08 de julio de 2020
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FIN DE SEMANA

El elevado desempleo, su deuda disparada y la reforma fiscal pendiente serán uno de sus retos más complicados de su mandato

Los brasileños castigan el fracaso durante 16 años del modelo del Partido de los Trabajadores y eligen a Jair Bolsonaro como presidente con el 55% de los votos

Jair Bolsonaro tendrá que afrontar las reformas económicas pendientes de sus predecesores
Jair Bolsonaro tendrá que afrontar las reformas económicas pendientes de sus predecesores
Jair Bolsonaro ganó las elecciones presidenciales en Brasil con un 55,13% de los votos válidos y sucederá al mandatario Michel Temer el próximo 1 de enero para gobernar el país hasta 2022. Uno de sus principales retos será encauzar los problemas económicos pendientes de sus predecesores, especialmente la reforma fiscal

Jair Bolsonaro ha cumplido los pronósticos y con el 99,99% de los votos escrutados ha ganado las elecciones con un 55,13% de los votos frente al 44,87% que ha logrado Fernando Haddad, candidato del Partido de los Trabajadores (PT), formación política que había ganado las cuatro últimas elecciones.

El nuevo presidente de Brasil electo celebró su victoria y prometió que mudará "el destino" del país suramericano. "Vamos juntos a mudar el destino de Brasil, sabíamos para donde estábamos yendo, ahora sabemos para donde queremos ir, mi querido pueblo brasileño, muchas gracias por la confianza", dijo Bolsonaro en su primera manifestación pública.

Por su parte, el candidato derrotado afirmó que, desde la oposición, velará para que se respete a la parte de la población que diverge del presidente electo. "Tuvimos más de 46 millones de votos, es decir que representamos a una parte expresiva de la población brasileña, que necesita ser respetada", declaró Haddad.

Los principales estados de Brasil, Sao Paulo, Río de Janeiro y Minas Gerais, los estados más poblados y ricos de Brasil, serán gobernados por conservadores que han manifestado su alineamiento con el capitán de la reserva del Ejército.

El fracaso de cuatro legislaturas del Partido de los Trabajadores

Pocos apostaban hasta hace unos meses por Jair Bolsonaro, de 63 años, diputado desde hace casi tres décadas y presidente del Partido Social Liberal (PSL), una formación minúscula hasta ahora, pero que en las legislativas del pasado 7 de octubre consiguió 52 de los 513 escaños en la Cámara de Diputados.

El grupo del PSL sólo será superado en la próxima legislatura por el del PT, que tendrá 56 diputados en una cámara totalmente fragmentada y en la que estarán representados 30 partidos, que en su mayoría se han manifestado favorables a Bolsonaro.

El presidente electo de Brasil ha prometido mano dura contra la delincuencia y permitir la venta de armas para civiles, así como ha anunciado una línea neoliberal en la economía, con privatizaciones y una fuerte disminución del tamaño del Estado.

Grandes retos económicos

Bolsonaro se enfrenta a una coyuntura económica complicada. Aunque en estas elecciones, las grandes inquietudes de los votantes han sido la corrupción y la violencia, se ciñen nubes de tormenta sobre la economía carioca que no logra recuperarse de la recesión que golpeó al país entre 2015 y 2016. El crecimiento se ha restablecido, pero no ha sido suficiente para crear empleos para los más de trece millones de trabajadores brasileños desempleados. A pesar de la reciente turbulencia en el mercado financiero global, la inflación brasileña sigue contenida, pero los salarios están estancados. Lo más importante es que Brasil tiene déficits elevados y fuera de control, además de una relación entre deuda y producto interno bruto (PIB) insostenible en el mediano plazo.

 

La Bolsa Brasileña recibió de forma positiva la victoria de Bolsonaro en la primera vuelta (Foto BOVESPA)

Sin reformas ambiciosas, la deuda podría alcanzar el 100% del PIB en los próximos dos años. Niveles tan elevados de deuda tienden a reducir la inversión y el crecimiento porque el sector privado comienza a temer que el gobierno no sea capaz de cumplir con sus obligaciones financieras.

Atender los problemas fiscales de Brasil requiere de un plan integral a corto plazo que incluya recortes al gasto público y aumentos en los impuestos, además de una reforma del sistema de pensiones. Se trata de una reforma que el gobierno de Temer había prometido, pero que hasta ahora no se ha realizado y que el ahora nuevo presidente no podrá dilatar en el tiempo.

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