09 de diciembre de 2019
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FIN DE SEMANA

Asesinos condenados a 25 años de cárcel que verán revisadas sus penas cuando las cumplan íntegramente

Estos son los cinco monstruos de la prisión permanente revisable encarcelados en España

La semana pasada Juan Carlos Quer presentaba en el Congreso de los Diputados más de tres millones de firmas para pedir que no se derogue la ley de Prisión Permanente Revisable (PPR) tal y como anunció en su día el gobierno del socialista Pedro Sánchez. Hasta ahora esta ley se ha aplicado en las condenas a cinco asesinos: Patrick Nogueira, Marcos Miras, David Oubel, Sergio Díaz y Daniel Montaño. Estos fueron los hechos atroces por los que recibieron 25 años de condena.

La semana pasada Juan Carlos Quer presentaba en el Congreso de los Diputados más de tres millones de firmas para pedir que no se derogue la ley de Prisión Permanente Revisable (PPR). Hasta ahora esta ley se ha aplicado en las condenas a cinco asesinos: Patrick Nogueira, que mató y descuartizó a sus tíos y a sus sobrinos en 2017; Marcos Miras, que asesinó a su hijo de once años a palazos también en 2017. David Oubel, el asesino de Moaña, que asesinó a sus dos hijas de cuatro y nueve en julio de 2015, Sergio Díaz, que clavó 30 veces el mismo puñal al abuelo de su novia en enero de 2016 y Daniel Montaño, que arrojó por la ventana a una bebé de 17 meses e intentó matar a su madre durante la madrugada del 25 de enero de 2016.

Juan Carlos Quer y Juan José Cortés, defensores de la vigencia de la PPR cuando llegaron a dos millones de firmas.

Son cinco monstruos que están encerrados en una prisión y no verán la calle durante al menos 25 años. Después se revisará su pena, si un nuevo gobierno no cambia antes la ley. Éstas son sus historias de sangre y desgracia.

David Oubel, parricida de Moaña: “La obra de un sádico”

 Conocido como “el parricida de Moaña”, David Oubel, reconoció ante el tribunal haber matado a sus dos hijas, de nueve y cuatro años, usando una sierra radial. Mientras pedía la pena de prisión permanente revisable, el fiscal, Alejandro Pazos, no podía contener las lágrimas, no por la petición, sino por el relato de los hechos que tuvo que leer en voz alta. Fue el primer condenado en España a la pena de Prisión Permanente Revisable (PPR).

El agente inmobiliario David Oubel, de 42 años, degolló a sus dos hijas, de cuatro y nueve años, en agosto de 2015 en la localidad pontevedresa de Moaña. Antes las drogó para dejarlas inconscientes, pero no empleó la dosis necesaria y la mayor de ellas intentó huir del ataque. Las niñas pasaban unos días de verano en casa de su padre aunque vivían habitualmente con la madre, que tenía la guardia y custodia de las menores.

David Oubel, el parricida de Moaña.

El dramático relato del crimen situaba la hora de los asesinatos entre las 8 y media y 11 de la mañana del 31 de agosto. David mató primero a la pequeña, empleando para ello una sierra eléctrica y un cuchillo de cocina para degollarlas. Luego se dirigió con la sierra eléctrica y el cuchillo de cocina a la habitación donde se encontraba su otra hija mayor “a quien ató previamente con una cinta americana puesto que esta presentaba una elevado nivel de consciencia ya que no le habían hecho casi efecto los fármacos ingeridos. Una vez atada le produjo varios cortes muy profundos con la sierra eléctrica amoladora, la cual mantuvo encendida, a la altura del cuello. Acto seguido forcejeó con la niña que por un instante logró liberarse de la cinta americana con una de sus manos e intentó darse la vuelta y huir. Pero en ese momento el padre finalizó la incisión en el cuello con la sierra eléctrica en marcha y el cuchillo de cocina”, concluyó entre sollozos la descripción del fiscal.

Los exámenes psicológicos describían a David Oubel como un hombre “frío y sin empatía, no es un loco, es un psicópata con una percepción diferente de lo que ha pasado y con afán de notoriedad”. Sobre el posible móvil, los investigadores de la Guardia Civil no pudieron encajar la hipótesis de un posible caso de violencia de género proyectado en las niñas para provocar el dolor de su madre. “Desde un punto de vista psicológico y humano es inexplicable, obra de un sádico, y no parece claro que hubiese intención de venganza hacía su expareja porque no había una conflictividad seria entre ambos progenitores”, explicaron.

Sergio Díaz: Mató al abuelo de su exnovia por despecho

Un jurado popular resolvía en marzo de 2018 que Sergio Díaz, de 24 años, era el asesino de Salvador Valentín Luis, de 66 años. Los hechos se remontaban al 14 de enero de 2016 en la localidad tiñerfeña de Icod de los Vinos, cuando Sergio Díaz Gutiérrez le propinó a Salvador más de 30 puñaladas con un cuchillo clavándoselo en el abdomen, el tórax y el cuello.

Además, golpeó a su víctima con varios objetos que encontró en la casa, como un palo, una figura de perro, otra de cerámica y una piedra, “causándole heridas inciso contusas en la cara, fractura-hundimiento nasal y maxilar y rotura de piezas dentales, sabiendo que con ello le sometía a padecimientos innecesarios o sufrimientos más intensos que los precisos para causarle la muerte con el único propósito de aumentar de manera deliberada e inhumana su sufrimiento antes de que muriese", según la sentencia.

Sergio Díaz, a la derecha, durante el juicio que lo condenó.

La víctima, Salvador Valentín Luis había sufrido un ictus y a consecuencia de ello tenía serias dificultades para hablar y moverse con lo que difícilmente pudo pedir auxilio. La defensa de Sergio Díaz intentó alegar el atenuante de enajenación mental transitoria, una circunstancia incompatible con que Sergio planificara el crimen, como indica que usara su teléfono móvil para buscar en Internet "cómo asestar una puñalada mortal" o que comprobara en Google que el 14 de enero de 2016 no era festivo en Tenerife, para saber que su víctima se encontraría solo a esas horas.

La víctima compartía vivienda con Silvia Luis, hija del fallecido, el entonces marido de ésta y los tres hijos de la pareja, nietos suyos, una de ellos llamada Kendra, que conoció a Sergio a través de la red social Tuenti y por mediación de un amigo común. Era 2014 y ella tenía solo 14 años, él tenía 20 años y residía a 2.000 kilómetros de distancia, en Santander.

La distancia no fue un impedimento y Sergio comenzó a viajar a la isla para visitar a Kendra, que quiso dar marcha atrás en la relación por el carácter celoso y controlador de Sergio. Él no aceptó la ruptura. Primero dañó el coche de Silvia, la madre de Kendra, tres meses antes del crimen. Entonces, la familia, temerosa de que Sergio fijase su ira en Kendra, aconsejó a la joven que tomase clases de defensa personal. Nadie sospechaba que el objetivo final sería el indefenso abuelo de su exnovia.

Daniel Montaño, veía "la semilla del mal"

Daniel Montaño era profesor de música en Vitoria. Una mañana tomó a una niña de 17 meses, Alicia, y la arrojó a la calle desde el primer piso de su casa de Vitoria. La pequeña sobrevivió unas horas al brutal impacto contra el suelo, pero a la mañana siguiente moría de un traumatismo craneoencefálico.

Antes había atacado a su madre, Gabriela, cuando se negó a tener sexo con él. Montaño había conocido a la mujer, brasileña de 18 años, dos meses antes y había entablado con ella una relación virtual. El primer fin de semana que pasaron juntos fue también el único.

Daniel Montaño. /Europa Press

Montaño reconoció durante el juicio haber arrojado a la niña por la ventana durante la madrugada del 25 de enero de 2016 y argumentó que sufría “enajenación mental”. Durante las sesiones del juicio Montaño explicó que la niña, "me miró fijamente, con los ojos desorbitados de odio, de maldad y un grito espeluznante", dijo. Todo su relato intentó demostrar que cuando asesinó a la niña no estaba en sus cabales y se refirió a la lucha entre el bien y el mal en la que él sería un "ángel blanco" y "un trabajador de la luz" frente a las dos mujeres en las que veía la "semilla del mal”. La acusación le preguntó si cuando arrojó a la niña por el balcón, era consciente de que era Daniel Montaño, a lo que el acusado respondió escuetamente: "San Daniel".

La madre de Alicia, Gabriela, tenía 18 años cuando ocurrieron los hechos y solo conocía a Daniel de manera virtual por Internet. Su testimonio fue determinante al decir que el mismo día, unas horas antes, le encontró sentado en la taza del váter con una toalla sobre la cabeza diciendo que "los niños iban a provocar el fin del mundo". En ese momento ella se asustó e intentó marcharse, pero no disponía de medio de transporte por lo que optó por quedarse a dormir en la casa de Montaño.

Poco después fue cuando se inició la agresión al entrar el acusado en la habitación y colocar una mano presionando el pecho de la niña que provocó la reacción de la madre y el inicio de la agresión, con puñetazos y patadas y expresiones como "te voy a matar hija de puta" o "sois todas iguales". Durante ese enfrentamiento Montaño rompió un cristal primero y después arrojó a la niña por él, lo que demostró una clara preparación y premeditación.

Marco Miras: “Te voy a dar donde más te duele”

Aquel domingo 7 de mayo de 2017 era el Día de la Madre y Marcos Javier Miras Montánez, de 42 años de edad, tenía que devolver a su hijo de 11 años a su exmujer, de quien estaba separado desde hacía siete años. El niño nunca llegó a casa de su madre. Ella denunció inmediatamente a la policía que el niño no había llegado al punto de encuentro y recordó una frase recurrente de su expareja: “Te voy a dar donde más te duele".

Cuando la policía llegó al domicilio de Marcos Javier en el barrio coruñés de Labañou, éste se desmoronó inmediatamente y llevó a los agentes hasta el lugar donde estaba enterrado el cadáver del niño, en mitad del monte, en un bosque de eucaliptos, a media hora en coche de La Coruña. Llevó al niño hasta allí el día antes y lo mató de un golpe en la cabeza, con una pala. Luego lo arrastró hasta la espesura del monte, donde lo abandonó.

Marco Javier Miras mató a su hijo para hacer daño a la madre.

Marcos Javier conocía la zona gracias a que sus padres tenían una casa a dos kilómetros del lugar donde apareció el cuerpo. Marcos Javier Miras Montánez era electricista y estaba en paro. Su mujer lo había dejado 7 años antes y tenía una denuncia por malos tratos, por lo que existía una orden de alejamiento que estuvo en vigor hasta 2013. Pero aquel mismo año la mujer volvió a denunciarlo porque su expareja le había amenazado por redes sociales, asegurando que le iba a hacer daño “donde más le doliese”. No se pudo demostrar que Miras estuviese detrás de esas amenazas y la denuncia fue desestimada.

En septiembre de 2018 se celebró el juicio y la sentencia consideró probado que “Marcos Javier Miras recogió a su hijo el 5 de mayo de 2017 en virtud del régimen de visitas estipulado en el divorcio de su exmujer, a quien, desde su ruptura, presionó para tratar de reanudar su relación, hechos por los cuales fue condenado en 2009 por un delito de coacciones en el ámbito familiar”.

El día del asesinato, el condenado "con la intención de causar el mayor sufrimiento psíquico posible a su exmujer" decidió asesinar a su hijo. Así, se dirigió en su coche a una zona boscosa del municipio de Oza-Cesuras y asestó al niño varios golpes en la cabeza que causaron la muerte al pequeño”.

Aunque Miras intentó cavar un hoyo para ocultar el cadáver, finalmente desistió y dejó el cuerpo del niño a la intemperie durante toda la noche. Luego se fue a dormir a una habitación del hotel que previamente había reservado, donde fue detenido por la policía. En febrero de 2019 el Tribunal Superior de Justicia de Galicia (TSXG) confirmó la condena de prisión permanente revisable.

Patrick Nogueira, un móvil pasional

Patrick llegó a España para intentar abrirse camino en el mundo del fútbol y se instaló con su tío Marcos Campos Nogueira, de 40 años, su pareja, Janaína Santos Américo, de 39, y sus dos hijos, de cuatro y un año en su casa de Torrejón de Ardoz, en Madrid. Cuatro meses después encontraban a toda la familia muerta, troceada y en bolsas de basura sobre el salón de su chalet de Pioz (Guadalajara).

La noche del 18 de septiembre de 2016 un extraño olor que salía de la casa 594 de la urbanización La Arboleda alertó a los vecinos. Eran los cadáveres de la familia. Un día antes, Patrick se había marchado a Brasil, dejando atrás un múltiple asesinato sin resolver, a los investigadores de la Guardia Civil con centenares de interrogantes y una sola prueba en el escenario del crimen, una muestra de ADN que sirvió para incriminarlo.

Patrick Nogueira, el asesino de Pioz.

Durante al menos un mes, los cadáveres de Marcos, Janaína y sus hijos permanecieron en seis bolsas de basura colocadas en el suelo del salón. Eran nuevos, y por ello muy pocos les habían llegado a ver durante el mes que residieron en su nueva casa. El silencio fue uno de los datos que llamó la atención de los vecinos.

Dos semanas y media después la Guardia Civil lo acorralaba y se convertía en el único sospechoso, sobre todo llamó la atención la relación de Patrick con su tía Janaína y comenzaron a barajar el móvil pasional. El joven había vivido con ellos antes en la localidad madrileña de Torrejón y se paseaba semidesnudo por la casa, lo que generaba cierta discordia familiar.

No era la primera vez que Patrick se veía involucrado en un crimen. Cuando tenía 16 años, Patrick fue el protagonista de otra escena delictiva en Brasil. El 12 de julio de 2013 el joven se levantó de su mesa en el colegio, se dirigió al profesor que daba la clase y le asestó dos navajazos, en el cuello y el abdomen.

Los indicios, la meticulosidad para la comisión de los asesinatos, la limpieza de los cortes, la tortura y posterior desangramiento del padre, el hallazgo de los cadáveres en el lugar del crimen, el descuartizamiento o el estado de la vivienda -impecable- llevaron a los investigadores a pensar en una banda de sicarios que habría seguido a la familia desde Brasil a España.

Sin embargo, la realidad fue que Patrick entró en la vivienda aprovechando que los conocía y fue asesinándolos de forma secuencial. Primero su tío, luego su tía y después sus primos pequeños. El 15 de noviembre de 2018 Patrick Nogueira, de 21 años y extraditado a España fue condenado a tres penas de Prisión Permanente Revisable.

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