23 de febrero de 2024
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FIN DE SEMANA

Según el abogado Alberto García Cebrián, personajes como "Carlo Costanzia o Ángel Cristo Jr sienten que han tenido carencias infantiles devastadoras"

La rebelión de los hijos 'herederos' de los famosos: Sus traumas y la sobreexposición

El Cierre Digital en Carlo Costanzia y Ángel Cristo Jr.
Carlo Costanzia y Ángel Cristo Jr.
Desde hace varios meses los hijos de algunos de los personajes más conocidos de nuestro país han revelado en televisión episodios de su infancia que les han marcado negativamente. Esta pasada semana, el espacio 'De Viernes!' acogía el relato del actor Carlo Costanzia, hijo de la modelo Mar Flores. Antes, ya lo había hecho Ángel Cristo Jr. o Fran Rivera. Según el abogado Alberto García Cebrián, estos episodios "propician infelicidad en los menores y desarrollo de traumas o adicciones".

Está de actualidad el relato televisado de Carlo Costanzia y Ángel Cristo Junior, que describe vivencias con un elemento en común, el sentirse víctimas de las malas separaciones de sus padres. Climas de tensión familiar que acaban pasando factura a los niños que, ahora como adultos, verbalizan cómo les ha perjudicado.

Guerras sin sentido de los padres tanto en los tribunales como en los medios. Familias que han protagonizado contiendas judiciales y enfrentamientos que tenían como finalidad, supuestamente, buscar aquello que era mejor para los hijos, pero de los que resulta justo lo contrario: hijos que se sienten víctimas del divorcio y disputas de sus padres.

Traumas y adicciones

Cada vez es más visible los graves perjuicios que tiene en los niños las malas separaciones de sus padres. El condicionamiento de una mala ruptura puede tener en los hijos graves consecuencias que se harán evidentes a lo largo de su desarrollo y que, con el paso de los años, entienden que han sido víctimas de las disputas de sus progenitores y sienten que se les ha arrebatado una parte importantísima de su infancia.

Divorcio con hijos: Qué necesidades tienen los niños de padres separados

Imagen de una menor y sus padres.

Tienen en común la aparente suerte de pertenecer a familias socialmente importantes, con una posición privilegiada que podría ser envidiada por muchos, al tener la posibilidad de disfrutar de una calidad de vida superior a la media. En cambio, las vidas de esos niños, hijos de familias poderosas en las que han existido situaciones traumáticas y disfuncionales, lo que acaba desarrollándose es una infelicidad que deriva en graves traumas y adicciones, que no facilita la estabilidad en la edad adulta.  

Pueden ser las malas compañías, las adicciones, el sentimiento de soledad, desarrollo de roles de sobreprotección impropios de la edad... etc. El resultado es que, niños que aparentemente lo tienen todo, acaban con gravísimos traumas y experiencias desgarradoras que condicionan enormemente su infancia y desarrollo de vida adulta. No debemos de prejuzgar a esos niños que ahora son adultos, sino que debemos reflexionar si el hecho de pertenecer a familias con importancia social, pero con problemas y dramas familiares, acaba siendo algo positivo o negativo. Probablemente estos hijos hubieran preferido tener una menor sobreexposición y calidad de vida, pero mayor dedicación y concordia en la relación de sus padres.

La dura infancia de las 'estrellas'

Tanto Carlo Constanzia como Ángel Cristo Junior sienten que se les ha arrebatado una parte de su infancia, pues la sobreexposición de sus familias y las complejas relaciones de sus progenitores han impedido que puedan tener una infancia realmente feliz. ¿Lo han tenido todo? Aparentemente, en lo material sí. Pero ellos perciben que han tenido unas carencias infantiles devastadoras.

¿Tienen razón? ¿Son víctimas o son oportunistas? Ha sido una cuestión controvertida, pero desde mi punto de vista no se puede cuestionar el relato desgarrador de una persona adulta que cuenta a pecho descubierto cómo una gran parte de su vida ha sido arrebatada por sus progenitores por supuestas peleas y polémicas en las que buscaban “lo mejor para ellos” sin darse cuenta de que su propia actitud creaba un contexto de tensión, que ha sido el ambiente infantil familiar.

Los conflictos y juicios tienen un objeto, ya sea un tipo de custodia, visitas, cuestiones materiales… etc. Pero el efecto de esa judicialización y enfrentamientos acaba siendo mucho más perjudicial que los hechos controvertidos del pleito.

Los hijos, víctimas de los conflictos

La idea de que se “gana un juicio de familia” suele evidenciar el fracaso de personas que han enfocado a su expareja como un enemigo al que “ganar”, como una guerra en la que, en muchos casos, se utiliza a los hijos para justificar un enfrentamiento que realmente es consecuencia del rencor y ego de los padres por “ganar” y que su “expareja” pierda.

Se olvida que, con independencia de lo que resuelva un pleito, por responsabilidad, sus hijos pueden ser las grandes víctimas de esas discordias. Mucho tiene que merecer la pena lo que se discuta en un pleito para que se deteriore la relación con el padre o madre de nuestros hijos hasta el punto de meter a los niños en medio de la guerra de sus progenitores.

Un niño no necesita que sus padres estén juntos, pueden estar perfectamente separados o divorciados, ese no es el problema. El grave problema es que el nivel de tensión sea tan grande que marquen una infancia traumática. Hijos de personas exitosas y famosas en otros ámbitos que, en cambio, no hacen posible que sus hijos sean realmente felices pues les falta lo más importante, una infancia tranquila.

Tal vez lo que les haya sobrado sea la lucha por aquello que cada progenitor creía que era lo mejor para sus hijos. Es fundamental que los padres que se separan entiendan que sus hijos les necesitan a ambos y que la causa común a la que hay que dedicar los medios, tiempo, dinero y esfuerzo son los retos y objetivos necesarios para el bienestar y futuro de sus hijos: educación global, prevención de tensiones y sufrimiento, hacer frente a los problemas económicos que puedan afectar a las necesidades prioritarias de los hijos, potenciar la salud física y mental de los hijos con el buen ejemplo y mantener la cordialidad a pesar de la separación, para no complicar la vida de los hijos.

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