25 de septiembre de 2022
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FIN DE SEMANA

En ese local italiano fundado en 1963 por Mara y Lorenzo Berni se dejaban ver también celebridades como Madonna, Margaret Thatcher o Rod Stewart

Cierra el mítico restaurante San Lorenzo en Londres, el favorito de Lady Di para sus escapadas

Diana de Gales saliendo del restaurante San Lorenzo en Londres.
Diana de Gales saliendo del restaurante San Lorenzo en Londres. / Lady Di era una de las famosas que frecuentaba el local.
Ha echado el cierre en Londres el restaurante San Lorenzo, uno de los clásico de la vida social en al capital británica. En ese restaurante italiano fundado en 1963 por Mara y Lorenzo Berni se dejaban ver celebridades como Madonna, Margaret Thatcher o Rod Stewart. Sin duda, el nombre más popular habitual del local fue la Princesa Diana de Gales que encontró en este restaurante un lugar en el que alejarse de sus problemas en palacio y en su matrimonio con el Príncipe Carlos.

En las ciudades más punteras del mundo, aquellas en las que la concentración de celebridades por metro cuadrado supera con creces al resto, hay lugares a los que estos acuden como si fuera un ritual, un peregrinaje. En París era normal cruzarse en Maxim’s con Onassis y su amante María Callas, Porfirio Rubirosa o Elizabeth Taylor; en Nueva York estaba el Stork Club donde los fieles eran Gary Cooper, Hemingway o el príncipe Rainiero III de Mónaco y el recientemente clausurado Club 21, al que acudían Jackie Kennedy, Frank Sinatra o Marilyn Monroe.

Hace unos días, Londres se despidió de otro lugar emblemático, el San Lorenzo. En ese restaurante italiano fundado en 1963 por Mara y Lorenzo Berni en el exclusivo barrio de Knightsbridge, cerquita de los almacenes Harrod’s, era frecuente ver a decenas de paparazzi apostados a la entrada a la caza y captura de su presa favorita. Durante años, los cinco pequeños escalones de la entrada los subía y bajaba con naturalidad lady Di, que se había convertido en una amiga de los dueños. De hecho, a Mara le llamaba cariñosamente su confesora.

Allí, la fallecida princesa de Gales, cuyo vigesimoquinto aniversario de su muerte se conmemora el próximo 31 de agosto, se reunía con sus amigos más íntimos para confesarles sus secretos más íntimos. Sus problemas alimentarios, las infidelidades durante su matrimonio con el príncipe Carlos, sus desavenencias con el duque de Edimburgo y la felicidad que le daban sus retoños (los príncipes Guillermo y Enrique) eran el típico menú de las conversaciones.

El restaurante era uno de los míticos de Londres. 

Lo que empezó siendo un pequeño garito con nueve mesas se acabó transformado en un elitista restaurante con capacidad para 180 personas y con seis comedores privados. El boca a boca funcionó muy bien desde la época del Swinging Sixties hasta que la pandemia arrebató de un plumazo parte de la memoria colectiva de la capital británica.

Mara falleció en 2012 a los 79 años, pero el espíritu del local prosiguió en manos de su hija. Se llegó a decir que la veterana emprendedora italiana tenía un don especial para predecir el futuro. En una de las ocasiones, cuando vio a Madonna, le dijo que estaba embarazada. La cantante no se había hecho las pruebas que, finalmente, fueron positivas. En el 2000 nació su hijo Rocco Ritchie.

Si en Annabel’s (en honor a lady Annabel Vane-Tempest-Stewart, hija del VIII marqués de Londonderry y madre de Jemima Goldsmith, intimísima de Diana de Gales) se daban cita los nobles de alta alcurnia mezclados con la realeza de Hollywood, el San Lorenzo fue más mundano, aunque no precisamente barato. Ver a Liz Hurtley cogida de la mano de Sharne Warne (la última conquista de la actriz fallecido hace cinco meses) o a Chris Hemsworth vestido de manera informal hacían las delicias de los transeúntes y fotógrafos. Pero no hay que olvidar que por sus mesas han pasado también apellidos ilustres como Margaret Thatcher o la princesa Margarita y celebridades del calibre de Rod Stewart, Marianne Faithfull, Jack Nicholson o Naomi Campbell. Lamentablemente, la Covid ha hecho mella. El San Lorenzo no volverá a abrir.

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