17 de septiembre de 2019
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FIN DE SEMANA

Saltó a la fama como aguerrido fiscal en el famoso proceso del aceite de colza que atemorizó a España en los años ochenta

Muere Eduardo Fungairiño, exfiscal jefe de la Audiencia Nacional y del Supremo que levantó amores y odios

Eduardo Fungairiño falleció este domingo a los 73 años de edad.
Eduardo Fungairiño falleció este domingo a los 73 años de edad.
Eduardo Fungairiño (Santander, 1946), exfiscal jefe de la Audiencia Nacional y del Tribunal Supremo, ha fallecido este domingo a los 73 años. Un aguerrido jurista, muy implicado y conocido, sobre todo, por encarnar la lucha del Estado contra la banda terorrista ETA en los años más duros. Además, Fungairiño destacó por iniciar la cooperación judicial con Francia para acorralar a los terroristas en suelo galo mientras en España se intensificaba la presión sobre la banda en lo judicial y policial.

Eduardo Fungairiño permanece en la memoria reciente de todos por muchos motivos  y por haber llevado adelante procesos decisivos para la vida del país. En los últimos años en el cargo, se vio envuelto en varias polémicas. Pero de su historia destaca, sobre todo, su lucha contra el terrorismo etarra.  El exfiscal  investigó numerosas causas de ETA, entre ellas, los casos de Henri Parot, José Javier Arizcuren Ruíz, “Kantauri”, Francisco Múgica Garmendia, “Pakito”, Santiago Arróspide, “Santi Potros”, Ignacio Etxebarria, “Mortadelo” y también contra Idoia Lopez Riaño, la “Tigresa”. Una lucha que rápido le convirtió en punto de mira de los terroristas. en 1990 la Policía interceptó y desactivó un paquete bomba enviado por ETA cuyo destinatario era Fungairiño.  En 2006, un mes antes de la proclamación de la tregua de marzo de la banda terrorista, el exfiscal fue destituido. Él, como el resto, declararon después que “ su alejamiento forzado del cargo había sido exigido por los terroristas para bajar las armas”, aunque también se descubrieron diferencias con el fiscal general del Estado, Conde-Pumpido.

Fungairiño, aguerrido e implicado en su papel de fiscal siempre. 

Pero antes de luchar contra ETA, Fungairiño había sobresalido  ya desde joven como un combativo fiscal durante su actuación en el famoso macrojuicio por el aceite de colza desnaturalizado. El caso que sacudió a España en los años ochenta y que causó más de 500 muertos y cerca de 30.000 afectados por diversas secuelas de por vida. Fungairiño solicitó penas de prisión elevadas para los responsables del envenenamiento masivo que atemorizó a España en aquellos años  y reclamó para las víctimas indemnizaciones económicas muy superiores a las que por entonces, 1987, se concedían habitualmente en los tribunales.  Su gran papel en favor de los damnificados durante los nueve años del proceso aumentó su prestigio como fiscal.

El caso del envenenamiento masivo del aceite de colza conmocionó a todo el país. 

El 11-M y las dictaduras de Chile y Argentina

Y aunque Fungairiño también se ocupó de casos de narcotráfico y delitos económicos, así como peticiones de extradición y de colaboración judicial o comisiones rogatorias en el extranjero con excelentes resultados, protagonizó otros casos que levantaron polémica y opiniones en su contra. La primera,  solo unos meses después de su nombramiento. En diciembre de 1997 aportaba un informe que defendía la no competencia de la jurisdicción española en los crímenes cometidos por las dictaduras argentina y chilena. Un documento en el que algunos miembros de la fiscalía vieron una justificación  de los golpes de Estado en ambos países.

Peor fue su posición tras los atentados del 11-M. Fungairiño aseguró  el 15 de julio de 2004 en su comparecencia ante la comisión de investigación del 11M que no supo hasta ese mismo día de la existencia de la furgoneta de Alcalá de Henares (Madrid) que supuestamente emplearon los terroristas.  También confirmó que hasta la tarde del 13 de marzo creyó en la autoría de ETA y aseguró no haber descartado su posible implicación. Cuatro días después, pidió “disculpas” por la forma en que tuvo lugar su comparecencia.

Su fuerza y perseverancia en lo profesional quizá las descubriera ya en su juventud, cuando  sufrió un accidente de tráfico que le dejó parapléjico y en silla de ruedas. El joven estudiante que celebraba  el aprobado de una asignatura de la carrera de Derecho veía cambiar su vida pero se aferró a su profesión.

Eduardo Fungairiño dejó huella de su carácter a lo largo de su carrera profesional. 

Fungairiño tenía carácter. No era un fiscal cualquiera.  En diciembre de 1996 fue expedientado junto a sus colegas Pedro Rubira, Ignacio Gordillo y María Dolores de Prado, del grupo conocido como los “fiscales rebeldes e indomables”, cuando tras una inspección en la Audiencia, la Fiscalía General advirtió “insubordinación” de los fiscales hacia su jefe, José Aranda, que fue destituido por su “falta de autoridad”. Un caso muy conocido.

Su cargo más importante lo logró en 1997, a propuesta del entonces nuevo fiscal general del Estado, Jesús Cardenal, fue nombrado fiscal jefe de la Audiencia Nacional, un proceso de nombramiento que levantó no pocas críticas de las asociaciones de fiscales. En realidad, su nombramiento por el Gobierno Aznar sentó mal porque este había actuado por sorpresa desoyendo al Consejo Fiscal, quee había rechazado en tres ocasiones la candidatura de Fungairiño... De hecho, a su toma de posesión solo asistieron dos fiscales del Tribunal Supremo, ya que fue boicoteado por el resto.  La Asociación de Fiscales (AF) recurrió el nombramiento, pero en abril de 1998 el Tribunal Supremo lo avaló.  

Las reacciones y muestras de pésame y dolor por la desaparición de Eduardo Fungairiño se suceden. Una de las primeras en llegar fue la de la ministra de Justicia en funciones, Dolores Delgado. Otros profesionales como el abogado Marcos García Montes han recordado al exfiscal como "un maestro, un hombre leal, honesto, honrado, independiente y, sobre todo, excelente jurista con el que me unía una amistad entrañable".  Otros colegas le han reconocido como "un gran fiscal valiente, hombre culto". 

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