20 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA

García Puga que siempre se había negado a declarar acusa ahora de la muerte de su amiga a un "hombre barbudo y corpulento y a su esposa"

La rocambolesca confesión del crimen de Cornellá: Aitor, presunto asesino de Janet Jumillas, culpa a dos desconocidos

Exclusiva Janet Jumillas.
Janet Jumillas.
Han tenido que pasar casi dos años del asesinato de Janet Jumillas en Cornellá para que Aitor García Puga, único imputado por el crimen, se decida a “confesar” los hechos en el juzgado que investiga el caso. Reacio a colaborar, sin aportar dato alguno, Aitor ha negado siempre conocer cual fue la suerte de Janet. Ahora ha hablado por primera vez pero para culpar a dos desconocidos: Un hombre barbudo y una mujer. Esta es la confesión del asesino a la que ha tenido acceso 'Elcierredigital.com'.

Janet Jumillas de 39 años desapareció a las 10 de la mañana del 13 de marzo de 2013 en la calle San Vicent de Cornellá, cuando estaba haciendo unas gestiones administrativas. Utilizó por última vez su WhatsApp una hora más tarde para enviar un mensaje a su familia diciéndoles que se entretenía haciendo gestiones en Cornellá. Su teléfono seguiría dando línea durante horas aunque no lo cogió nunca más. Janet no se presentó en el colegio para recoger a sus pequeños Diego y Carmen. Esa noche los niños cenaron en el centro escolar hasta que la familia se hizo cargo de ellos. Ni rastro de Janet, su familia temía lo peor, la mujer jamás habría abandonado a sus hijos. Su hermano Francisco denunció la desaparición ante los Mossos justo 24 horas después. Cuatro días después encontraron en los alrededores su coche Renault, en un aparcamiento público sin rastros de sangre, violencia o robo.

En los días siguientes a la denuncia los investigadores fueron reconstruyendo minuciosamente la vida de Janet y sus últimos pasos. Así descubrieron que Janet era una madre responsable que hacía frente a dificultades económicas y médicas. Janet cobraba una ayuda de 24 euros y tomaba marihuana para mitigar los dolores de la fibromialgia que sufría. Lo que le sobraba lo revendía. Y aquí es donde surge la figura de Aitor, conocido de Janet, que vivía a 150 metros del lugar donde se encontró el vehículo de la desaparecida. Desde el principio los Mossos sospecharon, y así lo dejaron por escrito en sus informes, que Janet estaba muerta y había sido víctima de alguien de su círculo cercano.

Así los Mossos averiguaron que la noche anterior a la desaparición, Aitor acudió a casa de Janet a por marihuana y  quedaron en verse la mañana de la desaparición. Justo antes de desparecer, Janet había llamado hasta en cuatro ocasiones a Aitor y habían cruzado mensajes.

                            Aitor García. 

Los Mossos llamaron a Aitor y este les contó que el día de la desaparición, el 13 de marzo, volvió de trabajar en Amazon a las 8:00 de la mañana y se quedó dormido hasta la tarde. Aitor mintió. Amazon le había despedido hace tiempo.

Los Mossos ya no le quitaron ojo de encima, le seguían a todas partes y un equipo de investigadores grababa todos sus movimientos sospechosos. Hartos de la falta de colaboración de Aitor y con todos indicios apuntando hacia él, volvieron a llamarle a declarar ocho días después. La llamada de los Mossos hizo el efecto deseado, Aitor presa de los nervios movía ficha. Los investigadores le grabaron horas antes de la cita para declarar, bajando a unos contenedores junto a un amigo y tirando unas bolsas sospechosas a la basura. Allí mismo les detuvieron, los Mossos hallaron en las bolsas trozos de las gafas de Janet, mochos de fregona con sangre, guantes de latex y hasta mechones de pelo de la víctima.

Desde entonces Aitor permanece en la cárcel, su amigo, acusado de encubrimiento, quedó en libertad por falta de pruebas. Nunca revelaron el paradero del cuerpo de Janet, ni siquiera después de que el juez les enviara a prisión provisional. Dos meses después, en mayo, unos operarios encontraron el cadáver de Janet en un descampado camino del Carrefour. Aitor mantenía negando cualquier relación con el asesinato de Janet a la vez que pedía respeto para la familia de la mujer. Ayer todo cambió.

Ahora, Aitor ha pedido declarar. Daba la impresión de que tenía algo importante que contar después de permanecer callado durante dos años. Sin embargo, cuando el miércoles se sentó de nuevo ante el juez ha relatado una historia difícil de creer y más difícil de probar.

Apunta a dos desconocidos: un hombre barbudo y una mujer

Según el testimonio del acusado, la mañana de la desaparición de Janet ésta se presentó en su casa acompañada por un hombre corpulento con barba, de mediana edad, y armado con una barra de hierro que le pegó un golpe en el rellano antes de que se introdujeran en su domicilio. Según el acusado, querían que Aitor les entregara todo el dinero que tuviera. Le acusaban de deberles dinero del hachís y la marihuana. Aitor les dijo que no tenía dinero, y entonces se presentó otra mujer y volvieron a amenazarle. Subieron con él las escaleras hasta la habitación para registrarla y ante la negativa a darles el dinero le amenazaron con matar a sus dos perros e incendiar la vivienda.

Aitor en el momento de su detención. 

Según relata el único acusado del asesinato de Janet, presa del miedo, les dijo a Janet y a los otros dos que le dejaran bajar al coche a buscar dinero allí. Increíblemente los supuestos asaltantes le dejaron bajar sin vigilancia. Aitor fue al coche, no encontró dinero, regresó a su casa y entonces halló la casa revuelta como si hubiera habido allí una pelea, manchas de sangre en las paredes y el suelo y las gafas rotas de Janet. Se declaró inocente y dijo no saber lo que había ocurrido. ¿Y por qué no ha denunciado hasta ahora? “porque tenía miedo” ha alegado Aitor, y ha explicado que tras meditar mucho en la cárcel y verse acusado de un crimen tan grave se ha decidido por fin a contar la verdad.

Para Jorge Albertini, abogado de la familia de Janet, todo el relato del acusado es una tomadura de pelo. Aitor no quiso responder a las preguntas de Albertini durante la comparecencia, y tampoco supo explicar por qué falta un cuchillo de su cocina, justo el que encaja con las heridas mortales que sufrió Janet. No fue con una barra de hierro, la autopsia habla de un objeto punzante. “Dice que limpió y se deshizo de las pruebas por miedo a que le implicaran, pero lo cierto es que tampoco supo explicar por qué bajo su cama encontraron la soga y los plásticos exactamente iguales a los que envolvían el cadáver de Janet” puntualiza el letrado.

Por supuesto, Aitor no identificó al “hombre corpulento con barba” que le amenazó y golpeó, y cuando terminó su declaración regresó a la cárcel a la espera de un juicio inminente cargado de pruebas. Los investigadores le han señalado sin dudar. Su coche y su teléfono coinciden con los posicionamientos del coche y el teléfono de Janet durante las horas en las que supuestamente la mataron e incluso más allá, porque sospechan que tras asesinarla se quedó con su teléfono durante horas. A Aitor le grabaron deshaciéndose de las pruebas que había en su domicilio, y en su vivienda la policía científica halló sangre de la víctima en el suelo y las paredes a pesar de que la había limpiado.

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