20 de octubre de 2020
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FIN DE SEMANA

En sus años de infancia Aileen Wuornos sufrió las violaciones de sus abuelos que se hicieron cargo de ella y su hermana tras el abandono de su madre

“La mujer araña”: Una prostituta que se vengó de una infancia de abusos sexuales matando a sus clientes

Aileen Wuornos.
Aileen Wuornos.
Aileen Wuornos, conocida en los círculos criminales como “la mujer araña”, fue una de las asesinas en serie en más mediáticas de la década de los 90 en Estados Unidos. La popularidad de su historia se explica tanto por los siete asesinatos que cometió como por su durísima historia personal, pues en sus años de infancia tuvo que lidiar con el abuso sexual, físico y psicológico continuo de sus seres más cercanos.

Pocos discuten que el entorno familiar moldea el carácter y la personalidad de los individuos más allá de sus propias particularidades “de fábrica”. Esto es un hecho. Nuestra protagonista de hoy, Aileen Wuornos, se crio en un ambiente que condicionó su vida hasta tal punto que la convirtió en una auténtica máquina de matar. Sin embargo, Wuornos no siempre fue “la mujer araña”, como sería apodada posteriormente. El proceso de degradación hasta llegar a este punto fue lento y progresivo.

Aileen nació en Rochester (Michigan) el 29 de febrero de 1956. A pocos meses de su alumbramiento, sus padres se divorciaron. Él era un pedófilo que acabaría ahorcándose en la cárcel. Ella se casó a los 15 años y tuvo dos hijos. Cuanto Aileen tenía cuatro años, su madre la abandonó junto a su hermano.

La custodia de los niños quedó en manos de sus abuelos, Lauri y Britta Wuornos, de origen finlandés. Teniendo en cuenta el contexto en el que Aileen y su hermano habían crecido hasta el momento, podría pensarse que su situación solo podía ir a mejor. Todo lo contrario. Empeoraría hasta límites insospechados.

Una joven Aileen Wuornos.

De acuerdo con el testimonio de Aileen, su abuelo la maltrataba física y sexualmente y su abuela tenía un problema de adicción al alcohol. Ante esta tesitura, Wuornos buscó una salida en las relaciones sexuales que mantuvo desde joven con muchos hombres. A los 15 años, quedó embarazada de un hombre mucho mayor que ella. La respuesta de sus supuestos seres queridos fue inmisericorde.

Aileen tuvo que dar en adopción a su bebé y tanto sus abuelos como la comunidad donde residía la repudiaron. A partir de ese momento, despojada de un techo bajo el que cobijarse y completamente sola, se vio obligada a ejercer la prostitución desde muy temprana edad. De esta forma, logró subsistir en pese a la adversidad.

Sin embargo, en la línea de lo que habían sido sus relaciones personales, sus clientes la maltrataban y agredían constantemente. De la pequeña y sumisa Aileen que llegó a casa de sus abuelos en busca de un hogar pronto no quedaron ni las cenizas. La vida la había tratado brutalmente y Aileen se cobraría su venganza.

Aileen Wuornos, alias "la mujer araña".

Robos, falsificaciones, amenazas a mano armada, conducción bajo los efectos del alcohol… Wuornos comenzó a ganar fama en el mundo criminal, pues era una habitual en el tránsito de entrada y salida de las cárceles de Michigan. Había nacido “la mujer araña”. Ya no había vuelta atrás.

Tyria y Aileen, dos amantes burlando la ley

Entre esta espiral de autodestrucción, Aileen halló al fin un haz de luz, una pequeña brizna de amor entre la espesura de un sombrío bosque odio. En Dayton, conoció en un bar gay a la que sería su gran amor, Tyria J. Moore. Tyria, mucho más joven que Aileen, la acompañó en su trayectoria delictiva durante un tiempo.

La pareja, que era adicta a las drogas y el alcohol, actuaba siempre al resguardo de identidades falsas. Wuornos seguía utilizando la prostitución como un medio de conseguir dinero fácil, pero su repulsión hacia los hombres crecía en su interior. Era solo cuestión de tiempo que explosionara por completo.

El 30 de noviembre de 1989, Richard Mallory, que había sido condenado previamente por abusos sexuales, desapareció. Su cuerpo sin vida sería encontrado poco después, envuelto en una alfombra localizada en un bosque. En el cadáver se hallaron restos de los tres disparos que Mallory recibió en el pecho. ¿El arma homicida? Una pistola del calibre 22.

La amante de Aileen, Tyria J. Moore.

Tuvo que pasar un año para que el interés en este caso, que había sido archivado, se reactivara a consecuencia del asesinato de David Spears, cuyo cuerpo presentaba seis disparos, también en el pecho, provenientes de un arma del mismo calibre. Cinco días después, otro varón apareció muerto. La sucesión de estos crímenes no era habitual. En estos casos, las casualidades no suelen existir.

Cuando el 4 de julio de 1990 se informó sobre la desaparición de Peter Siems, hubo testigos que aseguraron que había subido a su coche a dos mujeres adultas que hacían autostop y que encajaban con la descripción de Tyria y Aileen. Seis cadáveres más aparecerían durante ese año. Todos respondían al mismo perfil. Varones de mediana edad, todos habituales de los prostíbulos y asesinados a causa de balazos en el pecho en inmediaciones de caminos y carreteras poco transitadas. En las escenas de los crímenes, siempre se encontraban indicios de robo y preservativos.

Inevitablemente, las investigaciones policiales y las declaraciones de los testigos pronto apuntaron a Tyria y Aileen. Sus rostros pasaron a ser públicos para el conjunto de los ciudadanos norteamericanos, dejando a las dos criminales sin escapatoria posible. Además, la venta de los objetos que robaban facilitó la labor de búsqueda a las autoridades.

Punto y final a una siniestra trayectoria homicida

Una fuerte discusión acabó con la relación sentimental de la pareja y poco después Tyria fue la primera en ser apresada. La ex de “la mujer araña” entregó a su Aileen a cambio de la inmunidad y declaró que había sido amedrentada por Wuornos para asesinar y después robar a múltiples hombres. Nueva daga al maltrecho corazón de su antigua amante. Así, Aileen fue localizada y prendida por las autoridades en un aparcamiento, en un profundo estado de embriaguez.

A lo largo de la larga investigación que sucedió a la detención, Aileen confesó ser la responsable de las muertes de los hombres de cuyo asesinato se la acusaba. No obstante, alegó que lo hizo en defensa propia, pues estos hombres eran, según su versión de los hechos, clientes que, mientras ella ejercía la prostitución, abusaban de ella sexualmente. Tras un ambiguo procesamiento, la “mujer araña” fue condenada finalmente a muerte.

Durante los meses previos a la inyección letal, acusó a múltiples trabajadores de la prisión de Florida donde se la había retenido de abusos sexuales. En concreto, señaló a varias celadoras. Sea como fuere, sus últimas palabras aún resuenan en la memoria del ciudadano norteamericano: “Sólo quiero decir que estoy navegando en el Rock y que voy a volver con Jesús, el 6 de junio, como en la película Indepenence Day, en una enorme nave nodriza y todo eso. Volveré”, advertía Aileen. Cuando fue ejecutada, tenía 46 años.

 

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