12 de abril de 2024
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FIN DE SEMANA

Esta tienda ubicada en el barrio madrileño de Chueca es un paraíso para los coleccionistas y nostálgicos de este medio de correo ya casi en desuso

'Casa Postal', uno de los escasos comercios supervivientes que vende tarjetas postales que datan de 1900

El Cierre Digital en
/ La tienda 'Casa Postal' en el barrio de Chueca en Madrid.
Las postales fueron uno de los medios de comunicación más utilizados entre familiares y amigos que se escribían antaño para mantener el contacto. Son pocos los comercios que aún viven de la venta de postales actualmente, y uno de ellos está en un pequeño local del barrio madrileño de Chueca desde 1984, la Casa Postal. Además, la Casa Postal tiene una pequeña curiosidad que le hace tener aún más encanto y que revelamos en elcierredigital.com.

La postal siempre ha sido la hermana pobre de la fotografía. En el barrio de Chueca se encuentra la Casa Postal, una tienda con un millón de postales. Es un paraíso para los coleccionistas y nostálgicos de décadas pasadas. Sus precios varían desde un euro para las postales destinadas al público en general hasta los 200 euros para las que son buscadas por los coleccionistas.

Atravesar sus puertas supone adentrarse en una máquina del tiempo donde se reparten artículos de historia postal –censuras, prefilatelias, etc.  La tienda se abrió en 1984: "La abrió mi padre, que trabajaba en un multinacional, pero coleccionaba postales. En el trabajo estaba quemado y un día se lió la manta a la cabeza y compró un local en el barrio de Chueca, que en esa época no era una zona muy cotizada. Antes ya había empezado a vender algo por correo.

En esa época había menos coleccionistas que ahora pero salía mucho material, fue entonces cuando empezó a vender a instituciones”, comenta a elcierredigital.com Belén Carrasco, hija del propietario y que actualmente está al frente del negocio. "De los cuatro hermanos, al final me he quedado yo porque he estudiado Geografía e Historia", explica.

La edad media de un coleccionista de postales supera los 60 años. Ya han pasado 80 años de la Guerra Civil y las postales del bando republicano son las más demandadas por que  hay pocas, son difíciles de encontrar y están ilustradas por profesionales muy buenos. Para que tengan valor las postales tiene que estar circuladas y con matasellos”, comenta.

La postal, un medio de comunicación obsoleto

La postal surgió como una forma barata de comunicarse entre familiares o amigos. Mandar una  postal daba fe de los viajes de nuestros familiares. Pero llegó el día en que el envío postal se equiparó al de la carta, y el momento en que una fotografía demostraba que estabas en un sitio y así la postal empezó a perder su utilidad. En nuestros días la postal ha sido sustituida por las redes sociales o los Whatsapp.

"No es fácil encontrar una postal ahora mismo", afirma Belén Carrasco. El valor real de una postal va por este orden: rareza, antigüedad y estado de conservación. Es una cuestión de demanda. Se vende mucho lo que ya no existe".

Somos distintos al resto de los europeos a la hora de coleccionar postales; en España, se coleccionan los lugares pequeños. Cuanto más minúsculo y menos turísticos sea, más se colecciona. También se buscan cosas muy concretas.

“La forma de negocio, desde que mi padre abrió la tienda, ha cambiado. Ahora comprar y vender en la web 'es más cómodo'", comenta Belén. Desde hace unos años combinan la venta en la tienda física con la red. "El cliente cambia, el de la web está pensado para coleccionistas, pero a la tienda viene gente para comprar sin pensar en coleccionarlo, por puro placer", afirma.

Los precios no son fijos, dependen de la demanda... "Una postal que cueste mucho dinero  en este momento puede disminuir su precio más adelante”, comenta Carrasco.

La Casa Postal tiene una pequeña curiosidad que le hace tener aún más encanto. Los precios de todos los artículos están marcados con letras. El motivo; "mi padre vendía postales por correo a comerciantes", cuenta Belén. “Era para que el comerciante, si lo compraba por cien pesetas, pudiera aumentar el precio y llevarse su comisión; así, el comprador final no sabía su precio real”.

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