16 de abril de 2024
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FIN DE SEMANA

El 5 de abril de 1996 Encarna moría y la cantante llamó al productor Pedro Pérez que le dijo: "Haz lo que creas oportuno, pero yo no te recomiendo ir"

Aniversario de Encarna Sánchez: Isabel Pantoja quiso velar el cadáver de la locutora el día de su muerte

Exclusiva
/ Encarna Sánchez e Isabel Pantoja en un montaje con el libro 'Encarna en carne viva'.
El día 5 de abril de hace 27 años también era Viernes Santo y fue el día en el que la mítica locutora Encarna Sánchez falleció. El periodista y director de elcierredigital.com Juan Luis Galiacho y el productor de radio Pedro Pérez cuentan en su libro ‘Encarna. En carne viva’ los últimos momentos de la vida de la periodista, así como lo que sucedió tras su muerte. Pérez llegó a recibir una llamada que expresaba el deseo de Isabel Pantoja de acudir al velatorio.

La mítica locutora Encarna Sánchez falleció un 5 de abril de hace 27 años. Su muerte dejaba tras de sí un sinfín de insinuaciones carentes de veracidad informativa sobre la periodista que, más de 25 años después, fueron desgranadas en el libro 'Encarna. En carne viva', publicado por La Esfera de los Libros y escrito por dos de sus colaboradores más cercanos: el periodista y director de elcierredigital.com Juan Luis Galiacho y el productor de radio Pedro Pérez.

En este libro —que ya lleva dos ediciones— Pérez y Galiacho cuentan los secretos no confesados de la periodista. Todo lo que condimentó una vida que superaba con creces la ficción. Desde su infancia a sus últimos días, pasando por su enfermedad, los autores relatan la vida de la periodista haciendo una crónica trepidante de un tiempo político, social y mediático en España.

“Creemos que ya ha llegado la hora de la verdad. De destapar a un personaje desconocido, indudablemente, por la opinión pública y la sociedad. Decidimos poner blanco sobre negro sus aciertos y fallos, sus éxitos y fracasos, su felicidad y amargura, sus relaciones profesionales y amorosas. Desde las más relevantes a las más desconocidas”, relataban los autores.

El libro 'Encarna. En carne viva' ya va por su segunda edición.

Hoy, cuando se cumplen 27 años de su muerte, en elcierredigital.com compartimos algunos de los secretos de la muerte de Encarna Sánchez que están narrados por Pedro Pérez y que pueden leerse en el libro Encarna. En carne viva.

Los últimos días de Encarna Sánchez

Martes 26 de marzo de 1996. Diez días antes de su final. Encarna está cada vez más baja de defensas. Sus vómitos son frecuentes. La astenia incide en su cansancio. La falta de apetito es ya habitual. Sus ganas de luchar van decayendo. La caída del pelo y las escamas de la piel se repiten. El deterioro físico, no mental, es asiduo. Todo lo que el doctor Manuel Santos, su oncólogo, avisó que iba a suceder se estaba cumpliendo.

Allí, a su lado, al borde de su cama, estaba permanentemente Nuria Abad o Josefina Calle. Fue por expreso deseo de Encarna. Le ayudaban a comer todos los días. La asistían a sentarse en su butacón. Allí, desde su ventanal, divisaba el césped, la piscina y los árboles de su casa que tanto le gustaban. La aseaban con mucho mimo y cariño. La cuidaban como si fuera la madre de las dos, con inmenso amor. Las dos, y en menor medida Inmaculada Liriano, cuidaron a Encarna como a una reina. Nadie la secuestró.

Martes, 2 de abril de 1996. Nos encontramos en plena Semana Santa. Media España está en las playas descansando y la otra mitad viviendo los desfiles procesionales. Encarna se está muriendo en su casa. Fui a verla ese día. Suspendí las vacaciones con mi familia para estar cerca de ella. El doctor Santos ya había aumentado la sedación para paliar los dolores. La locutora se hallaba un poco somnolienta. Esa noche se quedó dormida muy pronto y me fui a mi casa.

Viernes Santo, el día de la muerte de Encarna

Los días siguientes fueron similares. Llegamos al 5 de abril de 1996, Viernes Santo, una fecha muy especial para todos los fieles cristianos. Un día lluvioso y tormentoso en Madrid. Sobre las 15.30 horas sonó el teléfono fijo de mi casa. Era Josefina Calle, llorando como una magdalena…

Encarna estaba muerta. Había elegido para dejarnos un Viernes Santo, cuando la comunidad cristiana conmemora la muerte de Jesús de Nazaret. Hasta para decirnos adiós lo hizo en un día tan señalado. Fue una mujer muy especial para todo, aun en su muerte. Yo me encontraba roto. Mi ‘jefa’, mi madre profesional, mi amiga durante casi veinte años, había fallecido. Volvía a sacar fuerzas y, acompañado de mi mujer Piedad Martín al volante, nos dirigimos a casa de Encarna. Yo no conduzco. No tengo ni carnet de conducir. Lo digo porque, más tarde, algunos dijeron que yo era taxista en Barcelona y que la conocí porque cuando terminaba su programa la llevaba a su casa en mi taxi.

Pedro Pérez y Juan Luis Galiacho con el libro 'Encarna. En carne viva'. / Fotografía: Bernardo Paz.

Al llegar a casa de Encarna me encuentro una situación caótica. Nuria Abad está hecha un manojo de nervios. Todos dan vueltas y más vueltas. Y nadie coge el rumbo.

Cuando llegué al dormitorio de Encarna, me fundí en un fuerte abrazo con Josefina Calle y Carmen Jara. Los tres lloramos y nos desahogamos. Allí estaba la jefa en el lado izquierdo de su cama. En su lecho de dos metros de ancho, con sus sábanas de hilo de color blanco y sus ojos cerrados. No había sufrido. Se fue apagando y consumiendo lentamente. Así nos lo dijo el doctor Santos. Le di un beso en la mejilla, que ya estaba fría. Recé un padrenuestro por su eterno descanso en paz. Le volví a dar otro beso en la frente. Esa fue mi despedida de doña Encarna Sánchez Giménez.

No se le administró el sacramento de la extremaunción. No lo pidió. Ni nadie lo consideró. Su reciente conversación con el padre don Bernardo Herráez creo que la liberó. Estaba preparada para cuando llegara el momento de su adiós. Podía marcharse en paz. Pocos minutos después llegó el doctor Manuel Santos Ortega, que certificó la defunción.

Amortajada en su traje favorito de Chanel

Mientras, el caos seguía en la casa de La Moraleja. Llamé a la Empresa Municipal de Servicios Funerarios de Madrid para organizar el traslado del cuerpo de Encarna al tanatorio de la M-30. Me tocó asumir responsabilidades ya que Nuria Abad y Josefina Calle no estaban en condiciones. Tuve que elegir la urna especial, el coche fúnebre, la sala de tanatorio, el libro de firmas y completar toda la documentación reglamentaria para la incineración del cadáver. Encarna fue amortajada con un traje de Chanel blanco. Era una de sus prendas preferidas, según Nuria. Nadie le cortó un dedo para quitarle un anillo. Solo llevaba encima, el día de su fallecimiento, su reloj Cartier y una cadena con una medalla de oro de la Virgen del Rocío. Esos objetos le fueron retirados antes de amortajarla. Y nada más. Otra mentira más de las que se dijeron tiempo después.

A las pocas horas salió el féretro con el cadáver de Encarna de su morada para velarlo en la sala número 6 del tanatorio de la M-30. En ese momento, Nuria Abad me entregó las llaves del chalé. Cerré todo. Allí no quedó nadie dentro.

Días después tuvieron que rendir cuentas y negociar con la única heredera de Encarna, Juana María del Pilar Cebrián Morenilla. El perro yorkshire que le regaló Isabel Pantoja a Encarna se lo quedó la compañera María Fernanda Perales del equipo de 'Directamente Encarna'.

Isabel Pantoja quería velar a Encarna Sánchez

En la capilla ardiente fue velado su cuerpo hasta su incineración, programada para el sábado 6 de abril a las 13.45 horas en el cementerio madrileño de Nuestra Señora de la Almudena. Por el tanatorio pasaron muchas personas. Desde compañeros, artistas, políticos… Estando en el tanatorio recibí la llamada de su examiga y productora María Navarro.

Isabel Pantoja y Encarna Sánchez.

 —Pedro, siento mucho lo de Encarna… De verdad… Espero que no haya sufrido al morir…

—Gracias, María… Se fue apagando lentamente por la sedación y no sufrió…

—Mejor así… Te llamo, Pedro, porque estoy ahora mismo con Isabel (Pantoja)… ¿Tú crees conveniente que nos acerquemos al tanatorio?”

—María, yo no soy quién para deciros lo que tenéis que hacer… podéis hacer lo que queráis… aquí no se le prohíbe la entrada a nadie… ahora, quiero que sepáis que están aquí los fotógrafos en la puerta y Nuria Abad se encuentra en la sala… está muy hundida y muy nerviosa…

—Puff… entonces yo creo que es mejor que no vayamos... Rezaremos por su eterno descanso… Mucho ánimo, de parte mía y de Isabel.

—Gracias por llamar. Un fuerte abrazo para las dos.

Ahí quedó esa conversación con María Navarro. Siempre agradecí esa llamada, queriendo despedirse de Encarna. Tanto de María Navarro como de Isabel Pantoja. La tonadillera sí me había llamado en otras ocasiones durante su enfermedad, interesándose por su salud. Al menos, recuerdo dos. Una a finales de febrero, recién regresada de la Clínica Universitaria de Navarra, ya con su final prescrito. Y la otra, cuando falleció. Me llamó el mismo día. Me dio sus condolencias más profundas. Quería saber cómo había sido. Si había sufrido. Y me dijo: “Pedro… lo siento mucho… ya solo quiero que descanse paz… se lo merece...”. Otros, en cambio, no tuvieron tiempo ni para llamar. Por ejemplo, Pilar Cebrián, su heredera. Nadie supo dónde se encontraba en aquellos momentos. Quizá estaba sumergida en el silencio y recogimiento de la Semana Santa.

Misa, incineración y cenizas

La misa de funeral por el eterno descanso de Encarna Sánchez fue oficiada por el padre José Luis Gago del Val, era el sacerdote idóneo para ello. El hombre que, siendo director general de Cope, la fichó para su proyecto innovador en el año 1983. El padre Gago comenzó su homilía con estas palabras:

“Encarna no podía morir en un día insignificante: el Viernes Santo, en la hora nona. Las tres de la tarde. En el momento en que Jesús murió en la cruz. Que Dios la acoja en su seno y la siente a su lado en un lugar preferente…”.

Finalizada la misa, el féretro fue trasladado al cementerio de la Almudena para su incineración. A las 13.45 horas del sábado 6 de abril Encarna Sánchez fue reducida a cenizas. Me llamó la atención el gran número de fieles oyentes que fueron a darle su última despedida al camposanto. Quince días después fui a los Servicios Funerarios a recoger las cenizas de Encarna y me las llevé a mi casa. Allí estuvieron custodiadas casi un mes. Hasta que fueron arrojadas al mar en Marbella. Terminada la incineración, todo su equipo del programa nos fundimos en un fuerte abrazo. Se abría un futuro incierto a nivel laboral.

Encarna sí había logrado que Nuria Abad y yo pasáramos a la plantilla de Cope desde el 1 de marzo de ese año. Otro servicio más de la locutora a las personas que quería. Demostraba así su agradecimiento hacía todo el cariño y esfuerzo que le habíamos dado en vida. Ahora nos esperaba el retorno a los estudios sin ella. Y otorgarle el reconocido homenaje. Un último programa “muy especial”.

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