12 de diciembre de 2019
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FIN DE SEMANA

Hija de una adinerada familia alicantina se define en Instagram como “Psicóloga, psicopedagoga y madre” y su principal valor en su influencia familiar

Esta es Isabel Torres Orts, la dama discreta de Elche, esposa del candidato del PP Pablo Casado

Isabel Torres-Orst
Isabel Torres-Orst
El 28 de abril los españoles tenemos cita en las urnas. Más allá de los candidatos, la intrahistoria del poder está en sus mujeres. Aunque en España no hay Primera Dama como tal, son ellas las que duermen con el hombre que puede presidir la nación. Sin cargo oficial, su poder es más secreto y menos limitado: el de la influencia íntima. Cinco son las posibles ocupantes de Moncloa. Todas ellas profesionales, con perfiles variados y el lado femenino de unas elecciones sin candidatas.

De todas las posibles ocupantes de La Moncloa es la más desconocida y, por ahora, la que menos titulares de la prensa ha ocupado. Sus escasas apariciones en público han sido siempre al lado de su marido Pablo Casado. No hay nada ni en Isabel ni en Pablo que llame la atención. No despiertan los odios y admiración de Pablo Iglesias e Irene Montero, ni el morbo de Albert Rivera y Malú, ni el pretendido glamour de Pedro Sánchez y Begoña Gómez.

Isabel Torres Orts es la derecha de siempre, la que parodiaba con cierta ternura Francisco Umbral. Esa derecha que no llega a ser la ultra de Vox y que asume con cierta displicencia a los conservadores liberales. Es la derecha de misa de 12, de paseos los domingos por la capital de provincia, la que hace un chiste verde rematando con un guiño que viene a decir “¡qué pícaro soy!”. Lo dicho, nada que intranquilice.

La dama de Elche

Isabel Torres Orts vino al mundo en 1980, un año antes que su marido, en Elche (Alicante), uno de los feudos tradicionales de la derecha española. En 1981 nacía Pablo en Palencia, también lugar de tradición conservadora. Nació en el seno de una familia acomodada. Su madre, María Dolores Orts es una de las descendientes de los propietarios del grupo Huerto del Cura, de establecimientos hoteleros. Aunque, nada comparable con su familia paterna. Su abuelo fue el fundador de la empresa de los caramelos Damel.

Boda Pablo Casado e Isabel Torres Orts.

Pablo e Isabel se conocieron en Madrid, en un Colegio Mayor. La alicantina llegó a la capital para estudiar Psicopedagogía en la Universidad Autónoma de Madrid. Contrajeron matrimonio, como era de esperar, por la iglesia y al estilo tradicional en la basílica de Santa María de Elche. Casado era presidente de Nuevas Generaciones del PP y en la ceremonia religiosa estaban José María Aznar, Ana Botella y Esperanza Aguirre. El PP de siempre y que ahora Casado resucita enterrando la ‘era Rajoy’.

El matrimonio tiene dos hijos: Palomo y Pablo. Decía el cineasta Roger Vadim que una inicial que se repite es garantía de éxito y ponía los ejemplos de Brigitte Bardot (BB), Marilyn Monroe (MM) y Claudia Cardinale (CC). El pequeño Pablo nació prematuro, como los gemelos de Pablo Iglesias. Esta difícil tesitura les unió más allá de ideologías y el líder del Partido Popular mostró todo su apoyo a Iglesias.

El matrimonio Casado-Torres vive en un piso del barrio de Salamanca de la capital. Casado es poco dado a hablar de su vida personal. Una de las escasas veces que lo hizo se expresó de esta manera sobre Isabel: “Lo mejor de ella es todo. Es una persona extraordinaria. Por eso me casé con ella. Es mucho mejor que yo”. En otra ocasión aseguró: “Claramente, yo salí ganando... A mí me parece que es muy guapa, muy lista, muy buena madre, muy buena esposa". 

Apoyando desde la distancia

De todas las candidatas a hacer de la Moncloa su hogar, Isabel es la más discreta. Son muy pocos los mítines donde se ha mostrado al lado de Pablo Casado. Cuando lo ha hecho ha sido de la forma más discreta posible. Isabel, lejos de la política, trabaja en un colegio situado en la zona norte de Madrid y en su cuenta de Instagram se define como “Psicóloga, psicopedagoga y madre”.

Es ahí, en las redes sociales, donde Pablo Casado muestra con frecuencia su faceta más personal. Cuelga con frecuencia imágenes de su mujer y sus hijos. Recientemente lo hizo con motivo del 8 de marzo, día de la Mujer Trabajadora. “Porque creo en la igualdad frente a la discriminación. Porque agradezco a mi madre sus renuncias para educar a seis hijos. Porque mi mujer es lo más importante para mí. Porque quiero que mi hija tenga las mismas oportunidades que mi hijo. #SoyFeminista”, escribía el candidato popular a la presidencia del Gobierno.

Pablo e Isabel en un acto público. 

Aunque no le gusta opinar en público de política, Isabel apoya a Pablo en su viraje hacia la derecha vintage. Comparten opiniones sobre asuntos como el aborto, el matrimonio igualitario o la presencia de la religión en las escuelas.

Los que la conocen bien, aseguran que Isabel ve la Moncloa más como una carga que como un destino ideal, pero “asume que es el precio a pagar para que Pablo llegue al poder”. Alérgica a los medios de comunicación, la gente de su entorno afirma que Isabel lleva con resignado desagrado el trato con los periodistas. “Cuando ha acudido a algún acto del partido y en los corrillos que los informadores montamos ha estado presente, se la nota perfectamente con ganas de estar en otro sitio. Eso sí, es muy educada e intenta que no se note”, cuenta a elcierredigital.com una periodista dedicada a seguir el día a día del PP. “Artículos como el que tú estás escribiendo le sientan fatal. Sabe que si Pablo gana ella perderá parte de su intimidad y tiene pánico a ser presa de las revistas del corazón”, remata.

Si todo les va bien, Isabel acabará en Moncloa y puede que nunca manifieste su disgusto. Como todas las señoras de derechas de toda la vida ha hecho del estoicismo una bandera, creando un discurso íntimo y otro externo para que nada roce ni hiera. Y, claro, es ese dentro-fuera el que la hace más interesante. Cuando uno descubre a las señoras de derechas de toda la vida ve que detrás no había nada y que lo interesante era el misterio en sí. Esa es su fuerza. El silencio en tiempos de Instagram. Aunque, pasando por Moncloa, claro.

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