24 de agosto de 2019
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EDICIÓN VERANO

Lady Di contó a su biógrafo Andrew Morton los piropos y pretensiones del monarca español en su viaje a las islas que le hicieron sentir "incomoda"

Diana de Gales rompió Mallorca hace ahora 32 años: abandonada por el Príncipe Carlos se unió ese verano a Juan Carlos de Borbón

Lady Di, su marido y sus hijos junto a Juan Carlos I, Doña Sofía y el Príncipe Felipe.
Lady Di, su marido y sus hijos junto a Juan Carlos I, Doña Sofía y el Príncipe Felipe.
Hace 32 años Diana de Gales visitaba Mallorca junto a su marido, el príncipe Carlos de inglaterra, y sus hijos William y Harry eran los invitados de los Reyes de España y disfrutaron de unos días en Marivent ante la atenta mirada de la prensa que tomó la isla más aún que de costumbre. Diana era para muchos la imagen de la felicidad pero en su interior ocultaba su crisis matrimonial. De hecho a los cinco días del viaje, Carlos la dejó sóla en Mallorca para acudir a los brazos de Camilla Parker.

Cuando Lady Diana y el Príncipe Carlos aterrizaron el 7 de agosto de 1987 en Mallorca, todos los flashes de los periodistas se centraron en la joven mujer del heredero británico. En esos momentos era una de las mujeres más perseguidas por la prensa mundial. Su historia de amor con el hijo de Isabel II le había reservado un lugar cumbre en las revistas rosas de todo el mundo.

Mallorca ya entonces era un destino turístico internacional. Su clima mediterráneo atraía a millones de extranjeros ociosos. Para los grandes empresarios dedicados al turismo la visita principesca era la promoción perfecta. ¿Cuántos ingleses no viajarían a la isla balear sólo para pasear por los mimos pasajes que la admirada Diana?

El requerimiento de los medios, hizo que la Familia Real española, anfitriones de los ingleses, organizaran una recordada rueda de prensa en la escalinata de Marivent. Diana posó junto a su marido y sus dos hijos y a la Familia Real española. Ambas familias, daban una imagen de felicidad plena y aún pasarían años hasta descubrir que en ambos casos no era oro todo lo que relucía. Especialmente en el matrimonio de Diana y Carlos que ya había iniciado su etapa más complicada.

Lady Di y Juan Carlos I. 

Antes del posado en Marivent los Príncipes de Gales fueron captados por la prensa a borde del Fortuna. Todo el mundo comentaba la buena relación establecida entre don Juan Carlos y Lady Di. Una biografía de Lady Di firmada por Lady Colin Campbell destacaba que, en Mallorca, la princesa convirtió a don Juan Carlos en su confidente.

Sin embargo, el periodista Andrew Morton, amigo de Diana y autor de su biografía autorizada, asegura que ella no soportaba a don Juan Carlos, a quien consideraba demasiado pertinaz a la hora de ligar. “Aquel viaje a Mallorca lo pasé entero con la cabeza en el water. Lo detesté. Todos estaban obesionados con que Carlos era la criatura más maravillosa del mundo. ¿Y quién es la chica que viene con él? Yo sabía que llevaba dentro algo que no les dejaba ver, y que no sabía usar, no sabía enseñarles. Me sentí incomodísima”, llegó a declarar a su amigo.

También le contó que le molestaban las confianzas y atenciones de Juan Carlos para con su persona. Sin embargo, nada de esto salió a la luz en su momento. Aparentemente, la visita fue perfecta. La imagen de Diana en Mallorca rezumaba juventud y cierto misterio. Era la mujer más famosa del mundo y estaba de vacaciones en el lugar con más papazzis por metro cuadrado.

A los cinco días de su llegada, el príncipe Carlos volvió a Reino Unido ante rumores sobre su salud. Para muchos Diana se quedó en la isla por su amor a la misma. Sin embargo, fue una nueva pelea del matrimonio. Él viajaba rumbo a los brazos de Camilla Parker-Bowles y ella aguantaba el tipo ante los medios, respondiendo vaguedades y topicazos sobre el paisaje. Este verano fue el último del disimulo. A partir del siguiente año el matrimonio derivó en una guerra fría que cristalizó en 1992 con su separación.

Diana y España 

Este viaje no era el primero ni sería el último de que la fuera conocida como la 'princesa del pueblo' a España. Un año año antes el matrimonio había sido invitado también por los Reyes Juan Carlos y Sofía. Todo en aquel viaje exudaba corrección política. 

Lady Di en bikini en Mallorca junto a su marido el Príncipe Carlo y la Reina Sofía. 

Cinco años antes los recién casados Carlos y Diana habían decidido iniciar su luna de miel en Gibraltar, eterno punto de fricción en las relaciones entre el Reino Unido y España. Esto no hizo ninguna gracia al gobierno español que tomó la decisión de que ningún royal nacional acudiera a  la que fue conocida como 'la boda del siglo'. 

Cuando un lustro después Carlos y Diana pisaban suelo español suponía un acercamiento entre ambos países. Y, por supuesto, estaba el negocio turístico. Los monarcas españoles acostumbraban a invitar a miembros de otras casas reales para dar publicidad de Mallorca en sus respectivos países, así ocurrió con los belgas, los noruegos o los suecos. Claro que ningún miembro de la realeza tan atractivo para la prensa como la malograda Diana. 

Los Príncipes de Gales volvieron en muchas ocasiones más a España. En Mallorca se dejaron ver en 1988 y 1990 cuando su crisis matrimonial ya ocupaba las portadas de la prensa mundial. 

Además de la isla mediterránea visitaron en distintas ocasiones como Málaga o Madrid.  En su visita a la capital de España una importante publicación rosa organizó un evento sobre moda al que acudieron un montón de protagonistas de dicha publicación como Naty Abascal o la Duquesa de Alba. Maruja Torres en la crónica que escribió para El País apuntó que Diana tenía una expresión "bobalicona" y que sólo mostró emoción al ser preguntada por las tendencias. 

Una Diana cada vez más distante de su marido ganaba puntos ante los medios de comunicación. Su imagen de Princesa solidaria que hizo suyas las luchas contra el VIH y el uso de las minas antipersona, contrastaba con la joven de aspecto apocado y grandes ojos siempre mirando el suelo que acompañaba a su marido siempre de manera silenciosa. 

En último verano mallorquín, Diana y Carlos mostraron más que nunca sus desavenencias. Ella se movía entre el puerto naútico y las tiendas de ropa, siempre perseguida por un enjambre de fotógrafos que se volvían locos para disparar flashes sobre todo cuando Diana se mostraba en un entallado traje de baño de dos piezas. 

Foto en Marivent durante la visita de 1988. El atuendo de Lady Di creó tendencia ese año. 

Para muchos Mallorca fue el lugar donde Diana encontró la paz o eso reazaban los pies de fotos. Sin embargo, el verano de 1987 fue su revelación. Sóla en una isla desconocida y recibiendo piropos de su anfitrión, mientras su marido huía para verse con su amante, Diana decidió tomar las riendas de su vida. Lo único que tenía a su favor era la presión mediática con la que poder mostrarse al mundo con toda su fuerza y denunciar que su matrimonio era un infierno lleno de infidelidades. 

Pero de esto aún nada se sabía en 1987, cuando Diana paseaba su figura delgada y algo infantilizada (luego se sabría que esto era debido a una curiosa mezcla de bulimia y anorexia) por una Mallorca efervescente, que sólo era el principio de la Lady Di que llegaría luego. Aquella cuya capacidad de atracción para los mass-media acabó siendo su liberación y, a la vez, su condena. 

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