20 de septiembre de 2019
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FIN DE SEMANA

El espionaje del excomisario Villarejo planeó en la primera junta general de la entidad bancaria para el presidente Carlos Torres

El BBVA y Carlos Torres no saben cómo superar la envenenada herencia de Francisco González

Carlos Torres afronta un futuro complejo con michos frentes abiertos
Carlos Torres afronta un futuro complejo con michos frentes abiertos
La herencia de Francisco González es envenenada y el actual presidente de la entidad, Carlos Torres, lo sabe. No solo por sus líos judiciales sino por la falta de indefinición en los aspectos económicos y estratégicos y el fracaso en la mayor parte de sus apuestas fuera de España.

Se esperaba que la Junta General de Accionistas del BBVA fuera tensa y así lo fue. La dimisión de todos los cargos que mantenía el expresidente Francisco González no fue suficiente para tranquilizar los ánimos. Carlos Torres, el nuevo presidente de la entidad bancaria, no lo mencionó en su primera intervención y el secretario pidió repetidamente que las preguntas se centraran en los asuntos relativos a la Junta. No lo consiguió, las doce intervenciones registradas se refirieron al supuesto espionaje contratado al excomisario Villarejo con distintos grados de crítica.

La intervención de Luis del Rivero confirmó el tema principal de la Junta, aunque fuera un discurso un tanto egocéntrico y también desaprovechó la ocasión. Su discurso, muy aplaudido, se remontó a su intento de control de la entidad. Otra vuelta al pasado cuando lo que más debería importar y preocupar a los accionistas es el presente y el futuro tras la dura herencia que han recibido de Carlos González y la pérdida de más de un 40% del valor de sus inversiones en apenas un año.

España: Un banco en tierra de nadie

El BBVA sacó pecho por sus resultados, pero sin dar solución o al menos plantear sus grandes retos futuros. Es cierto que ha habido una mejora en muchas de las magnitudes. pero sin solventar otras muchas dudas en un entorno económico complicado.

En primer lugar, está España. Ahora mismo BBVA es el tercer banco nacional, tras CaixaBank y Banco Santander y sus perspectivas de crecimiento son bastante nulas. La atracción por la marca de nuevos clientes es escasa y su estrategia diferencial basada en la digitalización ha dejado de ser novedosa y es cada vez más imitada por otras entidades que buscan reducción de costes (Banco Santander es el último en “imitar” a BBVA. En este entorno continuará cerrando sucursales (aunque a un ritmo menor que sus dos principales competidores) pero difícilmente verá crecer de forma moderada sus ingresos. De hecho, seguirá dependiendo de México, que ya proporciona un 56% más de beneficios en España. Esta situación le hace muy vulnerable.

La filial turca de BBVA seguirá generando pérdidas en los próximos años

Ser tan vulnerable a unos mercados concretos es lo que ha llevado al gran problema turco. Lejos de tranquilizar a los inversores lo que está ocurriendo en el país Otomano preocupa. La economía turca ha entrado en recesión técnica tras registrar dos caídas trimestrales en su PIB (-2,4% en el cuarto trimestre de 2018 y -1,6% en el tercer trimestre) y las perspectivas de mejora del resultado son escasas, más bien lo contrario, Turquía va a ser un lastre para el grupo al menos para los próximos tres ejercicios.

Venezuela, un agujero negro y miedo a Argentina

Turquía no es el único problema del BBVA. Venezuela es un agujero negro desde hace muchos años y tampoco hay perspectiva de mejora. La inflación crece y por tanto las inversiones estos años son mínimas, tan solo las que pueden permitir unos resultados exiguos que no revierten en la empresa matriz. Aunque la situación política y luego la económica mejorará se tardará muchos años en volver a ofrecer una mínima rentabilidad.

La hiperinflación argentina y la devaluación del peso se "come" los beneficios de la filial sudamericana

Y mientras Argentina preocupa. De momento BBVA Francés dejará de existir y la marca se unificará a BBVA. Una estrategia correcta, la de globalizar la marca pero que no se centra en el principal problema al que se enfrentará en los próximos meses esta filial sudamericana. Solo en febrero la inflación subió un 3,8% y acumula un aumento, en los dos primeros meses de 2019, del 6,8%. En 2018, los precios subieron un 47,6%: fue la inflación más alta desde 1991. Al tirón inflacionario hay que unir el derrumbe del peso frente al dólar cuya devaluación rebasa, en doce meses, el 50%. En esta coyuntura la aportación de Argentina para este año y seguramente los siguientes también será nula.

En definitiva. España no despega, Turquía, Venezuela y Argentina son un lastre y se mira con miedo que México ralentice su crecimiento. Carlos Torres tiene que aprender del pasado, menos jugar a los espías y más en buscar inversiones que generen valor a un maltratado accionista.

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