Boyer y las recomendaciones de los médicos. El hogar funcionaba como un hospital ambulante, desde la mañana a la noche. Una de sus alas quedó en exclusiva para la rehabilitación del enfermo. Le asistían dos fisioterapeutas permanentes, uno de mañana y otro de tarde. Un día a la semana, casi siempre los martes, hacía ejercicios de natación en la piscina cubierta de la casa, que además tiene otra piscina exterior. También le asistían en su recuperación neurólogos, neuropsicólogos, fisioterapeutas y logopedas... Y todo ello porque el enfermo seguía teniendo grandes dificultades para hablar y escribir, así como en la movilidad de brazo y pierna derechos, el lado del cuerpo que resultó más afectado por el derrame. Los ejercicios tenían como objetivo una reorganización cerebral y un aprendizaje de estrategias compensatorias para mejorar su lenguaje funcional y su capacidad de comunicación. Según los fisioterapeutas, era fundamental la estimulación sensoriomotriz  y un reaprendizaje de las funciones motoras.

Isabel Preysler durante el entierro de Miguel Boyer

El ex ministro se sometía cada día a una intensa rehabilitación, desde las nueve de la mañana hasta media tarde. Las sesiones de ejercicios físicos duraban entre cinco y diez minutos con varias repeticiones a lo largo de cada sesión. Sólo descansaba el domingo. Tampoco se descuidaba la fisioterapia respiratoria, con el objeto de minimizar las complicaciones propias de las vías respiratorias vinculadas al reposo e inmovilidad del paciente ya que permanecía mucho tiempo sentado. La situación era crítica, y no sólo para el enfermo sino también para los familiares.

Sin embargo, el realizar todos los ejercicios indicados en su domicilio era más complicado de lo que pareció a primera vista, por lo que recurrieron al Centro Lescer (un centro de tratamiento de la lesión cerebral), situado en la avenida de Fuente la Reina, a escasos minutos de su mansión de Puerta del Hierro. Y allí iba, y sigue yendo todas las mañanas a primera hora, a realizar la pertinente rehabilitación. Ejercicios que sigue realizando por la tarde en su propia casa. Pero sólo hasta las seis, porque muy pronto se dieron cuenta de que a Miguel le venía bien y le encantaba recibir a los amigos. Aunque Isabel, siempre al tanto de todo, acordó que recibiera como media dos visitas al día. A esas alturas ella era consciente de que no podía interrumpirse en ningún caso la rehabilitación de su marido por lo que durante ese verano permaneció a su lado y no se fue de vacaciones.

La situación iba mejorando hasta el punto de que en la mansión de Puerta de Hierro hizo acto de presencia un cierto optimismo, tanto que a finales de julio Isabel y Miguel pactaron una entrevista en su casa con la agencia EFE.

La muerte de Miguel Boyer

Durante dos años Isabel Preysler redujo su vida sucia al máximo también sus compromisos publicitarios supusieron una merma. La situación tuvo un dramático punto final, cuando el ex ministro socialista, el hombre que había compartido su vida durante treinta años falleció el 29 de septiembre de 2014 en la Clínica Ruber Internacional debido a una embolia pulmonar. Un día más tarde era enterrado en el cementerio de San Isidro de la capital madrileña. Cerraba así Isabel Preysler uno de los capítulos más importantes de su vida. Sin embargo, la biografía de la filipina seguiría dando sorpresas. Un nuevo giro vital para completar una de las trayectorias más sorprendentes de nuestro país.

A la conquista del Nobel

Tan solo un mes después del entierro de Miguel Boyer, Isabel Preysler se dejaba fotografiar en la portada de su revista de cabecera, ¡Hola!, junto al que será el nuevo hombre de su vida, el escritor hispano-peruano Mario Vargas Llosa.  Como ya ocurrió en el pasado con las demás relaciones sentimentales de Isabel, la historia sorprendió a todos los españoles. En su paseo por todas las áreas de influencia Isabel conquistaba un nuevo campo. Si con Julio Iglesias alcanzó la fama, con Carlos Griñón la Nobleza, Boyer el poder político y económico, con Vargas Llosa llegaba ahora a la cumbre de la intelectualidad.

Vargas Llosa con su mujer Patricia e Isabel Preysler en los 80 / Archivo

Como había ocurrido siempre Isabel y su nuevo amor fueron un gran reclamo para las revistas del corazón. Cada paso de la pareja era escrutado por la prensa. Cada salida era carne de paparazzi.
Isabel y Mario se habían conocido en 1987 cuando la Preysler era una colaboradora de lujo de la revista ¡Hola!. Isabel entrevistó al escritor peruano. Según gente que conocen bien al Nobel, Mario quedó subyugado por la personalidad de la filipina. Su reencuentro se produjo durante la enfermedad de Miguel Boyer, que era amigo íntimo del novelista.

Como ha ocurrido con otras parejas de Isabel, también han tenido que superar varios escollos. El primero la el difícil divorcio de Vargas Llosa y su mujer Patricia Llosa.

La vida sentimental del Nobel ha sido narrada por él mismo bajo el paraguas de la ficción en varias novelas. Vargas Llosa se casó con su tía Julia en 1961, para luego abandonarla por su prima hermana Patricia. Cuando Isabel entró en su vida el escritor decidió dar un giro copernicano. El eterno intelectual latino pasó a ser así carne de las revistas del cuore.

Ahora, Isabel Preysler ya tiene vía libre para casarse por cuarta vez, si así lo desea, lo que no sería de extrañar. Su actual compañero sentimental, el escritor peruano y Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, ha finalizado todos los trámites burocráticos que acreditan su soltería. “Podríamos casarnos en cualquier momento. Mario ya es soltero. Todos los papeles están en regla, incluso el último que faltaba de Perú”, ha declarado recientemente la viuda de Boyer a su revista de cabecera ¡Hola!.

Los rumores de la cuarta boda de Isabel Preysler suenan con mucha fuerza, después de que la pareja apareciera en las portadas de varias revistas sin ataduras y listos para un nuevo compromiso. Mario Vargas Llosa ya es un hombre divorciado. El escritor y su exmujer Patricia Llosa han validado ya en Perú su divorcio de 50 años de matrimonio y tras firmar una sentencia de divorcio en un juzgado madrileño. Este divorcio, cuyos trámites comenzaron en 2017, abre la puerta al cuarto matrimonio de Preysler, “una mujer de maridos, no de romances”, como ella misma se define. Además, Isabel también ha logrado resolver otro gran problema que le acechaba: la herencia de su exmarido Miguel Boyer, el último, repartida por fin entre sus herederos.

Por eso, no sería de extrañar que la boda con el escritor se celebre muy pronto, con exclusiva millonaria añadida. “Siempre me he casado por iniciativa de ellos", ha dicho recientemente la filipina.

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