16 de septiembre de 2019
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FIN DE SEMANA

La soberana helena decidió organizar un viaje con miembros de las monarquías para promocionar su país tras los desastres de la II Guerra Mundial

El crucero del amor de la Reina Federica de Grecia: 65 años del primer encuentro de los Reyes Eméritos en el Agamenón

El crucero Agamenón.
El crucero Agamenón.
Hace 65 años, la Reina Federica organizó un crucero lleno de miembros de casas reales para promocionar el turismo en Grecia tras la pobreza que provocó la II Guerra Mundial y la Guerra Civil que le siguió. También existía el interés de que los jóvenes miembros de las dinastías europeas intimaran y así organizar alguna boda. Don Juan Carlos y Doña Sofía se conocieron allí por primera vez pero no surgiría el amor hasta siete años después,en 1961, con motivo de la boda de los Duques de Kent.

Hace sesenta y cinco años los destinos de Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia, se cruzaron por primera vez. Ni si quiera ellos mismos sabían que acabarían uniendo sus vidas y sentándose en el trono de España. En aquellos momentos, ella era la princesa casadera de una monarquía en ejercicio, la griega, y él ‘Juanito, el chico de los Barcelona’ en referencia a sus exiliados padres que se consideraban los Reyes de España, pero en el país mandaba el dictador Francisco Franco, que desde seis años antes se encargaba de tutelar al joven Borbón.

El escenario donde tuvo lugar el encuentro fue el crucero Agamenón. Ni más ni menos que una idea de la entonces Reina Federica, madre de doña Sofía para promocionar el turismo en el país mediterráneo después la contienda civil griega (1946-1949) que siguió a la Guerra Mundial. Su intromisión en la política local era más que cuestionable, pero, la realidad es que consiguió poner a Grecia de nuevo en el mapa e incentivar su turismo siendo a partir de entonces el destino favorito para los cruceros. La influencia de Federica en la política helena fue tal que muchos identificaban con ella la monarquía, aunque sólo era la consorte de Pablo I.

El crucero también era una excusa para poner en contacto a las Casas Reales que en la posguerra mundial habían tenido pocas ocasiones para juntarse. Claro está, también era la ocasión perfecta para intentar que fraguase alguna promesa matrimonial entre los jóvenes cachorros royals. Ella siempre quiso un trono para sus hijas Irene y Sofía.

Juan Carlos y Sofía en Atenas en 1962, poco antes de su boda. 

Para el crucero, que tomó el nombre del comandante en jefe del ejército griego que un día lideró a los helenos en la guerra de Troya, Federica contó con el apoyo del armador Niarchos. La Reina iba a amadrinar un barco. La costumbre de la época era regalar un broche de brillantes en señal de agradecimiento. La reina propuso al armador un trueque: renunciar a la joya a cambio de todo lo necesario para el crucero.

El barco zarpó el 22 de agosto desde Venecia. 110 miembros de monarquías, en activo o en el exilio, compartían viaje. Visitaron el monte Olimpo, hicieron escala en Creta, Rodas, Corfú, Thesalónica, Bolos, Mikenas, Knosos... Todo atentamente seguido por los medios de comunicación.

Entre los invitados estaban los reyes Juliana y Bernardo de Holanda, los herederos luxemburgueses, Juan y Josefina CarlotaMiguel de Rumanía o Humberto II, el destronado monarca italiano.

Los invitados en el Agamenón. 

Por parte de los Borbones españoles, los Condes de Barcelona llevaron a don Juan Carlos y la Infanta Pilar, para intentar introducir a esta última en los círculos de príncipes casaderos. Doña Pilar siempre recordó como desagradable el viaje ya que su padre la obligó a pintarse por primera vez los labios para que “dejara de parecer tan chicazo”.

“Por una vez el protocolo hizo bien las cosas”

Entre don Juan Carlos y Doña Sofía en ese viaje no surgió el amor. Habría que esperar a junio de 1961 para que eso sucediera. Para entonces los dos arrastraban sendos fracasos amorosos. A don Juan Carlos, Franco le había prohibido seguir con su relación sentimental con la princesa italiana María Gabriella de Saboya, aunque el joven Borbón se consolaba con la condesa Olguina de Robilant.

Por su parte, doña Sofía había sido humillada públicamente cuando el parlamento noruego consideró su dote demasiado exigua y canceló su compromiso con el heredero Harald. La Reina Emérita ha intentado borrar esta experiencia de su pasado pero la Historia es poco caballerosa y ahí están las hemerotecas.

El escenario del reencuentro fue la boda de los Duques de Kent. “Nos quedamos en la mesa largo rato hablando en profundidad de muchas cosas, de su vida, de la mía, de religión, de filosofía... Me di cuenta de que Juanito no solo era un hombre encantador sino un ser humano mucho más profundo de lo que aparentaba. Solo al final, me sacó a bailar. Fue un fox lento. Recuerdo que bailamos muy despacito y en silencio” le contó la Reina Sofía a Pilar Urbano en 1996. “Por una vez el protocolo hizo bien las cosas” añadió.

La Reina Federica. 

La Reina Federica intuyó la oportunidad e invitó a ‘los Barcelona’ a pasar el verano en la isla griega de Corfú. El compromiso entre Juan Carlos y Sofia se anunció en septiembre de 1961 y la boda por el doble rito, católico y ortodoxo, se celebró en mayo de 1962 en Atenas.

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