14 de julio de 2020
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FIN DE SEMANA

el registro realizado por la Guardia Civil en casa del presunto asesino demuestra la existencia de abundantes rastros de sangre

La autopsia revela que el asesino de Laura Luelmo miente y sí agredió sexualmente a la joven, que murió dos días después de desaparecer

Bernardo Montoya.
Bernardo Montoya.
Bernardo Montoya cuenta con un amplio historial delictivo y ya en 1995 asesinó a una anciana a machetazos para que no declarara contra él en un juicio. Hoy ha dicho ante la Guardia Civil que no violó ni mató directamente a la joven profesora, sino que la golpeó en la cabeza y la dejó abandonada en unos matorrales, lo que le exculparía de los delitos más graves. Pero miente, pues la autopsia revela que sí hubo agresión sexual y además la chica murió dos días después de desaparecer.

La Guardia Civil tiene pruebas que confirman que Bernardo Montoya violó a Laura Luelmo en su casa, donde la retuvo durante varias horas y, tras consumar su agresión, tal y como certifica la autopsia, le golpeó hasta provocar su muerte.

Los investigadores han descubierto que los restos de sangre de la joven aparecieron por toda la vivienda. Así, después de cometer el crimen, Montoya fregó con lejía para evitar dejar pruebas que le incriminasen, tanto esa sangre como la de la propia ropa que vestía. De esta manera ha sido detectado por la luz forense aplicada por el equipo central de inspecciones oculares del Instituto Armado durante el registro realizado ayer.

Además, la autopsia realizada a la víctima revela que Laura Luelmo recibió muchos más golpes en el cuerpo, a parte del recibido en la frente. Pero, el importante dato que los investigadores han podido descubrir es que los teléfonos de Luelmo y Montoya les posicionaron en esa vivienda durante la tarde del miércoles, por lo que termina de confirmar que Bernardo mató y violó a Laura en su vivienda. 

Bernardo Montoya ya confesó este miércoles durante cuatro horas ante la Guardia Civil que atacó a la joven profesora zamorana y que la golpeó en la frente con el capó del coche y luego la dejó inconsciente entre unos matorrales, declaraciones que ahora quedan desmentidas por las pruebas que tiene en su poder la Guardia Civil.

Según su versión, no llegó a matarla ni a violarla. Sin embargo, la autopsia, conocida este miércoles, revela que Montoya miente, puesto que Laura Luelmo sí que fue agredida sexualmente. Además, murió dos días después de ser vista por última vez, lo cual abre el debate de qué pudo ocurrir durante todo ese tiempo. Todo apunta, según las investigaciones, a que pudo retener a la chica en su vivienda de El Campillo, a escasos metros de donde vivía Laura cuando se desplazó a esta localidad desde Zamora.

Durante esos días, las investigaciones señalan que Bernardo Montoya no se movió de su casa. Fue el pasado viernes 14 de diciembre, dos días después de la desaparición de la joven, cuando sí se desplazó hasta el Centro Penitenciario de Huelva, donde había cumplido condena en esa cárcel hasta el pasado 28 de octubre. En esta prisión, Bernardo tiene a su actual novia, a la que fue a ver dos días después de la desaparición de la joven zamorana. Cuando salió de la cárcel de mantener este "vis a vis" con su pareja, el delincuente se deshizo presuntamente de las bolsas donde guardaba las pertenencias de Laura. Todo indica que sacó de su coche estos bultos y los depositó en los contenedores que hay cerca del complejo penitenciario.

Bernardo es un hombre de mediana edad, con perilla y pelo corto canoso, de alrededor de 1,70 o 1,72 de estatura, de complexión delgada y atlética, con un tatuaje en el brazo izquierdo. No tenía relación con los vecinos de la calle más allá de un saludo correcto al cruzarse con ellos, para quienes era un desconocido. Había tenido que salir del pueblo de Cortegana, donde vivía su familia desde que llegó de Barcelona, debido a la orden de alejamiento que mantenía con su última víctima, una chica a la que pretendió violar hace ochos años.

La autopsia dice que miente

El homicida mató a Laura Luelmo engañándola y aprovechándose de que era nueva en el pueblo. Montoya vivía en frente del domicilio de la joven profesora, quien salió de casa y se acercó a él para preguntarle por un supermercado cercano. El asesino estaba sentado en la puerta de su domicilio, observándola, y le dio una dirección errónea. Según su declaración, Montoya asegura que la engañó “porque la mandé a un callejón sin salida donde no había supermercado ni nada". Sin embargo, parece que el callejón no existe, según los investigadores.

La autopsia realizada este martes en el Instituto de Medicina Legal (IML) de Huelva ha revelado que Laura Luelmo sufrió una agresión sexual, además del golpe en la frente que provocó su muerte entre los días 14 y 15 de diciembre, dos o tres días después de su desaparición en El Campillo (Huelva), han confirmado fuentes de la investigación.

Bernardo Montoya saliendo del cuartel de la Guardia Civil tras confesar su crimen / Europa Press

Montoya, según su declaración, cogió su coche, un Alfa Romeo negro de 1998, y fue a por ella hasta ese supuesto callejón al que la mandó para despistarla. Laura se sorprendió al verlo y fue cuando el delincuente le golpeó la cabeza en el capó y acto seguido la metió en el maletero, un secuestro en toda regla.

Después, condujo hacia las inmediaciones de la zona en la que fue hallado el cuerpo, junto a la carretera N-435, siempre según su versión, y, estando Laura inconsciente, la desnudó de cintura para abajo e intentó agredirla sexualmente. En este punto Montoya asegura no haber podido consumar su ataque y afirma que se asustó y la arrastró hasta la zona de jaras y matorral donde la ocultó. La autopsia dice lo contrario.

Bernardo Montoya ha insistido en su versión en que la joven “estaba viva, pero inconsciente” cuando la abandonó, y al dejar el lugar de los hechos se llevó su teléfono móvil y sus zapatillas y se deshizo de ambos objetos en un contenedor. En cambio, el teléfono de Laura se posicionó a más de trece kilómetros de esa zona, que podría contar con un solo repetidor que abarcara toda esa superficie. Esta declaración le exculparía de los delitos más graves, pues el detenido no reconoce ni haberla violado ni haberla matado, pero las pruebas realizadas al cadáver de la joven afirman otra cosa.  

Los primeros resultados de la autopsia han revelado que la profesora no falleció hasta esos dos o tres días después de su desaparición, por lo que la hipótesis más probable es que permaneciera malherida en el lugar donde la abandonó o bien que la chica fuera retenida en algún otro lugar, como la vivienda de Bernardo.

Condenado por matar a una anciana a machetazos

Bernardo Montoya Navarro, de 50 años de edad y etnia gitana, había salido de prisión el pasado mes de octubre. Bernardo había sido condenado a cumplir 17 años de prisión por el robo y asesinato de una anciana en 1995.

Ese año Bernardo Montoya mató a Cecilia, una anciana de 82 años, asestándole hasta seis machetazos en el cuello en el pueblo de Cortegana (Huelva). Cecilia pilló a Bernardo robando en su casa y al ser descubierto, este hirió a la anciana con una puñalada en la garganta, pero no la mató. Cecilia denunció lo sucedido y Montoya fue detenido. Sin embargo, fue puesto en libertad a la espera de juicio con una condena por delitos de allanamiento de morada y lesiones.

El asesino de Laura Luelmo, Bernardo Montoya.

Pero, lo primero que hizo cuando recuperó la libertad fue volver a la casa de la anciana. Así, el 13 de diciembre a las 23:30 horas, Bernardo volvió a allanar el domicilio de la víctima "a través del hueco de una de las ventanas de la casa, cuyo cristal abrió de un empujón” y se escondió detrás de la puerta de su habitación. Cecilia se dirigía a entrar en su cuarto y entonces fue sorprendida por su verdugo, quien "de forma sorpresiva e inopinada y sin mediar palabra, le propinó un fuerte machetazo", según recoge la sentencia condenatoria.

Bernardo le clavó el arma blanca y la víctima se cayó al suelo. El asesino “se abalanzó sobre ella y le propinó otras seis puñaladas”, que le causaron la muerte. Cinco días más tarde, ingresó en prisión.

En noviembre de 1997, la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Huelva condenó en Bernardo a 17 años y 7 meses de cárcel por asesinar a la anciana, así como la prohibición de volver a Cortegana durante un periodo de cinco años. Además, tenía que que indemnizar con 72.000 euros al hijo de la asesinada “por los perjuicios causados y derivados del fallecimiento de su madre”. También le condenaron por delitos de obstrucción a la justicia, arresto mayor y allanamiento de morada.  

Bernardo era un adicto a la heroína y a la cocaína. El condenado sufría una grave adicción a las drogas desde hacía varios años, y según se observa en la sentencia, "en el momento de los hechos tenía levemente afectada su voluntad", por lo que la Audiencia aplicó en el delito de asesinato una atenuante analógica.

Otros antecedentes

Un año antes de haber asesinado a la anciana, Bernardo Montoya fue condenado por robo con fuerza en las cosas. Pero no es el único delito que acumula en su historial.

Bernardo también fue acusado de intento de violación por una mujer del pueblo. Cuando salió de permiso penitenciario, en abril de 2008, se alojó en la casita que su padre había comprado en El Campillo. Bernardo asaltó con un cuchillo a una vecina de 27 años con la aparente intención de violarla, aunque ella pudo escapar ilesa, gracias a su perro, un pastor alemán que impidió la violación y recibió a cambio una puñalada de 15 centímetros. Lo condenaron por este ataque a una pena de casi tres años de cárcel. Además, Bernardo cometió otros dos robos con violencia en el año 2015.

Luciano, su hermano gemelo otro asesino

Bernardo pertenece a la familia gitana de los Montoya, de origen pacense, que acabó emigrando a Barcelona. En la primera mitad de los años noventa, la pareja de hermanos se mudó desde Barcelona con sus padres al pueblo onubense de Cortegana.

Reconstrucción del crimen en la casa de Bernardo. 

Él y su hermano gemelo Luciano, que en el momento de la desaparición de Laura se encontraba interno en la prisión de Ocaña (Toledo) por matar a una mujer de 30 años llamada Mari Carmen en el año 2000, se casaron con mujeres gitanas del pueblo y entraron en la familia Aguilera, la de los patriarcas de Cortegana.

Luciano también intentó violar a otra chica en el año 2008 durante un permiso penitenciario. Ahora, cumplía condena en la prisión toledana de Ocaña II, donde estaba el día de autos por lo que fue descartado de entrada por la Guardia Civil que dirigió entonces la investigación hacía su hermano gemelo Bernardo. Desde el comienzo de la instrucción los investigadores tenían claro que se tratan de una crimen de carácter local, por la zona donde apareció el cadáver de Laura y por que siempre consideraron que el asesino era vecino de El Campillo. 

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