22 de mayo de 2022
|
Buscar
FIN DE SEMANA

VIRGINIA, CON 14 AÑOS, Y MANUELA de 13, NUNCA VOLVIERON A CASA TRAS UNA NOCHE DE FIESTA El 23 de abril de 1992 cuando se fueron a una disco de Reinosa

La desaparición de las niñas de Aguilar de Campoo: Un misterio que dura ya tres décadas

Virginia y Manuela.
Virginia y Manuela. / Su desaparición en 1992 es una de las más misteriosas de las últimas décadas.
La desaparición de Virginia y Manuela, conocidas como 'las niñas de Aguilar de Campoo', cumple treinta años. Considerado durante años un verdadero 'expediente X' de la crónica negra española, en los últimos meses un nuevo testimonio supuso la reapertura judicial del caso. La clave, un Seat 127 de color blanco. Sin embargo, por el momento, no se ha puesto luz a una de las desapariciones más inquietantes de la historia reciente de España.

Era abril de 1992. España vivía una época de euforia colectiva. Faltaban unos meses para que se iniciaran los fastos de los Juegos Olímpicos en Barcelona y de la Expo en Sevilla. Con Madrid como capital cultural, el país sacaba pecho ante el mundo. Quería dar una imagen lejos del oscurantismo con el que los tópicos adornaban la idea de España en el extranjero. Habían pasado quince años de democracia y la evolución experimentada quería mostrarse al mundo.

En ese contexto, una desaparición inquietante echaría sombras sobre tanta celebración. Virginia, de 14 años, y Manuela, de 13, dos amigas inseparables de Aguilar de Campoo, en Palencia, desaparecieron bien entrada la noche del 23 al 24 de abril, como relató en su día elcierredigital.com.

Ambas jóvenes habían ido a divertirse a una discoteca de Reinosa, en Cantabria, a unos 30 kilómetros de Aguilar de Campoo. No se sabe cómo llegaron hasta allí, porque a sus familias les dijeron que irían a una fiesta de cumpleaños en su pueblo. Sin embargo, varios testigos las identificaron en la discoteca Cocos y en una zona de bares de la citada localidad cántabra. Sí se sabe que las dos niñas decidieron volver a sus casas haciendo autoestop, una práctica más que habitual en la época, y algunas personas aseguraron entonces que las dos chicas se subieron a un coche blanco, un Seat 127, frente a la fábrica de galletas Cuétara de Reinosa.

Las líneas de investigación 

La investigación se realizó con los rudimentarios métodos de la época. No había móviles, ni cámaras, y en las comisarías y cuarteles de toda España se repetía aquel mantra de que había que esperar 24 o 48 horas para comenzar a buscar a alguien, un protocolo que, afortunadamente, ha cambiado con el paso de los años al considerarse las primeras horas como fundamentales para la búsqueda

Cartel de desaparición de Manuela Torres y Virginia Guerrero.

Aún así, las fotos de Virginia y Manuela empapelaron la zona y las provincias limítrofes, y el programa de televisión ¿Quién sabe dónde?, recién estrenado, dedicó muchas de sus emisiones a analizar este caso. Comenzaron a llegar las llamadas, algunas aportando pistas, otras, de auténticos desalmados, intentando burlarse de una situación desgarradora. 

Se investigaron todos y cada uno de los posibles rastros. Clubes de alterne en las provincias de Palencia y Burgos, donde algunas personas situaban a las niñas. También fueron supuestamente avistadas en Cádiz, Madrid o Asturias. Se hicieron gestiones en Málaga, donde el padre de Manuela tenía cierto arraigo, y en Francia, donde vivía cuando desapareció su hija, pero no se encontró nada. 

Tras estallar el caso de las niñas de Alcàsser, se alejó el foco de la desaparición de las jóvenes de Aguilar de Campoo. 

Restos cadavéricos 

En octubre de 1994, unos caminantes encontraron un saco con dos cráneos y algunos huesos bajo el puente de Pontinos, en el pantano de Requejada, cerca de Aguilar de Campoo. No obstante, y aunque un periódico de la zona se atrevió a afirmar que pertenecían a Manuela y Virginia, los resultados de los análisis descartaron esta posibilidad. 

En octubre de 2017, de nuevo el hallazgo de unos restos óseos, en esta ocasión  una mandíbula en la orilla del pantano del Ebro, en La Población de Yuso, traía a la actualidad el caso. Las pruebas de ADN, otra vez, fueron negativas. 

Movimientos alternativos de Madrid 

La pista más fiable surgió en marzo de 1997, cuando una joven okupa declaró que había visto a las chicas de Palencia viviendo entre los grupos alternativos de Madrid. Con estos datos se elaboraron unos retratos robots, que mostraban a Manuela con el pelo corto y un mechón azul y a Virginia con un aspecto similar a cuando desapareció. La Guardia Civil abrió entonces la operación Cupido, para intentar dar con las jóvenes. 

Un mes más tarde, una mujer declaró haber visto a las jóvenes en un autobús y declaró que iban con estética okupa y acompañadas de un joven de estética punk, lo que coincidía con la pista aportada por la otra joven. A pesar de las investigaciones, no se obtuvieron resultados.

La reapertura del caso

Un nuevo testimonio puso luz en un caso que parecía haber entrado en vía muerta. Se trataba de una mujer que decidió denunciar su experiencia tras visionar en el programa de Telecinco 'Viva la vida' un reportaje sobre el caso de las niñas de Aguilar de Campoo. En ese mismo espacio televisivo contó que el conductor de un Seat 127 habría intentado llevársela por la fuerza hace ya más de treinta años. Entonces, tanto la mujer como la amiga que la acompañaba lograron huir. “Cogí el volante y lo tiré para la cuneta”. 

Seat 127, modelo de coche en el que subieron las niñas de Aguilar.

Tras su denuncia, fuentes próximas al caso confirmaron a elcierredigital.com que el conductor del vehículo ha sido identificado. Se trataría de un hombre residente en un pueblo del norte de España, a apenas 30 kilómetros de Reinosa, el lugar donde Manuela y Virginia fueron vistas por última vez, precisamente, subiéndose a un Seat 127. 

Desde la reapertura del caso de las niñas de Aguilar del Campoo, en junio de 2021, la Guardia Civil ha inspeccionado un total de 7.414 vehículos modelo Seat 127 en seis provincias. De entre ellos, hay 68 de la misma zona en la que las menores fueron vistas por última vez.

Además, a esto se le añade la toma de declaración por parte de la Guardia Civil al propietario del Seat 127 al que se subió una mujer denunciante víctima de la misma situación cuando era joven, por cuyas declaraciones se reabrió el caso. El dueño de este vehículo, que ha sido plenamente identificado, ha terminado desvinculado del caso tras incluso haberle sido 'pinchado' su teléfono e instalado un dispositivo de seguimiento en su actual coche.

La Guardia Civil en su investigación ha utilizado los mismos métodos con la toma de declaración, escuchas telefónicas e instalación de dispositivos de seguimiento en sus vehículos a las tres personas que en su momento fueron también investigadas por estos hechos, pero también sin resultado alguno.

Luis Antonio Calvo, letrado de la acusación popular ejercida por la Asociación Clara Campoamor, calificó en Elcierredigital.com de “exhaustiva” la investigación realizada ahora y la que se efectuó en su momento. “Se confirma que se hizo en su día lo que estuvo en nuestra mano. Ojalá que el resultado nos hubiera permitido saber qué ocurrió a las dos niñas, sobre todo porque fue nuestro primer caso y lo tenemos clavado. De hecho, logramos que el caso no se cerrara, se hizo lo indecible para localizarlas y averiguar qué les pasó”, recordaba el letrado, quien añade que a no ser por un “golpe de suerte”, teme que no se logre descifrar el caso.

Desde que se reabrió la causa, en junio del año pasado, la magistrada había venido prorrogando el secreto de las actuaciones por periodos de un mes, salvo en la última ocasión, cuando lo acordó solo por veinte días más. Todo un hito en la crónica negra española que ahora cumple tres décadas manteniendo su halo de misterio. 

COMPARTIR: